Mayo 07 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 106
2 REYES 18 - 19
Ezequías gobierna sobre Judá
18 Ezequías,
hijo de Acaz, comenzó a gobernar Judá durante el tercer año del reinado de
Oseas en Israel. 2 Tenía veinticinco años cuando
subió al trono y reinó en Jerusalén veintinueve años. Su madre se llamaba
Abías, hija de Zacarías. 3 Ezequías hizo lo
que era agradable a los ojos del Señor, igual que su antepasado
David. 4 Él quitó los santuarios paganos, destrozó
las columnas sagradas y derribó los postes dedicados a la diosa Asera. Hizo
pedazos la serpiente de bronce que Moisés había hecho, porque la gente de
Israel seguía ofreciéndole sacrificios. La serpiente de bronce se llamaba
Nehustán.
5 Ezequías
confiaba en el Señor, Dios de Israel. No hubo nadie como él entre todos
los reyes de Judá, ni antes ni después de él. 6 Permaneció
fiel al Señor en todo y obedeció cuidadosamente todos los mandatos
que el Señor le había dado a Moisés. 7 Por
eso el Señor estaba con él, y Ezequías tuvo éxito en todo lo que
hizo. Se rebeló contra el rey de Asiria y se negó a pagarle tributo. 8 También
conquistó a los filisteos hasta la lejana región de Gaza y su territorio, desde
el puesto de avanzada más pequeño hasta la ciudad amurallada más grande.
9 Durante
el cuarto año del reinado de Ezequías, que era el séptimo año del reinado de
Oseas en Israel, Salmanasar, rey de Asiria, atacó la ciudad de Samaria y
comenzó a sitiarla. 10 Tres años después, durante
el sexto año del reinado de Ezequías y el noveno año del reinado de Oseas en
Israel, Samaria cayó. 11 En ese tiempo, el rey de
Asiria desterró a los israelitas a Asiria y los ubicó en colonias en la región
de Halah, en Gozán junto a la ribera del río Habor, y en las ciudades de los
medos. 12 Pues ellos se negaron a escuchar al Señor su
Dios y a obedecerlo. En cambio, violaron su pacto, es decir, todas las leyes
que Moisés, siervo del Señor, les había ordenado que obedecieran.
Asiria invade Judá
13 En
el año catorce del reinado de Ezequías, Senaquerib, rey de Asiria, atacó
las ciudades fortificadas de Judá y las conquistó. 14 Entonces
el rey Ezequías envió el siguiente mensaje al rey de Asiria que estaba en
Laquis: «Yo he actuado mal. Si tú te retiras, te pagaré cualquier tributo que
exijas». Así que el rey de Asiria exigió un pago de más de diez toneladas de
plata y una tonelada de oro. 15 Para reunir esta
cantidad, el rey Ezequías usó toda la plata que estaba guardada en el templo
del Señor y en el tesoro del palacio. 16 Hasta
quitó el oro de las puertas del templo del Señor y de los marcos de
las puertas que había revestido con oro, y se lo dio todo al rey de Asiria.
17 Sin
embargo, el rey de Asiria mandó desde Laquis a su comandante en jefe, a su
comandante de campo y a su jefe del Estado Mayor con un enorme ejército
para enfrentar al rey Ezequías en Jerusalén. Los asirios tomaron posición de
batalla junto al acueducto que vierte el agua en el estanque superior, cerca
del camino que lleva al campo donde se lavan telas. 18 Mandaron
llamar al rey Ezequías, pero el rey envió a tres funcionarios a recibirlos:
Eliaquim, hijo de Hilcías, administrador del palacio; Sebna, secretario de la
corte; y Joa, hijo de Asaf, historiador del reino.
Senaquerib amenaza a Jerusalén
19 Entonces
el jefe del Estado Mayor del rey asirio les dijo que le transmitieran a
Ezequías el siguiente mensaje:
«El gran rey de Asiria dice: ¿En qué confías que
te da tanta seguridad? 20 ¿Acaso crees que simples
palabras pueden sustituir la fuerza y la capacidad militar? ¿Con quién cuentas
para haberte rebelado contra mí? 21 ¿Con Egipto? Si
te apoyas en Egipto, será como una caña que se quiebra bajo tu peso y te
atraviesa la mano. ¡El faraón, rey de Egipto, no es nada confiable!
