Febrero 02 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 12
GÉNESIS 38 al 40
Judá y Tamar
38 En
esos días, Judá dejó su casa y se fue a Adulam, donde se quedó con un hombre
llamado Hira. 2 Allí vio a una mujer cananea, la
hija de Súa, y se casó con ella. Cuando se acostaron, 3 ella
quedó embarazada y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Er. 4 Después
volvió a quedar embarazada y dio a luz otro hijo, y le puso por nombre
Onán. 5 Además, dio a luz un tercer hijo y lo llamó
Sela. Cuando nació Sela, ellos vivían en Quezib.
6 Con
el transcurso del tiempo, Judá arregló que Er, su hijo mayor, se casara con una
joven llamada Tamar. 7 Pero Er era un hombre
perverso ante los ojos del Señor, y el Señor le quitó la
vida. 8 Entonces Judá dijo a Onán, hermano de Er:
«Cásate con Tamar, como nuestra ley exige al hermano de un hombre que haya
muerto. Tú debes darle un heredero a tu hermano».
9 Pero
Onán no estaba dispuesto a tener un hijo que no fuera su propio heredero. Por
eso, cada vez que tenía relaciones sexuales con la mujer de su hermano,
derramaba el semen en el suelo. Esto evitaba que ella tuviera un hijo de su
hermano. 10 Así que el Señor consideró
una maldad que Onán negara un hijo a su hermano muerto, y
el Señor también le quitó la vida a Onán.
11 Entonces
Judá le dijo a Tamar, su nuera: «Vuelve a la casa de tus padres y permanece
viuda hasta que mi hijo Sela tenga edad suficiente para casarse contigo». (Pero
en realidad, Judá no pensaba hacerlo porque temía que Sela también muriera,
igual que sus dos hermanos). Entonces Tamar regresó a vivir a la casa de sus
padres.
12 Unos
años después, murió la esposa de Judá. Cumplido el período de luto, Judá y su
amigo Hira el adulamita subieron a Timna para supervisar la esquila de sus
ovejas. 13 Alguien le dijo a Tamar: «Mira, tu
suegro sube a Timna para esquilar sus ovejas».
14 Tamar
ya sabía que Sela había crecido, pero aún no se había arreglado nada para que
ella se casara con él. Así que se quitó la ropa de viuda y se cubrió con un
velo para disfrazarse. Luego se sentó junto al camino, a la entrada de la aldea
de Enaim, la cual está rumbo a Timna. 15 Judá la
vio y creyó que era una prostituta, porque ella tenía el rostro cubierto. 16 Entonces
se detuvo y le hizo una propuesta indecente:
—Déjame tener sexo contigo—le dijo, sin darse
cuenta de que era su propia nuera.
—¿Cuánto me pagarás por tener sexo contigo? —preguntó
Tamar.
17 —Te
enviaré un cabrito de mi rebaño—prometió Judá.
—¿Pero qué me darás como garantía de que enviarás
el cabrito? —preguntó ella.
18 —¿Qué
clase de garantía quieres? —respondió él.
Ella contestó:
—Déjame tu sello de identidad junto con su
cordón, y el bastón que llevas.
Entonces Judá se los entregó. Después tuvo
relaciones sexuales con ella, y Tamar quedó embarazada. 19 Luego
ella regresó a su casa, se quitó el velo y se puso la ropa de viuda como de
costumbre.
20 Más
tarde Judá le pidió a su amigo Hira el adulamita que llevara el cabrito a la
mujer y recogiera las cosas que le había dejado como garantía, pero Hira no
pudo encontrarla. 21 Entonces preguntó a los
hombres de ese lugar:
—¿Dónde puedo encontrar a la prostituta del
templo local que se sentaba junto al camino, a la entrada de Enaim?
—Nunca hemos tenido una prostituta del templo
aquí—contestaron ellos.
22 Entonces
Hira regresó a donde estaba Judá y le dijo:
—No pude encontrarla por ninguna parte, y los
hombres de la aldea afirman que nunca ha habido una prostituta del templo
pagano en ese lugar.
23 —Entonces
deja que se quede con las cosas que le di—dijo Judá—. Envié el cabrito, tal
como acordamos, pero tú no pudiste encontrarla. Si regresamos a buscarla,
seremos el hazmerreír del pueblo.
24 Unos
tres meses después, le dijeron a Judá:
—Tu nuera Tamar se ha comportado como una
prostituta y ahora, como consecuencia, está embarazada.
—¡Sáquenla y quémenla! —ordenó Judá.
