Febrero 18 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 28
ÉXODO 32 - 34
El becerro de oro
32 Cuando
los israelitas vieron que Moisés tardaba tanto en bajar del monte, se juntaron
alrededor de Aarón y le dijeron:
—Vamos, haznos dioses que puedan guiarnos. No
sabemos qué le sucedió a ese tipo, Moisés, el que nos trajo aquí desde la
tierra de Egipto.
2 Aarón
les respondió:
—Quítenles a sus esposas, hijos e hijas los
aretes de oro que llevan en las orejas y tráiganmelos.
3 Todos
se quitaron los aretes que llevaban en las orejas y se los llevaron a
Aarón. 4 Entonces Aarón tomó el oro, lo fundió y lo
moldeó hasta darle la forma de un becerro. Cuando los israelitas vieron el
becerro de oro, exclamaron: «¡Oh Israel, estos son los dioses que te sacaron de
la tierra de Egipto!».
5 Al
ver Aarón el entusiasmo del pueblo, edificó un altar frente al becerro. Luego
anunció: «¡Mañana celebraremos un festival al Señor!».
6 Temprano
a la mañana siguiente, el pueblo se levantó para sacrificar ofrendas quemadas y
ofrendas de paz. Después, todos celebraron con abundante comida y bebida, y se
entregaron a diversiones paganas.
7 El Señor le
dijo a Moisés:
—¡Baja ya de la montaña! Tu pueblo, el que
sacaste de la tierra de Egipto, se ha corrompido. 8 ¡Qué
pronto se apartaron de la forma en que les ordené que vivieran! Fundieron oro y
se hicieron un becerro, y se inclinaron ante él y le ofrecieron sacrificios.
Andan diciendo: “Oh Israel, estos son tus dioses que te sacaron de la tierra de
Egipto”.
9 Después
el Señor dijo:
—He visto lo terco y rebelde que es este
pueblo. 10 Ahora quítate de en medio, para que mi
ira feroz pueda encenderse contra ellos y destruirlos. Después, Moisés, haré de
ti una gran nación.
11 Pero
Moisés trató de apaciguar al Señor su Dios.
—¡Oh Señor!—le dijo—, ¿por qué estás tan
enojado con tu propio pueblo, el que sacaste de la tierra de Egipto con tan
gran poder y mano fuerte? 12 ¿Por qué dejar que los
egipcios digan: “Su Dios los rescató con la mala intención de matarlos en los
montes y borrarlos de la faz de la tierra”? Abandona tu ira feroz; ¡cambia de
parecer en cuanto a ese terrible desastre con el que amenazas a tu pueblo! 13 Acuérdate
de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob. Tú mismo te comprometiste con ellos
bajo juramento diciendo: “Haré que sus descendientes sean tan numerosos como
las estrellas del cielo, y entregaré a sus descendientes toda esta tierra que
prometí darles, y ellos la poseerán para siempre”.
14 Entonces
el Señor cambió de parecer en cuanto al terrible desastre con que
había amenazado destruir a su pueblo.
15 Enseguida
Moisés se dio la vuelta y descendió del monte. Llevaba en sus manos las dos
tablas de piedra grabadas con las condiciones del pacto. Estaban escritas
a ambos lados, por delante y por detrás. 16 Estas
tablas eran obra de Dios; cada palabra estaba escrita por Dios mismo.
17 Cuando
Josué oyó el alboroto del pueblo, que gritaba desde abajo, exclamó a Moisés:
—¡Parece que hay guerra en el campamento!
18 Pero
Moisés respondió:
—No, no son gritos de victoria ni lamentos de
derrota. Oigo sonidos de celebración.
19 Cuando
se acercaron al campamento, Moisés vio el becerro y las danzas, y ardió de
enojo. Entonces tiró las tablas de piedra al suelo, las cuales se hicieron
pedazos al pie del monte. 20 Tomó el becerro que
habían hecho y lo quemó. Luego lo molió hasta hacerlo polvo, lo arrojó al agua
y obligó a los israelitas a que la bebieran.
