Abril 04 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 73
JUECES 9 - 12
Abimelec gobierna sobre Siquem
9 Un
día Abimelec, hijo de Gedeón, fue a Siquem para visitar a sus tíos, los
hermanos de su madre. Les dijo a ellos y al resto de su familia materna: 2 «Pregúntenles
a los ciudadanos prominentes de Siquem si prefieren ser gobernados por los
setenta hijos de Gedeón o por un solo hombre. ¡Y recuerden que soy de la misma
sangre que ustedes!».
3 Entonces
los tíos de Abimelec transmitieron ese mensaje a los ciudadanos de Siquem. Y
después de escuchar la propuesta, el pueblo de Siquem decidió por Abimelec,
porque era pariente de ellos. 4 Le dieron setenta
monedas de plata del templo de Baal-berit, las cuales él usó para contratar a
unos hombres alborotadores e imprudentes que aceptaron seguirlo. 5 Fue
a la casa de su padre en Ofra y allí, sobre una misma piedra, mató a sus
setenta medios hermanos, los hijos de Gedeón. Pero Jotam, el hermano menor,
escapó y se escondió.
6 Entonces
todos los ciudadanos prominentes de Siquem y de Bet-milo convocaron una reunión
bajo el roble que está junto a la columna de Siquem y proclamaron rey a
Abimelec.
Parábola de Jotam
7 Cuando
Jotam se enteró, subió a la cima del monte Gerizim y gritó:
«¡Escúchenme, ciudadanos de Siquem!
¡Escúchenme a mí si quieren que Dios los escuche a
ustedes!
8 Cierta vez los árboles decidieron elegir un rey.
Primero le dijeron al olivo:
“¡Reina sobre nosotros!”.
9 Pero el olivo se negó diciendo:
“¿Dejaría yo de producir el aceite de oliva
que bendice a Dios y a la gente,
solo para mecerme por encima de los árboles?”.
10 »Entonces
le dijeron a la higuera:
“¡Reina sobre nosotros!”.
11 Pero la higuera también se negó diciendo:
“¿Dejaría yo de producir mi dulce fruto,
solo para mecerme por encima de los árboles?”.
12 »Entonces
le dijeron a la vid:
“¡Reina sobre nosotros!”.
13 Pero la vid también se negó diciendo:
“¿Dejaría yo de producir el vino
que alegra a Dios y a la gente,
solo para mecerme por encima de los árboles?”.
14 »Finalmente
todos los árboles le dijeron al espino:
“¡Reina sobre nosotros!”.
15 Y el espino les respondió a los árboles:
“Si realmente quieren que yo sea su rey,
vengan a refugiarse bajo mi sombra.
Si no, que salga fuego de mí
y consuma los cedros del Líbano”».
16 Jotam
continuó: «Ahora asegúrense de haber actuado honorablemente y de buena fe al
elegir como rey a Abimelec, y de haberse portado bien con Gedeón y todos sus
descendientes. ¿Lo trataron con la honra que se merece por todo lo que
realizó? 17 Pues él luchó por ustedes y arriesgó su
vida cuando los rescató de los madianitas. 18 Pero
hoy ustedes se rebelaron contra mi padre y sus descendientes al matar a sus
setenta hijos sobre una misma piedra. Y escogieron a Abimelec, hijo de su
esclava, para que sea rey de ustedes, solo porque es su pariente.
19 »Si
hoy han actuado honorablemente y de buena fe hacia Gedeón y sus descendientes,
entonces que tengan alegría con Abimelec y que él tenga alegría con
ustedes. 20 Pero si no han actuado de buena fe,
¡que salga fuego de Abimelec y consuma a los ciudadanos prominentes de Siquem y
de Bet-milo, y que salga fuego de los ciudadanos de Siquem y de Bet-milo y
consuma a Abimelec!».
21 Entonces
Jotam huyó y se fue a vivir a Beer, porque le tenía miedo a su hermano
Abimelec.
