Mayo 11 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 110
ISAÍAS 5 - 8
Un canto acerca de la viña del Señor
5 Ahora
cantaré para aquel a quien amo
un canto acerca de su viña.
Mi amado tenía una viña
en una colina rica y fértil.
2 Aró la tierra, le quitó las piedras
y sembró en ella las mejores vides.
En medio de su viña construyó una torre de vigilancia
y talló un lagar en las rocas cercanas.
Luego esperó una cosecha de uvas dulces,
pero las uvas que crecieron eran amargas.
3 Ahora
ustedes, pueblo de Jerusalén y de Judá,
juzguen entre mi viña y yo.
4 ¿Qué más podría hacer por mi viña,
que no haya hecho ya?
¿Por qué, cuando esperaba uvas dulces,
mi viña me dio uvas amargas?
5 Déjenme
decirles ahora
lo que haré con mi viña:
echaré abajo sus cercos
y dejaré que se destruya.
Derrumbaré sus muros
y dejaré que los animales la pisoteen.
6 La convertiré en un lugar silvestre
donde no se podan las vides ni se remueve la tierra,
un lugar cubierto de cardos y espinos.
Ordenaré a las nubes
que no dejen caer la lluvia sobre ella.
7 La
nación de Israel es la viña del Señor de los Ejércitos Celestiales.
El pueblo de Judá es su agradable huerto.
Él esperaba una cosecha de justicia,
pero, en cambio, encontró opresión.
Esperaba encontrar rectitud,
pero, en cambio, oyó gritos de violencia.
Culpa de Judá y su juicio
8 ¡Qué
aflicción para ustedes que se apropian de una casa tras otra y de un campo tras
otro
hasta que todos queden desalojados y ustedes vivan
solos en la tierra!
9 Pero yo he oído al Señor de los Ejércitos
Celestiales
hacer un juramento solemne:
«Muchas casas quedarán abandonadas;
hasta mansiones hermosas estarán vacías.
10 Cuatro hectáreas de viñedo no producirán ni veintiún
litros de vino
y diez canastas de semilla solo darán una canasta de grano».
11 Qué
aflicción para los que se levantan temprano por la mañana
en busca de un trago de alcohol,
y pasan largas noches bebiendo vino
hasta tener una fuerte borrachera.
12 Proveen vino y música hermosa para sus grandes
fiestas
—lira y arpa, pandereta y flauta—
pero nunca piensan en el Señor
ni se dan cuenta de lo que él hace.
13 Por
lo tanto, mi pueblo irá al destierro muy lejos
porque no me conoce.
La gente importante y los que reciben honra se morirán de hambre,
y la gente común morirá de sed.
14 La tumba se relame de expectativa
y abre bien grande la boca.
Los importantes y los humildes,
y la turba de borrachos, todos serán devorados.
15 La humanidad será destruida y la gente derribada;
hasta los arrogantes bajarán la mirada con humildad.
16 Pero el Señor de los Ejércitos Celestiales
será exaltado por su justicia;
la santidad de Dios se demostrará por su rectitud.
17 En aquel día, los corderos encontrarán buenos pastos,
y entre las ruinas apacentarán las ovejas engordadas y
los cabritos.
18 ¡Qué
aflicción para los que arrastran sus pecados
con sogas hechas de mentiras,
que arrastran detrás de sí la maldad como si fuera una
carreta!
19 Hasta se burlan de Dios diciendo:
«¡Apresúrate, haz algo!
Queremos ver lo que puedes hacer.
Que el Santo de Israel lleve a cabo su plan,
porque queremos saber qué es».
20 ¡Qué
aflicción para los que dicen
que lo malo es bueno y lo bueno es malo,
que la oscuridad es luz y la luz es oscuridad,
que lo amargo es dulce y lo dulce es amargo!
21 ¡Qué aflicción para los que se creen sabios en su
propia opinión
y se consideran muy inteligentes!
22 ¡Qué aflicción para los que son campeones a la hora
de beber vino
y se jactan de la cantidad de alcohol que pueden tomar!
23 Aceptan sobornos para dejar en libertad a los
perversos,
y castigan a los inocentes.
24 Por
lo tanto, así como las lenguas de fuego consumen los rastrojos,
y la hierba seca se marchita y cae en medio de la
llama,
así las raíces de ellos se pudrirán
y sus flores se marchitarán.
Pues han rechazado la ley del Señor de los Ejércitos Celestiales;
han despreciado la palabra del Santo de Israel.
