Marzo 29 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 67
JOSUÉ 9 - 12
Los gabaonitas engañan a Israel
9 Ahora
bien, todos los reyes que estaban al occidente del río Jordán se enteraron de
lo que había sucedido. Eran los reyes de los hititas, amorreos, cananeos,
ferezeos, heveos y jebuseos, quienes vivían en la zona montañosa, en las
colinas occidentales y a lo largo de la costa del mar Mediterráneo hasta
las montañas del Líbano, al norte. 2 Esos reyes
unieron sus tropas para pelear como un solo ejército contra Josué y los
israelitas.
3 Sin
embargo, cuando los habitantes de Gabaón oyeron lo que Josué había hecho a
Jericó y a la ciudad de Hai, 4 recurrieron al
engaño para salvarse la vida. Enviaron a unos representantes ante Josué y,
sobre sus asnos, cargaron alforjas desgastadas y odres viejos y
remendados. 5 Se pusieron ropa harapienta y se
calzaron sandalias gastadas y remendadas. Además, llevaban pan seco y
mohoso. 6 Cuando llegaron al campamento de Israel,
en Gilgal, les dijeron a Josué y a los hombres de Israel:
—Venimos de una tierra lejana para pedirles que
hagan un tratado de paz con nosotros.
7 Entonces
los israelitas les respondieron a esos heveos:
—¿Cómo podemos saber que ustedes no viven cerca?
Pues si viven cerca, no podemos hacer ningún tratado de paz con ustedes.
8 Ellos
respondieron:
—Nosotros somos sus siervos.
—Pero ¿quiénes son ustedes? —preguntó Josué—. ¿De
dónde vienen?
9 Ellos
contestaron:
—Nosotros sus siervos venimos de un país muy
lejano. Hemos oído del poder del Señor su Dios y de todo lo que hizo
en Egipto. 10 También hemos oído de lo que les hizo
a los dos reyes amorreos que vivían al oriente del río Jordán: a Sehón, rey de
Hesbón, y a Og, rey de Basán (quien vivía en Astarot). 11 Entonces
nuestros ancianos y todo nuestro pueblo nos dieron las siguientes
instrucciones: “Lleven provisiones para un largo viaje. Vayan al encuentro del
pueblo de Israel y díganle: ‘Somos sus siervos; les suplicamos que hagan un
tratado con nosotros’”.
12 »Este
pan estaba caliente, recién salido del horno, cuando partimos de nuestros
hogares. Pero ahora, como pueden ver, está seco y mohoso. 13 Estos
odres estaban nuevos cuando los llenamos, pero ahora están viejos y rotos. Y
nuestra ropa y las sandalias que traemos puestas están desgastadas de tan largo
viaje.
14 Entonces
los israelitas revisaron el alimento de los gabaonitas pero no consultaron
al Señor. 15 Así que Josué hizo un tratado de
paz con ellos y les garantizó seguridad, y los líderes de la comunidad
ratificaron el acuerdo mediante un juramento que los obligaba a cumplirlo.
16 Tres
días después de hacer el tratado, ¡los israelitas se enteraron de que esa gente
en realidad vivía cerca! 17 Enseguida salieron a
investigar y, en tres días, llegaron a sus ciudades, las cuales se llamaban
Gabaón, Cafira, Beerot y Quiriat-jearim. 18 Sin
embargo, como los líderes israelitas habían hecho un voto en el nombre
del Señor, Dios de Israel, no atacaron a ninguna de las ciudades
gabaonitas.
Entonces el pueblo de Israel se quejó contra sus
líderes por causa del tratado. 19 Pero los líderes
respondieron: «Dado que hicimos un juramento en presencia del Señor, Dios
de Israel, no podemos tocarlos. 20 Lo que tenemos
que hacer es dejarlos con vida, porque el enojo divino caería sobre nosotros si
no cumpliéramos nuestro juramento. 21 Déjenlos
vivir». Así que los hicieron cortar leña y llevar agua para toda la comunidad,
tal como lo indicaron los líderes israelitas.
22 Entonces
Josué reunió a los gabaonitas y les dijo:
—¿Por qué nos mintieron? ¿Por qué dijeron que
vivían en una tierra lejana, si en realidad viven aquí mismo, entre
nosotros? 23 ¡Malditos sean! De ahora en adelante,
siempre serán siervos encargados de cortar madera y de llevar agua para la casa
de mi Dios.