22 »Tal
vez me digas: “¡Confiamos en el Señor nuestro Dios!”; pero ¿no es él
a quien Ezequías insultó? ¿Acaso no fue Ezequías quien derribó sus santuarios y
altares, e hizo que todos en Judá y en Jerusalén adoraran solo en el altar que
hay aquí, en Jerusalén?
23 »¡Se
me ocurre una idea! Llega a un acuerdo con mi amo, el rey de Asiria. Yo te daré
dos mil caballos, ¡si es que puedes encontrar esa cantidad de hombres para que
los monten! 24 Con tu pequeño ejército, ¿cómo se te
ocurre desafiar siquiera al contingente más débil de las tropas de mi amo,
aunque contaras con la ayuda de los carros de guerra y sus conductores de
Egipto? 25 Es más, ¿crees que hemos invadido tu
tierra sin la dirección del Señor? El Señor mismo nos dijo:
“¡Ataquen esta tierra y destrúyanla!”».
26 Entonces
tanto Eliaquim, hijo de Hilcías, como Sebna y Joa le dijeron al jefe del Estado
Mayor asirio:
—Por favor, háblanos en arameo porque lo
entendemos bien. No hables en hebreo, porque oirá la gente que está sobre
la muralla.
27 Pero
el jefe del Estado Mayor de Senaquerib respondió:
—¿Ustedes creen que mi amo les envió este mensaje
solo a ustedes y a su amo? Él quiere que todos los habitantes lo oigan porque,
cuando sitiemos a esta ciudad, ellos sufrirán junto con ustedes. Tendrán tanta
hambre y tanta sed que comerán su propio excremento y beberán su propia orina.
28 Después
el jefe del Estado Mayor se puso de pie y le gritó en hebreo a la gente que
estaba sobre la muralla: «¡Escuchen este mensaje del gran rey de Asiria! 29 El
rey dice lo siguiente: “No dejen que Ezequías los engañe. Él jamás podrá
librarlos de mi poder. 30 No permitan que los haga
confiar en el Señor diciéndoles: ‘Con toda seguridad el Señor nos
librará. ¡Esta ciudad nunca caerá en manos del rey asirio!’.
31 »”¡No
escuchen a Ezequías! El rey de Asiria les ofrece estas condiciones: hagan las
paces conmigo; abran las puertas y salgan. Entonces cada uno de ustedes podrá
seguir comiendo de su propia vid y de su propia higuera, y bebiendo de su
propio pozo. 32 Me encargaré de llevarlos a otra
tierra como esta: una tierra de grano y vino nuevo, de pan y viñedos, de
olivares y miel. ¡Escojan la vida y no la muerte!
»”No escuchen a Ezequías cuando trate de
engañarlos al decir: ‘¡El Señor nos librará!’. 33 ¿Acaso
los dioses de cualquier otra nación alguna vez han salvado a su pueblo del rey
de Asiria? 34 ¿Qué les sucedió a los dioses de
Hamat y de Arfad? ¿Y qué me dicen de los dioses de Sefarvaim, Hena e Iva?
¿Algún dios libró a Samaria de mi poder? 35 ¿Cuál
de los dioses de alguna nación ha podido salvar alguna vez a su pueblo de mi
poder? ¿Qué les hace pensar entonces que el Señor puede librar a
Jerusalén de mis manos?”».
36 El
pueblo se quedó en silencio y no dijo ni una palabra, porque Ezequías le había
ordenado: «No le respondan».
37 Entonces
Eliaquim, hijo de Hilcías, administrador del palacio; Sebna, secretario de la
corte; y Joa, hijo de Asaf, historiador del reino, regresaron a donde estaba
Ezequías. Desesperados rasgaron su ropa, entraron para ver al rey y le contaron
lo que había dicho el jefe del Estado Mayor asirio.
Ezequías busca la ayuda del Señor
19 Cuando
el rey Ezequías oyó el informe, rasgó su ropa, se vistió de tela áspera y entró
al templo del Señor. 2 Enseguida envió a
Eliaquim, administrador del palacio; a Sebna, secretario de la corte; y a los
principales sacerdotes, todos vestidos de tela áspera, a hablar con el profeta
Isaías, hijo de Amoz. 3 Ellos le dijeron: «El rey
Ezequías dice: “Hoy es un día de dificultad, insulto y deshonra. Es como cuando
un niño está a punto de nacer, pero la madre no tiene fuerzas para dar a
luz. 4 Tal vez el Señor tu Dios haya oído
al jefe del Estado Mayor asirio, que fue enviado por el rey para desafiar
al Dios viviente, y lo castigue por sus palabras. ¡Te rogamos que ores por los
que hemos quedado!”».