Siquem se rebela contra Abimelec
22 Tres
años después de que Abimelec comenzó a gobernar a Israel, 23 Dios
envió un espíritu que generó conflictos entre Abimelec y los ciudadanos
prominentes de Siquem, quienes finalmente se rebelaron. 24 Dios
estaba castigando a Abimelec por haber asesinado a los setenta hijos de Gedeón,
y a los ciudadanos de Siquem por apoyarlo en esa traición de asesinar a sus
hermanos. 25 Los ciudadanos de Siquem le tendieron
una emboscada a Abimelec en las cumbres de las colinas y robaban a todo el que
pasara por allí. Pero alguien alertó a Abimelec acerca de la conspiración.
26 Un
día Gaal, hijo de Ebed, se mudó a Siquem con sus hermanos y se ganó la
confianza de los ciudadanos prominentes de Siquem. 27 Durante
el festival anual de la cosecha en Siquem, celebrado en el templo del dios
local, hubo vino en abundancia, y todos comenzaron a maldecir a Abimelec. 28 «¿Quién
es ese Abimelec?—gritó Gaal—. No es un hijo legítimo de Siquem. Entonces,
¿por qué debemos ser sus siervos? Él no es más que un hijo de Gedeón, y ese
Zebul solo es su ayudante. Sirvan a los verdaderos hijos de Hamor, el fundador
de Siquem. ¿Por qué tenemos que servir a Abimelec? 29 Si
yo fuera el encargado aquí, me desharía de Abimelec. Le diría: “¡Búscate
unos soldados y sal a pelear!”».
30 Pero
cuando Zebul, el jefe de la ciudad, oyó lo que Gaal decía, se puso
furioso. 31 Le envió mensajeros a Abimelec, quien
estaba en Aruma, para decirle: «Gaal, hijo de Ebed, y sus hermanos se han
mudado a Siquem, y ahora están incitando a la ciudad a rebelarse contra
ti. 32 Ven con un ejército esta noche y escóndete
en los campos. 33 Por la mañana, a la salida del
sol, ataca la ciudad. Cuando Gaal y los que lo acompañan salgan contra ti,
podrás hacer con ellos lo que quieras».
34 Entonces
Abimelec y todos sus hombres fueron de noche, se dividieron en cuatro grupos y
se posicionaron alrededor de Siquem. 35 Gaal estaba
parado junto a las puertas de la ciudad cuando Abimelec y su ejército salieron
de su escondite. 36 Al verlos, Gaal le dijo a
Zebul:
—¡Mira, hay gente bajando de las cumbres!
—Parecen hombres, pero son nada más sombras
reflejadas en las colinas—contestó Zebul.
37 Pero
Gaal insistió:
—¡No! Hay gente bajando de las colinas. Y
otro grupo viene por el camino que pasa por el Roble de los Adivinos.
38 Entonces
Zebul se volvió contra él y preguntó:
—¿Y qué pasó con esa boca grande tuya que presume
tanto? Acaso no fuiste tú el que dijo: “¿Quién es ese Abimelec y por qué
debemos ser sus siervos?”. ¡Te burlaste de esos hombres, y ahora están en las
afueras de la ciudad! ¡Sal a pelear contra ellos!
39 Entonces
Gaal marchó al frente de los ciudadanos prominentes de Siquem a la batalla
contra Abimelec. 40 Pero Abimelec lo persiguió, y
muchos de los hombres de Siquem cayeron heridos por el camino cuando se
retiraban hacia la entrada de la ciudad. 41 Entonces
Abimelec regresó a Aruma, y Zebul expulsó de Siquem a Gaal y a sus hermanos.
42 Al
día siguiente, la gente de Siquem salió a los campos para pelear. Cuando
Abimelec se enteró, 43 dividió a sus hombres en
tres grupos y tendió una emboscada en los campos. Cuando vio que algunos
hombres salían de la ciudad, él y su grupo saltaron de su escondite y los
atacaron. 44 Abimelec y sus hombres tomaron por
asalto la puerta de la ciudad para impedir que los de Siquem volvieran a
entrar, mientras los otros dos grupos de Abimelec mataban a la gente en los
campos. 45 La batalla duró todo el día, hasta que
finalmente Abimelec tomó la ciudad. Entonces mató a los habitantes, redujo la
ciudad a escombros y esparció sal por todo el suelo.
