Mayo 18 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 117
ISAÍAS 36 - 38
Asiria invade Judá
36 En
el año catorce del reinado de Ezequías, Senaquerib, rey de Asiria, atacó
las ciudades fortificadas de Judá y las conquistó. 2 Entonces
el rey de Asiria mandó a su jefe del Estado Mayor desde Laquis con un
enorme ejército para enfrentar al rey Ezequías en Jerusalén. Los asirios
tomaron posición de batalla junto al acueducto que vierte el agua en el
estanque superior, cerca del camino que lleva al campo donde se lavan telas.
3 Estos
son los funcionarios que salieron a reunirse con ellos: Eliaquim, hijo de
Hilcías, administrador del palacio; Sebna, secretario de la corte; y Joa, hijo
de Asaf, historiador del reino.
Senaquerib amenaza a Jerusalén
4 Entonces
el jefe del Estado Mayor del rey asirio les dijo que le transmitieran a
Ezequías el siguiente mensaje:
«El gran rey de Asiria dice: ¿En qué confías que
te da tanta seguridad? 5 ¿Acaso crees que
simples palabras pueden sustituir la fuerza y la capacidad militar? ¿Con quién
cuentas para haberte rebelado contra mí? 6 ¿Con
Egipto? Si te apoyas en Egipto, será como una caña que se quiebra bajo tu peso
y te atraviesa la mano. ¡El faraón, rey de Egipto, no es nada confiable!
7 »Tal
vez me digas: “¡Confiamos en el Señor nuestro Dios!”; pero ¿no es él
a quien Ezequías insultó? ¿Acaso no fue Ezequías quien derribó sus santuarios y
altares, e hizo que todos en Judá y en Jerusalén adoraran solo en el altar que
hay aquí, en Jerusalén?
8 »¡Se
me ocurre una idea! Llega a un acuerdo con mi amo, el rey de Asiria. Yo te daré
dos mil caballos, ¡si es que puedes encontrar esa cantidad de hombres para que
los monten! 9 Con tu pequeño ejército, ¿cómo se te
ocurre desafiar siquiera al contingente más débil de las tropas de mi amo,
aunque contaras con la ayuda de los carros de guerra y sus conductores de
Egipto? 10 Es más, ¿crees que hemos invadido tu
tierra sin la dirección del Señor? El Señor mismo nos dijo:
“¡Ataquen esta tierra y destrúyanla!”».
11 Entonces
tanto Eliaquim como Sebna y Joa le dijeron al jefe del Estado Mayor asirio:
—Por favor, háblanos en arameo porque lo
entendemos bien. No hables en hebreo, porque oirá la gente que está sobre
la muralla.
12 Pero
el jefe del Estado Mayor de Senaquerib respondió:
—¿Ustedes creen que mi amo les envió este mensaje
solo a ustedes y a su amo? Él quiere que todos los habitantes lo oigan porque,
cuando sitiemos a esta ciudad, ellos sufrirán junto con ustedes. Tendrán tanta
hambre y tanta sed que comerán su propio excremento y beberán su propia orina.
13 Después
el jefe del Estado Mayor se puso de pie y le gritó en hebreo a la gente que
estaba sobre la muralla: «¡Escuchen este mensaje del gran rey de Asiria! 14 El
rey dice lo siguiente: “No dejen que Ezequías los engañe. Él jamás podrá
librarlos. 15 No permitan que los haga confiar en
el Señor diciéndoles: ‘Con toda seguridad el Señor nos
librará. ¡Esta ciudad nunca caerá en manos del rey asirio!’.
16 »”¡No
escuchen a Ezequías! El rey de Asiria les ofrece estas condiciones: hagan las
paces conmigo; abran las puertas y salgan. Entonces cada uno de ustedes podrá
seguir comiendo de su propia vid y de su propia higuera, y bebiendo de su
propio pozo. 17 Me encargaré de llevarlos a otra
tierra como esta: una tierra de grano y vino nuevo, de pan y viñedos.
18 »”No
dejen que Ezequías los engañe al decir: ‘¡El Señor nos librará!’.
