Julio 16 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 176
JEREMÍAS 30 –
Promesas de liberación
30 El Señor le
dio otro mensaje a Jeremías. Le dijo: 2 «Esto dice
el Señor, Dios de Israel: Jeremías, anota en un registro cada cosa que te
he dicho. 3 Pues se acerca la hora cuando
restableceré el bienestar de mi pueblo, Israel y Judá. Los traeré a casa, a
esta tierra que di a sus antepasados, y volverán a poseerla. ¡Yo,
el Señor, he hablado!».
4 Este
es el mensaje que dio el Señor con relación a Israel y Judá. 5 Esto
dice el Señor:
«Oigo gritos de temor;
hay terror y no hay paz.
6 Déjenme hacerles una pregunta:
¿Acaso los varones dan a luz?
¿Entonces por qué están parados allí con sus caras pálidas
y con las manos apoyadas sobre el vientre
como una mujer en parto?
7 En toda la historia nunca ha habido un tiempo de
terror como este.
Será un tiempo de angustia para mi pueblo Israel.
¡Pero al final será salvo!
8 Pues en ese día
—dice el Señor de los Ejércitos Celestiales—,
quebraré el yugo de sus cuellos
y romperé sus cadenas.
Los extranjeros no serán más sus amos.
9 Pues mi pueblo servirá
al Señor su Dios
y a su rey, descendiente de David,
el rey que yo le levantaré.
10 »Así
que no temas, Jacob, mi siervo;
no te dejes abatir, Israel
—dice el Señor—.
Pues desde tierras lejanas los traeré de regreso a casa,
y sus hijos regresarán del destierro.
Israel regresará a una vida de paz y tranquilidad,
y nadie lo atemorizará.
11 Yo estoy contigo y te salvaré
—dice el Señor—.
Destruiré por completo a las naciones entre las cuales te esparcí,
pero a ti no te destruiré por completo.
Te disciplinaré, pero con justicia;
no puedo dejarte sin castigo».
12 Esto
dice el Señor:
«Tu lesión es incurable,
una herida terrible.
13 No hay nadie que te ayude
ni que vende tu herida.
Ningún medicamento puede curarte.
14 Todos tus amantes, tus aliados, te han abandonado
y ya no se interesan por ti.
Te he herido cruelmente
como si fuera tu enemigo.
Pues tus pecados son muchos
y tu culpa es grande.
15 ¿Por qué te quejas de tu castigo,
de esta herida que no tiene cura?
He tenido que castigarte
porque tus pecados son muchos
y tu culpa es grande.
16 »Pero
todos los que te devoran serán devorados,
y todos tus enemigos serán enviados al destierro.
Todos los que te saquean serán saqueados,
y todos los que te atacan serán atacados.
17 Te devolveré la salud
y sanaré tus heridas—dice el Señor—,
aunque te llamen desechada, es decir,
“Jerusalén, de quien nadie se interesa”».
18 Esto
dice el Señor:
«Cuando del cautiverio traiga a Israel de regreso a casa
y cuando restablezca su bienestar,
Jerusalén será reedificada sobre sus ruinas
y el palacio reconstruido como antes.
19 Habrá alegría y canciones de acción de gracias,
y multiplicaré a mi pueblo, no lo reduciré;
lo honraré, no lo despreciaré.
20 Sus hijos prosperarán como en
el pasado.
Los estableceré como una nación delante de mí,
y castigaré a cualquiera que les haga daño.
21 Volverán a tener su propio gobernante,
quien surgirá de entre ellos mismos.
Lo invitaré a que se acerque a mí—dice el Señor—,
porque ¿quién se atrevería a acercarse sin ser
invitado?
22 Ustedes serán mi pueblo
y yo seré su Dios».
23 ¡Miren!
El enojo del Señor estalla como una tormenta,
un viento devastador que se arremolina sobre las
cabezas de los perversos.
24 La ira feroz del Señor no disminuirá
hasta que haya terminado con todo lo que él tiene
pensado.
En los días futuros
ustedes entenderán todo esto.
