Mayo 27 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 126
ISAÍAS 65 – 66
Juicio y salvación final
65 El Señor dice:
«Estaba listo para responder, pero nadie me pedía
ayuda;
estaba listo para dejarme encontrar, pero nadie me
buscaba.
“¡Aquí estoy, aquí estoy!”,
dije a una nación que no invocaba mi nombre.
2 Todo el día abrí mis brazos a un pueblo rebelde.
Pero ellos siguen sus malos caminos
y sus planes torcidos.
3 Todo el día me insultan en mi propia cara
al rendir culto a ídolos en sus huertos sagrados
y al quemar incienso en altares paganos.
4 De noche andan entre las tumbas
para rendir culto a los muertos.
Comen carne de cerdo
y hacen guisos con otros alimentos prohibidos.
5 Sin embargo, se dicen unos a otros:
“¡No te acerques demasiado, porque me contaminarás!
¡Yo soy más santo que tú!”.
Ese pueblo es un hedor para mi nariz,
un olor irritante que nunca desaparece.
6 »Miren,
tengo escrito mi decreto delante de mí:
no me quedaré callado;
les daré el pago que se merecen.
Sí, les daré su merecido,
7 tanto por sus propios pecados
como por los de sus antepasados
—dice el Señor—.
También quemaron incienso en los montes
y me insultaron en las colinas.
¡Les daré su merecido!
8 »Pero
no los destruiré a todos
—dice el Señor—.
Tal como se encuentran uvas buenas en un racimo de uvas malas
(y alguien dice: “¡No las tires todas;
algunas de ellas están buenas!”),
así mismo, no destruiré a todo Israel.
Pues aún tengo verdaderos siervos allí.
9 Conservaré un remanente del pueblo de Israel
y de Judá, para que posea mi tierra.
Aquellos a quienes yo escoja la heredarán
y mis siervos vivirán allí.
10 La llanura de Sarón se llenará nuevamente de rebaños
para mi pueblo que me busca,
y el valle de Acor será lugar de pastoreo para las
manadas.
11 »Pero
como el resto de ustedes abandonó al Señor
y se olvidó de su templo,
y como preparó fiestas para honrar al dios de la Fortuna
y le ofreció vino mezclado al dios del Destino,
12 ahora yo los “destinaré” a ustedes a la espada.
Todos ustedes se inclinarán delante del verdugo.
Pues cuando los llamé, ustedes no me respondieron;
cuando hablé, no me escucharon.
Pecaron deliberadamente—ante mis propios ojos—
y escogieron hacer lo que saben que yo desprecio».
13 Por
lo tanto, esto dice el Señor Soberano:
«Mis siervos comerán,
pero ustedes pasarán hambre.
Mis siervos beberán,
pero ustedes tendrán sed.
Mis siervos se alegrarán,
pero ustedes estarán tristes y avergonzados.
14 Mis siervos cantarán de alegría,
pero ustedes llorarán de angustia y desesperación.
15 El nombre de ustedes será una maldición entre mi
pueblo,
porque el Señor Soberano los destruirá
y llamará a sus verdaderos siervos por otro nombre.
16 Todos los que invoquen una bendición o hagan un
juramento
lo harán por el Dios de la verdad.
Dejaré a un lado mi enojo
y olvidaré la maldad de los tiempos pasados.
17 »¡Miren!
Estoy creando cielos nuevos y una tierra nueva,
y nadie volverá siquiera a pensar en los anteriores.
18 Alégrense; regocíjense para siempre en mi creación.
¡Y miren! Yo crearé una Jerusalén que será un lugar de
felicidad,
y su pueblo será fuente de alegría.
19 Me gozaré por Jerusalén
y me deleitaré en mi pueblo.
Y el sonido de los llantos y los lamentos
jamás se oirá en ella.
20 »Los
bebés ya no morirán a los pocos días de haber nacido,
ni los adultos morirán antes de haber tenido una vida
plena.
Nunca más se considerará anciano a alguien que tenga cien años;
solamente los malditos morirán tan jóvenes.
21 En esos días, la gente habitará en las casas que
construya
y comerá del fruto de sus propios viñedos.
22 A diferencia del pasado, los invasores no les
quitarán sus casas
ni les confiscarán sus viñedos.
Pues mi pueblo vivirá tantos años como los árboles,
y mis escogidos tendrán tiempo para disfrutar de lo
adquirido con su arduo trabajo.
23 No trabajarán en vano,
y sus hijos no estarán condenados a la desgracia,
porque son un pueblo bendecido por el Señor,
y sus hijos también serán bendecidos.
24 Les responderé antes que me llamen.
Cuando aún estén hablando de lo que necesiten,
¡me adelantaré y responderé a sus oraciones!
25 El lobo y el cordero comerán juntos.
El león comerá heno, como el buey;
pero las serpientes comerán polvo.
En esos días, nadie será herido ni destruido en mi monte santo.
¡Yo, el Señor, he hablado!».
66 Esto
dice el Señor:
«El cielo es mi trono
y la tierra es el estrado de mis pies.
¿Podrían acaso construirme un templo tan bueno como ese?
¿Podrían construirme un lugar de descanso así?
2 Con mis manos hice tanto el cielo como la tierra;
son míos, con todo lo que hay en ellos.
¡Yo, el Señor, he hablado!
»Bendeciré a los que tienen un corazón humilde y
arrepentido,
a los que tiemblan ante mi palabra.
3 Pero a los que escojan sus propios caminos
y se deleiten en sus pecados detestables,
no les aceptaré sus ofrendas.