¿Acaso los dioses de cualquier otra nación alguna vez han salvado a su pueblo
del rey de Asiria? 19 ¿Qué les sucedió a los dioses
de Hamat y de Arfad? ¿Y qué me dicen de los dioses de Sefarvaim? ¿Algún dios
libró a Samaria de mi poder? 20 ¿Cuál de los dioses
de alguna nación ha podido salvar alguna vez a su pueblo de mi poder? ¿Qué les
hace pensar entonces que el Señor puede librar a Jerusalén de mis
manos?”».
21 El
pueblo se quedó en silencio y no dijo ni una palabra, porque Ezequías le había
ordenado: «No le respondan».
22 Entonces
Eliaquim, hijo de Hilcías, administrador del palacio; Sebna, secretario de la
corte; y Joa, hijo de Asaf, historiador del reino, regresaron a donde estaba
Ezequías. Desesperados rasgaron su ropa, entraron para ver al rey y le contaron
lo que había dicho el jefe del Estado Mayor asirio.
Ezequías busca la ayuda del Señor
37 Cuando
el rey Ezequías oyó el informe, rasgó su ropa, se vistió de tela áspera y entró
al templo del Señor. 2 Enseguida envió a
Eliaquim, administrador del palacio; a Sebna, secretario de la corte; y a los
principales sacerdotes, todos vestidos de tela áspera, a hablar con el profeta
Isaías, hijo de Amoz. 3 Ellos le dijeron: «El rey
Ezequías dice: “Hoy es un día de dificultad, insulto y deshonra. Es como cuando
un niño está a punto de nacer, pero la madre no tiene fuerzas para dar a
luz. 4 Tal vez el Señor tu Dios haya oído
al jefe del Estado Mayor asirio, que fue enviado por el rey para desafiar
al Dios viviente, y lo castigue por sus palabras. ¡Te rogamos que ores por los
que hemos quedado!”».
5 Una
vez que los funcionarios del rey Ezequías le dieron a Isaías el mensaje del
rey, 6 el profeta respondió: «Díganle a su amo:
“Esto dice el Señor: ‘No te alteres por ese discurso blasfemo que han
pronunciado contra mí los mensajeros del rey de Asiria. 7 ¡Escucha!
Yo mismo actuaré en su contra, y el rey recibirá un mensaje de que lo
necesitan en su país. Así que volverá a su tierra, donde haré que lo maten a
filo de espada’”».
8 Mientras
tanto, el jefe del Estado Mayor asirio partió de Jerusalén para consultar al
rey de Asiria, quien había salido de Laquis y estaba atacando a Libna.
9 Poco
después, el rey Senaquerib recibió la noticia de que el rey Tirhaca de Etiopía[h] iba al frente de un ejército para
luchar contra él. Antes de salir al encuentro de sus agresores, envió
mensajeros de regreso a Ezequías, en Jerusalén, con el siguiente mensaje:
10 «Este
mensaje está dirigido al rey Ezequías de Judá. No dejes que tu Dios, en quien
confías, te engañe con promesas de que Jerusalén no caerá en manos del rey de
Asiria. 11 Tú sabes perfectamente bien lo que han
hecho los reyes de Asiria en todos los lugares donde han ido. ¡Han destruido
por completo a todo aquel que se ha interpuesto en su camino! ¿Por qué serías
tú la excepción? 12 ¿Acaso los dioses de otras
naciones las han rescatado, naciones como Gozán, Harán, Resef y el pueblo de
Edén que vivía en Telasar? ¡Mis antecesores los destruyeron a todos! 13 ¿Qué
sucedió con el rey de Hamat y el rey de Arfad? ¿Qué les pasó a los reyes de
Sefarvaim, de Hena y de Iva?».
14 Después
de recibir la carta de mano de los mensajeros y de leerla, Ezequías subió al
templo del Señor y desplegó la carta ante el Señor. 15 En
presencia del Señor, el rey hizo la siguiente oración: 16 «¡Oh Señor de
los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel, tú estás entronizado entre los
poderosos querubines! Solo tú eres el Dios de todos los reinos de la tierra.
Solo tú creaste los cielos y la tierra. 17 ¡Inclínate,
oh Señor, y escucha! ¡Abre tus ojos, oh Señor, y mira! Escucha las
palabras desafiantes de Senaquerib contra el Dios viviente.
