Mayo 08 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 107
2 REYES 20 - 22
Enfermedad y recuperación de Ezequías
20 Por
ese tiempo, Ezequías se enfermó gravemente, y el profeta Isaías, hijo de Amoz,
fue a visitarlo. Le dio al rey el siguiente mensaje: «Esto dice el Señor:
“Pon tus asuntos en orden porque vas a morir. No te recuperarás de esta
enfermedad”».
2 Cuando
Ezequías oyó el mensaje, volvió su rostro hacia la pared y oró al Señor: 3 «Acuérdate,
oh Señor, que siempre te he sido fiel y te he servido con singular
determinación, haciendo siempre lo que te agrada»; y el rey se echó a llorar
amargamente.
4 Sin
embargo, antes de que Isaías saliera del patio central, recibió este mensaje de parte
del Señor: 5 «Regresa y dile a Ezequías, el
líder de mi pueblo: “Esto dice el Señor, Dios de tu antepasado David: ‘He
oído tu oración y he visto tus lágrimas. Voy a sanarte y en tres días te
levantarás de la cama e irás al templo del Señor. 6 Te
añadiré quince años más de vida y te rescataré del rey de Asiria junto con esta
ciudad. Defenderé esta ciudad por mi propia honra y por amor a mi siervo
David’”».
7 Entonces
Isaías dijo: «Preparen un ungüento de higos». Así que los sirvientes de
Ezequías untaron el ungüento sobre la llaga, ¡y Ezequías se recuperó!
8 Mientras
tanto, Ezequías le había preguntado a Isaías:
—¿Qué señal dará el Señor como prueba
de que me sanará y en tres días iré al templo del Señor?
9 Isaías
contestó:
—Esta es la señal del Señor para
demostrar que cumplirá lo que ha prometido: ¿te gustaría que la sombra del
reloj solar se adelantara diez gradas o que se atrasara diez gradas?
10 —La
sombra siempre se mueve hacia adelante—respondió Ezequías—, así que eso sería
fácil. Mejor haz que retroceda diez gradas.
11 Entonces
el profeta Isaías le pidió al Señor que lo hiciera, ¡y el Señor hizo
retroceder diez gradas la sombra del reloj solar de Acaz!
Representantes de Babilonia
12 Poco
tiempo después, Merodac-baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, le
envió saludos a Ezequías junto con un regalo, porque se enteró de que Ezequías
había estado muy enfermo. 13 Ezequías recibió a los
enviados de Babilonia y les mostró todo lo que había en sus casas del tesoro:
la plata, el oro, las especias y los aceites aromáticos. También los llevó a
conocer su arsenal, ¡y les mostró todo lo que había en sus tesoros reales! No
hubo nada, ni en el palacio ni en el reino, que Ezequías no les mostrara.
14 Entonces
el profeta Isaías fue a ver al rey Ezequías y le preguntó:
—¿Qué querían esos hombres? ¿De dónde vinieron?
Ezequías contestó:
—Vinieron de la lejana tierra de Babilonia.
15 —¿Qué
vieron en tu palacio?—preguntó Isaías.
—Lo vieron todo—contestó Ezequías—. Les mostré
todo lo que poseo, todos mis tesoros reales.
16 Entonces
Isaías dijo a Ezequías:
—Escucha este mensaje del Señor: 17 “Se
acerca el tiempo cuando todo lo que hay en tu palacio—todos los tesoros que tus
antepasados han acumulado hasta ahora—será llevado a Babilonia. No quedará
nada, dice el Señor. 18 Algunos de tus hijos
serán llevados al destierro. Los harán eunucos que servirán en el palacio del
rey de Babilonia”.
19 Entonces
Ezequías dijo a Isaías:
—Este mensaje que me has dado de parte del Señor es
bueno.
Pues el rey pensaba: «Por lo menos habrá paz y
seguridad mientras yo viva».
20 Los
demás acontecimientos del reinado de Ezequías—entre ellos el alcance de su
poder y cómo construyó un estanque y cavó un túnel para llevar agua a la ciudad—están
registrados en El libro de la historia de los reyes de Judá. 21 Ezequías
murió, y su hijo Manasés lo sucedió en el trono.