46 Cuando
los ciudadanos prominentes que vivían en la torre de Siquem se enteraron de lo
sucedido, corrieron a esconderse en el templo de Baal-berit. 47 Alguien
le informó a Abimelec que los ciudadanos se habían juntado en el templo, 48 entonces
él llevó a sus tropas al monte Salmón. Tomó un hacha, cortó ramas de un árbol y
se las puso al hombro. «¡Rápido, hagan lo mismo que hice yo!», dijo a sus
hombres. 49 Entonces, siguiendo el ejemplo de
Abimelec, cada uno de ellos cortó ramas. Amontonaron las ramas contra las
paredes del templo y les prendieron fuego. Así murieron todos los que vivían en
la torre de Siquem, unas mil personas, tanto hombres como mujeres.
50 Luego
Abimelec atacó la ciudad de Tebes y la tomó. 51 Pero
había una torre fuerte dentro de la ciudad, y todos los habitantes, hombres y
mujeres, corrieron a refugiarse allí. Se atrincheraron en su interior y
subieron al techo de la torre. 52 Entonces Abimelec
los siguió para atacar la torre; pero cuando se preparaba para prenderle fuego
a la entrada, 53 desde el techo, una mujer tiró una
piedra de molino, que cayó sobre la cabeza de Abimelec, y le partió el cráneo.
54 Enseguida
él le dijo a su joven escudero: «¡Saca tu espada y mátame! ¡Que no se diga que
una mujer mató a Abimelec!». Así que el joven lo atravesó con su espada, y él
murió. 55 Cuando los hombres de Abimelec lo vieron
muerto, se desbandaron y regresaron a sus casas.
56 De
esa forma, Dios castigó a Abimelec por el mal que había hecho contra su padre
al matar a sus setenta hermanos. 57 Dios también
castigó a los hombres de Siquem por toda su maldad. Así se cumplió la maldición
de Jotam, hijo de Gedeón.
Tola, juez de Israel
10 Después
de la muerte de Abimelec, la siguiente persona que rescató a Israel fue Tola,
hijo de Púa, hijo de Dodo. Era de la tribu de Isacar pero vivía en la ciudad de
Samir, en la zona montañosa de Efraín. 2 Fue juez
de Israel durante veintitrés años. Cuando murió, lo enterraron en Samir.
Jair, juez de Israel
3 Después
de la muerte de Tola, Jair, de Galaad, fue juez de Israel durante veintidós
años. 4 Sus treinta hijos cabalgaban sobre treinta
burros y eran dueños de treinta ciudades en la tierra de Galaad, que aún se
llaman las Ciudades de Jair. 5 Cuando murió
Jair, lo enterraron en Camón.
Los amonitas oprimen a Israel
6 Una
vez más, los israelitas hicieron lo malo a los ojos del Señor. Sirvieron a
las imágenes de Baal y de Astoret, y a los dioses de Aram, de Sidón, de Moab,
de Amón y de Filistea. Abandonaron al Señor y dejaron de servirle por
completo. 7 Entonces el Señor ardió de
enojo contra los israelitas y los entregó en manos de los filisteos y los
amonitas, 8 quienes comenzaron a oprimirlos ese
mismo año. Durante dieciocho años oprimieron a los israelitas que vivían al
oriente del río Jordán, en la tierra de los amorreos (es decir, Galaad). 9 Los
amonitas también cruzaron al lado occidental del Jordán y atacaron a Judá, a
Benjamín y a Efraín.
Los israelitas estaban muy angustiados. 10 Finalmente
clamaron al Señor por ayuda y dijeron:
—Hemos pecado contra ti, porque te hemos
abandonado como nuestro Dios para servir a las imágenes de Baal.
11 El Señor respondió:
—¿Acaso no los rescaté yo de los egipcios, los
amorreos, los amonitas, los filisteos, 12 los
sidonios, los amalecitas y los maonitas? Cuando ellos los oprimían, ustedes
clamaban a mí por ayuda, y yo los rescataba. 13 Sin
embargo, ustedes me abandonaron y sirvieron a otros dioses. Así que ya no los
rescataré más. 14 ¡Vayan a clamar a los dioses que
han escogido! ¡Que los rescaten ellos de este momento de angustia!
