LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 73

Abril 04 de 2026

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LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 73

 

JUECES 9 - 12

Abimelec gobierna sobre Siquem

Un día Abimelec, hijo de Gedeón, fue a Siquem para visitar a sus tíos, los hermanos de su madre. Les dijo a ellos y al resto de su familia materna: «Pregúntenles a los ciudadanos prominentes de Siquem si prefieren ser gobernados por los setenta hijos de Gedeón o por un solo hombre. ¡Y recuerden que soy de la misma sangre que ustedes!».

Entonces los tíos de Abimelec transmitieron ese mensaje a los ciudadanos de Siquem. Y después de escuchar la propuesta, el pueblo de Siquem decidió por Abimelec, porque era pariente de ellos. Le dieron setenta monedas de plata del templo de Baal-berit, las cuales él usó para contratar a unos hombres alborotadores e imprudentes que aceptaron seguirlo. Fue a la casa de su padre en Ofra y allí, sobre una misma piedra, mató a sus setenta medios hermanos, los hijos de Gedeón. Pero Jotam, el hermano menor, escapó y se escondió.

Entonces todos los ciudadanos prominentes de Siquem y de Bet-milo convocaron una reunión bajo el roble que está junto a la columna de Siquem y proclamaron rey a Abimelec.

Parábola de Jotam

Cuando Jotam se enteró, subió a la cima del monte Gerizim y gritó:

«¡Escúchenme, ciudadanos de Siquem!
    ¡Escúchenme a mí si quieren que Dios los escuche a ustedes!
Cierta vez los árboles decidieron elegir un rey.
    Primero le dijeron al olivo:
    “¡Reina sobre nosotros!”.
Pero el olivo se negó diciendo:
“¿Dejaría yo de producir el aceite de oliva
    que bendice a Dios y a la gente,
    solo para mecerme por encima de los árboles?”.

10 »Entonces le dijeron a la higuera:
    “¡Reina sobre nosotros!”.
11 Pero la higuera también se negó diciendo:
“¿Dejaría yo de producir mi dulce fruto,
    solo para mecerme por encima de los árboles?”.

12 »Entonces le dijeron a la vid:
    “¡Reina sobre nosotros!”.
13 Pero la vid también se negó diciendo:
“¿Dejaría yo de producir el vino
    que alegra a Dios y a la gente,
    solo para mecerme por encima de los árboles?”.

14 »Finalmente todos los árboles le dijeron al espino:
    “¡Reina sobre nosotros!”.
15 Y el espino les respondió a los árboles:
“Si realmente quieren que yo sea su rey,
    vengan a refugiarse bajo mi sombra.
Si no, que salga fuego de mí
    y consuma los cedros del Líbano”».

16 Jotam continuó: «Ahora asegúrense de haber actuado honorablemente y de buena fe al elegir como rey a Abimelec, y de haberse portado bien con Gedeón y todos sus descendientes. ¿Lo trataron con la honra que se merece por todo lo que realizó? 17 Pues él luchó por ustedes y arriesgó su vida cuando los rescató de los madianitas. 18 Pero hoy ustedes se rebelaron contra mi padre y sus descendientes al matar a sus setenta hijos sobre una misma piedra. Y escogieron a Abimelec, hijo de su esclava, para que sea rey de ustedes, solo porque es su pariente.

19 »Si hoy han actuado honorablemente y de buena fe hacia Gedeón y sus descendientes, entonces que tengan alegría con Abimelec y que él tenga alegría con ustedes. 20 Pero si no han actuado de buena fe, ¡que salga fuego de Abimelec y consuma a los ciudadanos prominentes de Siquem y de Bet-milo, y que salga fuego de los ciudadanos de Siquem y de Bet-milo y consuma a Abimelec!».

21 Entonces Jotam huyó y se fue a vivir a Beer, porque le tenía miedo a su hermano Abimelec.

Siquem se rebela contra Abimelec

22 Tres años después de que Abimelec comenzó a gobernar a Israel, 23 Dios envió un espíritu que generó conflictos entre Abimelec y los ciudadanos prominentes de Siquem, quienes finalmente se rebelaron. 24 Dios estaba castigando a Abimelec por haber asesinado a los setenta hijos de Gedeón, y a los ciudadanos de Siquem por apoyarlo en esa traición de asesinar a sus hermanos. 25 Los ciudadanos de Siquem le tendieron una emboscada a Abimelec en las cumbres de las colinas y robaban a todo el que pasara por allí. Pero alguien alertó a Abimelec acerca de la conspiración.

