Agosto 18 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 209
ESTER 6 – 10
El rey honra a Mardoqueo
6 Esa
noche el rey no podía dormir, entonces ordenó a un asistente que le trajera el
libro de la historia de su reino para que se lo leyeran. 2 En
los registros descubrió el relato de cuando Mardoqueo informó del complot que
Bigtana y Teres, dos de los eunucos que cuidaban la puerta de las habitaciones
privadas del rey, habían tramado para asesinar al rey Jerjes.
3 —¿Qué
recompensa o reconocimiento le dimos a Mardoqueo por este acto?—preguntó el
rey.
Sus asistentes contestaron:
—Nunca se ha hecho nada.
4 —¿Quién
está en el patio exterior?—preguntó el rey.
Resulta que Amán acababa de llegar al patio
exterior del palacio para pedirle al rey que atravesara a Mardoqueo en el poste
que había preparado.
5 Entonces
los asistentes contestaron al rey:
—Es Amán el que está en el patio.
—Háganlo pasar—ordenó el rey.
6 Entonces
Amán entró, y el rey dijo:
—¿Qué debo hacer para honrar a un hombre que
verdaderamente me agrada?
Amán pensó para sí: «¿A quién querría honrar el
rey más que a mí?». 7 Así que contestó:
—Si el rey desea honrar a alguien, 8 debería
sacar uno de los mantos reales que haya usado el rey y también un caballo que
el propio rey haya montado, uno que tenga un emblema real en la frente. 9 Que
el manto y el caballo sean entregados a uno de los funcionarios más nobles del
rey y que esta persona se asegure de que vistan con el manto real al hombre a
quien el rey quiere honrar y lo paseen por la plaza de la ciudad en el caballo
del rey. Durante el paseo, que el funcionario anuncie a viva voz: “¡Esto es lo
que el rey hace a quien él quiere honrar!”.
10 —¡Perfecto!—le
dijo el rey a Amán—. ¡Rápido! Lleva mi manto y mi caballo, y haz todo lo que
has dicho con Mardoqueo, el judío que se sienta a la puerta del palacio. ¡No
pierdas ni un detalle de lo que has sugerido!
11 Entonces
Amán tomó el manto y se lo puso a Mardoqueo, lo hizo montar el caballo del rey,
y lo paseó por la plaza de la ciudad, gritando: «¡Esto es lo que el rey hace a
quien él quiere honrar!». 12 Después Mardoqueo
regresó a la puerta del palacio, mientras que Amán se apresuró a volver a su
casa desalentado y totalmente humillado.
13 Cuando
Amán le contó a su esposa, Zeres, y a todos sus amigos lo que había sucedido,
sus sabios consejeros y su esposa dijeron: «Ya que Mardoqueo—este hombre que te
ha humillado—es de origen judío, jamás tendrás éxito con tus planes contra él.
Será tu ruina seguir oponiéndote a él».
14 Mientras
estaban hablando, llegaron los eunucos del rey y enseguida se llevaron a Amán
al banquete que Ester había preparado.
El rey ejecuta a Amán
7 Entonces
el rey y Amán fueron al banquete de la reina Ester. 2 En
esta segunda ocasión, mientras bebían vino, el rey volvió a decir a Ester:
—Dime lo que desees, reina Ester. ¿Cuál es tu
petición? ¡Yo te la daré, aun si fuera la mitad del reino!
3 La
reina Ester contestó:
—Si he logrado el favor del rey, y si al rey le
agrada conceder mi petición, pido que mi vida y la vida de mi pueblo sean
libradas de la muerte. 4 Pues mi pueblo y yo hemos
sido vendidos para ser muertos, masacrados y aniquilados. Si solo nos hubieran
vendido como esclavos, yo me quedaría callada, porque sería un asunto por el
cual no merecería molestar al rey.
5 —¿Quién
sería capaz de hacer semejante cosa?—preguntó el rey Jerjes—. ¿Quién podría ser
tan descarado para tocarte a ti?
6 Ester
contestó:
—Este malvado Amán es nuestro adversario y
nuestro enemigo.
Amán se puso pálido de miedo delante del rey y de
la reina. 7 Entonces el rey, enfurecido, se levantó
de un salto y salió al jardín del palacio.
Amán, en cambio, se quedó con la reina Ester para
implorar por su vida, porque sabía que el rey pensaba matarlo. 8 En
su desesperación se dejó caer sobre el diván donde estaba reclinada la reina
Ester, justo cuando el rey volvía del jardín del palacio.
El rey exclamó: «¿Hasta se atreve a atacar a la
reina aquí mismo, en el palacio, ante mis propios ojos?». Entonces, en cuanto
el rey habló, sus asistentes le cubrieron la cara a Amán en señal de condena.
9 Luego
Harbona, uno de los eunucos del rey, dijo:
—Amán ha levantado un poste afilado de veintitrés
metros de altura en el patio de su casa. Tenía pensado utilizarlo para
atravesar a Mardoqueo, el hombre que salvó al rey de ser asesinado.
—¡Que atraviesen a Amán en ese poste!—ordenó el
rey.
10 Entonces
atravesaron a Amán con el poste que había levantado para Mardoqueo, y la furia
del rey se calmó.
