Febrero 09 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 19
ÉXODO 7 al 9
La vara de Aarón se convierte en
serpiente
7 Entonces
el Señor le dijo a Moisés: «Presta mucha atención a lo que voy a
decir. Yo haré que para el faraón parezcas como Dios, y tu hermano, Aarón, será
tu profeta. 2 Dile a Aarón todo lo que yo te mande,
y Aarón deberá ordenarle al faraón que deje salir de su territorio al pueblo de
Israel. 3 Sin embargo, haré que el corazón del
faraón se ponga terco, para poder multiplicar mis señales milagrosas y mis
maravillas en la tierra de Egipto. 4 Aun así, el
faraón se negará a escucharte; por eso alzaré mi puño contra Egipto. Luego
rescataré a mis ejércitos —a mi pueblo, los israelitas —de la tierra de Egipto
con grandes actos de juicio. 5 Cuando levante mi
mano poderosa y saque a los israelitas, los egipcios sabrán que yo soy
el Señor».
6 Así
que Moisés y Aarón hicieron tal como el Señor les mandó. 7 Moisés
tenía ochenta años, y Aarón, ochenta y tres cuando presentaron sus demandas
ante el faraón.
8 Después
el Señor les dijo a Moisés y a Aarón: 9 «El
faraón les dirá: “Muéstrenme un milagro”. Cuando lo haga, dile a Aarón: “Toma
tu vara y arrójala al suelo delante del faraón, y la vara se convertirá en una
serpiente”».
10 Entonces
Moisés y Aarón fueron a ver al faraón e hicieron lo que el Señor les
había ordenado. Aarón tiró su vara al suelo delante del faraón y de sus
funcionarios, ¡y la vara se convirtió en una serpiente! 11 Entonces
el faraón llamó a sus sabios y a sus hechiceros, y los magos egipcios hicieron
lo mismo con sus artes mágicas: 12 tiraron sus
varas al suelo, ¡y las varas también se convirtieron en serpientes! Pero la
vara de Aarón se tragó las varas de ellos. 13 Sin
embargo, el corazón del faraón siguió endurecido. Continuó negándose a
escucharlos, tal como el Señor había dicho.
Plaga de sangre
14 Luego
el Señor le dijo a Moisés: «El corazón del faraón es obstinado, y
todavía se niega a dejar salir al pueblo. 15 Así
que irás a ver al faraón por la mañana, cuando descienda al río. Párate junto a
la ribera del río Nilo para encontrarte allí con él. No te olvides de llevar
contigo la vara que se convirtió en serpiente. 16 Luego
anúnciale lo siguiente: “El Señor, Dios de los hebreos, me envió a
decirte: ‘Deja ir a mi pueblo para que me adore en el desierto’. Hasta ahora te
has negado a escucharlo; 17 por lo tanto, esto dice
el Señor: ‘Te mostraré que yo soy el Señor’. ¡Mira! Con esta vara que
tengo en la mano golpearé el agua del Nilo, y el río se convertirá en
sangre. 18 Los peces del río morirán, y el río
apestará y los egipcios no podrán beber agua del Nilo”».
19 Luego
el Señor le dijo a Moisés: «Dile a Aarón: “Toma tu vara y extiende tu
mano sobre las aguas de Egipto—todos sus ríos, canales, estanques y depósitos
de agua—; convierte toda el agua en sangre. En todo Egipto el agua se
transformará en sangre, incluso el agua almacenada en vasijas de madera y en
tinajas de piedra”».
20 Moisés
y Aarón hicieron tal como el Señor les ordenó. A la vista del faraón
y de todos sus funcionarios, Aarón extendió su vara y golpeó el agua del Nilo.
De repente, ¡todo el río se convirtió en sangre! 21 Murieron
los peces del río y el agua quedó tan asquerosa que los egipcios no podían
beberla. Había sangre por todas partes en la tierra de Egipto. 22 Pero
los magos de Egipto volvieron a usar sus artes mágicas y también convirtieron
el agua en sangre. De modo que el corazón del faraón siguió endurecido y se
negó a escuchar a Moisés y a Aarón, tal como el Señor había
dicho. 23 El faraón regresó a su palacio y no le
prestó más atención al asunto. 24 Entonces los
egipcios cavaron en las riberas del río en busca de agua potable, porque no
podían beber el agua del Nilo.
25 Siete
días pasaron desde el momento en que el Señor hirió el Nilo.