5 Una
vez que los funcionarios del rey Ezequías le dieron a Isaías el mensaje del
rey, 6 el profeta respondió: «Díganle a su amo:
“Esto dice el Señor: ‘No te alteres por ese discurso blasfemo que han
pronunciado contra mí los mensajeros del rey de Asiria. 7 ¡Escucha!
Yo mismo actuaré en su contra, y el rey recibirá un mensaje de que lo
necesitan en su país. Así que volverá a su tierra, donde haré que lo maten a
filo de espada’”».
8 Mientras
tanto, el jefe del Estado Mayor asirio partió de Jerusalén para consultar al
rey de Asiria, quien había salido de Laquis y estaba atacando a Libna.
9 Poco
después, el rey Senaquerib recibió la noticia de que el rey Tirhaca de Etiopía iba
al frente de un ejército para luchar contra él. Antes de salir al encuentro de
sus agresores, envió mensajeros de regreso a Ezequías, en Jerusalén, con el
siguiente mensaje:
10 «Este
mensaje está dirigido al rey Ezequías de Judá. No dejes que tu Dios, en quien
confías, te engañe con promesas de que Jerusalén no caerá en manos del rey de
Asiria. 11 Tú sabes perfectamente bien lo que han
hecho los reyes de Asiria en todos los lugares donde han ido. ¡Han destruido
por completo a todo aquel que se ha interpuesto en su camino! ¿Por qué serías
tú la excepción? 12 ¿Acaso los dioses de otras
naciones las han rescatado, naciones como Gozán, Harán, Resef y el pueblo de
Edén que vivía en Telasar? ¡Mis antecesores los destruyeron a todos! 13 ¿Qué
sucedió con el rey de Hamat y el rey de Arfad? ¿Qué les pasó a los reyes de
Sefarvaim, de Hena y de Iva?».
14 Después
de recibir la carta de mano de los mensajeros y de leerla, Ezequías subió al
templo del Señor y desplegó la carta ante el Señor. 15 En
presencia del Señor, el rey hizo la siguiente oración: «¡Oh Señor,
Dios de Israel, tú estás entronizado entre los poderosos querubines! Solo tú
eres el Dios de todos los reinos de la tierra. Solo tú creaste los cielos y la
tierra. 16 ¡Inclínate, oh Señor, y escucha!
¡Abre tus ojos, oh Señor, y mira! Escucha las palabras desafiantes de
Senaquerib contra el Dios viviente.
17 »Es
cierto, Señor, que los reyes de Asiria han destruido a todas esas
naciones. 18 Han arrojado al fuego a los dioses de
esas naciones y los han quemado. ¡Por supuesto que los asirios pudieron
destruirlos, pues no eran dioses en absoluto! Eran solo ídolos de madera y de
piedra, formados por manos humanas. 19 Ahora,
oh Señor nuestro Dios, rescátanos de su poder; así todos los reinos
de la tierra sabrán que solo tú, oh Señor, eres Dios».
Isaías predice la liberación de Judá
20 Después,
Isaías, hijo de Amoz, le envió a Ezequías el siguiente mensaje: «Esto dice
el Señor, Dios de Israel: “He oído tu oración con respecto al rey
Senaquerib de Asiria, 21 y el Señor ha
pronunciado estas palabras en su contra:
»”La hija virgen de Sion
te desprecia y se ríe de ti.
La hija de Jerusalén
menea la cabeza con desdén mientras tú huyes.
22 »”¿A
quién has estado desafiando y ridiculizando?
¿Contra quién levantaste la voz?
¿A quién miraste con ojos tan arrogantes?
¡Fue al Santo de Israel!
23 Por medio de tus mensajeros, has desafiado al Señor.
Dijiste: ‘Con mis numerosos carros de guerra
conquisté las montañas más altas,
sí, las cimas más remotas del Líbano.
Corté sus cedros más altos
y sus mejores cipreses.