Esperanza de restauración
31 «En
ese día—dice el Señor—, seré el Dios de todas las familias de Israel, y
ellas serán mi pueblo. 2 Esto dice el Señor:
»Los que sobrevivan de la destrucción venidera
encontrarán bendiciones aun en las tierras áridas,
porque al pueblo de Israel le daré descanso».
3 Hace
tiempo el Señor le dijo a Israel:
«Yo te he amado, pueblo mío, con un amor eterno.
Con amor inagotable te acerqué a mí.
4 Yo te reedificaré, mi virgen Israel.
Volverás a ser feliz
y con alegría danzarás con las panderetas.
5 De nuevo plantarás tus viñedos sobre las montañas de
Samaria
y allí comerás de tus propios huertos.
6 Llegará el día cuando los centinelas gritarán
desde la zona montañosa de Efraín:
“Vengan, subamos a Jerusalén
a adorar al Señor nuestro Dios”».
7 Ahora
esto dice el Señor:
«Canten con alegría por Israel.
¡Griten por la mejor de las naciones!
Griten de alabanza y alegría:
“¡Salva a tu pueblo, oh Señor,
el remanente de Israel!”.
8 Pues los traeré del norte
y de los extremos más lejanos de la tierra.
No me olvidaré del ciego ni del cojo,
ni de las mujeres embarazadas ni de las que están en
trabajo de parto.
¡Volverá un enorme grupo!
9 Por sus rostros correrán lágrimas de alegría,
y con mucho cuidado los guiaré a casa.
Caminarán junto a arroyos quietos
y por caminos llanos donde no tropezarán.
Pues soy el padre de Israel,
y Efraín es mi hijo mayor.
10 »Ustedes,
naciones del mundo,
escuchen este mensaje del Señor;
proclámenlo en las costas lejanas:
El Señor, quien dispersó a su pueblo,
lo reunirá y lo cuidará
como hace un pastor con su rebaño.
11 Pues el Señor ha rescatado a Israel
de manos más fuertes.
12 Vendrán a su tierra y entonarán canciones de alegría
en las alturas de Jerusalén.
Estarán radiantes debido a los buenos regalos
del Señor:
abundancia de grano, vino nuevo y aceite de oliva,
y los rebaños y las manadas saludables.
Su vida será como un jardín bien regado,
y desaparecerán todas sus tristezas.
13 Las jóvenes danzarán de alegría,
y los hombres—jóvenes y viejos—se unirán a la
celebración.
Convertiré su duelo en alegría.
Los consolaré y cambiaré su aflicción en regocijo.
14 Los sacerdotes disfrutarán de la abundancia,
y mi pueblo se saciará de mis buenos regalos.
¡Yo, el Señor, he hablado!».
La tristeza de Raquel se torna en
alegría
15 Esto
dice el Señor:
«En Ramá se oye una voz:
profunda angustia y llanto amargo.
Raquel llora por sus hijos;
se niega a que la consuelen,
porque sus hijos se han ido».
16 Pero
ahora esto dice el Señor:
«No llores más,
porque te recompensaré—dice el Señor—.
Tus hijos volverán a ti
desde la tierra lejana del enemigo.
17 Hay esperanza para tu futuro—dice el Señor—.
Tus hijos volverán a su propia tierra.
18 Oí a Israel decir:
“Me disciplinaste severamente,
como a un becerro que necesita ser entrenado para el
yugo.
Hazme volver a ti y restáurame,
porque solo tú eres el Señor mi Dios.
19 Me aparté de Dios,
pero después tuve remordimiento.
¡Me di golpes por haber sido tan estúpido!
Estaba profundamente avergonzado por todo lo que hice
en los días de mi juventud”.
20 »¿No
es aún Israel mi hijo,
mi hijo querido?—dice el Señor—.
A menudo tengo que castigarlo,
pero aun así lo amo.
Por eso mi corazón lo anhela
y ciertamente le tendré misericordia.
21 Pon señales en el camino;
coloca postes indicadores.
Marca bien el camino
por el que viniste.
Regresa otra vez, mi virgen Israel;
regresa aquí a tus ciudades.
22 ¿Hasta cuándo vagarás,
mi hija descarriada?
Pues el Señor hará que algo nuevo suceda:
Israel abrazará a su Dios».