24 Ellos
le respondieron:
—Lo hicimos porque a nosotros, sus siervos, se
nos dijo con claridad que el Señor su Dios le ordenó a Moisés, siervo
del Señor, que les entregara toda esta tierra y que destruyera a todos sus
habitantes. Así que temimos profundamente por nuestra vida a causa de ustedes.
Por eso hicimos lo que hicimos. 25 Ahora estamos a
merced de ustedes; hagan con nosotros lo que mejor les parezca.
26 Así
que Josué no permitió que el pueblo de Israel matara a los gabaonitas; 27 pero
desde ese día, los hizo cortar la leña y llevar el agua para la comunidad de
Israel y el altar del Señor, donde fuere que el Señor eligiera
construirlo. Y a eso se dedican hasta el día de hoy.
Israel derrota a los ejércitos del
sur
10 Adonisedec,
rey de Jerusalén, oyó que Josué había tomado y destruido por completo la
ciudad de Hai y había matado a su rey, lo mismo que había hecho con la ciudad
de Jericó y su rey. También se enteró de que los gabaonitas habían hecho la paz
con Israel y ahora eran sus aliados. 2 Cuando él y
su pueblo oyeron todo eso, tuvieron mucho miedo, porque Gabaón era una ciudad
grande, tan grande como las ciudades de la realeza y más grande que la ciudad
de Hai. Además, los gabaonitas eran guerreros fuertes.
3 Entonces
Adonisedec, rey de Jerusalén, envió mensajeros a varios otros reyes: a Hoham,
rey de Hebrón, a Piream, rey de Jarmut, a Jafía, rey de Laquis y a Debir, rey
de Eglón. 4 «Vengan y ayúdenme a destruir Gabaón —les
rogó—, porque hizo la paz con Josué y con el pueblo de Israel». 5 Entonces
esos cinco reyes amorreos unieron sus ejércitos para atacar en conjunto.
Pusieron todas sus tropas en posición y atacaron Gabaón.
6 Enseguida,
los hombres de Gabaón enviaron mensajeros a Josué, quien se encontraba en su
campamento, en Gilgal. «¡No abandone a sus siervos ahora! —rogaron—. ¡Venga de
inmediato! ¡Sálvenos! ¡Ayúdenos! Pues todos los reyes amorreos que viven en la
zona montañosa unieron sus fuerzas para atacarnos».
7 Entonces
Josué y todo su ejército, incluidos sus mejores guerreros, salieron de Gilgal
hacia Gabaón. 8 «No les tengas miedo—le dijo
el Señor a Josué—, porque te he dado la victoria. Ni uno de ellos
podrá hacerte frente».
9 Josué
marchó toda la noche desde Gilgal y tomó por sorpresa a los ejércitos
amorreos. 10 El Señor llenó de pánico a
los amorreos, y los israelitas masacraron a un gran número de ellos en Gabaón.
Después persiguieron a sus enemigos por el camino que lleva a Bet-horón y los
fueron matando a lo largo de toda la ruta a Azeca y Maceda. 11 Mientras
los amorreos estaban en retirada por el camino de Bet-horón, el Señor los
destruyó mediante una terrible tormenta de granizo que envió desde el cielo, y
que no paró hasta que llegaron a Azeca. El granizo mató a más enemigos de los
que mataron los israelitas a filo de espada.
12 El
día que el Señor les dio a los israelitas la victoria sobre los
amorreos, Josué oró al Señor delante de todo el pueblo de Israel y
dijo:
«Que el sol se detenga sobre Gabaón,
y la luna, sobre el valle de Ajalón».
13 Entonces
el sol se detuvo y la luna se quedó en su sitio hasta que la nación de Israel
terminó de derrotar a sus enemigos.
¿Acaso no está registrado ese suceso en El
libro de Jaser? El sol se detuvo en medio del cielo y no se ocultó como en
un día normal. 14 Jamás, ni antes ni después, hubo
un día como ese, cuando el Señor contestó semejante oración. ¡Sin
duda, ese día el Señor peleó por Israel!
15 Después
Josué y el ejército israelita regresaron a su campamento, en Gilgal.
Josué mata a los cinco reyes del sur
16 Durante
la batalla, los cinco reyes escaparon y se escondieron en una cueva, en
Maceda. 17 Cuando Josué oyó que los habían
encontrado, 18 dio la siguiente orden: «Cubran la
abertura de la cueva con rocas grandes y pongan guardias en la entrada, para
mantener adentro a los reyes. 19 Los demás
continúen persiguiendo a los enemigos y mátenlos por la retaguardia. No los
dejen volver a sus ciudades, porque el Señor, Dios de ustedes, les ha dado
la victoria sobre ellos».