26 Un día Gaal, hijo de Ebed, se mudó a Siquem con sus hermanos y se ganó la confianza de los ciudadanos prominentes de Siquem. 27 Durante el festival anual de la cosecha en Siquem, celebrado en el templo del dios local, hubo vino en abundancia, y todos comenzaron a maldecir a Abimelec. 28 «¿Quién es ese Abimelec?—gritó Gaal—. No es un hijo legítimo de Siquem. Entonces, ¿por qué debemos ser sus siervos? Él no es más que un hijo de Gedeón, y ese Zebul solo es su ayudante. Sirvan a los verdaderos hijos de Hamor, el fundador de Siquem. ¿Por qué tenemos que servir a Abimelec? 29 Si yo fuera el encargado aquí, me desharía de Abimelec. Le diría: “¡Búscate unos soldados y sal a pelear!”».

30 Pero cuando Zebul, el jefe de la ciudad, oyó lo que Gaal decía, se puso furioso. 31 Le envió mensajeros a Abimelec, quien estaba en Aruma, para decirle: «Gaal, hijo de Ebed, y sus hermanos se han mudado a Siquem, y ahora están incitando a la ciudad a rebelarse contra ti. 32 Ven con un ejército esta noche y escóndete en los campos. 33 Por la mañana, a la salida del sol, ataca la ciudad. Cuando Gaal y los que lo acompañan salgan contra ti, podrás hacer con ellos lo que quieras».

34 Entonces Abimelec y todos sus hombres fueron de noche, se dividieron en cuatro grupos y se posicionaron alrededor de Siquem. 35 Gaal estaba parado junto a las puertas de la ciudad cuando Abimelec y su ejército salieron de su escondite. 36 Al verlos, Gaal le dijo a Zebul:

—¡Mira, hay gente bajando de las cumbres!

—Parecen hombres, pero son nada más sombras reflejadas en las colinas—contestó Zebul.

37 Pero Gaal insistió:

—¡No! Hay gente bajando de las colinas. Y otro grupo viene por el camino que pasa por el Roble de los Adivinos.

38 Entonces Zebul se volvió contra él y preguntó:

—¿Y qué pasó con esa boca grande tuya que presume tanto? Acaso no fuiste tú el que dijo: “¿Quién es ese Abimelec y por qué debemos ser sus siervos?”. ¡Te burlaste de esos hombres, y ahora están en las afueras de la ciudad! ¡Sal a pelear contra ellos!

39 Entonces Gaal marchó al frente de los ciudadanos prominentes de Siquem a la batalla contra Abimelec. 40 Pero Abimelec lo persiguió, y muchos de los hombres de Siquem cayeron heridos por el camino cuando se retiraban hacia la entrada de la ciudad. 41 Entonces Abimelec regresó a Aruma, y Zebul expulsó de Siquem a Gaal y a sus hermanos.

42 Al día siguiente, la gente de Siquem salió a los campos para pelear. Cuando Abimelec se enteró, 43 dividió a sus hombres en tres grupos y tendió una emboscada en los campos. Cuando vio que algunos hombres salían de la ciudad, él y su grupo saltaron de su escondite y los atacaron. 44 Abimelec y sus hombres tomaron por asalto la puerta de la ciudad para impedir que los de Siquem volvieran a entrar, mientras los otros dos grupos de Abimelec mataban a la gente en los campos. 45 La batalla duró todo el día, hasta que finalmente Abimelec tomó la ciudad. Entonces mató a los habitantes, redujo la ciudad a escombros y esparció sal por todo el suelo.