Manasés gobierna sobre Judá
21 Manasés
tenía doce años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén cincuenta y cinco
años. Su madre era Hepsiba. 2 Él hizo lo malo a los
ojos del Señor y siguió las prácticas detestables de las naciones
paganas que el Señor había expulsado de la tierra del paso de los
israelitas. 3 Reconstruyó los santuarios paganos
que su padre Ezequías había destruido. Construyó altares para Baal y levantó un
poste dedicado a la diosa Asera, tal como lo había hecho el rey Acab de Israel.
También se inclinó ante todos los poderes de los cielos y les rindió culto.
4 Construyó
altares paganos dentro del templo del Señor, el lugar sobre el cual
el Señor había dicho: «Mi nombre permanecerá en Jerusalén para
siempre». 5 Construyó estos altares para todos los
poderes de los cielos en ambos atrios del templo del Señor. 6 Manasés
también sacrificó a su propio hijo en el fuego. Practicó la hechicería, la
adivinación y consultó a los médiums y a los videntes. Hizo muchas cosas
perversas a los ojos del Señor y con eso provocó su enojo.
7 Incluso
Manasés hizo una imagen tallada de la diosa Asera y la colocó en el templo, en
el mismo lugar donde el Señor les había dicho a David y a su hijo
Salomón: «Mi nombre será honrado para siempre en este templo y en Jerusalén, la
ciudad que he escogido entre todas las tribus de Israel. 8 Si
los israelitas se aseguran de obedecer mis mandatos—todas las leyes que mi
siervo Moisés les dio—, yo no los expulsaré de esta tierra que les di a sus
antepasados». 9 Sin embargo, la gente se negó a
escuchar, y Manasés los llevó a cometer cosas aún peores que las que habían
hecho las naciones paganas que el Señor había destruido cuando el
pueblo de Israel entró en la tierra.
10 Luego
el Señor dijo por medio de sus siervos, los profetas: 11 «El
rey Manasés de Judá ha hecho muchas cosas detestables. Es aún más perverso que
los amorreos, quienes vivían en esta tierra antes que Israel. Él hizo que la
gente de Judá pecara con sus ídolos. 12 Entonces
esto es lo que el Señor, Dios de Israel, dice: traeré tanto desastre sobre
Jerusalén y Judá que los oídos de quienes lo oigan se estremecerán de
horror. 13 Juzgaré a Israel con el mismo criterio
que usé para juzgar a Samaria y con la misma medida que usé con la familia
de Acab. Barreré por completo a la gente de Jerusalén como cuando uno limpia un
plato y lo pone boca abajo. 14 Incluso rechazaré al
remanente de mi pueblo que haya quedado y los entregaré como botín a sus
enemigos. 15 Pues han cometido gran maldad a mis
ojos y me han hecho enojar desde que sus antepasados salieron de Egipto».
16 Manasés
también asesinó a mucha gente inocente, a tal punto que Jerusalén se llenó de
sangre inocente de un extremo a otro. Eso fue además del pecado que hizo
cometer a los habitantes de Judá, al inducirlos a hacer lo malo a los ojos
del Señor.
17 Los
demás acontecimientos del reinado de Manasés y todo lo que él hizo, entre ellos
los pecados que cometió, están registrados en El libro de la historia
de los reyes de Judá. 18 Cuando Manasés murió,
lo enterraron en el jardín del palacio, el jardín de Uza. Luego su hijo Amón lo
sucedió en el trono.
Amón gobierna sobre Judá
19 Amón
tenía veintidós años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén dos años. Su
madre se llamaba Mesulemet y era hija de Haruz, de Jotba. 20 Él
hizo lo malo a los ojos del Señor, tal como su padre Manasés. 21 Siguió
el ejemplo de su padre al rendirles culto a los mismos ídolos que su padre
había venerado. 22 Abandonó al Señor, Dios de
sus antepasados, y se negó a andar en los caminos del Señor.
23 Tiempo
después, los propios funcionarios de Amón conspiraron contra él y lo asesinaron
en su palacio; 24 pero los habitantes del reino
mataron a todos los que habían conspirado contra el rey Amón y luego
proclamaron rey a su hijo Josías.
25 Los
demás acontecimientos del reinado de Amón y lo que hizo están registrados
en El libro de la historia de los reyes de Judá. 26 Fue
enterrado en su tumba en el jardín de Uza. Luego su hijo Josías lo sucedió en
el trono.
