Mayo 05 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 104
2 REYES 12 - 14
Joás repara el templo
12 Joás comenzó
a gobernar Judá durante el séptimo año del reinado de Jehú en Israel y reinó en
Jerusalén cuarenta años. Su madre se llamaba Sibia y era de Beerseba. 2 Durante
toda su vida Joás hizo lo que era agradable a los ojos del Señor porque
el sacerdote Joiada lo aconsejaba; 3 pero aun así,
no destruyó los santuarios paganos, y la gente seguía ofreciendo sacrificios y
quemando incienso allí.
4 Cierto
día, el rey Joás dijo a los sacerdotes: «Recojan todo el dinero que se traiga
como ofrenda sagrada al templo del Señor, ya sea el pago de una cuota, el
de los votos o una ofrenda voluntaria. 5 Los
sacerdotes tomarán de este dinero para pagar cualquier reparación que haya que
hacer en el templo».
6 Sin
embargo, en el año veintitrés del reinado de Joás, los sacerdotes aún no habían
reparado el templo. 7 Entonces el rey Joás mandó
llamar a Joiada y a los demás sacerdotes y les preguntó: «¿Por qué no han
reparado el templo? Ya no tomen más dinero para sus propias necesidades. De
ahora en adelante, todo debe usarse en la reparación del templo». 8 Así
que los sacerdotes acordaron no aceptar más dinero de la gente y también
estuvieron de acuerdo en que otros tomaran la responsabilidad de reparar el
templo.
9 Luego
el sacerdote Joiada tomó un cofre grande, le hizo un agujero en la tapa y lo
puso al lado derecho del altar, en la entrada del templo del Señor. Los
sacerdotes que cuidaban la entrada ponían dentro del cofre todas las
contribuciones de la gente. 10 Cada vez que el
cofre se llenaba, el secretario de la corte y el sumo sacerdote contaban el
dinero que la gente había traído al templo del Señor y después lo
metían en bolsas. 11 Luego entregaban el dinero a
los supervisores de la construcción, quienes a su vez lo usaban para pagarle a
la gente que trabajaba en el templo del Señor: los carpinteros, los
constructores, 12 los albañiles y los picapedreros.
También utilizaron el dinero para comprar la madera y la piedra labrada
necesarias para reparar el templo del Señor, y pagaron todo tipo de gasto
relacionado con la restauración del templo.
13 El
dinero que se traía al templo no se usó para hacer copas de plata ni
despabiladeras, tazones, trompetas ni otros objetos de oro o de plata para el
templo del Señor. 14 Se asignó a los
trabajadores, quienes lo utilizaron para hacer las reparaciones del
templo. 15 No fue necesario pedir cuentas de este
dinero a los supervisores de la construcción, porque eran hombres honestos y
dignos de confianza. 16 Sin embargo, el dinero que
se recibió de ofrendas por la culpa y de ofrendas por el pecado no se llevó al
templo del Señor. Se le entregó a los sacerdotes para su uso personal.
Fin del reinado de Joás
17 En
esos días, el rey Hazael de Aram entró en guerra contra Gat y la tomó. Luego se
dirigió a atacar Jerusalén. 18 Entonces el rey Joás
recogió todos los objetos sagrados que Josafat, Yoram y Ocozías—los reyes
anteriores de Judá—habían dedicado junto con los que él mismo había dedicado.
Después le envió todo a Hazael, junto con el oro que había en los tesoros del
templo del Señor y en el palacio real. Como resultado, Hazael
suspendió su ataque a Jerusalén.
19 Los
demás acontecimientos del reinado de Joás y todo lo que hizo están registrados
en El libro de la historia de los reyes de Judá.
20 Ahora
bien, los funcionarios de Joás conspiraron contra él y lo asesinaron en
Bet-milo, rumbo a Sila. 21 Los asesinos eran
consejeros de confianza: Josacar, hijo de Simeat, y Jozabad, hijo de
Somer. Joás fue enterrado con sus antepasados en la Ciudad de David. Luego su
hijo Amasías lo sucedió en el trono.
Joacaz gobierna sobre Israel
13 Joacaz,
hijo de Jehú, comenzó a gobernar Israel durante el año veintitrés del reinado
de Joás en Judá; y reinó en Samaria diecisiete años. 2 Él
hizo lo malo a los ojos del Señor. Siguió el ejemplo de Jeroboam, hijo de
Nabat, y continuó con los pecados que Jeroboam hizo cometer a Israel. 3 Por
eso el Señor estaba muy enojado con los israelitas y permitió que el
rey Hazael de Aram y su hijo Ben-adad los derrotaran en repetidas ocasiones.