Plaga de ranas
8 Entonces
el Señor le dijo a Moisés: «Regresa a ver al faraón y anúnciale lo
siguiente: “Esto dice el Señor: ‘Deja ir a mi pueblo para que me
adore. 2 Si te niegas a dejarlo ir, enviaré una
plaga de ranas por todo tu territorio. 3 El río
Nilo se colmará de ranas. Saldrán del río y se meterán en tu palacio, ¡hasta en
tu dormitorio y sobre tu cama! Entrarán en las casas de tus funcionarios y de
tu gente. Incluso saltarán en tus hornos y en los recipientes donde amasan tu
pan. 4 Las ranas saltarán sobre ti, sobre tu gente
y sobre todos tus funcionarios’”».
5 Luego
el Señor le dijo a Moisés: «Dile a Aarón: “Extiende la vara que
llevas en la mano sobre los ríos, los canales y las lagunas de Egipto, y haz
que aparezcan ranas sobre toda la tierra”». 6 Entonces
Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, ¡y salieron ranas que
cubrieron todo el territorio! 7 Pero los magos
pudieron hacer lo mismo con sus artes mágicas, también lograron que aparecieran
ranas en la tierra de Egipto.
8 Entonces
el faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les suplicó:
—Rueguen al Señor que quite las ranas
de mí y de mi gente. Yo dejaré salir a su pueblo para que ofrezca sacrificios
al Señor.
9 —¡Tú
fija la hora! —respondió Moisés—. Dime cuándo quieres que ore por ti, por tus
funcionarios y por tu gente. Entonces tú y tus casas se librarán de las ranas,
y estas quedarán solo en el río Nilo.
10 —Háganlo
mañana mismo —dijo el faraón.
—De acuerdo —respondió Moisés—, se hará como has
dicho. Entonces sabrás que no hay nadie como el Señor nuestro
Dios. 11 Las ranas se alejarán de ti y de tus
casas, de tus funcionarios y de tu gente. Quedarán solamente en el río Nilo.
12 Entonces
Moisés y Aarón salieron del palacio del faraón, y Moisés clamó
al Señor acerca de las ranas que le había enviado al faraón. 13 Y
el Señor hizo exactamente lo que Moisés había predicho. Murieron
todas las ranas en las casas, en los patios y en los campos. 14 Los
egipcios las apilaron en grandes montones, y un hedor insoportable llenó todo
el territorio. 15 Pero cuando el faraón vio que
había alivio, se puso terco y se negó a escuchar a Moisés y a
Aarón, tal como el Señor había dicho.
Plaga de mosquitos
16 Así
que el Señor le dijo a Moisés: «Dile a Aarón: “Extiende tu vara y
golpea el suelo. El polvo se convertirá en enjambres de mosquitos por toda la
tierra de Egipto”». 17 Entonces Moisés y Aarón
hicieron tal como el Señor les ordenó. Cuando Aarón extendió la mano
y golpeó el suelo con su vara, los mosquitos infestaron todo el territorio y
tanto los egipcios como sus animales quedaron cubiertos de ellos. Todo el polvo
de la tierra de Egipto se convirtió en mosquitos. 18 Los
magos del faraón intentaron hacer lo mismo mediante sus artes ocultas, pero
esta vez no pudieron. Y los mosquitos estaban sobre todos: gente y animales por
igual.
19 «¡Es
el dedo de Dios!», exclamaron los magos ante el faraón. Pero el corazón del
faraón siguió endurecido y no quiso escucharlos, tal como
el Señor había dicho.
Plaga de moscas
20 Luego
el Señor le dijo a Moisés: «Mañana, levántate temprano y párate
delante del faraón cuando baje al río y dile: “Esto dice el Señor: ‘Deja
ir a mi pueblo para que me adore. 21 Si te niegas,
enviaré enjambres de moscas sobre ti, tus funcionarios, tu gente y todas las
casas. Los hogares egipcios se llenarán de moscas, y el suelo quedará cubierto
de ellas. 22 Pero esta vez haré una excepción con
la región de Gosén, donde vive mi pueblo. Allí no habrá moscas. Entonces sabrás
que yo soy el Señor, y que estoy presente incluso en el corazón de tu
tierra. 23 Haré una clara distinción entre mi pueblo y tu pueblo. Esta señal
milagrosa ocurrirá mañana’”».
24 Y
el Señor hizo tal como había dicho. Una densa nube de moscas llenó el
palacio del faraón y las casas de sus funcionarios. Todo el territorio de
Egipto entró en un estado de caos por causa de las moscas.
25 Entonces
el faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón y les dijo:
—¡De acuerdo! Vayan y ofrezcan sacrificios a su
Dios, pero háganlo aquí, dentro del reino.