Josías gobierna sobre Judá
22 Josías
tenía ocho años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén treinta y un años.
Su madre se llamaba Jedida y era hija de Adaía, de Boscat. 2 Él
hizo lo que era agradable a los ojos del Señor y siguió el ejemplo de
su antepasado David; no se apartó de lo que era correcto.
3 Durante
el año dieciocho de su reinado, el rey Josías envió al templo del Señor a
Safán, hijo de Azalía y nieto de Mesulam, secretario de la corte. Le
dijo: 4 «Ve a ver al sumo sacerdote Hilcías y
pídele que cuente el dinero que los porteros han recaudado de la gente en el
templo del Señor. 5 Confía este dinero a los
hombres que fueron designados para supervisar la restauración del templo
del Señor. Así ellos podrán usarlo para pagar a los trabajadores que
repararán el templo. 6 Tendrán que contratar
carpinteros, constructores y albañiles. También haz que compren toda la madera
y la piedra labrada que se necesite para reparar el templo; 7 pero
no les exijas a los supervisores de la construcción que lleven cuenta del
dinero que reciben, porque son hombres honestos y dignos de confianza».
Hilcías descubre la ley de Dios
8 El
sumo sacerdote Hilcías le dijo a Safán, secretario de la corte: «¡He encontrado
el libro de la ley en el templo del Señor!». Entonces Hilcías le dio el
rollo a Safán, y él lo leyó.
9 Safán
fue a ver al rey y le informó: «Tus funcionarios han entregado el dinero
recaudado en el templo del Señor a los trabajadores y a los
supervisores del templo». 10 Safán también dijo al
rey: «El sacerdote Hilcías me entregó un rollo». Así que Safán se lo leyó al
rey.
11 Cuando
el rey oyó lo que estaba escrito en el libro de la ley, rasgó su ropa en señal
de desesperación. 12 Luego dio las siguientes
órdenes a Hilcías, el sacerdote; a Ahicam, hijo de Safán; a Acbor, hijo de
Micaías; a Safán, secretario de la corte y a Asaías, consejero personal del
rey: 13 «Vayan al templo y consulten al Señor por
mí, por el pueblo y por toda la gente de Judá. Pregunten acerca de las palabras
escritas en este rollo que se encontró. Pues el gran enojo del Señor arde
contra nosotros, porque nuestros antepasados no obedecieron las palabras de
este rollo. No hemos estado haciendo todo lo que dice que debemos hacer».
14 Entonces
el sacerdote Hilcías, Ahicam, Acbor, Safán y Asaías se dirigieron al Barrio
Nuevo[i] de Jerusalén para consultar a la
profetisa Hulda. Ella era la esposa de Salum, hijo de Ticva, hijo de Harhas, el
encargado del guardarropa del templo.
15 Ella
les dijo: «¡El Señor, Dios de Israel, ha hablado! Regresen y díganle al
hombre que los envió: 16 “Esto dice el Señor:
‘Traeré desastre sobre esta ciudad y sobre sus habitantes. Todas las
palabras escritas en el rollo que el rey de Judá leyó se cumplirán, 17 pues
los de mi pueblo me han abandonado y han ofrecido sacrificios a dioses paganos.
Estoy muy enojado con ellos por todo lo que han hecho. Mi enojo arderá contra
este lugar y no se apagará’”.
18 »Vayan
a ver al rey de Judá, quien los envió a buscar al Señor, y díganle: “Esto
dice el Señor, Dios de Israel, acerca del mensaje que acabas de
escuchar: 19 ‘Estabas apenado y te humillaste ante
el Señor al oír lo que yo pronuncié contra esta ciudad y sus
habitantes, que esta tierra sería maldita y quedaría desolada. Rasgaste tu ropa
en señal de desesperación y lloraste delante de mí, arrepentido. Ciertamente te
escuché, dice el Señor. 20 Por eso, no enviaré
el desastre que he prometido hasta después de que hayas muerto y seas enterrado
en paz. Tú no llegarás a ver la calamidad que traeré sobre esta ciudad’”».
De modo que llevaron su mensaje al rey.
SALMOS 107
Libro Quinto (Salmos 107–150)
107 ¡Den
gracias al Señor, porque él es bueno!