4 Entonces
Joacaz pidió en oración la ayuda del Señor, y el Señor oyó su
oración, pues veía la cruel opresión que el rey de Aram ejercía sobre
Israel. 5 Así que el Señor envió a un
hombre para rescatar a los israelitas de la tiranía de los arameos. Después
Israel vivió a salvo otra vez como en tiempos anteriores.
6 Sin
embargo, los israelitas siguieron pecando, siguiendo el mal ejemplo de
Jeroboam. También dejaron en pie el poste dedicado a la diosa Asera en
Samaria. 7 Finalmente, el ejército de Joacaz quedó
reducido a cincuenta conductores de carros de guerra, diez carros de guerra y
diez mil soldados de infantería. El rey de Aram había matado a los demás,
pisoteándolos como al polvo debajo de sus pies.
8 Los
demás acontecimientos del reinado de Joacaz—todo lo que hizo y el alcance de su
poder—están registrados en El libro de la historia de los reyes de
Israel. 9 Cuando Joacaz murió, lo enterraron en
Samaria. Luego su hijo Yoás lo sucedió en el trono.
Yoás gobierna sobre Israel
10 Yoás,
hijo de Joacaz, comenzó a gobernar Israel durante el año treinta y siete del
reinado de Joás en Judá, y reinó en Samaria dieciséis años. 11 Él
hizo lo malo a los ojos del Señor. Se negó a apartarse de los pecados que
Jeroboam, hijo de Nabat, hizo cometer a Israel.
12 Los
demás acontecimientos del reinado de Yoás y todo lo que hizo, incluso el
alcance de su poder y su guerra contra el rey Amasías de Judá, están
registrados en El libro de la historia de los reyes de Israel. 13 Cuando
Yoás murió, lo enterraron en Samaria con los reyes de Israel. Luego su hijo
Jeroboam II lo sucedió en el trono.
Última profecía de Eliseo
14 Cuando
Eliseo cayó enfermo de muerte, el rey Yoás de Israel fue a visitarlo y lloró
sobre él diciendo:
—¡Padre mío! ¡Padre mío! ¡Veo los carros de
Israel con sus conductores!
15 Eliseo
le dijo:
—Consigue un arco y algunas flechas.
Y el rey hizo lo que se le indicó. 16 Luego
Eliseo le dijo:
—Pon tu mano sobre el arco.
Eliseo puso sus dos manos sobre las manos del
rey. 17 Luego le ordenó:
—Abre la ventana que da al oriente.
Él la abrió, y Eliseo le dijo:
—¡Dispara!
Así que el rey disparó una flecha y Eliseo
proclamó:
—Esta es la flecha del Señor, una flecha de
victoria sobre Aram, porque tú conquistarás por completo a los arameos en Afec.
18 Luego
Eliseo dijo:
—Ahora levanta las demás flechas y golpéalas
contra el piso.
Entonces el rey las tomó y golpeó el piso tres
veces; 19 pero el hombre de Dios se enojó con él y
exclamó:
—¡Tendrías que haber golpeado el piso cinco o
seis veces! Así habrías vencido a Aram hasta destruirlo por completo. Ahora
saldrás vencedor solamente tres veces.
20 Después
Eliseo murió y fue enterrado.
Unos grupos de saqueadores moabitas solían
invadir el país cada primavera. 21 Cierta vez,
mientras unos israelitas enterraban a un hombre, divisaron a una banda de esos
saqueadores. Entonces en el apuro arrojaron el cuerpo en la tumba de Eliseo y
huyeron; pero en cuanto el cuerpo tocó los huesos de Eliseo, ¡el muerto
resucitó y de un salto se puso de pie!
22 El
rey Hazael de Aram había oprimido a Israel durante todo el reinado de
Joacaz, 23 pero el Señor tuvo bondad y
misericordia de los israelitas y no los destruyó por completo. Tuvo compasión
de ellos por el pacto que había hecho con Abraham, Isaac y Jacob; y hasta el
día de hoy no los ha destruido por completo ni los ha expulsado de su presencia.
24 El
rey Hazael de Aram murió y su hijo Ben-adad lo sucedió en el trono. 25 Entonces
Yoás, hijo de Joacaz, recuperó de manos de Ben-adad, hijo de Hazael, las
ciudades que le habían quitado a Joacaz, su padre. Yoás venció a Ben-adad en
tres oportunidades y así recuperó las ciudades israelitas.