21 Por
último, se dirigió a Aarón y le preguntó:
—¿Qué te hizo este pueblo para que lo llevaras a
caer en un pecado tan grande?
22 —No
te disgustes tanto, mi señor—contestó Aarón—. Tú sabes bien qué mala es esta
gente. 23 Ellos me dijeron: “Haznos dioses que
puedan guiarnos. No sabemos qué le sucedió a ese tipo, Moisés, el que nos trajo
aquí desde la tierra de Egipto”. 24 Así que yo les
dije: “Los que tengan joyas de oro, que se las quiten”. Cuando me las trajeron,
no hice más que echarlas al fuego, ¡y salió este becerro!
25 Moisés
vio que Aarón había permitido que el pueblo se descontrolara por completo y
fuera el hazmerreír de sus enemigos. 26 Así que se
paró a la entrada del campamento y gritó: «Todos los que estén de parte
del Señor, vengan aquí y únanse a mí». Y todos los levitas se juntaron
alrededor de él.
27 Moisés
les dijo: «Esto dice el Señor, Dios de Israel: “Cada uno de ustedes tome
su espada, recorra el campamento de un extremo al otro; maten a todos, incluso
a sus hermanos, amigos y vecinos”». 28 Entonces los
levitas obedecieron la orden de Moisés, y ese día murieron unas tres mil
personas.
29 Entonces
Moisés les dijo a los levitas: «Hoy se consagraron a sí mismos para el
servicio del Señor, porque lo obedecieron aun cuando tuvieron que matar a
sus propios hijos y hermanos. Hoy se ganaron una bendición».
Moisés intercede por Israel
30 Al
día siguiente, Moisés les dijo a los israelitas: «Ustedes cometieron un
terrible pecado, pero yo subiré de nuevo al monte a encontrarme con el Señor.
Quizá pueda lograr que él les perdone este pecado».
31 Entonces
Moisés volvió a donde estaba el Señor y dijo:
—Qué terrible pecado cometió este pueblo; se
hicieron dioses de oro. 32 Ahora, si solo
perdonaras su pecado; pero si no, ¡borra mi nombre del registro que has
escrito!
33 Pero
el Señor respondió a Moisés:
—No, yo borraré el nombre de todo aquel que haya
pecado contra mí. 34 Ahora ve y lleva al pueblo al
lugar del que te hablé. Mi ángel irá delante de ti. Cuando llegue el día de
pedirles cuentas a los israelitas, ciertamente los haré responsables de sus
pecados.
35 Después,
el Señor envió una terrible plaga sobre ellos porque habían rendido
culto al becerro que hizo Aarón.
33 El Señor le
dijo a Moisés: «Váyanse, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto.
Suban a la tierra que juré dar a Abraham, Isaac y Jacob. A ellos les dije:
“Daré esta tierra a sus descendientes”. 2 Enviaré
un ángel delante de ti para expulsar a los cananeos, los amorreos, los hititas,
los ferezeos, los heveos y los jebuseos. 3 Suban a
la tierra donde fluyen la leche y la miel. Sin embargo, yo no los acompañaré,
porque son un pueblo terco y rebelde. Si lo hiciera, seguramente los destruiría
en el camino».
4 Cuando
los israelitas oyeron estas palabras tan duras, hicieron duelo y dejaron de
usar joyas y ropa fina. 5 Pues el Señor había
dicho a Moisés que les dijera: «Ustedes son un pueblo terco y rebelde. Si yo
los acompañara, aunque fuera un solo instante, los destruiría en el camino.
Quítense las joyas y la ropa fina mientras decido qué hacer con ustedes». 6 Así
que, desde el momento que partieron del monte Sinaí, los israelitas
dejaron de usar joyas y de ponerse ropa fina.