46 Cuando los ciudadanos prominentes que vivían en la torre de Siquem se enteraron de lo sucedido, corrieron a esconderse en el templo de Baal-berit. 47 Alguien le informó a Abimelec que los ciudadanos se habían juntado en el templo, 48 entonces él llevó a sus tropas al monte Salmón. Tomó un hacha, cortó ramas de un árbol y se las puso al hombro. «¡Rápido, hagan lo mismo que hice yo!», dijo a sus hombres. 49 Entonces, siguiendo el ejemplo de Abimelec, cada uno de ellos cortó ramas. Amontonaron las ramas contra las paredes del templo y les prendieron fuego. Así murieron todos los que vivían en la torre de Siquem, unas mil personas, tanto hombres como mujeres.

50 Luego Abimelec atacó la ciudad de Tebes y la tomó. 51 Pero había una torre fuerte dentro de la ciudad, y todos los habitantes, hombres y mujeres, corrieron a refugiarse allí. Se atrincheraron en su interior y subieron al techo de la torre. 52 Entonces Abimelec los siguió para atacar la torre; pero cuando se preparaba para prenderle fuego a la entrada, 53 desde el techo, una mujer tiró una piedra de molino, que cayó sobre la cabeza de Abimelec, y le partió el cráneo.

54 Enseguida él le dijo a su joven escudero: «¡Saca tu espada y mátame! ¡Que no se diga que una mujer mató a Abimelec!». Así que el joven lo atravesó con su espada, y él murió. 55 Cuando los hombres de Abimelec lo vieron muerto, se desbandaron y regresaron a sus casas.

56 De esa forma, Dios castigó a Abimelec por el mal que había hecho contra su padre al matar a sus setenta hermanos. 57 Dios también castigó a los hombres de Siquem por toda su maldad. Así se cumplió la maldición de Jotam, hijo de Gedeón.

Tola, juez de Israel

10 Después de la muerte de Abimelec, la siguiente persona que rescató a Israel fue Tola, hijo de Púa, hijo de Dodo. Era de la tribu de Isacar pero vivía en la ciudad de Samir, en la zona montañosa de Efraín. Fue juez de Israel durante veintitrés años. Cuando murió, lo enterraron en Samir.

Jair, juez de Israel

Después de la muerte de Tola, Jair, de Galaad, fue juez de Israel durante veintidós años. Sus treinta hijos cabalgaban sobre treinta burros y eran dueños de treinta ciudades en la tierra de Galaad, que aún se llaman las Ciudades de Jair. Cuando murió Jair, lo enterraron en Camón.

Los amonitas oprimen a Israel

Una vez más, los israelitas hicieron lo malo a los ojos del Señor. Sirvieron a las imágenes de Baal y de Astoret, y a los dioses de Aram, de Sidón, de Moab, de Amón y de Filistea. Abandonaron al Señor y dejaron de servirle por completo. Entonces el Señor ardió de enojo contra los israelitas y los entregó en manos de los filisteos y los amonitas, quienes comenzaron a oprimirlos ese mismo año. Durante dieciocho años oprimieron a los israelitas que vivían al oriente del río Jordán, en la tierra de los amorreos (es decir, Galaad). Los amonitas también cruzaron al lado occidental del Jordán y atacaron a Judá, a Benjamín y a Efraín.

Los israelitas estaban muy angustiados. 10 Finalmente clamaron al Señor por ayuda y dijeron:

—Hemos pecado contra ti, porque te hemos abandonado como nuestro Dios para servir a las imágenes de Baal.

11 El Señor respondió:

—¿Acaso no los rescaté yo de los egipcios, los amorreos, los amonitas, los filisteos, 12 los sidonios, los amalecitas y los maonitas? Cuando ellos los oprimían, ustedes clamaban a mí por ayuda, y yo los rescataba. 13 Sin embargo, ustedes me abandonaron y sirvieron a otros dioses. Así que ya no los rescataré más. 14 ¡Vayan a clamar a los dioses que han escogido! ¡Que los rescaten ellos de este momento de angustia!

15 Pero los israelitas rogaron al Señor diciendo:

—Hemos pecado. Castíganos como bien te parezca, pero rescátanos hoy de nuestros enemigos.

16 Entonces los israelitas dejaron los dioses ajenos para servir al Señor, y él se entristeció a causa del sufrimiento que experimentaban.

17 En esa ocasión, los ejércitos de Amón se habían juntado para la guerra y acampaban en Galaad, y el pueblo de Israel se congregó y acampó en Mizpa. 18 Los líderes de Galaad se dijeron unos a otros: «El primero que ataque a los amonitas será proclamado gobernante de todo el pueblo de Galaad».