25 Por eso el enojo del Señor arde contra su
pueblo
y ha levantado el puño para aplastarlo.
Los montes tiemblan
y los cadáveres de su pueblo están tirados por las
calles como basura.
Pero aun así, el enojo del Señor no está satisfecho.
¡Su puño todavía está listo para asestar el golpe!
26 Él
enviará una señal a las naciones lejanas
y llamará con un silbido a los que están en los
confines de la tierra;
ellos irán corriendo a Jerusalén.
27 No se cansarán, ni tropezarán.
No se detendrán para descansar ni para dormir.
Nadie tendrá flojo el cinturón
ni rotas las correas de ninguna sandalia.
28 Sus flechas estarán afiladas
y sus arcos listos para la batalla.
De los cascos de sus caballos saltarán chispas,
y las ruedas de sus carros de guerra girarán como un
torbellino.
29 Rugirán como leones,
como los más fuertes entre los leones.
Se lanzarán gruñendo sobre sus víctimas y se las llevarán,
y no habrá nadie para rescatarlas.
30 Rugirán sobre sus víctimas en aquel día de
destrucción,
como el rugido del mar.
Si alguien extiende su mirada por toda la tierra,
solo verá oscuridad y angustia;
hasta la luz quedará oscurecida por las nubes.
Purificación y llamado de Isaías
6 El
año en que murió el rey Uzías, vi al Señor sentado en un majestuoso
trono, y el borde de su manto llenaba el templo. 2 Lo
asistían poderosos serafines, cada uno tenía seis alas. Con dos alas se cubrían
el rostro, con dos se cubrían los pies y con dos volaban. 3 Se
decían unos a otros:
«¡Santo, santo, santo es el Señor de
los Ejércitos Celestiales!
¡Toda la tierra está llena de su gloria!».
4 Sus
voces sacudían el templo hasta los cimientos, y todo el edificio estaba lleno
de humo.
5 Entonces
dije: «¡Todo se ha acabado para mí! Estoy condenado, porque soy un pecador.
Tengo labios impuros, y vivo en medio de un pueblo de labios impuros; sin
embargo, he visto al Rey, el Señor de los Ejércitos Celestiales».
6 Entonces
uno de los serafines voló hacia mí con un carbón encendido que había tomado del
altar con unas tenazas. 7 Con él tocó mis labios y
dijo: «¿Ves? Este carbón te ha tocado los labios. Ahora tu culpa ha sido
quitada, y tus pecados perdonados».
8 Después
oí que el Señor preguntaba: «¿A quién enviaré como mensajero a este pueblo?
¿Quién irá por nosotros?».
—Aquí estoy yo—le dije—. Envíame a mí.
9 Y
él me dijo:
—Bien, ve y dile a este pueblo:
“Escuchen con atención, pero no entiendan;
miren bien, pero no aprendan nada”.
10 Endurece el corazón de este pueblo;
tápales los oídos y ciérrales los ojos.
De esa forma, no verán con sus ojos,
ni oirán con sus oídos,
ni comprenderán con su corazón
para que no se vuelvan a mí en busca de sanidad.
11 Entonces
yo dije:
—Señor, ¿cuánto tiempo durará esto?
Y él contestó:
—Hasta que sus ciudades queden vacías,
sus casas queden desiertas
y la tierra entera quede seca y baldía;
12 hasta que el Señor haya mandado a todos
lejos
y toda la tierra de Israel quede desierta.
13 Si aún sobrevive una décima parte, un remanente,
volverá a ser invadida y quemada.
Pero así como el terebinto o el roble dejan un tocón cuando se cortan,
también el tocón de Israel será una semilla santa.
Mensaje para Acaz
7 Cuando
Acaz, hijo de Jotam y nieto de Uzías, era rey de Judá, Rezín, rey de Aram, y
Peka, hijo de Remalías, rey de Israel, salieron para atacar a Jerusalén. Sin
embargo, no pudieron llevar a cabo su plan.
2 A
la corte real de Judá había llegado la siguiente noticia: «¡Aram se ha aliado
con Israel en contra de nosotros!». Por eso, el
corazón del rey y el de su pueblo temblaron de miedo, como tiemblan los árboles
en medio de una tormenta.