25 Pero
cuando la sacaban para matarla, ella envió el siguiente mensaje a su suegro:
«El dueño de estas cosas fue quien me dejó embarazada. Fíjese bien. ¿De quién
son este sello, este cordón y este bastón?».
26 Judá
los reconoció enseguida y dijo:
—Ella es más justa que yo, porque no arreglé que
ella se casara con mi hijo Sela.
Y Judá nunca más volvió a acostarse con Tamar.
27 Cuando
llegó el tiempo de que Tamar diera a luz, se descubrió que esperaba
gemelos. 28 Durante el parto, uno de los niños sacó
la mano, entonces la partera le ató un hilo rojo en la muñeca y anunció: «Este
salió primero». 29 Pero luego el niño metió la mano
de vuelta, ¡y salió primero su hermano! Entonces la partera exclamó: «¡Vaya!
¿Cómo hiciste para abrirte brecha y salir primero?». Y lo llamaron Fares. 30 Luego
nació el niño que llevaba el hilo rojo en la muñeca, y lo llamaron Zera.
José en la casa de Potifar
39 Cuando
los mercaderes ismaelitas llevaron a José a Egipto, lo vendieron a Potifar, un
oficial egipcio. Potifar era capitán de la guardia del faraón, rey de Egipto.
2 El Señor estaba
con José, por eso tenía éxito en todo mientras servía en la casa de su amo
egipcio. 3 Potifar lo notó y se dio cuenta de que
el Señor estaba con José, y le daba éxito en todo lo que hacía. 4 Eso
agradó a Potifar, quien pronto nombró a José su asistente personal. Lo puso a
cargo de toda su casa y de todas sus posesiones. 5 Desde
el día en que José quedó encargado de la casa y de las propiedades de su amo,
el Señor comenzó a bendecir la casa de Potifar por causa de José.
Todos los asuntos de la casa marchaban bien, y las cosechas y los animales
prosperaron. 6 Pues Potifar le dio a José total y
completa responsabilidad administrativa sobre todas sus posesiones. Con José a
cargo, Potifar no se preocupaba por nada, ¡excepto qué iba a comer!
José era un joven muy apuesto y bien
fornido, 7 y la esposa de Potifar pronto comenzó a
mirarlo con deseos sexuales.
—Ven y acuéstate conmigo—le ordenó ella.
8 Pero
José se negó:
—Mire—le contestó—, mi amo confía en mí y me puso
a cargo de todo lo que hay en su casa. 9 Nadie aquí
tiene más autoridad que yo. Él no me ha negado nada, con excepción de usted,
porque es su esposa. ¿Cómo podría yo cometer semejante maldad? Sería un gran
pecado contra Dios.
10 Día
tras día, ella seguía presionando a José, pero él se negaba a acostarse con
ella y la evitaba tanto como podía. 11 Cierto día,
sin embargo, José entró a hacer su trabajo y no había nadie más allí. 12 Ella
llegó, lo agarró del manto y le ordenó: «¡Vamos, acuéstate conmigo!». José se
zafó de un tirón, pero dejó su manto en manos de ella al salir corriendo de la
casa.
13 Cuando
ella vio que tenía el manto en las manos y que él había huido, 14 llamó
a sus siervos. Enseguida todos los hombres llegaron corriendo. «¡Miren! —dijo
ella—. ¡Mi esposo ha traído aquí a este esclavo hebreo para que nos deje en
ridículo! Él entró en mi cuarto para violarme, pero yo grité. 15 Cuando
me oyó gritar, salió corriendo y se escapó, pero dejó su manto en mis manos».
16 Ella
se quedó con el manto hasta que su esposo regresó a la casa. 17 Luego
le contó su versión de lo sucedido: «Ese esclavo hebreo que trajiste a nuestra
casa intentó entrar y aprovecharse de mí; 18 pero,
cuando grité, ¡salió corriendo y dejó su manto en mis manos!».
José es encarcelado
19 Potifar
se enfureció cuando oyó el relato de su esposa acerca de cómo José la había
tratado. 20 Entonces agarró a José y lo metió en la
cárcel donde estaban los presos del rey. José quedó allí, 21 pero
el Señor estaba con José en la cárcel y le mostró su fiel amor.
El Señor hizo que José fuera el preferido del encargado de la
cárcel. 22 Poco después el director puso a José a
cargo de los demás presos y de todo lo que ocurría en la cárcel. 23 El
encargado no tenía de qué preocuparse, porque José se ocupaba de todo.
El Señor estaba con él y lo prosperaba en todo lo que hacía.