Cuando tales personas sacrifiquen un toro,
será tan inaceptable como un sacrificio humano.
Cuando sacrifiquen un cordero,
será como si hubieran sacrificado un perro.
Cuando traigan una ofrenda de grano,
igual sería que ofrecieran sangre de cerdo.
Cuando quemen incienso,
será como si hubieran bendecido a un ídolo.
4 Yo les enviaré grandes dificultades:
todas las cosas que ellos temían.
Pues cuando los llamé, no me respondieron.
Cuando les hablé, no me escucharon.
Pecaron deliberadamente ante mis propios ojos
y escogieron hacer lo que saben que yo desprecio».
5 Escuchen
este mensaje del Señor,
ustedes que tiemblan ante sus palabras:
«Su propio pueblo los odia
y los expulsa por ser leales a mi nombre.
“¡Que el Señor sea honrado!—se burlan—.
¡Alégrense en él!”.
Pero ellos serán avergonzados.
6 ¿Qué es ese alboroto que hay en la ciudad?
¿Qué es ese ruido tan terrible que viene del templo?
Es la voz del Señor,
vengándose de sus enemigos.
7 »Aun
antes de que comenzaran los dolores de parto,
Jerusalén dio a luz un hijo.
8 ¿Acaso alguien ha visto algo tan extraño como esto?
¿Quién ha oído hablar de algo así?
¿Acaso ha nacido una nación en un solo día?
¿Acaso ha surgido un país en un solo instante?
Pero para cuando le comiencen los dolores de parto a Jerusalén,
ya habrán nacido sus hijos.
9 ¿Llevaría yo a esta nación al punto de nacer
para después no dejar que naciera?—pregunta el Señor—.
¡No! Nunca impediría que naciera esta nación»,
dice su Dios.
10 «¡Alégrense
con Jerusalén!
Gócense con ella, todos ustedes que la aman
y ustedes que se lamentan por ella.
11 Beban abundantemente de su gloria,
como bebe un pequeño hasta saciarse de los pechos
consoladores de su madre».
12 Esto
dice el Señor:
«Yo le daré a Jerusalén un río de paz y de prosperidad.
Las riquezas de las naciones fluirán hacia ella.
Sus hijos se alimentarán de sus pechos;
serán llevados en sus brazos y sostenidos en sus
piernas.
13 Los consolaré allí, en Jerusalén,
como una madre consuela a su hijo».
14 Cuando
vean estas cosas, su corazón se alegrará.
Florecerán como la hierba.
Todos verán la mano de bendición del Señor sobre sus siervos,
y su ira contra sus enemigos.
15 Miren, el Señor viene con fuego,
y sus veloces carros de guerra retumban como un
torbellino.
Él traerá castigo con la furia de su ira
y con el ardiente fuego de su dura reprensión.
16 El Señor castigará al mundo con fuego
y con su espada.
Juzgará a la tierra
y muchos morirán a manos de él.
17 «Los
que se “consagran” y se “purifican” en un huerto sagrado con su ídolo en el
centro, celebrando con carne de cerdo, de rata y con otras carnes detestables,
tendrán un final terrible», dice el Señor.
18 «Yo
puedo ver lo que están haciendo y sé lo que están pensando. Por eso reuniré a
todas las naciones y a todos los pueblos, y ellos verán mi gloria. 19 Realizaré
una señal entre ellos y enviaré a los sobrevivientes a que lleven mi mensaje a
las naciones: a Tarsis, a los libios y a los lidios (que son famosos
arqueros), a Tubal y a Grecia y a todas las tierras más allá del mar que
no han oído de mi fama ni han visto mi gloria. Allí declararán mi gloria ante
las naciones. 20 Ellos traerán de regreso al
remanente de sus hermanos de entre las naciones y los llevarán a mi monte santo
en Jerusalén, como ofrenda al Señor. Irán a caballo, en carros de guerra,
en carretas, en mulas y en camellos—dice el Señor—; 21 y
nombraré a algunos de ellos para que sean mis sacerdotes y levitas. ¡Yo,
el Señor, he hablado!
22 »Tan
cierto como que mis cielos nuevos y mi tierra nueva permanecerán,
así también ustedes serán mi pueblo para siempre,
con un nombre que nunca desaparecerá
—dice el Señor—.
23 Toda la humanidad vendrá a adorarme
semana tras semana
y mes tras mes.
24 Y cuando salgan, verán
los cadáveres de los que se han rebelado contra mí.
Los gusanos que los devoran nunca morirán,
y el fuego que los quema nunca se apagará.
Todos los que pasen por allí
se llenarán de horror absoluto».
SALMOS 121
Cántico para los peregrinos que suben
a Jerusalén.
121 Levanto
la vista hacia las montañas;
¿viene de allí mi ayuda?
2 ¡Mi ayuda viene del Señor,
quien hizo el cielo y la tierra!
3 Él
no permitirá que tropieces;
el que te cuida no se dormirá.
4 En efecto, el que cuida a Israel
nunca duerme ni se adormece.
5 ¡El Señor mismo
te cuida!
El Señor está a tu lado como tu sombra
protectora.
6 El sol no te hará daño durante el día,
ni la luna durante la noche.
7 El Señor te
libra de todo mal
y cuida tu vida.
8 El Señor te protege al entrar y al salir,
ahora y para siempre.
Hoy está previsto que termines la segunda y
última parte de Isaías. Mira este video para repasar el diseño literario y el
flujo de pensamiento de esta sección.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”