3 Entonces
el Señor dijo a Isaías: «Toma a tu hijo Sear-jasub y ve al encuentro del rey Acaz. Lo
encontrarás al final del acueducto que conduce el agua al estanque superior,
cerca del camino que lleva al campo donde se lavan las telas. 4 Dile
que deje de preocuparse; que no hay por qué temer a la ira feroz de esos dos
tizones apagados que son Rezín, rey de Aram y Peka, hijo de Remalías. 5 Es
verdad que los reyes de Aram y de Israel han conspirado contra él
diciendo: 6 “Atacaremos a Judá y lo conquistaremos
y pertenecerá a nosotros. Después pondremos en el trono de Judá al hijo de
Tabeel”. 7 Pero esto dice el Señor Soberano:
»“Esta invasión nunca sucederá,
nunca se llevará a cabo;
8 pues Aram no es más fuerte que Damasco, su capital,
y Damasco no es más fuerte que Rezín, su rey.
En cuanto a Israel, dentro de sesenta y cinco años
será aplastado y destruido por completo.
9 Israel no es más fuerte que Samaria, su capital,
y Samaria no es más fuerte que Peka, hijo de Remalías,
su rey.
A menos que ustedes tengan una fe firme,
no puedo hacer que permanezcan firmes”».
Señal de Emanuel
10 Más
tarde, el Señor le envió al rey Acaz el siguiente mensaje: 11 «Acaz,
pídele al Señor tu Dios una señal de confirmación. Hazla tan difícil
como quieras: tan alta como los cielos o tan profunda como el lugar de los
muertos».
12 Pero
el rey se negó.
—No—dijo el rey—. No pondré a prueba al Señor así.
13 Entonces
Isaías le dijo:
—¡Escuchen bien, ustedes de la familia real de
David! ¿Acaso no les basta con agotar la paciencia humana? ¿También tienen que
agotar la paciencia de mi Dios? 14 Muy bien, el
Señor mismo les dará la señal. ¡Miren! ¡La virgen concebirá un niño! Dará a luz un hijo
y lo llamarán Emanuel (que significa “Dios está con nosotros”). 15 Cuando
ese hijo tenga edad suficiente para escoger lo correcto y rechazar lo malo,
estará comiendo yogur y miel. 16 Pues
antes de que el niño tenga esa edad, las tierras de los dos reyes que tanto
temes quedarán desiertas.
17 »Luego
el Señor hará venir sobre ti, sobre tu nación y sobre tu familia,
hechos como nunca hubo desde que Israel se separó de Judá. ¡Pondrá al rey de
Asiria en tu contra!
18 En
ese día, el Señor llamará con un silbido al ejército del sur de
Egipto y al ejército de Asiria. Ellos te rodearán como un enjambre de moscas o
abejas. 19 Vendrán en inmensas multitudes y se
establecerán en las regiones fértiles y también en los valles desolados, en las
cuevas y en los lugares llenos de espinos. 20 En
ese día, el Señor contratará a una «navaja» procedente del otro lado del río
Éufrates —el rey de Asiria—y la usará para afeitarte
por completo: tu tierra, tus cosechas y tu pueblo.
21 En
ese día, un campesino se considerará afortunado si le quedan una vaca y dos
ovejas o cabras. 22 Sin embargo, habrá suficiente
leche para todos, porque quedarán muy pocos habitantes en la tierra. Comerán
yogur y miel hasta saciarse. 23 En aquel día, los
viñedos lozanos que hoy valen mil piezas de plata se convertirán en parcelas llenas de
zarzas y espinos. 24 Toda la tierra se convertirá
en una gran extensión repleta de zarzas y espinos, en un territorio de cacería
lleno de animales salvajes. 25 Nadie irá a las
laderas fértiles donde antes crecían los huertos, porque estarán cubiertas de
zarzas y de espinos; allí apacentarán el ganado, las ovejas y las cabras.
Futura invasión de los asirios
8 Luego
el Señor me dijo: «Haz un letrero grande y escribe con claridad el
siguiente nombre: Maher-salal-has-baz». 2 Les pedí al
sacerdote Urías y a Zacarías, hijo de Jeberequías, ambos conocidos como hombres
honrados, que fueran testigos de lo que yo hacía.
3 Después
me acosté con mi esposa y ella quedó embarazada, y dio a luz un hijo. Y
el Señor me dijo: «Ponle por nombre Maher-salal-has-baz. 4 Pues
antes de que este hijo tenga edad suficiente para decir “papá” o “mamá”, el rey
de Asiria se llevará la abundancia de Damasco y las riquezas de Samaria».