Jefté, juez de Israel

11 Jefté era un gran guerrero de la región de Galaad. Era hijo de Galaad, pero su madre era una prostituta. La esposa de Galaad tuvo varios hijos, y cuando esos medios hermanos de Jefté crecieron, lo echaron del territorio. «Tú no recibirás ninguna parte de la herencia de nuestro padre—le dijeron—, porque eres hijo de una prostituta». Así que Jefté huyó de sus hermanos y vivió en la tierra de Tob. En poco tiempo, tuvo una banda de rebeldes despreciables que lo seguían.

Por ese entonces, los amonitas comenzaron a hacer guerra contra Israel. Así que cuando los amonitas atacaron, los ancianos de Galaad mandaron a buscar a Jefté a la tierra de Tob y le dijeron:

—¡Ven y sé nuestro comandante! ¡Ayúdanos a pelear contra los amonitas!

Pero Jefté les respondió:

—¿Acaso no son ustedes los mismos que me odiaban y me echaron de la casa de mi padre? ¿Por qué vienen a buscarme ahora que están en apuros?

—Porque te necesitamos—contestaron los ancianos—. Si marchas al frente de nosotros a la batalla contra los amonitas, te proclamaremos gobernante de todo el pueblo de Galaad.

Jefté les dijo a los ancianos:

—A ver si entiendo bien: si voy con ustedes y el Señor me da la victoria sobre los amonitas, ¿de veras me harán gobernante de todo el pueblo?

10 —El Señor es nuestro testigo—contestaron los ancianos—. Prometemos hacer todo lo que tú digas.

11 Entonces Jefté fue con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo proclamó gobernante y comandante del ejército. En Mizpa, en presencia del Señor, Jefté repitió lo que les había dicho a los ancianos.

12 Luego Jefté envió mensajeros al rey de Amón, para preguntarle:

—¿Por qué has salido a pelear contra mi tierra?

13 El rey de Amón contestó a los mensajeros de Jefté:

—Cuando los israelitas salieron de Egipto, me robaron la tierra desde el río Arnón hasta el río Jaboc, y desde allí hasta el Jordán. Así que ahora, devuélvanme mi tierra pacíficamente.

14 En respuesta, Jefté le envió al rey amonita el siguiente mensaje:

15 «Esto es lo que dice Jefté: Israel no robó ninguna tierra ni a Moab ni a Amón. 16 Cuando los israelitas llegaron a Cades, en su viaje desde Egipto, después de cruzar el mar Rojo, 17 enviaron mensajeros al rey de Edom para pedirle que les permitiera pasar por su tierra. Pero su petición fue denegada. Entonces le pidieron lo mismo al rey de Moab, pero él tampoco los dejó pasar por su tierra. Por eso el pueblo de Israel se quedó en Cades.

18 »Finalmente, se fueron rodeando por el desierto los territorios de Edom y Moab. Viajaron a lo largo de la frontera oriental de Moab y acamparon al otro lado del río Arnón. Pero ni una sola vez cruzaron el río Arnón para entrar en Moab, porque el Arnón era la frontera de Moab.

19 »Después Israel envió mensajeros al rey Sehón, de los amorreos, quien reinaba desde Hesbón, a fin de pedirle permiso para atravesar su territorio y llegar a su destino. 20 Pero el rey Sehón no confiaba lo suficiente en Israel para dejarlo pasar por su tierra. En cambio, movilizó a su ejército en Jahaza y atacó a los israelitas. 21 Pero el Señor, Dios de Israel, le dio a su pueblo la victoria sobre el rey Sehón. Entonces Israel se apoderó de la tierra de los amorreos, quienes vivían en aquella región, 22 desde el río Arnón hasta el río Jaboc, y desde el desierto oriental hasta el Jordán.

23 »Así que, como ves, fue el Señor, Dios de Israel, quien les quitó la tierra a los amorreos y se la dio a Israel. Entonces, ¿por qué tendríamos que devolvértela a ti? 24 Tú quédate con todo lo que te dé tu dios Quemos, y nosotros nos quedaremos con todo lo que nos dé el Señor nuestro Dios. 25 ¿Acaso eres tú mejor que Balac, hijo de Zipor, rey de Moab? ¿Intentó él presentar argumentos contra Israel por territorios en conflicto? ¿Entró en guerra con los israelitas?