Alcancé sus rincones más lejanos
y exploré sus bosques más espesos.
24 Cavé pozos en muchas tierras extranjeras
y me refresqué con sus aguas.
¡Con la planta de mi pie
detuve todos los ríos de Egipto!’.
25 »”Pero
¿acaso no has oído?
Yo lo decidí hace mucho tiempo.
Hace mucho que lo planifiqué,
y ahora lo llevo a cabo.
Yo determiné que tú aplastaras ciudades fortificadas
y las redujeras a un montón de escombros.
26 Por eso sus habitantes tienen tan poco poder
y están tan asustados y confundidos.
Son tan débiles como la hierba,
tan fáciles de pisotear como tiernos brotes verdes.
Son como hierba que sale en el techo de una casa,
que se quema antes de poder crecer alta y lozana.
27 »”Pero
a ti te conozco bien:
sé dónde te encuentras,
y cuándo entras y sales.
Conozco la forma en que desataste tu furia contra mí.
28 Por esa furia en mi contra
y por tu arrogancia, que yo mismo oí,
te pondré mi gancho en la nariz
y mi freno en la boca.
Te haré regresar
por el mismo camino por donde viniste”».
29 Luego
Isaías le dijo a Ezequías: «Esta es la prueba de que es cierto lo que digo:
»Este año ustedes solo comerán lo que crezca por
sí mismo,
y el año próximo comerán lo que de eso brote.
Sin embargo, el tercer año, plantarán cultivos y los cosecharán;
cuidarán de sus viñedos y comerán de su fruto.
30 Y ustedes, los que quedan en Judá,
los que han escapado de los estragos del ataque,
echarán raíces en su propio suelo,
crecerán y prosperarán.
31 Pues desde Jerusalén se extenderá un remanente de mi
pueblo,
un grupo de sobrevivientes, desde el monte Sion.
¡El ferviente compromiso del Señor de los Ejércitos Celestiales
hará que esto suceda!
32 »Y
esto dice el Señor acerca del rey de Asiria:
»“Sus ejércitos no entrarán en Jerusalén;
ni siquiera lanzarán una sola flecha contra ella.
No marcharán fuera de sus puertas con sus escudos
ni levantarán terraplenes contra sus murallas.
33 El rey regresará a su propia tierra
por el mismo camino por donde vino.
No entrará en esta ciudad,
dice el Señor.
34 Por mi propia honra y por amor a mi siervo David,
defenderé esta ciudad y la protegeré”».
35 Esa
noche el ángel del Señor fue al campamento asirio y mató a 185.000
soldados. Cuando los asirios que sobrevivieron se despertaron a la mañana
siguiente, encontraron cadáveres por todas partes. 36 Entonces
Senaquerib, rey de Asiria, levantó campamento y regresó a su propia tierra.
Volvió a Nínive, la capital del reino, y allí se quedó.
37 Cierto
día, mientras rendía culto en el templo de su dios Nisroc, sus hijos Adramelec
y Sarezer lo mataron a espada. Luego escaparon a la tierra de Ararat, y otro de
sus hijos, Esar-hadón, lo sucedió en el trono de Asiria.
SALMOS 106
106 ¡Alabado
sea el Señor!
¡Den gracias al Señor, porque él es bueno!
Su fiel amor perdura para siempre.
2 ¿Quién podrá enumerar los gloriosos milagros del Señor?
¿Quién podrá alabarlo lo suficiente?
3 Hay alegría para los que tratan con justicia a los
demás
y siempre hacen lo que es correcto.
4 Acuérdate
de mí, Señor, cuando le muestres favor a tu pueblo;
acércate y rescátame.
5 Déjame tener parte en la prosperidad de tus elegidos.
Permite que me alegre por el gozo de tu pueblo;
concédeme alabarte con los que son tu herencia.
6 Hemos
pecado como nuestros antepasados.
¡Hicimos lo malo y actuamos de manera perversa!
7 Nuestros antepasados en Egipto
no quedaron conmovidos ante las obras milagrosas
del Señor.
Pronto olvidaron sus muchos actos de bondad hacia ellos;
en cambio, se rebelaron contra él en el mar Rojo.
8 Aun así, él los salvó:
para defender el honor de su nombre
y para demostrar su gran poder.