26 Pero
Moisés respondió:
—Eso no estaría bien. Los egipcios detestan los
sacrificios que ofrecemos al Señor nuestro Dios. Si ofrecemos
nuestros sacrificios a la vista de ellos, nos apedrearán. 27 Para
ofrecer sacrificios al Señor nuestro Dios, tenemos que salir al
desierto, a una distancia de tres días, tal como él nos ordenó.
28 —Está
bien, pueden ir —contestó el faraón—. Los dejaré ir al desierto para ofrecer
sacrificios al Señor su Dios, pero no se alejen demasiado. Apúrense y
oren por mí.
29 —En
cuanto salga de tu presencia —le respondió Moisés—, oraré al Señor, y
mañana mismo la nube de moscas desaparecerá de ti, de tus funcionarios y de
toda tu gente. Pero te advierto, faraón, no vuelvas a mentirnos o a engañarnos
y luego negarte a dejar salir al pueblo para que ofrezca sacrificios
al Señor.
30 Entonces
Moisés salió del palacio del faraón y rogó al Señor que quitara todas
las moscas. 31 El Señor hizo lo que
Moisés pidió, y los enjambres de moscas desaparecieron del faraón, de los
funcionarios y de su gente. No quedó ni una sola mosca. 32 Pero
el faraón volvió a ponerse terco y se negó a dejar salir al pueblo.
Plaga en los animales
9 «Preséntate
de nuevo al faraón —le ordenó el Señor a Moisés —y dile: “Esto dice
el Señor, Dios de los hebreos: ‘Deja ir a mi pueblo para que me
adore’. 2 Si continúas reteniéndolo y te niegas a
dejarlo salir, 3 la mano del Señor herirá
a todos tus animales—caballos, burros, camellos, ganado, ovejas y cabras—con
una plaga mortal. 4 Sin embargo,
el Señor nuevamente hará una distinción entre los animales de los
israelitas y los de los egipcios. ¡No morirá ni un solo animal de Israel! 5 El Señor ya
determinó cuándo comenzará la plaga; ha declarado que mañana mismo herirá la
tierra”».
6 Así
que el Señor hizo tal como había dicho. A la mañana siguiente, todos
los animales de los egipcios murieron, pero los israelitas no perdieron ni un
solo animal. 7 Entonces el faraón envió a sus
funcionarios a investigar, ¡y comprobaron que los israelitas no habían perdido
ni uno de sus animales! Pero aun así, el corazón del faraón siguió obstinado, y
una vez más se negó a dejar salir al pueblo.
Plaga de llagas purulentas
8 Entonces
el Señor les dijo a Moisés y a Aarón: «Tomen puñados de hollín de un
horno de ladrillos y que Moisés lance el hollín al aire a la vista del
faraón. 9 La ceniza se esparcirá como polvo fino
sobre toda la tierra de Egipto y provocará llagas purulentas en las personas y
en los animales por todo el territorio».
10 Entonces
Moisés y Aarón tomaron hollín de un horno de ladrillos y se pararon ante el
faraón. Mientras él observaba, Moisés lanzó la ceniza al aire, y brotaron
llagas purulentas tanto en las personas como en los animales. 11 Ni
los magos podían estar delante de Moisés, porque también ellos estaban
afectados con las llagas, igual que todos los egipcios. 12 Pero
el Señor endureció el corazón del faraón, y tal como
el Señor había dicho a Moisés, el faraón se negó a escuchar.
Plaga de granizo
13 Luego
el Señor le dijo a Moisés: «Mañana, levántate temprano, regresa a ver
al faraón y dile: “Esto dice el Señor, Dios de los hebreos: ‘Deja ir a mi
pueblo para que me adore. 14 De lo contrario,
enviaré más plagas sobre ti, tus funcionarios y tu pueblo. Entonces sabrás
que no hay nadie como yo en toda la tierra. 15 A
estas alturas, bien podría haber ya extendido mi mano y haberte herido a ti y a
tu pueblo con una plaga capaz de exterminarlos de la faz de la tierra. 16 Sin
embargo, te he perdonado la vida con un propósito: mostrarte mi poder y
dar a conocer mi fama por toda la tierra. 17 Pero
todavía actúas como señor y dueño de mi pueblo, te niegas a dejarlo
salir. 18 Por eso, mañana, a esta misma hora,
enviaré la granizada más devastadora que haya habido en toda la historia de
Egipto. 19 ¡Rápido! Manda que tus animales y tus
siervos regresen del campo para ponerse a salvo. Cualquier persona o animal que
quede afuera morirá cuando caiga el granizo’”».