José interpreta dos sueños
40 Pasado
un tiempo, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos del faraón
ofendieron a su señor, el rey. 2 El faraón se enojó
con esos dos funcionarios 3 y los puso en la cárcel
donde estaba José, en el palacio del capitán de la guardia. 4 Ellos
permanecieron en la cárcel durante mucho tiempo, y el capitán de la guardia los
asignó a José, quien se ocupaba de ellos.
5 Una
noche, mientras estaban en la cárcel, el copero y el panadero del faraón
tuvieron cada uno un sueño, y cada sueño tenía su propio significado. 6 Cuando
José los vio a la mañana siguiente, notó que los dos parecían preocupados.
7 —¿Por
qué se ven tan preocupados hoy? —les preguntó.
8 —Anoche
los dos tuvimos sueños—contestaron ellos—, pero nadie puede decirnos lo que
significan.
—La interpretación de los sueños es asunto de
Dios—respondió José—. Vamos, cuéntenme lo que soñaron.
9 Entonces
el jefe de los coperos fue el primero en contarle su sueño a José.
—En mi sueño—dijo él—, vi una vid delante de
mí. 10 La vid tenía tres ramas, las cuales
comenzaron a brotar y a florecer y, en poco tiempo, produjo racimos de uvas
maduras. 11 Yo tenía la copa del faraón en mi mano,
entonces tomé un racimo de uvas y exprimí el jugo en la copa. Después puse la
copa en la mano del faraón.
12 —El
sueño significa lo siguiente—dijo José—: las tres ramas representan tres
días; 13 dentro de tres días, el faraón te
levantará y te pondrá nuevamente en tu puesto como jefe de sus coperos. 14 Te
pido que te acuerdes de mí y me hagas un favor cuando las cosas te vayan bien.
Háblale de mí al faraón, para que me saque de este lugar. 15 Pues
me trajeron secuestrado desde mi tierra, la tierra de los hebreos, y ahora
estoy aquí en la cárcel, aunque no hice nada para merecerlo.
16 Cuando
el jefe de los panaderos vio que José había dado una interpretación tan
positiva del primer sueño, le dijo a José:
—Yo también tuve un sueño. En mi sueño, había
tres canastas de pasteles blancos sobre mi cabeza. 17 En
la canasta de arriba había todo tipo de pasteles para el faraón, pero llegaron
las aves y se los comieron de la canasta que estaba sobre mi cabeza.
18 —El
sueño significa lo siguiente—le dijo José—: las tres canastas también
representan tres días. 19 En tres días, el faraón
te levantará y atravesará tu cuerpo con un poste; luego las aves llegarán y
picotearán tu carne.
20 Tres
días después era el cumpleaños del faraón, quien preparó un banquete para todos
sus funcionarios y su personal. Así que llamó al jefe de sus coperos y al jefe de
sus panaderos para que se unieran a los demás funcionarios. 21 Entonces
restituyó al jefe de los coperos a su cargo anterior, para que volviera a
entregar al faraón su copa. 22 Pero el faraón
atravesó al jefe de los panaderos con un poste, tal como José había predicho
cuando le interpretó el sueño. 23 Sin embargo, el
jefe de los coperos del faraón se olvidó de José por completo y nunca más
volvió a pensar en él.
SALMOS 12
Para el director del coro: salmo de
David; acompáñese con instrumento de ocho cuerdas.
12 ¡Auxilio,
oh Señor, porque los justos desaparecen con rapidez!
¡Los fieles se han esfumado de la tierra!
2 Los vecinos se mienten unos a otros:
se halagan con la lengua y se engañan con el corazón.
3 Que el Señor les corte esos labios
aduladores
y silencie sus lenguas jactanciosas.
4 «Mintamos todo lo que queramos—dicen—.
Son nuestros los labios; ¿quién puede detenernos?».
5 El Señor responde:
«He visto violencia contra los indefensos
y he oído el gemir de los pobres.
Ahora me levantaré para rescatarlos
como ellos anhelaron que hiciera».
6 Las promesas del Señor son puras
como la plata refinada en el horno,
purificada siete veces.
7 Por lo tanto, Señor, sabemos que protegerás a los
oprimidos;
los guardarás para siempre de esta generación
mentirosa,
8 aunque los malvados anden pavoneándose
y se alabe el mal por toda la tierra.
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
Leer la Biblia con sabiduría requiere que
conozcamos los antiguos estilos literarios utilizados por los autores bíblicos.
Estos autores expresaron sus ideas y realizaron declaraciones mediante diversos
tipos de literatura; este video explorará por qué es importante distinguir
dichos tipos de literatura para poder escuchar el mensaje de estos autores en
sus propios términos.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”