7 Moisés
tenía la costumbre de armar la carpa de reunión a cierta distancia del
campamento y toda persona que quería hacer alguna petición al Señor iba
a la carpa de reunión que estaba fuera del campamento.
8 Cada
vez que Moisés se dirigía a la carpa de reunión, toda la gente se levantaba y
permanecía de pie a la entrada de su propia carpa. Todos seguían a Moisés con
la vista hasta que entraba en la carpa. 9 Cuando
Moisés entraba en la carpa, la columna de nube descendía y se quedaba en el
aire a la entrada mientras el Señor hablaba con Moisés. 10 Cuando
el pueblo notaba que la nube se detenía a la entrada de la carpa, cada persona
se paraba a la entrada de su propia carpa y se inclinaba. 11 Dentro
de la carpa de reunión, el Señor hablaba con Moisés cara a cara, como
cuando alguien habla con un amigo. Después, Moisés regresaba al campamento,
mientras que su asistente, el joven Josué, hijo de Nun, permanecía en la carpa
de reunión.
Moisés ve la gloria del Señor
12 Un
día Moisés dijo al Señor:
—Tú me has estado diciendo: “Lleva a este pueblo
a la Tierra Prometida”. Pero no me has dicho a quién enviarás conmigo. Me has
dicho: “Yo te conozco por tu nombre y te miro con agrado”. 13 Si
es cierto que me miras con buenos ojos, permíteme conocer tus caminos, para que
pueda comprenderte más a fondo y siga gozando de tu favor. Y recuerda que esta
nación es tu propio pueblo.
14 El Señor le
respondió:
—Yo mismo iré contigo, Moisés, y te daré
descanso; todo te saldrá bien.
15 Entonces
Moisés dijo:
—Si tú mismo no vienes con nosotros, no nos hagas
salir de este lugar. 16 ¿Cómo se sabrá que me miras
con agrado—a mí y a tu pueblo—si no vienes con nosotros? Pues tu presencia con
nosotros es la que nos separa—a tu pueblo y a mí—de todos los demás pueblos de
la tierra.
17 El Señor contestó
a Moisés:
—Ciertamente haré lo que me pides, porque te miro
con agrado y te conozco por tu nombre.
18 Moisés
respondió:
—Te suplico que me muestres tu gloriosa
presencia.
19 El Señor respondió:
—Haré pasar delante de ti toda mi bondad y
delante de ti proclamaré mi nombre, Yahveh. Pues tendré misericordia de
quien yo quiera y mostraré compasión con quien yo quiera. 20 Sin
embargo, no podrás ver directamente mi rostro, porque nadie puede verme y
seguir con vida.
21 El Señor siguió
diciendo:
—Párate cerca de mí, sobre esta roca. 22 Cuando
pase mi gloriosa presencia, te esconderé en la grieta de la roca y te cubriré
con mi mano hasta que yo haya pasado. 23 Después
retiraré la mano y dejaré que me veas por detrás; pero no se verá mi rostro.
Nueva copia del pacto
34 Luego
el Señor le dijo a Moisés: «Talla dos tablas de piedra como las
primeras. Escribiré en ellas las mismas palabras que estaban en las que hiciste
pedazos. 2 Prepárate para subir al monte Sinaí
mañana temprano y presentarte delante de mí en la cima del monte. 3 Nadie
puede acompañarte. De hecho, no debe haber nadie en la montaña. Tampoco
permitas que los rebaños ni las manadas pasten cerca del monte».
4 Entonces
Moisés talló dos tablas de piedra como las primeras. Temprano en la mañana,
subió al monte Sinaí, tal como el Señor le había ordenado, con las
dos tablas de piedra en las manos.
5 Después,
el Señor descendió en una nube y se quedó allí con Moisés; y proclamó
su propio nombre, Yahveh. 6 El Señor pasó
por delante de Moisés proclamando:
«¡Yahveh! ¡El Señor!