26 »Hace trescientos años que Israel vive aquí, tanto en Hesbón como en los asentamientos de alrededor, hasta Aroer y sus asentamientos, y en todas las ciudades a lo largo del río Arnón. ¿Por qué no has hecho ningún esfuerzo hasta ahora para recuperar la tierra? 27 Por lo tanto, yo no pequé contra ti. Más bien, tú me hiciste daño al atacarme. Que el Señor, quien es juez, decida hoy quién de nosotros tiene la razón: si Amón o Israel».

28 Pero el rey de Amón no hizo caso al mensaje de Jefté.

El voto de Jefté

29 En esa ocasión, el Espíritu del Señor vino sobre Jefté, y él recorrió toda la tierra de Galaad y de Manasés, incluida Mizpa en Galaad y, desde allí, lideró al ejército contra los amonitas. 30 Y Jefté hizo un voto al Señor: «Si me das la victoria sobre los amonitas, 31 yo entregaré al Señor al primero que salga de mi casa para recibirme cuando regrese triunfante. Lo sacrificaré como ofrenda quemada».

32 Así que Jefté dirigió al ejército contra los amonitas, y el Señor le dio la victoria. 33 Aplastó a los amonitas, devastó unas veinte ciudades desde Aroer hasta una zona cerca de Minit, y desde allí hasta Abel-keramim. De esa forma, Israel derrotó a los amonitas.

34 Cuando Jefté volvió a su casa en Mizpa, su hija salió a recibirlo tocando una pandereta y danzando de alegría. Ella era su hija única, ya que él no tenía más hijos ni hijas. 35 Cuando la vio, se rasgó la ropa en señal de angustia.

—¡Hija mía! —clamó—. ¡Me has destruido por completo! ¡Me has traído una gran calamidad! Pues hice un voto al Señor y no puedo dejar de cumplirlo.

36 Y ella le dijo:

—Padre, si hiciste un voto al Señor, debes hacer conmigo lo que prometiste, porque el Señor te ha dado una gran victoria sobre tus enemigos, los amonitas. 37 Pero antes, permíteme hacer una sola cosa: déjame subir a deambular por las colinas y a llorar con mis amigas durante dos meses, porque moriré virgen.

38 —Puedes ir—le dijo Jefté.

Y la dejó salir por el término de dos meses. Ella y sus amigas subieron a las colinas y lloraron porque ella nunca tendría hijos. 39 Cuando volvió a su casa, su padre cumplió el voto que había hecho, y ella murió virgen.

Así que se hizo costumbre en Israel 40 que las jóvenes israelitas se ausentaran cuatro días cada año para lamentar la desgracia de la hija de Jefté.

Efraín lucha con Jefté

12 Luego los hombres de Efraín movilizaron a un ejército y cruzaron el río Jordán hasta Zafón. Entonces enviaron el siguiente mensaje a Jefté:

—¿Por qué no nos llamaste para que te ayudáramos a luchar contra los amonitas? ¡Quemaremos tu casa contigo adentro!

Jefté respondió:

—¡Yo los convoqué cuando comenzó el conflicto, pero ustedes se negaron a venir! No quisieron ayudarnos a luchar contra Amón. De modo que, al ver que no vendrían, arriesgué mi vida y salí a combatir sin ustedes, y el Señor me dio la victoria sobre los amonitas. Así que, ¿por qué vienen ahora a pelear conmigo?

La gente de Efraín contestó:

—Ustedes, los de Galaad, no son más que fugitivos de Efraín y de Manasés.

Entonces Jefté reunió a todos los hombres de Galaad, atacó a los hombres de Efraín y los derrotó.

Jefté tomó control de los vados del río Jordán y cada vez que un fugitivo de Efraín trataba de cruzar para volver a su tierra, los hombres de Galaad lo desafiaban preguntándole: «¿Eres miembro de la tribu de Efraín?». Si decía el hombre: «No, no lo soy», ellos le pedían que pronunciara la palabra «shibolet». Si era de Efraín, diría «sibolet», porque a la gente de Efraín le cuesta pronunciar bien esa palabra. Entonces se lo llevaban y lo mataban en los vados del Jordán. En total mataron a cuarenta y dos mil de la tribu de Efraín en esos días.