20 Algunos
de los funcionarios del faraón tuvieron miedo, debido a lo que
el Señor había dicho, y enseguida hicieron regresar a los siervos y
al ganado de los campos; 21 pero los que no
hicieron caso a la palabra del Señor dejaron a los suyos a la
intemperie.
22 Entonces
el Señor le dijo a Moisés: «Levanta tu mano al cielo para que caiga
el granizo sobre la gente, los animales y todas las plantas a lo largo y a lo
ancho de Egipto».
23 Así
que Moisés levantó su vara al cielo, y el Señor envió truenos y
granizo, y cayeron rayos hacia la tierra. El Señor descargó una
terrible granizada sobre toda la tierra de Egipto. 24 Nunca
en toda la historia de Egipto hubo una tormenta igual, con rayos sin parar y
con un granizo tan devastador. 25 Dejó a Egipto
totalmente en ruinas. El granizo destruyó todo lo que había en campo abierto:
personas, animales y plantas por igual; hasta los árboles quedaron
destrozados. 26 El único lugar donde no cayó
granizo fue en la región de Gosén, donde vivía el pueblo de Israel.
27 Entonces
el faraón enseguida mandó llamar a Moisés y a Aarón.
—Esta vez he pecado —confesó—.
El Señor es el justo, y mi pueblo y yo estamos equivocados. 28 Por
favor, supliquen al Señor que ponga fin a este granizo y a estos
truenos tan aterradores. ¡Basta ya! Los dejaré salir; no tienen que quedarse
más tiempo.
29 —Muy
bien —respondió Moisés—. En cuanto salga de la ciudad, levantaré mis manos y
oraré al Señor. Entonces los truenos y el granizo cesarán, y sabrás que la
tierra pertenece al Señor. 30 Sin embargo, yo
sé que todavía ni tú ni tus funcionarios temen al Señor Dios.
31 (Todo
el lino y toda la cebada quedaron destrozados por el granizo, porque la cebada
estaba en espiga y el lino en flor. 32 Pero ni el
trigo ni el trigo espelta sufrieron daño, porque todavía no habían brotado del
suelo).
33 Entonces
Moisés se fue del palacio del faraón y salió de la ciudad. Cuando elevó sus
manos al Señor, los truenos y el granizo cesaron, y se detuvo la
lluvia. 34 Al ver el faraón que la lluvia, el
granizo y los truenos habían cesado, él y sus funcionarios pecaron de nuevo, y
el faraón se puso terco una vez más. 35 Como
tenía el corazón endurecido, el faraón se negó a dejar salir al pueblo, tal
como el Señor había dicho por medio de Moisés.
SALMOS 19
Para el director del coro: salmo de
David.
19 Los
cielos proclaman la gloria de Dios
y el firmamento despliega la destreza de sus manos.
2 Día tras día no cesan de hablar;
noche tras noche lo dan a conocer.
3 Hablan sin sonidos ni palabras;
su voz jamás se oye.
4 Sin embargo, su mensaje se ha difundido por toda la
tierra
y sus palabras, por todo el mundo.
Dios preparó un hogar para el sol en los cielos,
5 y este irrumpe como un novio radiante luego de su
boda.
Se alegra como un gran atleta, ansioso por correr la
carrera.
6 El sol sale de un extremo de los cielos
y sigue su curso hasta llegar al otro extremo;
nada puede ocultarse de su calor.
7 Las
enseñanzas del Señor son perfectas;
reavivan el alma.
Los decretos del Señor son confiables;
hacen sabio al sencillo.
8 Los mandamientos del Señor son rectos;
traen alegría al corazón.
Los mandatos del Señor son claros;
dan buena percepción para vivir.
9 La reverencia al Señor es pura;
permanece para siempre.
Las leyes del Señor son verdaderas;
cada una de ellas es imparcial.
10 Son más deseables que el oro,
incluso que el oro más puro.
Son más dulces que la miel,
incluso que la miel que gotea del panal.
11 Sirven de advertencia para tu siervo,
una gran recompensa para quienes las obedecen.
12 ¿Cómo
puedo conocer todos los pecados escondidos en mi corazón?
Límpiame de estas faltas ocultas.
13 ¡Libra a tu siervo de pecar intencionalmente!
No permitas que estos pecados me controlen.
Entonces estaré libre de culpa
y seré inocente de grandes pecados.
14 Que
las palabras de mi boca
y la meditación de mi corazón
sean de tu agrado,
oh Señor, mi roca y mi redentor.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”