Amasías gobierna sobre Judá
14 Amasías,
hijo de Joás, comenzó a gobernar Judá durante el segundo año del reinado de
Yoás en Israel. 2 Amasías tenía veinticinco
años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén veintinueve años. Su madre se
llamaba Joadín y era de Jerusalén. 3 Amasías hizo
lo que era agradable a los ojos del Señor, pero no tanto como su
antepasado David. Amasías siguió, en cambio, el ejemplo de su padre,
Joás. 4 No destruyó los santuarios paganos, y la
gente siguió ofreciendo sacrificios y quemando incienso allí.
5 Cuando
Amasías se afianzó en el trono, ejecutó a los funcionarios que habían asesinado
a su padre. 6 Sin embargo, no mató a los hijos de
los asesinos porque obedeció el mandato del Señor que Moisés había
escrito en el libro de la ley: «Los padres no tienen que morir por los pecados
de sus hijos, ni los hijos deben morir por los pecados de sus padres. Los que
merezcan la muerte serán ejecutados por sus propios delitos».
7 Amasías
también mató a diez mil edomitas en el valle de la Sal. Además, conquistó la
ciudad de Sela y le cambió el nombre a Jocteel, como se le conoce hasta el día
de hoy.
8 Cierto
día, Amasías envió mensajeros al rey Yoás de Israel, hijo de Joacaz y nieto de
Jehú, para transmitirle un desafío: «¡Ven y enfréntate conmigo en batalla!».
9 Entonces
el rey Yoás de Israel respondió a Amasías, rey de Judá, con el siguiente
relato: «En las montañas del Líbano, un cardo le envió un mensaje a un poderoso
cedro: “Entrega a tu hija en matrimonio a mi hijo”; pero justo en ese momento,
un animal salvaje del Líbano pasó por allí, ¡pisó el cardo y lo aplastó!
10 »Es
cierto que has derrotado a Edom y estás orgulloso de eso, pero ¡confórmate con
tu victoria y quédate en casa! ¿Para qué causar problemas que solo te traerán
calamidad a ti y al pueblo de Judá?».
11 Sin
embargo, Amasías no le hizo caso; entonces Yoás, rey de Israel, movilizó a su
ejército contra Amasías, rey de Judá. Los dos ejércitos se pusieron en pie de
guerra en Bet-semes, en Judá. 12 El ejército de
Israel venció de manera aplastante a Judá, y sus soldados se dispersaron y
huyeron a sus casas. 13 En Bet-semes, el rey Yoás
de Israel capturó a Amasías, rey de Judá, hijo de Joás y nieto de Ocozías.
Después se dirigió a Jerusalén, donde demolió ciento ochenta metros de la
muralla de la ciudad, desde la puerta de Efraín hasta la puerta de la
Esquina. 14 Se llevó todo el oro y la plata, y
todos los objetos del templo del Señor. También se apoderó de los tesoros
del palacio real y tomó rehenes; luego regresó a Samaria.
15 Los
demás acontecimientos del reinado de Yoás y todo lo que hizo, incluso el
alcance de su poder y su guerra contra Amasías, rey de Judá, están registrados
en El libro de la historia de los reyes de Israel. 16 Cuando
Yoás murió, lo enterraron en Samaria con los reyes de Israel y su hijo Jeroboam
II lo sucedió en el trono.
17 Amasías,
rey de Judá, vivió quince años más después de la muerte del rey Yoás de
Israel. 18 Los demás acontecimientos del reinado de
Amasías están registrados en El libro de la historia de los reyes de
Judá.
19 Hubo
una conspiración en Jerusalén contra la vida de Amasías, y el rey huyó a
Laquis; pero sus enemigos mandaron a unos asesinos tras él, y lo mataron
allí. 20 Llevaron su cuerpo a Jerusalén sobre un
caballo y lo enterraron con sus antepasados en la Ciudad de David.
21 Todo
el pueblo de Judá había coronado a Uzías, hijo de Amasías, quien tenía
dieciséis años de edad, para que reinara en lugar de su padre. 22 Después
de la muerte de su padre, Uzías reconstruyó la ciudad de Elat y la restituyó a
Judá.
Jeroboam II gobierna sobre Israel
23 Jeroboam
II, hijo de Yoás, comenzó a gobernar Israel durante el año quince del reinado
de Amasías en Judá, y reinó en Samaria cuarenta y un años. 24 Jeroboam
II hizo lo malo a los ojos del Señor. Se negó a apartarse de los pecados
que Jeroboam, hijo de Nabat, hizo cometer a Israel. 25 Jeroboam
II recuperó los territorios de Israel que estaban entre Lebo-hamat y el mar
Muerto, tal como había prometido el Señor, Dios de Israel, por medio
del profeta Jonás, hijo de Amitai, profeta de Gat-hefer.