15 Pero
los israelitas rogaron al Señor diciendo:
—Hemos pecado. Castíganos como bien te parezca,
pero rescátanos hoy de nuestros enemigos.
16 Entonces
los israelitas dejaron los dioses ajenos para servir al Señor, y él se
entristeció a causa del sufrimiento que experimentaban.
17 En
esa ocasión, los ejércitos de Amón se habían juntado para la guerra y acampaban
en Galaad, y el pueblo de Israel se congregó y acampó en Mizpa. 18 Los
líderes de Galaad se dijeron unos a otros: «El primero que ataque a los
amonitas será proclamado gobernante de todo el pueblo de Galaad».
Jefté, juez de Israel
11 Jefté
era un gran guerrero de la región de Galaad. Era hijo de Galaad, pero su madre
era una prostituta. 2 La esposa de Galaad tuvo
varios hijos, y cuando esos medios hermanos de Jefté crecieron, lo echaron del
territorio. «Tú no recibirás ninguna parte de la herencia de nuestro padre—le
dijeron—, porque eres hijo de una prostituta». 3 Así
que Jefté huyó de sus hermanos y vivió en la tierra de Tob. En poco tiempo,
tuvo una banda de rebeldes despreciables que lo seguían.
4 Por
ese entonces, los amonitas comenzaron a hacer guerra contra Israel. 5 Así
que cuando los amonitas atacaron, los ancianos de Galaad mandaron a buscar a
Jefté a la tierra de Tob 6 y le dijeron:
—¡Ven y sé nuestro comandante! ¡Ayúdanos a pelear
contra los amonitas!
7 Pero
Jefté les respondió:
—¿Acaso no son ustedes los mismos que me odiaban
y me echaron de la casa de mi padre? ¿Por qué vienen a buscarme ahora que están
en apuros?
8 —Porque
te necesitamos—contestaron los ancianos—. Si marchas al frente de nosotros a la
batalla contra los amonitas, te proclamaremos gobernante de todo el pueblo de
Galaad.
9 Jefté
les dijo a los ancianos:
—A ver si entiendo bien: si voy con ustedes y
el Señor me da la victoria sobre los amonitas, ¿de veras me harán
gobernante de todo el pueblo?
10 —El Señor es
nuestro testigo—contestaron los ancianos—. Prometemos hacer todo lo que tú
digas.
11 Entonces
Jefté fue con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo proclamó gobernante y
comandante del ejército. En Mizpa, en presencia del Señor, Jefté repitió
lo que les había dicho a los ancianos.
12 Luego
Jefté envió mensajeros al rey de Amón, para preguntarle:
—¿Por qué has salido a pelear contra mi tierra?
13 El
rey de Amón contestó a los mensajeros de Jefté:
—Cuando los israelitas salieron de Egipto, me
robaron la tierra desde el río Arnón hasta el río Jaboc, y desde allí hasta el
Jordán. Así que ahora, devuélvanme mi tierra pacíficamente.
14 En
respuesta, Jefté le envió al rey amonita el siguiente mensaje:
15 «Esto
es lo que dice Jefté: Israel no robó ninguna tierra ni a Moab ni a Amón. 16 Cuando
los israelitas llegaron a Cades, en su viaje desde Egipto, después de cruzar el
mar Rojo, 17 enviaron mensajeros al rey de Edom
para pedirle que les permitiera pasar por su tierra. Pero su petición fue
denegada. Entonces le pidieron lo mismo al rey de Moab, pero él tampoco los
dejó pasar por su tierra. Por eso el pueblo de Israel se quedó en Cades.
18 »Finalmente,
se fueron rodeando por el desierto los territorios de Edom y Moab. Viajaron a
lo largo de la frontera oriental de Moab y acamparon al otro lado del río
Arnón. Pero ni una sola vez cruzaron el río Arnón para entrar en Moab, porque
el Arnón era la frontera de Moab.
