Julio 22 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 182
JEREMÍAS 51 – 52
51 Esto
dice el Señor:
«Incitaré a un destructor contra Babilonia
y contra la gente de Babilonia.
2 Vendrán extranjeros y la aventarán;
la soplarán como si fuera paja.
Vendrán de todos lados
para levantarse contra ella en su día de tribulación.
3 No dejen que los arqueros se pongan sus armaduras
ni que tensen sus arcos.
¡No perdonen la vida ni siquiera a sus mejores soldados!
Que su ejército sea completamente destruido.
4 Caerán muertos en la tierra de los babilonios,
acuchillados en sus calles.
5 Pues el Señor de los Ejércitos Celestiales
no ha abandonado a Israel ni a Judá.
Todavía es su Dios,
aunque su tierra se llenó de pecado
contra el Santo de Israel».
6 ¡Huyan
de Babilonia! ¡Sálvense a sí mismos!
¡No queden atrapados en su castigo!
Es el tiempo de la venganza del Señor;
él le dará su merecido.
7 Babilonia ha sido como copa de oro en las manos
del Señor,
copa que hizo emborrachar a todo el mundo.
Las naciones bebieron del vino de Babilonia
y se enloquecieron.
8 Pero repentinamente, cayó también Babilonia.
Lloren por ella.
Denle medicina;
quizá todavía pueda sanarse.
9 La habríamos ayudado si hubiéramos podido,
pero ya nada se puede hacer por ella.
Déjenla ir; abandónenla.
Regresen ahora a su propio país.
Pues su castigo llega hasta los cielos;
es tan grande que no se puede medir.
10 El Señor nos ha hecho justicia.
Vengan, anunciemos en Jerusalén
todo lo que hizo el Señor nuestro Dios.
11 ¡Afilen
las flechas!
¡Alcen los escudos!
Pues el Señor ha incitado a los reyes de Media
a que marchen contra Babilonia y la destruyan.
Esta es su venganza contra los que
profanaron su templo.
12 ¡Levanten la bandera de guerra contra Babilonia!
Refuercen la guardia y pongan centinelas.
Preparen la emboscada
porque el Señor llevará a cabo todos sus
planes contra Babilonia.
13 Tú eres una ciudad junto a un gran río,
un gran centro comercial,
pero tu fin ha llegado.
Se cortó el hilo de tu vida.
14 El Señor de los Ejércitos Celestiales hizo
este voto
y lo juró por su propio nombre:
«Tus ciudades se llenarán de enemigos,
como campos plagados de langostas,
y cantarán victoria sobre ti».
Himno de alabanza al Señor
15 El Señor hizo
la tierra con su poder
y la preserva con su sabiduría.
Con su propia inteligencia
desplegó los cielos.
16 Cuando habla en los truenos,
los cielos rugen con lluvia.
Él hace que las nubes se levanten sobre la tierra.
Envía el relámpago junto con la lluvia
y suelta el viento de sus depósitos.
17 ¡Toda
la raza humana es necia y le falta conocimiento!
Los artesanos quedan deshonrados por los ídolos que
hacen,
porque sus obras hechas con tanto esmero son un fraude.
Estos ídolos no tienen ni aliento ni poder.
18 Los ídolos son inútiles; ¡son mentiras ridículas!
En el día del juicio todos serán destruidos.
19 ¡Pero el Dios de Israel no es ningún ídolo!
Él es el Creador de todo lo que existe,
incluido su pueblo, su posesión más preciada.
¡El Señor de los Ejércitos Celestiales es su
nombre!
Gran castigo de Babilonia
20 «Tú eres
mi hacha de guerra y mi espada
—dice el Señor—.
Contigo destrozaré naciones
y destruiré muchos reinos.
21 Contigo destrozaré ejércitos,
destruiré al caballo y al jinete,
al carro de guerra y al conductor.
22 Contigo destrozaré a hombres y a mujeres,
a ancianos y a niños,
a muchachos y a jovencitas.
23 Contigo destrozaré a pastores y rebaños,
a campesinos y bueyes,
a capitanes y a oficiales.