20 Entonces
Josué y el ejército israelita continuaron con la masacre y derrotaron al
enemigo por completo. Exterminaron totalmente a los cinco ejércitos con
excepción de un pequeño grupo que logró llegar a sus ciudades
fortificadas. 21 Luego los israelitas volvieron a
salvo al campamento de Maceda, donde estaba Josué. Después de eso, nadie se
atrevió a decir ni una sola palabra en contra de Israel.
22 Luego
Josué dijo: «Quiten las rocas que cubren la abertura de la cueva y tráiganme a
los cinco reyes». 23 Así que hicieron salir de la
cueva a los cinco reyes de las ciudades de Jerusalén, de Hebrón, de Jarmut, de
Laquis y de Eglón. 24 Cuando los sacaron, Josué les
dijo a los comandantes de su ejército: «Acérquense y pónganles el pie sobre el
cuello a estos reyes». Y ellos hicieron lo que se les dijo.
25 «Jamás
tengan miedo ni se desanimen—les dijo Josué a sus hombres—. Sean fuertes y
valientes, porque el Señor hará lo mismo con todos sus
enemigos». 26 Entonces Josué mató a cada uno de los
cinco reyes y los atravesó con cinco postes afilados, donde quedaron colgados
hasta la tarde.
27 Mientras
se ponía el sol, Josué mandó que descolgaran los cuerpos de los postes y que
los arrojaran dentro de la cueva donde se habían escondido los reyes. Luego
taparon la abertura de la cueva con un montón de rocas grandes, lo cual
permanece allí hasta el día de hoy.
Israel destruye las ciudades del sur
28 Ese
mismo día, Josué tomó y destruyó la ciudad de Maceda. Mató a todos sus
habitantes, incluso al rey, y no dejó a nadie con vida. Los destruyó a todos y
mató al rey de Maceda, lo mismo que había hecho con el rey de Jericó. 29 Después,
Josué y los israelitas se dirigieron hacia Libna y la atacaron. 30 Allí
también el Señor les entregó la ciudad con su rey. Mató a todos sus
habitantes sin dejar a nadie con vida. Luego Josué mató al rey de Libna, lo
mismo que había hecho con el rey de Jericó.
31 De
Libna, Josué y los israelitas fueron a Laquis y la atacaron. 32 Igual
que en las veces anteriores, el Señor les entregó Laquis. Josué la
tomó el segundo día y mató a todos sus habitantes, tal como había hecho en
Libna. 33 Durante el ataque a Laquis, el rey Horam,
de Gezer, llegó con su ejército para ayudar a defender la ciudad. Pero los
hombres de Josué lo mataron junto con su ejército y no dejaron a nadie con
vida.
34 Luego
Josué y el ejército israelita siguieron hacia la ciudad de Eglón y la
atacaron. 35 La tomaron ese mismo día y mataron a
todos sus habitantes. Josué destruyó a todos por completo, tal como había hecho
en Laquis. 36 De Eglón, Josué y el ejército
israelita subieron a Hebrón y la atacaron. 37 Tomaron
la ciudad y mataron a todos sus habitantes, incluso al rey, y no dejaron a
nadie con vida. Hicieron lo mismo con todas las aldeas vecinas. Y tal como
había hecho en Eglón, Josué destruyó por completo a toda la población.
38 Después,
Josué y los israelitas se volvieron y atacaron Debir. 39 Josué
tomó la ciudad con su rey y todas las aldeas vecinas. Destruyó por completo a
todos sus habitantes y no dejó a nadie con vida. Hizo a Debir y a su rey lo
mismo que les había hecho a Hebrón, a Libna y a su rey.
40 Así
que Josué conquistó toda la región: a los reyes y a los pueblos de la zona
montañosa, el Neguev, las colinas occidentales y las laderas de las
montañas. Destruyó por completo a todos los habitantes del territorio sin dejar
a nadie con vida, tal como el Señor, Dios de Israel, lo había
ordenado. 41 Josué los masacró desde Cades-barnea
hasta Gaza y desde la región que rodea la ciudad de Gosén hasta Gabaón. 42 Josué
venció a todos esos reyes y conquistó sus territorios en una sola campaña,
porque el Señor, Dios de Israel, peleaba por su pueblo.