Jefté fue juez de Israel durante seis años. Cuando murió, lo enterraron en una de las ciudades de Galaad.

Ibzán, juez de Israel

Después de la muerte de Jefté, Ibzán, de Belén, fue juez de Israel. Tuvo treinta hijos y treinta hijas. Envió a sus hijas a casarse con hombres que no pertenecían a su clan, y trajo treinta mujeres jóvenes que tampoco eran de su clan para que se casaran con sus hijos. Ibzán fue juez de Israel durante siete años. 10 Cuando murió, lo enterraron en Belén.

Elón, juez de Israel

11 Después de la muerte de Ibzán, Elón, de la tribu de Zabulón, fue juez de Israel durante diez años. 12 Cuando murió, lo enterraron en Ajalón, en la tierra de Zabulón.

Abdón, juez de Israel

13 Después de la muerte de Elón, fue juez de Israel Abdón, hijo de Hilel, de Piratón. 14 Tuvo cuarenta hijos varones y treinta nietos varones, quienes cabalgaban sobre setenta burros. Fue juez en Israel por ocho años. 15 Cuando murió, lo enterraron en Piratón, en Efraín, en la zona montañosa de los amalecitas.

 

 

SALMOS 73

Libro Tercero (Salmos 73–89)

Salmo de Asaf.

73 En verdad Dios es bueno con Israel,
    con los de corazón puro.
Pero en cuanto a mí, casi perdí el equilibrio;
    mis pies resbalaron y estuve a punto de caer,
porque envidiaba a los orgullosos
    cuando los veía prosperar a pesar de su maldad.
Pareciera que viven sin problemas;
    tienen el cuerpo tan sano y fuerte.
No tienen dificultades como otras personas;
    no están llenos de problemas como los demás.
Lucen su orgullo como un collar de piedras preciosas
    y se visten de crueldad.
¡Estos gordos ricachones tienen todo
    lo que su corazón desea!
Se burlan y hablan solo maldades;
    en su orgullo procuran aplastar a otros.
Se jactan contra los cielos mismos,
    y sus palabras se pasean presuntuosas por toda la tierra.
10 Entonces la gente se desanima y se confunde
    al tragarse todas esas palabras.
11 «¿Y qué sabe Dios?—preguntan—.
    ¿Acaso el Altísimo sabe lo que está pasando?».
12 Miren a esos perversos:
    disfrutan de una vida fácil mientras sus riquezas se multiplican.

13 ¿Conservé puro mi corazón en vano?
    ¿Me mantuve en inocencia sin ninguna razón?
14 En todo el día no consigo más que problemas;
    cada mañana me trae dolor.

15 Si yo realmente hubiera hablado a otros de esta manera,
    habría sido un traidor a tu pueblo.
16 Traté de entender por qué los malvados prosperan,
    ¡pero qué tarea tan difícil!
17 Entonces entré en tu santuario, oh Dios,
    y por fin entendí el destino de los perversos.
18 En verdad, los pones en un camino resbaladizo
    y haces que se deslicen por el precipicio hacia su ruina.
19 Al instante, quedan destruidos,
    totalmente consumidos por los terrores.
20 Cuando te levantes, oh Señor,
    te reirás de sus tontas ideas
    como uno se ríe por la mañana de lo que soñó en la noche.

21 Entonces me di cuenta de que mi corazón se llenó de amargura,
    y yo estaba destrozado por dentro.
22 Fui tan necio e ignorante;
    debo haberte parecido un animal sin entendimiento.
23 Sin embargo, todavía te pertenezco;
    me tomas de la mano derecha.
24 Me guías con tu consejo
    y me conduces a un destino glorioso.
25 ¿A quién tengo en el cielo sino a ti?
    Te deseo más que cualquier cosa en la tierra.
26 Puede fallarme la salud y debilitarse mi espíritu,
    pero Dios sigue siendo la fuerza de mi corazón;
    él es mío para siempre.