24 »Le
daré a Babilonia y a sus habitantes
el pago que se merecen
por todo el mal que le hizo
a mi pueblo en Jerusalén», dice el Señor.
25 «¡Mira,
oh poderosa montaña, destructora de la tierra!
Yo soy tu enemigo—dice el Señor—.
Levantaré mi puño contra ti,
para derribarte desde las cumbres.
Cuando termine contigo,
no serás más que un montón de escombros quemados.
26 Para siempre quedarás desolada;
aun tus piedras no volverán a usarse para construir.
Te aniquilarán por completo»,
dice el Señor.
27 Levanten
una bandera de señales a las naciones.
¡Hagan sonar el grito de guerra!
Movilicen a todas contra Babilonia.
¡Prepárenlas para luchar contra ella!
Convoquen a los ejércitos de Ararat, Mini y Askenaz.
¡Nombren a un comandante
y traigan una multitud de caballos como una nube de
langostas!
28 Levanten contra ella a los ejércitos de las naciones
dirigidos por los reyes de Media
y por todos sus capitanes y oficiales.
29 La
tierra tiembla y se retuerce de dolor,
porque todos los planes del Señor contra
Babilonia no han cambiado.
Babilonia quedará desolada, sin un solo habitante.
30 Sus guerreros más poderosos
ya no luchan más.
Permanecen en sus cuarteles, sin valentía;
se volvieron como mujeres.
Los invasores quemaron las casas
y derribaron las puertas de la ciudad.
31 Las noticias se transmiten de un mensajero al otro,
al paso que los mensajeros se apuran a avisarle al rey
que la ciudad ha sido tomada.
32 Se han cortado todas las rutas de fuga.
Los pantanos están en llamas
y el ejército se llenó de pánico.
33 Esto
dice el Señor de los Ejércitos Celestiales,
Dios de Israel:
«Babilonia es como el trigo en el campo de trillar
a punto de ser pisoteado.
Dentro de poco,
comenzará la cosecha».
34 «Nabucodonosor, rey
de Babilonia, nos devoró, nos aplastó
y nos dejó sin fuerzas.
Nos tragó como un gran monstruo
y llenó su barriga con nuestras riquezas.
Nos echó de nuestro propio país.
35 Hagan que Babilonia sufra como nos hizo sufrir a
nosotros
—dice la gente de Sion—.
Hagan que el pueblo de Babilonia pague por derramar nuestra sangre»,
dice Jerusalén.
Venganza del Señor sobre
Babilonia
36 Esto
dice el Señor a Jerusalén:
«Yo seré tu abogado para defender tu causa
y te vengaré.
Secaré su río,
tal como sus fuentes de agua,
37 y Babilonia se convertirá en un montón de ruinas,
frecuentada por chacales.
Será objeto de horror y menosprecio,
un lugar donde no vive nadie.
38 Sus habitantes rugirán juntos como leones fuertes;
gruñirán como cachorros de león.
39 Y mientras estén sonrojados por el vino,
les prepararé otra clase de banquete.
Los haré beber hasta que se duerman
y nunca se despertarán
—dice el Señor—.
40 Los llevaré
como a corderos al matadero,
como a carneros y chivos para el sacrificio.
41 »¡Cómo
ha caído Babilonia,
la gran Babilonia, aclamada en toda la tierra!
Ahora se ha convertido en objeto de horror
entre las naciones.
42 El mar ha subido sobre Babilonia;
está cubierta por las violentas olas.
43 Sus ciudades ahora quedan en ruinas;
es una árida tierra baldía
donde no vive nadie, ni nadie pasa por allí.
44 Entonces yo castigaré a Bel, el dios de Babilonia,
y haré que vomite todo lo que se comió.
Nunca más las naciones vendrán a rendirle culto.
¡La muralla de Babilonia ha caído!
Mensaje a los desterrados
45 »Sal,
pueblo mío, huye de Babilonia.
¡Sálvense! Huyan del terrible enojo del Señor.