43 Después
Josué y el ejército israelita regresaron a su campamento, en Gilgal.
Israel derrota a los ejércitos del
norte
11 Cuando
el rey Jabín, de Hazor, oyó lo que había sucedido, envió un mensaje a los
siguientes reyes: al rey Jobab, de Madón; al rey de Simrón; al rey de
Acsaf; 2 a todos los reyes de la zona montañosa del
norte; a los reyes del valle del Jordán, al sur de Galilea; a los reyes de
las colinas de Galilea; a los reyes de Nafot-dor, al occidente; 3 a
los reyes de Canaán, tanto del oriente como del occidente; y a los reyes de los
amorreos, de los hititas, de los ferezeos, de los jebuseos en la zona montañosa
y de los heveos en las ciudades que están en las laderas del monte Hermón, en
la tierra de Mizpa.
4 Todos
esos reyes salieron a pelear. Sus ejércitos unidos formaban una inmensa
multitud. Y con todos sus caballos y carros de guerra cubrieron el terreno como
la arena a la orilla del mar. 5 Los reyes unieron
sus fuerzas y establecieron su campamento alrededor de las aguas que están
cerca de Merom para pelear contra Israel.
6 Entonces
el Señor le dijo a Josué: «No les tengas miedo. Mañana, a esta hora,
los entregaré a todos muertos en manos de Israel. Después lisia sus caballos y
quema sus carros de guerra».
7 Así
que Josué y todos sus hombres de guerra avanzaron hasta las aguas que están
cerca de Merom y atacaron por sorpresa. 8 Y
el Señor les dio la victoria sobre sus enemigos. Los israelitas los
persiguieron tan lejos como Gran Sidón y Misrefot-maim y, hacia el oriente, por
el valle de Mizpa, hasta que no quedó ningún guerrero del enemigo con
vida. 9 Después Josué lisió los caballos y quemó
todos los carros de guerra, tal como el Señor había indicado.
10 Luego
Josué regresó y tomó Hazor y mató a su rey. (Hazor había sido por un tiempo la
capital de todos esos reinos). 11 Los israelitas
destruyeron por completo a todo ser viviente de la ciudad, sin dejar
sobrevivientes. No se le perdonó la vida a nadie. Y después Josué quemó la
ciudad.
12 Josué
masacró a todos los demás reyes y a sus pueblos, los destruyó por completo, tal
como lo había ordenado Moisés, siervo del Señor. 13 Pero
los israelitas no quemaron ninguna de las ciudades construidas sobre collados
salvo Hazor, la cual Josué quemó. 14 Y los
israelitas se quedaron con todo el botín y con los animales de las ciudades
devastadas; pero mataron a toda la gente, sin dejar a nadie con vida. 15 Tal
como el Señor le había ordenado a su siervo Moisés, también Moisés le
ordenó a Josué. Y Josué hizo lo que se le indicó, obedeció cuidadosamente todos
los mandatos que el Señor le había dado a Moisés.
16 Así
que Josué conquistó toda la región: la zona montañosa, todo el Neguev, toda el
área que rodea la ciudad de Gosén, las colinas occidentales, el valle del
Jordán, los montes de Israel y las colinas de Galilea. 17 El
territorio israelita ahora se extendía desde el monte Halac, que se eleva hacia
Seir, al sur, hasta Baal-gad, al pie del monte Hermón, en el valle del Líbano,
al norte. Josué mató a todos los reyes de esos territorios, 18 después
de hacer guerra por mucho tiempo para lograrlo. 19 Ninguno
de esa región hizo la paz con los israelitas salvo los heveos de Gabaón. Todos
los demás fueron derrotados, 20 porque el Señor les
endureció el corazón y los hizo pelear contra los israelitas. Así que fueron
totalmente destruidos sin compasión, tal como el Señor le había
ordenado a Moisés.
21 Durante
ese período, Josué destruyó a todos los descendientes de Anac, quienes vivían
en la zona montañosa de Hebrón, Debir, Anab y en toda la región montañosa de
Judá e Israel. Los mató a todos y destruyó sus ciudades por completo. 22 No
quedó ningún descendiente de Anac en la tierra de Israel, aunque algunos
todavía permanecían en Gaza, Gat y Asdod.