18 »Es
cierto, Señor, que los reyes de Asiria han destruido a todas esas
naciones. 19 Han arrojado al fuego los dioses de
esas naciones y los han quemado. ¡Por supuesto que los asirios pudieron
destruirlos, pues no eran dioses en absoluto! Eran solo ídolos de madera y de
piedra, formados por manos humanas. 20 Ahora,
oh Señor nuestro Dios, rescátanos de su poder; así todos los reinos
de la tierra sabrán que solo tú, oh Señor, eres Dios[i]».
Isaías predice la liberación de Judá
21 Después,
Isaías, hijo de Amoz, le envió a Ezequías el siguiente mensaje: «Esto dice
el Señor, Dios de Israel: “Ya que oraste respecto al rey Senaquerib de
Asiria, 22 el Señor ha pronunciado estas
palabras en su contra:
»”La hija virgen de Sion
te desprecia y se ríe de ti.
La hija de Jerusalén
menea la cabeza con desdén mientras tú huyes.
23 »”¿A
quién has estado desafiando y ridiculizando?
¿Contra quién levantaste la voz?
¿A quién miraste con ojos tan arrogantes?
¡Fue al Santo de Israel!
24 Por medio de tus mensajeros, has desafiado al Señor.
Dijiste: ‘Con mis numerosos carros de guerra
conquisté las montañas más altas,
sí, las cimas más remotas del Líbano.
Corté sus cedros más altos
y sus mejores cipreses.
Alcancé sus rincones más lejanos
y exploré sus bosques más espesos.
25 Cavé pozos en muchas tierras extranjeras
y me refresqué con sus aguas.
¡Con la planta de mi pie
detuve todos los ríos de Egipto!’.
26 »”Pero
¿acaso no has oído?
Yo lo decidí hace mucho tiempo.
Hace mucho que lo planifiqué,
y ahora lo llevo a cabo.
Yo determiné que tú aplastaras ciudades fortificadas
y las redujeras a un montón de escombros.
27 Por eso sus habitantes tienen tan poco poder
y están tan asustados y confundidos.
Son tan débiles como la hierba,
tan fáciles de pisotear como tiernos brotes verdes.
Son como hierba que sale en el techo de una casa,
que se quema antes de poder crecer alta y lozana.
28 »”Pero
a ti te conozco bien:
sé dónde te encuentras,
y cuándo entras y sales.
Conozco la forma en que desataste tu furia contra mí.
29 Por esa furia en mi contra
y por tu arrogancia, que yo mismo oí,
te pondré mi gancho en la nariz
y mi freno en la boca.
Te haré regresar
por el mismo camino por donde viniste”».
30 Luego
Isaías le dijo a Ezequías: «Esta es la prueba de que es cierto lo que digo:
»Este año ustedes solo comerán lo que crezca por
sí mismo,
y el año próximo comerán lo que de eso brote.
Sin embargo, el tercer año, plantarán cultivos y los cosecharán;
cuidarán de sus viñedos y comerán de su fruto.
31 Y ustedes, los que quedan en Judá,
los que han escapado de los estragos del ataque,
echarán raíces en su propio suelo,
crecerán y prosperarán.
32 Pues desde Jerusalén se extenderá un remanente de mi
pueblo,
un grupo de sobrevivientes, desde el monte Sion.
¡El ferviente compromiso del Señor de los Ejércitos Celestiales
hará que esto suceda!
33 »Y
esto dice el Señor acerca del rey de Asiria:
»“Sus ejércitos no entrarán en Jerusalén;
ni siquiera lanzarán una sola flecha contra ella.
No marcharán fuera de sus puertas con sus escudos
ni levantarán terraplenes contra sus murallas.
34 El rey regresará a su propia tierra
por el mismo camino por donde vino.
No entrará en esta ciudad
—dice el Señor—.
35 Por mi propia honra y por amor a mi siervo David,
defenderé esta ciudad y la protegeré”».
36 Esa
noche el ángel del Señor fue al campamento asirio y mató a 185.000
soldados. Cuando los asirios que sobrevivieron se despertaron a la mañana
siguiente, encontraron cadáveres por todas partes. 37 Entonces
Senaquerib, rey de Asiria, levantó campamento y regresó a su propia tierra.
Volvió a Nínive, la capital del reino, y allí se quedó.
38 Cierto
día, mientras rendía culto en el templo de su dios Nisroc, sus hijos Adramelec
y Sarezer lo mataron a espada. Luego escaparon a la tierra de Ararat, y otro de
sus hijos, Esar-hadón, lo sucedió en el trono de Asiria.