19 »Después
Israel envió mensajeros al rey Sehón, de los amorreos, quien reinaba desde
Hesbón, a fin de pedirle permiso para atravesar su territorio y llegar a su
destino. 20 Pero el rey Sehón no confiaba lo
suficiente en Israel para dejarlo pasar por su tierra. En cambio, movilizó a su
ejército en Jahaza y atacó a los israelitas. 21 Pero
el Señor, Dios de Israel, le dio a su pueblo la victoria sobre el rey
Sehón. Entonces Israel se apoderó de la tierra de los amorreos, quienes vivían
en aquella región, 22 desde el río Arnón hasta el
río Jaboc, y desde el desierto oriental hasta el Jordán.
23 »Así
que, como ves, fue el Señor, Dios de Israel, quien les quitó la tierra a
los amorreos y se la dio a Israel. Entonces, ¿por qué tendríamos que
devolvértela a ti? 24 Tú quédate con todo lo que te
dé tu dios Quemos, y nosotros nos quedaremos con todo lo que nos dé el Señor nuestro
Dios. 25 ¿Acaso eres tú mejor que Balac, hijo de
Zipor, rey de Moab? ¿Intentó él presentar argumentos contra Israel por
territorios en conflicto? ¿Entró en guerra con los israelitas?
26 »Hace
trescientos años que Israel vive aquí, tanto en Hesbón como en los
asentamientos de alrededor, hasta Aroer y sus asentamientos, y en todas las
ciudades a lo largo del río Arnón. ¿Por qué no has hecho ningún esfuerzo hasta
ahora para recuperar la tierra? 27 Por lo tanto, yo
no pequé contra ti. Más bien, tú me hiciste daño al atacarme. Que el Señor,
quien es juez, decida hoy quién de nosotros tiene la razón: si Amón o Israel».
28 Pero
el rey de Amón no hizo caso al mensaje de Jefté.
El voto de Jefté
29 En
esa ocasión, el Espíritu del Señor vino sobre Jefté, y él recorrió
toda la tierra de Galaad y de Manasés, incluida Mizpa en Galaad y, desde allí,
lideró al ejército contra los amonitas. 30 Y Jefté
hizo un voto al Señor: «Si me das la victoria sobre los amonitas, 31 yo
entregaré al Señor al primero que salga de mi casa para recibirme
cuando regrese triunfante. Lo sacrificaré como ofrenda quemada».
32 Así
que Jefté dirigió al ejército contra los amonitas, y el Señor le dio
la victoria. 33 Aplastó a los amonitas, devastó
unas veinte ciudades desde Aroer hasta una zona cerca de Minit, y desde allí
hasta Abel-keramim. De esa forma, Israel derrotó a los amonitas.
34 Cuando
Jefté volvió a su casa en Mizpa, su hija salió a recibirlo tocando una
pandereta y danzando de alegría. Ella era su hija única, ya que él no tenía más
hijos ni hijas. 35 Cuando la vio, se rasgó la ropa
en señal de angustia.
—¡Hija mía! —clamó—. ¡Me has destruido por
completo! ¡Me has traído una gran calamidad! Pues hice un voto al Señor y
no puedo dejar de cumplirlo.
36 Y
ella le dijo:
—Padre, si hiciste un voto al Señor, debes
hacer conmigo lo que prometiste, porque el Señor te ha dado una gran
victoria sobre tus enemigos, los amonitas. 37 Pero
antes, permíteme hacer una sola cosa: déjame subir a deambular por las colinas
y a llorar con mis amigas durante dos meses, porque moriré virgen.
38 —Puedes
ir—le dijo Jefté.
Y la dejó salir por el término de dos meses. Ella
y sus amigas subieron a las colinas y lloraron porque ella nunca tendría
hijos. 39 Cuando volvió a su casa, su padre cumplió
el voto que había hecho, y ella murió virgen.
Así que se hizo costumbre en Israel 40 que
las jóvenes israelitas se ausentaran cuatro días cada año para lamentar la
desgracia de la hija de Jefté.
Efraín lucha con Jefté
12 Luego
los hombres de Efraín movilizaron a un ejército y cruzaron el río Jordán hasta
Zafón. Entonces enviaron el siguiente mensaje a Jefté:
—¿Por qué no nos llamaste para que te ayudáramos
a luchar contra los amonitas? ¡Quemaremos tu casa contigo adentro!