¡El Dios de compasión y misericordia!
Soy lento para enojarme
y estoy lleno de amor inagotable y fidelidad.
7 Yo derramo amor inagotable a mil generaciones,
y perdono la iniquidad, la rebelión y el pecado.
Pero no absuelvo al culpable,
sino que extiendo los pecados de los padres sobre sus
hijos y sus nietos;
toda la familia se ve afectada,
hasta los hijos de la tercera y cuarta generación».
8 Al
instante Moisés se postró hasta el suelo y adoró. 9 Entonces
dijo:
—Oh Señor, si de verdad cuento con tu favor, te
ruego que nos acompañes en el viaje. Es cierto que el pueblo es terco y
rebelde, pero te pido que perdones nuestra iniquidad y nuestros pecados.
Tómanos como tu posesión más preciada.
10 El Señor respondió:
—Escucha, yo hago un pacto contigo en presencia
de todo tu pueblo. Realizaré milagros que jamás se han hecho en ningún lugar de
la tierra ni en ninguna otra nación. Todos los que te rodean serán testigos del
poder del Señor, el imponente despliegue de poder que yo haré por medio de
ti. 11 Pero presta atención a todo lo que hoy te
ordeno, porque entonces iré delante de ustedes y expulsaré a los amorreos, a
los cananeos, a los hititas, a los ferezeos, a los heveos y a los jebuseos.
12 »Ten
mucho cuidado de no hacer tratados con los pueblos que viven en la tierra
adonde te diriges. Si los haces, seguirás sus malos caminos y quedarás
atrapado. 13 En cambio, deberás destruir sus
altares paganos, destrozar sus columnas sagradas y derribar los postes
dedicados a la diosa Asera. 14 No adores a ningún
otro dios, porque el Señor, cuyo nombre es Celoso, es Dios celoso de su
relación contigo.
15 »No
hagas ningún tipo de tratado con los pueblos que viven en la tierra porque
ellos se entregan a pasiones sexuales en pos de sus dioses y les ofrecen
sacrificios. Te invitarán a participar con ellos en comer lo que ofrecen en
sacrificio, y tú irás con ellos. 16 Acto seguido,
aceptarás a sus hijas—quienes hacen sacrificios a otros dioses—como esposas
para tus hijos; y ellas seducirán a tus hijos para que cometan adulterio contra
mí al rendir culto a otros dioses. 17 No te hagas
dioses de metal fundido.
18 »Deberás
celebrar el Festival de los Panes sin Levadura. Durante siete días, prepararás
sin levadura el pan que comas, tal como yo te ordené. Celebra este festival
cada año, en el tiempo señalado, a comienzos de la primavera, en el mes
de abib, porque en esa fecha se cumple el aniversario de tu
salida de Egipto.
19 »El
primer nacido de cada animal me pertenece, incluidos los machos de las
primeras crías de tus manadas de ganado y de tus rebaños de ovejas y de
cabras. 20 Para recuperar la primera cría de un
burro, podrás pagar rescate al Señor entregando como sustituto un
cordero o un cabrito; pero si no pagas rescate para recuperarlo, tendrás que
quebrarle el cuello al animal. Sin embargo, tienes la obligación de pagar el
rescate por todo primer hijo varón.
»Nadie podrá presentarse ante mí sin una ofrenda.
21 »Tienes
seis días en la semana para hacer tu trabajo habitual, pero el séptimo día
dejarás de trabajar, incluso durante la temporada del arado y de la cosecha.
22 »Deberás
celebrar el Festival de la Cosecha, con los primeros frutos de la cosecha
del trigo, y celebrar también el Festival de la Cosecha Final cuando
termine la temporada de la cosecha. 23 Tres veces
al año, todo hombre de Israel deberá presentarse delante del Soberano, el Señor,
Dios de Israel. 24 Yo expulsaré a las naciones en
tu paso y expandiré tu territorio, para que nadie codicie ni conquiste tu
tierra mientras te presentas ante el Señor tu Dios esas tres veces al
año.