Enfermedad y recuperación de Ezequías
38 Por
ese tiempo, Ezequías se enfermó gravemente, y el profeta Isaías, hijo de Amoz,
fue a visitarlo. Le dio al rey el siguiente mensaje: «Esto dice el Señor:
“Pon tus asuntos en orden porque vas a morir. No te recuperarás de esta
enfermedad”».
2 Cuando
Ezequías oyó el mensaje, volvió su rostro hacia la pared y oró al Señor: 3 «Acuérdate,
oh Señor, que siempre te he sido fiel y te he servido con singular
determinación, haciendo siempre lo que te agrada»; y el rey se echó a llorar
amargamente.
4 Luego
Isaías recibió este mensaje de parte del Señor: 5 «Regresa
y dile a Ezequías: “Esto dice el Señor, Dios de tu antepasado David: ‘He
oído tu oración y he visto tus lágrimas. Te añadiré quince años más de
vida 6 y te rescataré del rey de Asiria junto con
esta ciudad. Así es, defenderé esta ciudad’”.
7 »Esta
es la señal del Señor para demostrar que cumplirá lo que ha
prometido: 8 “¡Haré retroceder diez gradas la
sombra del sol en el reloj solar de Acaz!”». Así que la sombra se movió
diez gradas hacia atrás en el reloj solar.
Poema de alabanza de Ezequías
9 Cuando
el rey Ezequías se recuperó, escribió el siguiente poema:
10 Yo
dije: «¿En la flor de mi vida
tengo que entrar en el lugar de los muertos?
¿Acaso seré privado del resto de mis años?».
11 Dije: «Nunca más veré al Señor Dios
en la tierra de los vivos.
Nunca más veré a mis amigos
ni estaré con los que viven en este mundo.
12 Se me voló la vida
como la carpa de un pastor en medio de una tormenta.
Fue cortada,
como cuando el tejedor corta la tela del telar.
De repente, mi vida se había acabado.
13 Esperé con paciencia toda la noche,
pero me sentía como si unos leones me estuvieran
despedazando.
De repente, mi vida se había acabado.
14 En mi delirio, gorjeaba como una golondrina o una
grulla,
y después gemía como una paloma torcaza.
Se me cansaban los ojos de mirar al cielo en busca de ayuda.
Estoy en apuros, Señor. ¡Ayúdame!».
15 Pero
¿qué podía decir?
Pues él mismo envió esta enfermedad.
Ahora caminaré con humildad durante el resto de mis años
a causa de esta angustia que he sentido.
16 Señor, tu disciplina es buena,
porque lleva a la vida y a la salud.
¡Tú restauras mi salud
y me permites vivir!
17 Sí, esta angustia ha sido buena para mí,
porque me has rescatado de la muerte
y has perdonado todos mis pecados.
18 Pues los muertos no pueden alabarte;
no pueden levantar la voz en alabanza.
Los que bajan a la tumba
ya no pueden esperar en tu fidelidad.
19 Solo los vivos pueden alabarte como yo lo hago hoy.
Cada generación le habla de tu fidelidad a la
siguiente.
20 Imagínense: el Señor está dispuesto a
sanarme.
Cantaré sus alabanzas con instrumentos
todos los días de mi vida
en el templo del Señor.
21 Isaías
les había dicho a los siervos de Ezequías: «Preparen un ungüento de higos y
úntenlo sobre la llaga, y Ezequías se recuperará».
22 Y
Ezequías había preguntado: «¿Qué señal probará que iré al templo del Señor?».
SALMOS 117
117 Alaben
al Señor, todas ustedes, las naciones.
Todos los pueblos de la tierra, alábenlo.
2 Pues su amor inagotable por nosotros es poderoso;
la fidelidad del Señor permanece para
siempre.
¡Alabado sea el Señor!
En las primeras páginas de la Biblia, Dios
designa a los seres humanos para que gobiernen el mundo en su nombre. Pero
cuando se rebelan, la historia bíblica nos lleva a la búsqueda de una nueva
humanidad que será fiel colaboradora de Dios, para siempre. Este es el
conflicto de la historia bíblica que nos guía a Jesús y lo analizarás en este
último video de la serie sobre Seres espirituales.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”