23 Esto
dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: «Cuando
los traiga de regreso del cautiverio, el pueblo de Judá y sus ciudades volverán
a decir: “¡El Señor te bendiga, oh casa de rectitud, oh monte
santo!”. 24 Tanto la gente de la ciudad como los
agricultores y los pastores vivirán juntos en paz y felicidad. 25 Pues
le he dado descanso al fatigado y al afligido, alegría».
26 Al
oír esto, me desperté y miré a mi alrededor. Mi sueño había sido muy dulce.
27 «Se
acerca el día—dice el Señor—, cuando aumentaré en gran manera la población
humana y el número de los animales en Israel y Judá. 28 En
el pasado con determinación desarraigué y derribé a esta nación. La derroqué,
la destruí y sobre ella traje el desastre; pero en el futuro con la misma
determinación la plantaré y la edificaré. ¡Yo, el Señor, he hablado!
29 »El
pueblo ya no citará este proverbio:
“Los padres comieron uvas agrias,
pero la boca de sus hijos se frunce por el sabor”.
30 Cada
persona morirá por sus propios pecados, los que coman las uvas agrias serán los
que tengan la boca fruncida.
31 »Se
acerca el día—dice el Señor—, en que haré un nuevo pacto con el pueblo de
Israel y de Judá. 32 Este pacto no será como el que
hice con sus antepasados cuando los tomé de la mano y los saqué de la tierra de
Egipto. Ellos rompieron ese pacto, a pesar de que los amé como un hombre ama a
su esposa», dice el Señor.
33 «Pero
este es el nuevo pacto que haré con el pueblo de Israel después de esos
días—dice el Señor—. Pondré mis instrucciones en lo más profundo de ellos
y las escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. 34 Y
no habrá necesidad de enseñar a sus vecinos ni habrá necesidad de enseñar a sus
parientes diciendo: “Deberías conocer al Señor”. Pues todos ya me
conocerán, desde el más pequeño hasta el más grande—dice el Señor—.
Perdonaré sus maldades y nunca más me acordaré de sus pecados».
35 Es
el Señor quien provee el sol para alumbrar el día
y la luna y las estrellas para alumbrar la noche,
y agita el mar y hace olas rugientes.
Su nombre es el Señor de los Ejércitos Celestiales,
y esto es lo que dice:
36 «¡Igual de improbable es que anule las leyes de la
naturaleza
como que rechace a mi pueblo Israel!».
37 Esto dice el Señor:
«Así como no se pueden medir los cielos
ni explorar los fundamentos de la tierra,
así tampoco consideraré echarlos fuera
por las maldades que han hecho.
¡Yo, el Señor, he hablado!
38 »Se
acerca el día—dice el Señor—, cuando toda Jerusalén será reconstruida para
mí, desde la torre de Hananeel hasta la puerta de la Esquina. 39 Se
extenderá una cuerda de medir sobre la colina de Gareb hasta Goa 40 y
el área entera—incluidos el cementerio y el basurero de cenizas en el valle, y
todos los campos en el oriente hasta el valle de Cedrón y hasta la puerta de
los Caballos—será santa al Señor. Nunca más la ciudad será conquistada ni
destruida».
Jeremías compra un terreno
32 Jeremías
recibió el siguiente mensaje del Señor en el décimo año del reinado
de Sedequías, rey de Judá. También era el año dieciocho del reinado de
Nabucodonosor. 2 Para entonces, Jerusalén estaba
sitiada por el ejército babilónico y Jeremías estaba preso en el patio de la
guardia del palacio real. 3 El rey Sedequías lo
había puesto allí, y preguntaba por qué Jeremías seguía dando esta profecía:
«Esto dice el Señor: “Estoy a punto de entregar esta ciudad al rey de
Babilonia, y él la tomará. 4 El rey Sedequías será
capturado por los babilonios y llevado a encontrarse cara a cara con el
rey de Babilonia. 5 Él llevará a Sedequías a
Babilonia y allí me ocuparé de él—dice el Señor—. Si ustedes pelean contra
los babilonios, no vencerán”».
6 En
ese tiempo el Señor me envió un mensaje. Me dijo: 7 «Tu
primo Hanameel, hijo de Salum, vendrá y te dirá: “Compra mi terreno en Anatot.