5 Entonces
el Señor volvió a hablar conmigo y me dijo: 6 «Mi
cuidado del pueblo de Judá es como el delicado fluir de las aguas de Siloé,
pero ellos lo han rechazado. Se alegran por lo que les sucederá al rey Rezín y al rey Peka 7 Por lo tanto,
el Señor los arrollará con una poderosa inundación del río Éufrates, el rey de Asiria con toda su gloria.
La inundación desbordará todos los canales 8 y
cubrirá a Judá hasta la barbilla. Extenderá sus alas y sumergirá a tu tierra de
un extremo al otro, oh Emanuel.
9 »Reúnanse,
naciones, y llénense de terror.
Escuchen, todas ustedes, tierras lejanas:
prepárense para la batalla, ¡pero serán aplastadas!
Sí, prepárense para la batalla, ¡pero serán aplastadas!
10 Convoquen a sus asambleas de guerra, pero no les
servirán de nada;
desarrollen sus estrategias, pero no tendrán éxito,
¡porque Dios está con nosotros]».
Un llamado a confiar en el Señor
11 El Señor me
dio una firme advertencia de no pensar como todos los demás. Me dijo:
12 «No
llames conspiración a todo, como hacen ellos,
ni vivas aterrorizado de lo que a ellos les da miedo.
13 Ten por santo en tu vida al Señor de los
Ejércitos Celestiales;
él es a quien debes temer.
Él es quien te debería hacer temblar.
14 Él te mantendrá seguro.
En cambio, para Israel y Judá
será una piedra que hace tropezar a muchos,
una roca que los hace caer.
Y para el pueblo de Jerusalén
será una red y una trampa.
15 Muchos tropezarán y caerán
y no volverán a levantarse;
caerán en la trampa y serán capturados».
16 Preserva
las enseñanzas de Dios;
confía sus instrucciones a quienes me siguen.
17 Yo esperaré al Señor,
que se ha apartado de los descendientes de Jacob;
pondré mi esperanza en él.
18 Yo
y los hijos que el Señor me ha dado servimos como señales y
advertencias a Israel de parte del Señor de los Ejércitos
Celestiales, quien habita en su templo en el monte Sion.
19 Tal
vez alguien les diga: «Preguntemos a los médiums y a los que consultan los
espíritus de los muertos; con sus susurros y balbuceos nos dirán qué debemos
hacer». Pero ¿acaso no deberá el pueblo pedirle a Dios que lo guíe? ¿Deberían
los vivos buscar orientación de los muertos?
20 ¡Busquen
las instrucciones y las enseñanzas de Dios! Quienes contradicen su palabra
están en completa oscuridad. 21 Irán de un lugar a
otro, fatigados y hambrientos. Y porque tienen hambre, se pondrán furiosos y
maldecirán a su rey y a su Dios. Levantarán la mirada al cielo 22 y
luego la bajarán a la tierra, pero dondequiera que miren habrá problemas,
angustia y una oscura desesperación. Serán lanzados a las tinieblas de afuera.
SALMOS 110
Salmo de David.
110 El Señor le
dijo a mi Señor:
«Siéntate en el lugar de honor a mi derecha,
hasta que humille a tus enemigos
y los ponga por debajo de tus pies».
2 El Señor extenderá
tu poderoso reino desde Jerusalén,
y gobernarás a tus enemigos.
3 Cuando vayas a la guerra,
tu pueblo te servirá por voluntad propia.
Estás envuelto en vestiduras santas,
y tu fuerza se renovará cada día como el rocío de la
mañana.
4 El Señor ha
hecho un juramento y no romperá su promesa:
«Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de
Melquisedec».
5 El
Señor está a tu derecha para protegerte;
derribará a muchos reyes cuando estalle su enojo.
6 Castigará a las naciones
y llenará de cadáveres sus territorios;
destrozará cabezas por toda la tierra.
7 Pero él se refrescará en los arroyos junto al camino.
Saldrá vencedor.
En este video, se hace referencia al significado de Isaías 6 mientras exploramos la paradoja que la santidad de Dios presenta a los seres humanos. Dios es el Creador único y distinguido de toda la realidad y el autor de toda la bondad. Sin embargo, esa bondad puede llegar a ser peligrosa para los humanos que son mortales y moralmente corruptos. En última instancia, esta paradoja es resuelta por Jesús, quien encarna la santidad de Dios que viene a sanar a su creación.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”