2 Jefté
respondió:
—¡Yo los convoqué cuando comenzó el conflicto,
pero ustedes se negaron a venir! No quisieron ayudarnos a luchar contra
Amón. 3 De modo que, al ver que no vendrían,
arriesgué mi vida y salí a combatir sin ustedes, y el Señor me dio la
victoria sobre los amonitas. Así que, ¿por qué vienen ahora a pelear conmigo?
4 La
gente de Efraín contestó:
—Ustedes, los de Galaad, no son más que fugitivos
de Efraín y de Manasés.
Entonces Jefté reunió a todos los hombres de
Galaad, atacó a los hombres de Efraín y los derrotó.
5 Jefté
tomó control de los vados del río Jordán y cada vez que un fugitivo de Efraín
trataba de cruzar para volver a su tierra, los hombres de Galaad lo desafiaban
preguntándole: «¿Eres miembro de la tribu de Efraín?». Si decía el hombre: «No,
no lo soy», 6 ellos le pedían que pronunciara la
palabra «shibolet». Si era de Efraín, diría «sibolet», porque a la gente de
Efraín le cuesta pronunciar bien esa palabra. Entonces se lo llevaban y lo
mataban en los vados del Jordán. En total mataron a cuarenta y dos mil de la
tribu de Efraín en esos días.
7 Jefté
fue juez de Israel durante seis años. Cuando murió, lo enterraron en una de las
ciudades de Galaad.
Ibzán, juez de Israel
8 Después
de la muerte de Jefté, Ibzán, de Belén, fue juez de Israel. 9 Tuvo
treinta hijos y treinta hijas. Envió a sus hijas a casarse con hombres que no
pertenecían a su clan, y trajo treinta mujeres jóvenes que tampoco eran de su
clan para que se casaran con sus hijos. Ibzán fue juez de Israel durante siete
años. 10 Cuando murió, lo enterraron en Belén.
Elón, juez de Israel
11 Después
de la muerte de Ibzán, Elón, de la tribu de Zabulón, fue juez de Israel durante
diez años. 12 Cuando murió, lo enterraron en
Ajalón, en la tierra de Zabulón.
Abdón, juez de Israel
13 Después
de la muerte de Elón, fue juez de Israel Abdón, hijo de Hilel, de
Piratón. 14 Tuvo cuarenta hijos varones y treinta
nietos varones, quienes cabalgaban sobre setenta burros. Fue juez en Israel por
ocho años. 15 Cuando murió, lo enterraron en
Piratón, en Efraín, en la zona montañosa de los amalecitas.
SALMOS 73
Libro Tercero (Salmos 73–89)
Salmo de Asaf.
73 En
verdad Dios es bueno con Israel,
con los de corazón puro.
2 Pero en cuanto a mí, casi perdí el equilibrio;
mis pies resbalaron y estuve a punto de caer,
3 porque envidiaba a los orgullosos
cuando los veía prosperar a pesar de su maldad.
4 Pareciera que viven sin problemas;
tienen el cuerpo tan sano y fuerte.
5 No tienen dificultades como otras personas;
no están llenos de problemas como los demás.
6 Lucen su orgullo como un collar de piedras preciosas
y se visten de crueldad.
7 ¡Estos gordos ricachones tienen todo
lo que su corazón desea!
8 Se burlan y hablan solo maldades;
en su orgullo procuran aplastar a otros.
9 Se jactan contra los cielos mismos,
y sus palabras se pasean presuntuosas por toda la
tierra.
10 Entonces la gente se desanima y se confunde
al tragarse todas esas palabras.
11 «¿Y qué sabe Dios?—preguntan—.
¿Acaso el Altísimo sabe lo que está pasando?».
12 Miren a esos perversos:
disfrutan de una vida fácil mientras sus riquezas se
multiplican.
13 ¿Conservé
puro mi corazón en vano?
¿Me mantuve en inocencia sin ninguna razón?
14 En todo el día no consigo más que problemas;
cada mañana me trae dolor.
15 Si
yo realmente hubiera hablado a otros de esta manera,
habría sido un traidor a tu pueblo.
16 Traté de entender por qué los malvados prosperan,
¡pero qué tarea tan difícil!