Su fiel amor perdura para siempre.
2 ¿Los ha rescatado el Señor? ¡Entonces, hablen con
libertad!
Cuenten a otros que él los ha rescatado de sus
enemigos.
3 Pues ha reunido a los desterrados de muchos países,
del oriente y del occidente,
del norte y del sur.
4 Algunos
vagaban por el desierto,
perdidos y sin hogar.
5 Con hambre y con sed,
estaban a punto de morir.
6 «¡Socorro, Señor!», clamaron en medio de su
dificultad,
y él los rescató de su aflicción.
7 Los llevó directo a un lugar seguro,
a una ciudad donde pudieran vivir.
8 Que alaben al Señor por su gran amor
y por las obras maravillosas que ha hecho a favor de
ellos.
9 Pues él satisface al sediento
y al hambriento lo llena de cosas buenas.
10 Algunos
estaban en oscuridad y en una profunda penumbra,
presos del sufrimiento con cadenas de hierro.
11 Se rebelaron contra las palabras de Dios;
se burlaron del consejo del Altísimo.
12 Por eso los doblegó con trabajo forzado;
cayeron, y no hubo quien los ayudara.
13 «¡Socorro, Señor!», clamaron en medio de su
dificultad,
y él los salvó de su aflicción.
14 Los sacó de la oscuridad y de la profunda penumbra;
les rompió las cadenas.
15 Que alaben al Señor por su gran amor
y por las obras maravillosas que ha hecho a favor de
ellos.
16 Pues rompió las puertas de bronce de su prisión;
partió en dos los barrotes de hierro.
17 Algunos
fueron necios; se rebelaron
y sufrieron por sus pecados.
18 No podían ni pensar en comer,
y estaban a las puertas de la muerte.
19 «¡Socorro, Señor!», clamaron en medio de su
dificultad,
y él los salvó de su aflicción.
20 Envió su palabra y los sanó;
los arrebató de las puertas de la muerte.
21 Que alaben al Señor por su gran amor
y por las obras maravillosas que ha hecho a favor de
ellos.
22 Que ofrezcan sacrificios de agradecimiento
y canten con alegría por sus gloriosos actos.
23 Algunos
se hicieron a la mar en barcos
y surcaron las rutas comerciales del mundo.
24 También observaron el poder del Señor en
acción,
sus impresionantes obras en los mares más profundos.
25 Él habló, y se desataron los vientos
que agitaron las olas.
26 Los barcos fueron lanzados hacia los cielos
y cayeron nuevamente a las profundidades;
los marineros se acobardaron de terror.
27 Se tambaleaban y daban tumbos como borrachos;
no sabían qué más hacer.
28 «¡Socorro, Señor!», clamaron en medio de su
dificultad,
y él los salvó de su aflicción.
29 Calmó la tormenta hasta convertirla en un susurro
y aquietó las olas.
30 ¡Qué bendición fue esa quietud
cuando los llevaba al puerto sanos y salvos!
31 Que alaben al Señor por su gran amor
y por las obras maravillosas que ha hecho a favor de
ellos.
32 Que lo exalten públicamente delante de la
congregación
y ante los líderes del pueblo.
33 Él
transforma ríos en desiertos
y manantiales de agua en tierra árida y sedienta.
34 Convierte la tierra fructífera en tierras saladas y
baldías,
a causa de la maldad de sus habitantes.
35 Pero también convierte desiertos en lagunas
y la tierra seca en fuentes de agua.
36 Lleva a los hambrientos para que se establezcan allí
y construyan sus ciudades.
37 Siembran los campos, plantan viñedos,
y recogen cosechas abundantes.
38 ¡Cuánto los bendice!
Allí crían familias numerosas
y sus manadas de animales aumentan.
39 Cuando
disminuye la cantidad de ellos y se empobrecen
por la opresión, las dificultades y el dolor,
40 el Señor derrama desprecio sobre sus
príncipes
y los hace vagar por tierras baldías y sin sendero.
41 Pero rescata de la dificultad a los pobres
y hace crecer a sus familias como rebaños de ovejas.
42 Los justos verán estas cosas y se alegrarán
mientras los perversos son bruscamente silenciados.
43 Los sabios tomarán todo muy en serio;
verán en nuestra historia el fiel amor del Señor.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”