46 Pero no tengan pánico ni temor
cuando oigan los primeros rumores de que se acercan los
soldados.
Pues los rumores seguirán llegando año tras año.
Estallará la violencia en la tierra
en tanto los líderes se peleen unos contra otros.
47 Pues ciertamente se acerca la hora
cuando castigaré a esta gran ciudad y a todos sus
ídolos.
Toda su tierra será avergonzada,
y sus muertos caerán en las calles.
48 Entonces los cielos y la tierra se alegrarán,
porque del norte los ejércitos destructores
vendrán contra Babilonia—dice el Señor—.
49 Así como Babilonia mató a la gente de Israel
y a la gente de otros pueblos por todo el mundo,
así mismo debe morir su gente.
50 ¡Váyanse, todos ustedes que escaparon de la espada!
¡No se detengan para mirar, huyan mientras puedan!
Recuerden al Señor, aunque estén en una tierra lejana,
y piensen en su hogar en Jerusalén».
51 «Estamos
avergonzados—dicen los del pueblo—.
Estamos ofendidos y en desgracia
porque extranjeros profanaron
el templo del Señor».
52 «Sí—dice
el Señor—, pero se acerca la hora
en que destruiré los ídolos de Babilonia.
Los quejidos de la gente herida
se oirán por toda la tierra.
53 Aunque Babilonia llegue tan alto como los cielos
y haga sus fortificaciones increíblemente resistentes,
aun así yo enviaré enemigos para que la saqueen.
¡Yo, el Señor, he hablado!
Destrucción completa de Babilonia
54 »¡Escuchen!
Oigan el llanto de Babilonia,
el sonido de la gran destrucción que surge de la tierra
de los babilonios.
55 Pues el Señor destruye a Babilonia;
silenciará su vozarrón.
Oleadas de enemigos golpean contra ella;
resuenan en la ciudad los ruidos de batalla.
56 Vienen contra Babilonia ejércitos destructores.
Apresan a sus hombres valientes
y sus armas se quiebran en sus manos.
Pues el Señor es Dios que da justo castigo;
él siempre le da a cada cual su merecido.
57 Haré que sus autoridades y hombres sabios se
emborrachen,
junto con sus capitanes, oficiales y guerreros.
¡Caerán dormidos
y nunca más se despertarán!»,
dice el Rey, cuyo nombre es
el Señor de los Ejércitos Celestiales.
58 Esto
dice el Señor de los Ejércitos Celestiales:
«Las gruesas murallas de Babilonia serán arrasadas
y sus inmensas puertas serán quemadas.
¡Los constructores de muchos países han trabajado en vano
porque su obra será destruida por fuego!».
Mensaje de Jeremías enviado a
Babilonia
59 El
profeta Jeremías le dio el siguiente mensaje a Seraías, hijo de Nerías y nieto
de Maaseías, un oficial del Estado Mayor, cuando Seraías fue a Babilonia junto
con el rey Sedequías de Judá. Esto sucedió durante el cuarto año del reinado de
Sedequías. 60 Jeremías registró en un rollo todos
los terribles desastres que pronto vendrían sobre Babilonia: todas las palabras
escritas aquí. 61 Le dijo a Seraías: «Cuando
llegues a Babilonia, lee en voz alta todo lo que está en este rollo. 62 Luego
di: “Señor, tú has dicho que destruirás a Babilonia de manera que no quedarán
personas ni animales. Ella permanecerá vacía y abandonada para siempre”. 63 Cuando
hayas terminado de leer el rollo, átalo a una piedra y arrójalo al río
Éufrates. 64 Luego di: “De la misma manera
Babilonia y su pueblo se hundirán para no levantarse jamás a causa de los
desastres que traeré sobre ella”».
Aquí terminan los mensajes de Jeremías.
Caída de Jerusalén
52 Sedequías
tenía veintiún años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén once años. Su
madre se llamaba Hamutal y era hija de Jeremías, de Libna. 2 Sin
embargo, Sedequías hizo lo malo a los ojos del Señor, igual que
Joacim. 3 Estas cosas sucedieron debido al enojo
que el Señor tenía contra la gente de Jerusalén y de Judá, hasta que
finalmente los expulsó de su presencia y los envió al destierro.