26 El Señor vio
el amargo sufrimiento de todos en Israel, y no había ningún israelita, ni
esclavo ni libre, que los ayudara. 27 Como el Señor no
había dicho que borraría el nombre de Israel por completo, usó a Jeroboam II,
hijo de Yoás, para salvarlos.
28 Los
demás acontecimientos del reinado de Jeroboam II y todo lo que hizo—incluso el
alcance de su poder, sus guerras y cómo recuperó para Israel las ciudades de
Damasco y Hamat, que habían pertenecido a Judá—están registrados en El
libro de la historia de los reyes de Israel. 29 Cuando
Jeroboam II murió, lo enterraron en Samaria con los reyes de Israel. Luego
su hijo Zacarías lo sucedió en el trono.
SALMOS 104
104 Que
todo lo que soy alabe al Señor.
¡Oh Señor mi Dios, eres grandioso!
Te has vestido de honor y majestad.
2 Te has envuelto en un manto de
luz.
Despliegas la cortina de estrellas de los cielos;
3 colocas las vigas de tu hogar
en las nubes de lluvia.
Haces de las nubes tu carro de guerra;
cabalgas sobre las alas del viento.
4 Los vientos son tus mensajeros;
las llamas de fuego, tus sirvientes.
5 Colocaste
el mundo sobre sus cimientos,
así jamás se removerá.
6 Vestiste a la tierra con torrentes de agua,
agua que cubrió aun a las montañas.
7 A tu orden, el agua huyó;
al sonido de tu trueno, salió corriendo.
8 Las montañas se elevaron y los valles se hundieron
hasta el nivel que tú decretaste.
9 Después, fijaste un límite para los mares,
para que nunca más cubrieran la tierra.
10 Tú
haces que los manantiales viertan agua en los barrancos,
para que los arroyos broten con fuerza y desciendan
desde las montañas.
11 Proveen agua a todos los animales,
y los burros salvajes sacian su sed.
12 Las aves hacen sus nidos junto a los arroyos
y cantan entre las ramas de los árboles.
13 Desde tu hogar celestial, envías lluvia sobre las
montañas
y colmas la tierra con el fruto de tus obras.
14 Haces crecer el pasto para los animales
y las plantas para el uso de la gente.
Les permites producir alimento con el fruto de la tierra:
15 vino para que se alegren,
aceite de oliva para aliviarles la piel,
y pan para que se fortalezcan.
16 Los árboles del Señor están bien cuidados,
los cedros del Líbano que plantó.
17 Allí hacen sus nidos las aves,
y en los cipreses las cigüeñas hacen su hogar.
18 En lo alto de las montañas viven las cabras salvajes,
y las rocas forman un refugio para los damanes.
19 Creaste
la luna para que marcara las estaciones,
y el sol sabe cuándo ponerse.
20 Envías la oscuridad, y se hace de noche,
la hora en que merodean los animales del bosque.
21 Los leones jóvenes rugen por su presa;
acechan en busca del alimento que Dios les provee.
22 Al amanecer, se escabullen
y se meten en sus guaridas para descansar.
23 Entonces la gente sale a trabajar
y realiza sus labores hasta el anochecer.
24 Oh Señor,
¡cuánta variedad de cosas has creado!
Las hiciste todas con tu sabiduría;
la tierra está repleta de tus criaturas.
25 Allí está el océano, ancho e inmenso,
rebosando de toda clase de vida,
especies tanto grandes como pequeñas.
26 Miren los barcos que pasan navegando,
y al Leviatán, al cual hiciste para que juegue en
el mar.
27 Todos
dependen de ti
para recibir el alimento según su necesidad.
28 Cuando tú lo provees, ellos lo recogen.
Abres tu mano para alimentarlos,
y quedan sumamente satisfechos.
29 Pero si te alejas de ellos, se llenan de pánico.
Cuando les quitas el aliento,
mueren y vuelven otra vez al polvo.
30 Cuando les das tu aliento, se genera la vida
y renuevas la faz de la tierra.
31 ¡Que
la gloria del Señor continúe para siempre!
¡El Señor se deleita en todo lo que ha
creado!
32 La tierra tiembla ante su mirada;
las montañas humean cuando él las toca.
33 Cantaré
al Señor mientras viva.
¡Alabaré a mi Dios hasta mi último suspiro!
34 Que todos mis pensamientos le agraden,
porque me alegro en el Señor.
35 Que todos los pecadores desaparezcan de la faz de la
tierra;
que dejen de existir para siempre los perversos.
Que todo lo que soy alabe al Señor.
¡Alabado sea el Señor!
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”