Por ley tienes derecho a comprarlo antes de que lo ofrezca a algún otro”».
8 Entonces,
así como el Señor dijo que haría, mi primo Hanameel vino y me visitó
en la cárcel. Me dijo: «Por favor, compra mi terreno en Anatot en la tierra de
Benjamín. Por ley tienes el derecho de comprarlo antes de que lo ofrezca a
algún otro, así que cómpralo para ti». Entonces supe que el mensaje que había
oído era del Señor.
9 Así
que compré el terreno en Anatot pagándole a Hanameel diecisiete piezas de
plata. 10 Firmé y sellé la escritura de compra
delante de testigos, pesé la plata y le pagué. 11 Entonces
tomé la escritura sellada y una copia de la escritura no sellada con los
términos y condiciones de la compra, 12 y se las di
a Baruc, hijo de Nerías y nieto de Maaseías. Hice todo esto en presencia de mi
primo Hanameel, de los testigos que firmaron la escritura y de todos los
hombres de Judá que estaban allí en el patio de la guardia.
13 Entonces
le dije a Baruc mientras todos escuchaban: 14 «Esto
dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Toma
tanto la escritura sellada como la copia no sellada y ponlas en una vasija de
barro para preservarlas por largo tiempo”. 15 Pues
esto dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel:
“Algún día de nuevo habrá dueños de estos terrenos que comprarán y venderán
casas, viñedos y campos”».
Oración de Jeremías
16 Después
que le di los documentos a Baruc, oré al Señor:
17 «¡Oh Señor Soberano!
Hiciste los cielos y la tierra con tu mano fuerte y tu brazo poderoso. ¡Nada es
demasiado difícil para ti! 18 Muestras un amor
inagotable a miles, pero también haces recaer las consecuencias del pecado de
una generación sobre la siguiente. Tú eres el Dios grande y poderoso,
el Señor de los Ejércitos Celestiales. 19 Tú
posees toda la sabiduría y haces grandes y maravillosos milagros. Ves la
conducta de todas las personas y les das lo que se merecen. 20 Realizaste
señales milagrosas y maravillas en la tierra de Egipto, ¡cosas que se recuerdan
hasta el día de hoy! Y sigues haciendo grandes milagros en Israel y en todo el
mundo. Así has hecho que tu nombre sea famoso hasta el día de hoy.
21 »Tú
sacaste a Israel de Egipto con señales poderosas y maravillas, con mano fuerte
y brazo poderoso, y con un terror aplastante. 22 Le
diste al pueblo de Israel esta tierra que habías prometido hace mucho tiempo a
sus antepasados, tierra donde fluyen la leche y la miel. 23 Nuestros
antepasados vinieron, la conquistaron y vivieron en ella, pero rehusaron
obedecerte o seguir tu palabra. No hicieron nada de lo que les ordenaste. Por
eso enviaste este terrible desastre sobre ellos.
24 »¡Miren
cómo han construido rampas de asalto contra las murallas de la ciudad! Por
medio de guerra, hambre y enfermedad la ciudad será entregada a los babilonios,
que la conquistarán. Todo ha sucedido tal como lo dijiste. 25 Y
aun así, oh Señor Soberano, me has ordenado comprar el terreno—hasta
pagué mucho dinero en presencia de estos testigos—aunque la ciudad pronto será
entregada a los babilonios».
Predicción de la caída de Jerusalén
26 Después
Jeremías recibió el siguiente mensaje del Señor: 27 «Yo
soy el Señor, Dios de todos los pueblos del mundo. ¿Hay algo demasiado
difícil para mí? 28 Por lo tanto, esto dice
el Señor: entregaré esta ciudad a los babilonios y a Nabucodonosor, rey de
Babilonia, y él la conquistará. 29 Los babilonios
que están fuera de las murallas entrarán y prenderán fuego a la ciudad.
Quemarán por completo todas estas casas, donde el pueblo provocó mi enojo al
quemar incienso a Baal en las azoteas y al derramar ofrendas líquidas a otros
dioses. 30 Desde su comienzo Israel y Judá solo han
hecho lo malo. Me han enfurecido con todas sus malas acciones—dice
el Señor—. 31 Desde el día que se construyó
esta ciudad hasta ahora no han hecho más que enojarme, así que estoy decidido a
deshacerme de ella.