Sedequías se rebeló contra el rey de
Babilonia. 4 Así que el 15 de enero, durante
el noveno año del reinado de Sedequías, Nabucodonosor, rey de Babilonia,
dirigió a todo su ejército contra Jerusalén. Rodearon la ciudad y construyeron
rampas de asalto contra las murallas. 5 Jerusalén
estuvo sitiada hasta el año once del reinado de Sedequías.
6 Hacia
el 18 de julio del año once del reinado de Sedequías, el hambre en la
ciudad ya era muy intensa y se había agotado por completo lo último que quedaba
de alimento. 7 Entonces abrieron una brecha en la
muralla de la ciudad, y todos los soldados huyeron. Como la ciudad estaba
rodeada por los babilonios, esperaron hasta la caída del sol y entonces se
deslizaron por la puerta que está entre las dos murallas detrás del jardín real
y se dirigieron al valle del Jordán.
8 Sin
embargo, las tropas babilónicas persiguieron al rey Sedequías y lo
alcanzaron en las llanuras de Jericó, porque todos sus hombres lo habían
abandonado y se habían dispersado. 9 Capturaron al
rey y lo llevaron ante el rey de Babilonia, que se encontraba en Ribla, en la
tierra de Hamat. Allí el rey de Babilonia dictó sentencia contra
Sedequías. 10 El rey de Babilonia hizo que
Sedequías observara mientras masacraba a sus hijos. También masacró a todos los
funcionarios de Judá en Ribla. 11 Luego le sacó los
ojos y lo ató con cadenas de bronce, y el rey de Babilonia lo llevó a
Babilonia. Sedequías permaneció allí en prisión hasta el día de su muerte.
Destrucción del templo
12 El
17 de agosto de ese año, que era el año diecinueve del reinado de
Nabucodonosor, llegó a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia y
funcionario del rey babilónico. 13 Quemó por
completo el templo del Señor, el palacio real y todas las casas de
Jerusalén. Destruyó todos los edificios importantes de la ciudad. 14 Después
supervisó a todo el ejército babilónico mientras derribaba por completo
las murallas de Jerusalén. 15 Entonces Nabuzaradán,
capitán de la guardia, se llevó cautivos a algunos de los más pobres, al resto
de las personas que quedaban en la ciudad, a los desertores que habían jurado
lealtad al rey de Babilonia y al resto de los artesanos; 16 pero
Nabuzaradán permitió que algunos de los más pobres se quedaran para cuidar los
viñedos y los campos.
17 Los
babilonios hicieron pedazos las columnas de bronce que estaban al frente del
templo del Señor, las carretas de bronce para llevar agua y el enorme
tazón de bronce llamado el Mar, y se llevaron todo el bronce a Babilonia. 18 También
se llevaron los recipientes para la ceniza, las palas, la despabiladera de las
lámparas, los tazones, los platos y todos los demás objetos de bronce que se
usaban para realizar los sacrificios en el templo. 19 El
capitán de la guardia también se llevó los cuencos pequeños, los recipientes
para quemar incienso, los tazones, los calderos, los candelabros, los
cucharones y las copas utilizadas para las ofrendas líquidas, y todos los demás
objetos de oro puro o de plata.
20 El
peso del bronce de las dos columnas, el Mar con los doce bueyes de bronce que
estaban debajo y las carretas para llevar agua era tanto que no podía
calcularse. Estos objetos se habían hecho para el templo del Señor en
tiempos del rey Salomón. 21 Cada columna tenía ocho
metros con treinta centímetros de alto y cinco metros y medio de
circunferencia. Eran huecas, con un grosor de ocho centímetros. 22 El
capitel de bronce en la parte superior de cada columna era de dos metros con
treinta centímetros de alto y estaba decorado alrededor con una red de
granadas hecha de bronce. 23 Había noventa y seis
granadas a los lados, y un total de cien granadas en la red alrededor de la
parte superior.