17 Entonces entré en tu santuario, oh Dios,
y por fin entendí el destino de los perversos.
18 En verdad, los pones en un camino resbaladizo
y haces que se deslicen por el precipicio hacia su
ruina.
19 Al instante, quedan destruidos,
totalmente consumidos por los terrores.
20 Cuando te levantes, oh Señor,
te reirás de sus tontas ideas
como uno se ríe por la mañana de lo que soñó en la
noche.
21 Entonces
me di cuenta de que mi corazón se llenó de amargura,
y yo estaba destrozado por dentro.
22 Fui tan necio e ignorante;
debo haberte parecido un animal sin entendimiento.
23 Sin embargo, todavía te pertenezco;
me tomas de la mano derecha.
24 Me guías con tu consejo
y me conduces a un destino glorioso.
25 ¿A quién tengo en el cielo sino a ti?
Te deseo más que cualquier cosa en la tierra.
26 Puede fallarme la salud y debilitarse mi espíritu,
pero Dios sigue siendo la fuerza de mi corazón;
él es mío para siempre.
27 Los
que lo abandonen, perecerán,
porque tú destruyes a los que se alejan de ti.
28 En cuanto a mí, ¡qué bueno es estar cerca de Dios!
Hice al Señor Soberano mi refugio,
y a todos les contaré las maravillas que haces.
ES MEJOR CUMPLIR LOS VOTOS A DIOS
Estimado lector:
Los capítulos 9, 10, 11 y 12 del libro de Jueces,
en conjunto con el Salmo 73, presentan un panorama que evidencia las
consecuencias del orgullo, la autosuficiencia y la falta de obediencia, así
como la importancia de mantener una relación correcta con Dios. A lo largo de
estos pasajes se observa un patrón repetitivo en el pueblo: alejamiento,
crisis, arrepentimiento y restauración, lo cual refleja la fragilidad humana
frente a la fidelidad constante de Dios.
En Jueces 9, la figura de Abimelec representa el
peligro de la ambición desmedida y el orgullo. Su intento por establecerse en
el poder lo conduce a la violencia, llegando casi a exterminar el linaje de
Jerobaal. Sin embargo, se evidencia que Dios preserva su propósito y ejecuta
justicia, mostrando que ningún plan humano puede prevalecer sobre su voluntad.
Posteriormente, en los capítulos 10 al 12, se
observa cómo el pueblo de Israel, tras apartarse de Dios, enfrenta opresión y
aflicción. En medio de esta situación, Dios permite un proceso que conduce al
reconocimiento del error y al arrepentimiento. A pesar de su justicia, también
manifiesta misericordia al levantar líderes que traen liberación. En este
contexto, destaca la historia de Jefté, quien realiza un voto a Dios en medio
de la necesidad. Este episodio subraya la seriedad de los compromisos espirituales,
evidenciando que las promesas hechas a Dios deben ser consideradas con
responsabilidad y cumplidas con integridad.
Asimismo, los conflictos internos, como el
enfrentamiento con Efraín, reflejan cómo las rivalidades, la envidia y la falta
de dominio en el lenguaje pueden generar divisiones y consecuencias negativas
dentro del mismo pueblo.
En relación con estos acontecimientos, el Salmo
73 aporta una reflexión sobre la lucha interna del ser humano frente a la
aparente prosperidad de los injustos. Sin embargo, al reconocer la perspectiva
divina, se comprende que el verdadero bienestar está en permanecer cerca de
Dios. Esta visión corrige la tendencia a compararse o desviarse por influencias
externas.
Aplicación:
Estos pasajes resaltan la importancia de vivir
con humildad, evitando la autosuficiencia y reconociendo la dependencia de Dios
en cada etapa. Asimismo, se enfatiza la responsabilidad de los compromisos
espirituales, especialmente los votos, los cuales deben hacerse con
discernimiento y cumplirse con fidelidad. Se evidencia también la necesidad de
cuidar las influencias, las palabras y las motivaciones del corazón, evitando
caer en comparaciones, envidia o ambición. Finalmente, se reafirma que
permanecer en la presencia de Dios es la clave para mantener dirección,
estabilidad y una vida alineada con su propósito.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”