32 »Los
pecados de Israel y de Judá—los pecados de la gente de Jerusalén, de los reyes,
de los funcionarios, de los sacerdotes y de los profetas—han provocado mi
enojo. 33 Mi pueblo me ha dado la espalda y no
quiere regresar. A pesar de que les he enseñado con diligencia, no aceptaron la
instrucción ni obedecieron. 34 Levantaron sus
ídolos abominables justo en mi propio templo, y así lo profanaron. 35 Edificaron
santuarios paganos a Baal en el valle de Ben-hinom y allí sacrifican a sus
hijos e hijas a Moloc. Jamás ordené un acto tan horrendo; ¡ni siquiera me pasó
por la mente ordenar semejante cosa! ¡Qué maldad tan increíble la que hizo que
Judá pecara tanto!
Promesa de restauración
36 »Ahora
quiero decir algo más acerca de esta ciudad. Ustedes han estado diciendo: “La
ciudad caerá ante el rey de Babilonia por guerra, hambre y enfermedad”; pero
esto dice el Señor, Dios de Israel: 37 ciertamente
traeré de regreso a mi pueblo de todos los países adonde lo esparcí en mi
furor. Lo traeré de regreso a esta misma ciudad para que viva en paz y
seguridad. 38 Ellos serán mi pueblo y yo seré su
Dios. 39 Les daré un solo corazón y un solo
propósito: adorarme para siempre para su propio bien y el bien de todos sus
descendientes. 40 Y haré un pacto eterno con ellos:
nunca dejaré de hacerles bien. Pondré en el corazón de ellos el deseo de
adorarme, y nunca me dejarán. 41 Me gozaré en
hacerles bien, y con fidelidad y de todo corazón los volveré a plantar en esta
tierra.
42 »Esto
dice el Señor: así como traje todas estas calamidades sobre ellos, así
haré todo el bien que les he prometido. 43 Se
volverán a comprar y a vender terrenos en esta tierra de la que ahora ustedes
dicen: “Ha sido arrasada por los babilonios, es una tierra desolada de donde la
gente y los animales han desaparecido”. 44 Es
cierto, otra vez se comprarán y venderán terrenos—con escrituras firmadas y
selladas frente a testigos—en la tierra de Benjamín y aquí en Jerusalén, en las
ciudades de Judá y en la zona montañosa, en las colinas de Judá y también
en el Neguev. Pues algún día les devolveré la prosperidad. ¡Yo, el Señor,
he hablado!».
SALMOS 21
Para el director del coro: salmo de
David.
21 ¡Cuánto
se alegra el rey en tu fuerza, oh Señor!
Grita de alegría porque tú le das la victoria.
2 Pues le diste el deseo de su corazón;
no le has negado nada de lo que te ha pedido. Interludio
3 Le
das la bienvenida con éxito y prosperidad;
le colocaste una corona del oro más puro sobre la
cabeza.
4 Te pidió que le preservaras la vida,
y le concediste su petición;
los días de su vida se alargan para siempre.
5 Tu victoria le da mucha honra,
y lo has vestido de esplendor y majestad.
6 Lo has dotado de bendiciones eternas
y le has dado la alegría de tu presencia.
7 Pues el rey confía en el Señor;
el amor inagotable del Altísimo cuidará que no
tropiece.
8 Capturarás
a todos tus enemigos;
con tu poderosa mano derecha atraparás a todos los que
te odian.
9 Cuando te manifiestes,
los arrojarás a un horno en llamas.
En su enojo el Señor los consumirá;
el fuego los devorará.
10 Borrarás a sus hijos de la faz de la tierra;
nunca tendrán descendientes.
11 Aunque conspiren contra ti,
sus maquinaciones malignas jamás prosperarán.
12 Pues se darán vuelta y saldrán corriendo
cuando vean que tus flechas apuntan hacia ellos.
13 Levántate, oh Señor, en tu poder;
con música y cánticos celebramos tus poderosos actos.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”