24 Nabuzaradán,
capitán de la guardia, se llevó consigo como prisioneros al sumo sacerdote
Seraías, al sacerdote de segundo rango Sofonías, y a los tres porteros
principales. 25 De la gente que seguía escondida en
la ciudad, se llevó a un oficial que había estado al mando del ejército judío,
a siete de los consejeros personales del rey, al secretario principal del
comandante del ejército, quien estaba a cargo del reclutamiento, y a otros
sesenta ciudadanos. 26 Nabuzaradán, capitán de la
guardia, los llevó a todos ante el rey de Babilonia, que se encontraba en
Ribla. 27 Allí, en Ribla, en la tierra de Hamat, el
rey de Babilonia mandó que los ejecutara a todos. Así que el pueblo de Judá fue
expulsado de su tierra y llevado al destierro.
28 El
número de cautivos llevados a Babilonia en el séptimo año del reinado de
Nabucodonosor fue de tres mil veintitrés. 29 Más
adelante, en el año dieciocho de Nabucodonosor, se llevó a ochocientos
treinta y dos más. 30 En el año veintitrés del
reinado de Nabucodonosor, él envió a Nabuzaradán, capitán de la guardia,
quien se llevó consigo a setecientos cuarenta y cinco más, un total de cuatro
mil seiscientos cautivos.
Esperanza para la descendencia real
de Israel
31 En
el año treinta y siete del exilio de Joaquín, rey de Judá, Evil-merodac
ascendió al trono de Babilonia. El nuevo rey fue bondadoso con Joaquín y
lo sacó de la cárcel el 31 de marzo de ese año. 32 Le
habló con amabilidad y le dio una posición superior a la de los demás reyes
exiliados en Babilonia. 33 Le proporcionó a Joaquín
ropa nueva para reemplazar la ropa de prisionero y le permitió comer en
presencia del rey por el resto de su vida. 34 Así
que el rey de Babilonia le dio una ración diaria de comida mientras vivió. Esto
continuó hasta el día de su muerte.
SALMOS 27
Salmo de David.
27 El Señor es
mi luz y mi salvación,
entonces ¿por qué habría de temer?
El Señor es mi fortaleza y me protege del peligro,
entonces ¿por qué habría de temblar?
2 Cuando los malvados vengan a devorarme,
cuando mis enemigos y adversarios me ataquen,
tropezarán y caerán.
3 Aunque un ejército poderoso me rodee,
mi corazón no temerá.
Aunque me ataquen,
permaneceré confiado.
4 Lo
único que le pido al Señor
—lo que más anhelo—
es vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida,
deleitándome en la perfección del Señor
y meditando dentro de su templo.
5 Pues él me ocultará allí cuando vengan dificultades;
me esconderá en su santuario.
Me pondrá en una roca alta donde nadie me alcanzará.
6 Entonces mantendré mi cabeza en alto,
por encima de los enemigos que me rodean.
En su santuario ofreceré sacrificios con gritos de alegría,
y con música cantaré y alabaré al Señor.
7 Escúchame
cuando oro, oh Señor;
¡ten misericordia y respóndeme!
8 Mi corazón te ha oído decir: «Ven y conversa conmigo».
Y mi corazón responde: «Aquí vengo, Señor».
9 No me des la espalda;
no rechaces a tu siervo con enojo.
Tú siempre has sido mi ayudador.
No me dejes ahora; no me abandones,
¡oh Dios de mi salvación!
10 Aunque mi padre y mi madre me abandonen,
el Señor me mantendrá cerca.
11 Enséñame
cómo vivir, oh Señor.
Guíame por el camino correcto,
porque mis enemigos me esperan.
12 No permitas que caiga en sus manos.
Pues me acusan de cosas que nunca hice;
cada vez que respiran, me amenazan con violencia.
13 Sin embargo, yo confío en que veré la bondad
del Señor
mientras estoy aquí, en la tierra de los vivientes.
14 Espera
con paciencia al Señor;
sé valiente y esforzado;
sí, espera al Señor con paciencia.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”