27 Los que lo abandonen, perecerán,
    porque tú destruyes a los que se alejan de ti.
28 En cuanto a mí, ¡qué bueno es estar cerca de Dios!
    Hice al Señor Soberano mi refugio,
    y a todos les contaré las maravillas que haces.

 

 

ES MEJOR CUMPLIR LOS VOTOS A DIOS

 

Estimado lector:

Los capítulos 9, 10, 11 y 12 del libro de Jueces, en conjunto con el Salmo 73, presentan un panorama que evidencia las consecuencias del orgullo, la autosuficiencia y la falta de obediencia, así como la importancia de mantener una relación correcta con Dios. A lo largo de estos pasajes se observa un patrón repetitivo en el pueblo: alejamiento, crisis, arrepentimiento y restauración, lo cual refleja la fragilidad humana frente a la fidelidad constante de Dios.

 

En Jueces 9, la figura de Abimelec representa el peligro de la ambición desmedida y el orgullo. Su intento por establecerse en el poder lo conduce a la violencia, llegando casi a exterminar el linaje de Jerobaal. Sin embargo, se evidencia que Dios preserva su propósito y ejecuta justicia, mostrando que ningún plan humano puede prevalecer sobre su voluntad.

 

Posteriormente, en los capítulos 10 al 12, se observa cómo el pueblo de Israel, tras apartarse de Dios, enfrenta opresión y aflicción. En medio de esta situación, Dios permite un proceso que conduce al reconocimiento del error y al arrepentimiento. A pesar de su justicia, también manifiesta misericordia al levantar líderes que traen liberación. En este contexto, destaca la historia de Jefté, quien realiza un voto a Dios en medio de la necesidad. Este episodio subraya la seriedad de los compromisos espirituales, evidenciando que las promesas hechas a Dios deben ser consideradas con responsabilidad y cumplidas con integridad.

 

Asimismo, los conflictos internos, como el enfrentamiento con Efraín, reflejan cómo las rivalidades, la envidia y la falta de dominio en el lenguaje pueden generar divisiones y consecuencias negativas dentro del mismo pueblo.

En relación con estos acontecimientos, el Salmo 73 aporta una reflexión sobre la lucha interna del ser humano frente a la aparente prosperidad de los injustos. Sin embargo, al reconocer la perspectiva divina, se comprende que el verdadero bienestar está en permanecer cerca de Dios. Esta visión corrige la tendencia a compararse o desviarse por influencias externas.

 

Aplicación:

Estos pasajes resaltan la importancia de vivir con humildad, evitando la autosuficiencia y reconociendo la dependencia de Dios en cada etapa. Asimismo, se enfatiza la responsabilidad de los compromisos espirituales, especialmente los votos, los cuales deben hacerse con discernimiento y cumplirse con fidelidad. Se evidencia también la necesidad de cuidar las influencias, las palabras y las motivaciones del corazón, evitando caer en comparaciones, envidia o ambición. Finalmente, se reafirma que permanecer en la presencia de Dios es la clave para mantener dirección, estabilidad y una vida alineada con su propósito.

 


4 pasos que te ayudarán a tener un tiempo con Dios.


Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.

  1. Lea despacio
  2. Lea en voz alta
  3. Mientras esté leyendo pregúntele a Dios:

¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele


Dios podría estar hablándole de Él

  1. ¿Quién es Él?
  2. ¿Cuáles son sus características?
  3. ¿Qué hará?

Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:

  • P ¿Será un PECADO que debo confesar?
  • A ¿Será una ACTITUD que debo adoptar?
  • M ¿Será un MANDAMIENTO que debo obedecer?
  • P ¿Será una PROMESA que debo reclamar?
  • E ¿Será un EJEMPLO que debo seguir o evitar?

Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.

  1. Pida PERDÓN: Confiese su pecado, arrepiéntase y reciba el perdón de Dios
  2. De GRACIAS: Agradezca a Dios por sus muchas bendiciones y promesas
  3. Por FAVOR: Ore por sus necesidades y las de otros; salvación, sanidad, protección
  4. Finalice diciendo TE AMO. Termine este tiempo en adoración y alabanza

Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.

  1. ¿Qué le habló Dios?
  2. ¿Cómo esto cambiará sus perspectivas?
  3. ¿Cómo aplicará esto en su vida diaria?

Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”

Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”

DEVOCIONALES