9 Ordenó al mar Rojo que se secara
y condujo a Israel a través del mar como si fuera un
desierto.
10 Así los rescató de sus enemigos
y los libertó de sus adversarios.
11 Después el agua volvió y cubrió a sus enemigos;
ninguno de ellos sobrevivió.
12 Entonces el pueblo creyó las promesas del Señor
y le cantó alabanzas.
13 Sin
embargo, ¡qué pronto olvidaron lo que él había hecho!
¡No quisieron esperar su consejo!
14 En el desierto dieron rienda suelta a sus deseos;
pusieron a prueba la paciencia de Dios en esa tierra
árida y baldía.
15 Entonces les dio lo que pedían,
pero al mismo tiempo les envió una plaga.
16 La gente del campamento se puso celosa de Moisés
y tuvo envidia de Aarón, el santo sacerdote del Señor.
17 Por esa causa la tierra se abrió;
se tragó a Datán
y enterró a Abiram junto con los otros rebeldes.
18 Sobre sus seguidores cayó fuego;
una llama consumió a los perversos.
19 Los
israelitas hicieron un becerro en el monte Sinaí;
se inclinaron ante una imagen hecha de oro.
20 Cambiaron a su glorioso Dios
por la estatua de un toro que come hierba.
21 Se olvidaron de Dios, su salvador,
quien había realizado tantas grandezas en Egipto:
22 obras tan maravillosas en la tierra de Cam,
hechos tan asombrosos en el mar Rojo.
23 Por lo tanto, él declaró que los destruiría.
Pero Moisés, su escogido, intervino entre el Señor y
los israelitas;
le suplicó que apartara su ira y que no los destruyera.
24 El
pueblo se negó a entrar en la agradable tierra,
porque no creían la promesa de que Dios los iba a
cuidar.
25 En cambio, rezongaron en sus carpas
y se negaron a obedecer al Señor.
26 Por lo tanto, él juró solemnemente
que los mataría en el desierto,
27 que dispersaría a sus descendientes entre las
naciones,
y los enviaría a tierras distantes.
28 Después
nuestros antepasados se unieron para rendir culto a Baal en Peor;
¡hasta comieron sacrificios ofrecidos a los muertos!
29 Con todo eso provocaron el enojo del Señor,
entonces se desató una plaga en medio de ellos.
30 Pero Finees tuvo el valor de intervenir
y la plaga se detuvo.
31 Por eso, desde entonces,
se le considera un hombre justo.
32 También
en Meriba, provocaron el enojo del Señor,
y le causaron serios problemas a Moisés.
33 Hicieron que Moisés se enojara
y hablara como un necio.
34 Israel
no destruyó a las naciones que había en la tierra,
como el Señor le había ordenado.
35 En cambio, los israelitas se mezclaron con los
paganos
y adoptaron sus malas costumbres.
36 Rindieron culto a sus ídolos,
y eso resultó en su ruina.
37 Hasta sacrificaron a sus propios hijos
e hijas a los demonios.
38 Derramaron sangre inocente,
la sangre de sus hijos e hijas.
Al sacrificarlos a los ídolos de Canaán,
contaminaron la tierra con asesinatos.
39 Se contaminaron a sí mismos con sus malas acciones,
y su amor a los ídolos fue adulterio a los ojos
del Señor.
40 Por
eso, el enojo del Señor se encendió contra su pueblo,
y él aborreció a su posesión más preciada.
41 Los entregó a las naciones paganas
y quedaron bajo el gobierno de quienes los odiaban.
42 Sus enemigos los aplastaron
y los sometieron a su cruel poder.
43 Él los rescató una y otra vez,
pero ellos decidieron rebelarse en su contra,
y finalmente su pecado los destruyó.
44 Aun así, él sintió compasión por la angustia de ellos
y escuchó sus clamores.
45 Recordó el pacto que les había hecho
y desistió a causa de su amor inagotable.
46 Hasta hizo que sus captores
los trataran con amabilidad.
47 ¡Oh Señor nuestro
Dios, sálvanos!
Vuelve a reunirnos de entre las naciones,
para que podamos agradecer a tu santo nombre,
alegrarnos y alabarte.
48 Alaben
al Señor, Dios de Israel,
quien vive desde siempre y para siempre.
Que todo el pueblo diga: «¡Amén!».
¡Alabado sea el Señor!
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”