23 Así
que Josué tomó control de todo el territorio, tal como el Señor le
había indicado a Moisés. Le dio la tierra al pueblo de Israel como su preciada
posesión y repartió el territorio entre las tribus. Entonces por fin la tierra
descansó de la guerra.
Reyes derrotados al oriente del
Jordán
12 Estos
son los reyes del oriente del río Jordán a quienes los israelitas mataron y les
quitaron sus tierras. El territorio de esos reyes se extendía desde el valle
del Arnón hasta el monte Hermón y abarcaba toda la tierra situada al oriente
del valle del Jordán.
2 Derrotaron
a Sehón, rey de los amorreos, quien vivía en Hesbón. Su reino incluía Aroer, en
el límite del valle del Arnón, y se extendía desde la mitad del valle del Arnón
hasta el río Jaboc, el cual sirve de frontera con los amonitas. Ese territorio
incluía la mitad sur del territorio de Galaad. 3 Sehón
también controlaba el valle del Jordán y algunas regiones al oriente, desde el
mar de Galilea al norte, hasta el mar Muerto en el sur, incluso la ruta a
Bet-jesimot y, más al sur, hasta las laderas del Pisga.
4 El
rey Og, de Basán—el último de los refaítas—vivía en Astarot y Edrei. 5 Gobernaba
un territorio que se extendía por el norte desde el monte Hermón hasta Salca,
por el oriente a todo Basán y hacia el occidente hasta la frontera con los
reinos de Gesur y Maaca. Ese territorio incluía la mitad norte de Galaad tan
lejos como la frontera con el rey Sehón, de Hesbón.
6 Moisés,
siervo del Señor, y los israelitas habían destruido al pueblo del rey
Sehón y al del rey Og. Moisés entregó esas tierras como posesión a la tribu de
Rubén, a la tribu de Gad y a la media tribu de Manasés.
Reyes derrotados al occidente del
Jordán
7 La
siguiente es una lista de los reyes que Josué y los ejércitos israelitas
derrotaron al occidente del Jordán, desde Baal-gad, en el valle del Líbano,
hasta el monte Halac, que sube hacia Seir. (Josué les dio esa tierra como
posesión a las tribus de Israel, 8 la cual abarcaba
la zona montañosa, las colinas occidentales, el valle del Jordán, las
laderas de las montañas, el desierto de Judá y el Neguev. Los pueblos que
vivían en esa región eran los hititas, los amorreos, los cananeos, los
ferezeos, los heveos y los jebuseos). Estos son los reyes que Israel derrotó:
9 el
rey de Jericó,
el rey de Hai, cerca de Betel,
10 el
rey de Jerusalén,
el rey de Hebrón,
11 el
rey de Jarmut,
el rey de Laquis,
12 el
rey de Eglón,
el rey de Gezer,
13 el
rey de Debir,
el rey de Geder,
14 el
rey de Horma,
el rey de Arad,
15 el
rey de Libna,
el rey de Adulam,
16 el
rey de Maceda,
el rey de Betel,
17 el
rey de Tapúa,
el rey de Hefer,
18 el
rey de Afec,
el rey de Sarón,
19 el
rey de Madón,
el rey de Hazor,
20 el
rey de Simron-merón,
el rey de Acsaf,
21 el
rey de Taanac,
el rey de Meguido,
22 el
rey de Cedes,
el rey de Jocneam (en el Carmelo),
23 el
rey de Dor (en la ciudad de Nafot-dor),
el rey de Goyim (en Gilgal)
24 y
el rey de Tirsa.
En total, los israelitas derrotaron a treinta y
un reyes.
SALMOS 67
Para el director del coro: cántico.
Salmo, acompáñese con instrumentos de cuerda.
67 Que
Dios tenga misericordia y nos bendiga;
que su rostro nos sonría con favor. Interludio
2 Que
se conozcan tus caminos en toda la tierra
y tu poder salvador entre los pueblos por todas partes.
3 Que las naciones te alaben, oh Dios;
sí, que todas las naciones te alaben.
4 Que el mundo entero cante de alegría,
porque tú gobiernas a las naciones con justicia
y guías a los pueblos del mundo. Interludio
5 Que
las naciones te alaben, oh Dios;
sí, que todas las naciones te alaben.
6 Entonces la tierra dará sus cosechas,
y Dios, nuestro Dios, nos bendecirá en abundancia.
7 Así es, Dios nos bendecirá,
y gente de todo el mundo le temerá.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”