Estimado Lector:
Estos tres capítulos, describen de forma consecutiva el ascenso, las batallas, los errores y los aciertos de tres reyes sucesivos del Reino de Judá: Amasías , su hijo Uzías (también llamado Azarías) y su nieto Jotam
Amasías comenzó a reinar a los 25 años. Hizo lo recto ante Dios, «aunque no de perfecto corazón» (es decir, su obediencia fue superficial o a medias)
Dios le dio una gran victoria militar contra los edomitas. Sin embargo, de manera insensata, Amasías trajo los ídolos de Edom a su casa y comenzó a adorarlos
Un profeta lo reprendió, pero el rey lo ignoró. Lleno de soberbia tras su triunfo, desafió tontamente a Joás, rey de Israel. Judá fue derrotado, Jerusalén fue saqueada y las murallas fueron derribadas. Años más tarde, conspiraron contra él y lo mataron
Uzías subió al trono a los 16 años y reinó por mucho tiempo (52 años). Mientras buscó a Dios bajo la guía del profeta Zacarías, el Señor lo prosperó enormemente
Su fama creció tanto que su corazón se enorgulleció. En un acto de arrogancia, entró al Templo del Señor para quemar incienso en el altar, una tarea exclusiva y sagrada para los sacerdotes. Cuando los sacerdotes lo confrontaron, Uzías se enojó. Dios lo castigó instantáneamente con lepra en su frente, la cual padeció hasta el día de su muerte, viviendo aislado
Jotam asumió el trono a los 25 años y reinó 16 años. Hizo lo recto ante los ojos de Jehová, imitando el buen ejemplo de su padre Uzías, pero evitando cometer el error de entrar al santuario.
El texto resume que Jotam «se hizo fuerte porque preparó sus caminos delante de Jehová su Dios» . A pesar de que el pueblo seguía espiritualmente corrompido, la fidelidad personal de Jotam mantuvo al reino firme
Salmo 77 es un canto de lamento y confianza escrito por Asaf, que enseña cómo pasar de la profunda angustia a la paz recordando las maravillas de Dios
Aplicación
La historia de Uzías (capítulo 26) es una de las advertencias más serias de la Biblia sobre la soberbia. El texto dice textualmente: «Cuando se hizo fuerte, su corazón se enorgulleció para su ruina» El éxito, el talento y la prosperidad no provienen de nuestras propias fuerzas, sino de Dios. Olvidar esto nos vuelve arrogantes y nos hace creer que estamos por encima de las reglas o del orden divino.
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