25 »No
ofrezcas la sangre de mis sacrificios con ningún tipo de pan que contenga
levadura. Tampoco guardes nada de la carne del sacrificio de la Pascua hasta la
mañana siguiente.
26 »Cuando
recojas tus cosechas, lleva a la casa del Señor tu Dios lo mejor de
la primera cosecha.
»No cocines a un cabrito en la leche de su madre.
27 Después
el Señor le dijo a Moisés: «Escribe todas estas instrucciones, porque
ellas indican las condiciones del pacto que hago contigo y con Israel».
28 Moisés
se quedó en el monte con el Señor durante cuarenta días y cuarenta
noches. En todo ese tiempo, no comió pan ni bebió agua. Y el Señor escribió en
las tablas de piedra las condiciones del pacto: los diez mandamientos.
29 Cuando
Moisés descendió del monte Sinaí con las dos tablas de piedra grabadas con las
condiciones del pacto, no se daba cuenta de que su rostro resplandecía
porque había hablado con el Señor. 30 Así que,
cuando Aarón y el pueblo de Israel vieron el resplandor del rostro de Moisés,
tuvieron miedo de acercarse a él.
31 Sin
embargo, Moisés llamó a Aarón y a los jefes de la comunidad, les pidió que se
acercaran y habló con ellos. 32 Luego, todo el
pueblo de Israel se acercó y Moisés les transmitió todas las instrucciones que
el Señor le había dado en el monte Sinaí. 33 Cuando
Moisés terminó de hablar con ellos, se cubrió el rostro con un velo. 34 Pero
cada vez que entraba en la carpa de reunión para hablar con el Señor, se
quitaba el velo hasta que salía de ella. Después le transmitía al pueblo las
instrucciones que el Señor le daba, 35 y
el pueblo de Israel veía el brillante resplandor de su rostro. Así que él
volvía a cubrirse el rostro con el velo hasta que entraba nuevamente a hablar
con el Señor.
SALMOS 28
Salmo de David.
28 A
ti elevo mi oración, oh Señor, roca mía;
no cierres tus oídos a mi voz.
Pues si guardas silencio,
mejor sería darme por vencido y morir.
2 Escucha mi oración que pide misericordia,
cuando clamo a ti por ayuda,
cuando levanto mis manos hacia tu santo templo.
3 No
me arrastres junto con los perversos
—con los que hacen lo malo—,
los que hablan con sus vecinos amablemente
mientras traman maldades en su corazón.
4 ¡Dales el castigo que tanto merecen!
Mídelo en proporción a su maldad.
¡Págales conforme a todas sus malas acciones!
Hazles probar en carne propia lo que ellos les han
hecho a otros.
5 No les importa nada lo que el Señor hizo
ni lo que sus manos crearon.
Por lo tanto, él los derrumbará
y ¡jamás serán reconstruidos!
6 ¡Alaben
al Señor!
Pues él oyó que clamaba por misericordia.
7 El Señor es mi fortaleza y mi escudo;
confío en él con todo mi corazón.
Me da su ayuda y mi corazón se llena de alegría;
prorrumpo en canciones de acción de gracias.
8 El Señor le
da fuerza a su pueblo;
es una fortaleza segura para su rey ungido.
9 ¡Salva a tu pueblo!
Bendice a Israel, tu posesión más preciada.
Guíalos como un pastor
y llévalos en tus brazos por siempre.
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
Los autores de la Biblia a veces hacen
referencias y citan sus partes favoritas de las Escrituras. La enumeración de
los rasgos del carácter de Dios que se encuentra en Éxodo 34:6-7 es el texto
más repetido y citado de la Biblia. En este video analizaremos esta descripción
fundamental sobre los atributos de Dios que ilustran lo que Dios valora y por
qué actúa como lo hace.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”