Un decreto para ayudar a los judíos
8 Ese
mismo día, el rey Jerjes entregó a la reina Ester las propiedades de Amán, el
enemigo de los judíos. Luego llevaron a Mardoqueo ante el rey, porque Ester le
había contado al rey el parentesco que había entre ellos. 2 El
rey se quitó el anillo con su sello oficial—el cual había recuperado de Amán—y
se lo dio a Mardoqueo; y Ester nombró a Mardoqueo como encargado de las
propiedades de Amán.
3 Luego
Ester volvió a presentarse ante el rey, cayó a sus pies y le suplicó con
lágrimas que detuviera el plan siniestro que Amán, el agagueo, había conspirado
contra los judíos. 4 Nuevamente el rey extendió su
cetro de oro hacia Ester. De modo que ella se levantó y permaneció de pie
delante de él.
5 Ester
dijo:
—Si al rey le place y yo he logrado su favor, y
si al rey le parece correcto y yo le resulto agradable, que se emita un decreto
que anule las órdenes de Amán, hijo de Hamedata el agagueo, quien ordenó la
destrucción de los judíos en todas las provincias del rey. 6 Pues,
¿cómo podría soportar ver a mi pueblo y a mi familia ser masacrados y
destruidos?
7 Entonces
el rey Jerjes dijo a la reina Ester y a Mardoqueo, el judío:
—Le he dado a Ester las propiedades de Amán, a
quien atravesaron en un poste porque trató de destruir a los judíos. 8 Ahora
envíen un mensaje a los judíos en nombre del rey, que exprese lo que ustedes
quieran, y séllenlo con el anillo del rey. Sin embargo, recuerden que todo lo
que ya se ha escrito en nombre del rey y lo que se ha sellado con su anillo
jamás puede ser revocado.
9 Así
que, el 25 de junio, reunieron a los secretarios del rey, y se escribió un
decreto tal como Mardoqueo lo dictó. Lo enviaron a los judíos y a los
funcionarios de más alta posición, a los gobernadores y a los nobles de las
ciento veintisiete provincias, que se extendían desde la India hasta Etiopía. Este
decreto se escribió en los propios sistemas de escritura y en los propios
idiomas de cada pueblo del imperio, incluido el de los judíos. 10 El
decreto se redactó en nombre del rey Jerjes y fue sellado con el anillo del
rey. Mardoqueo envió los comunicados por medio de mensajeros veloces, quienes
montaban caballos rápidos, criados especialmente para el servicio del rey.
11 El
decreto del rey les daba autoridad a los judíos de todas las ciudades para
unirse y defender su vida. Se les permitía matar, masacrar y aniquilar a
cualquiera, de cualquier nacionalidad o provincia, que los atacara a ellos o a
sus esposas e hijos. También podían apoderarse de los bienes de sus
enemigos. 12 El día escogido para llevar a cabo esa
acción en todas las provincias del rey Jerjes fue el 7 de marzo del año
siguiente.
13 En
cada provincia debía emitirse una copia de ese decreto como ley y proclamarse a
todos los pueblos, para que los judíos estuvieran preparados para vengarse de
sus enemigos el día señalado. 14 Así que,
impulsados por el mandato del rey, los mensajeros salieron a toda prisa sobre
caballos rápidos, criados para el servicio del rey. Este mismo decreto también
se proclamó en la fortaleza de Susa.
15 Luego
Mardoqueo salió de la presencia del rey vestido con el manto real azul y
blanco, con una gran corona de oro y con una capa de púrpura y lino de la más
alta calidad. La gente de Susa también celebró el nuevo decreto y 16 los
judíos se llenaron de gozo y alegría y recibieron honra en todas partes. 17 En
cada provincia y ciudad, en cada lugar donde llegaba el decreto del rey, los
judíos se alegraban mucho, festejaban a lo grande, y declararon día feriado y
de celebración. También muchas personas del territorio se hicieron judíos por
temor a lo que pudieran hacerles los judíos.
La victoria de los judíos
9 Así
que, el 7 de marzo, los dos decretos del rey entraron en vigencia. Ese
día, los enemigos de los judíos tenían la esperanza de dominarlos, pero ocurrió
todo lo contrario. Fueron los judíos quienes dominaron a sus enemigos. 2 Los
judíos se reunieron en sus ciudades, en todas las provincias del rey, para
atacar a todo el que intentara hacerles daño; pero nadie pudo hacerles frente
porque todos les tenían miedo. 3 Además, todos los
nobles de las provincias, los funcionarios de más alta posición, los
gobernadores y los funcionarios reales ayudaron a los judíos por temor a
Mardoqueo. 4 Pues a Mardoqueo lo habían ascendido a
un alto cargo en el palacio del rey, y su fama se extendía por todas las
provincias a medida que se hacía más y más poderoso.
5 Así
que, el día señalado, los judíos hirieron de muerte a sus enemigos a filo de
espada. Mataron y aniquilaron a sus enemigos e hicieron lo que quisieron con
quienes los odiaban. 6 En la propia fortaleza de
Susa, los judíos mataron a quinientos hombres. 7 También
mataron a Parsandata, a Dalfón, a Aspata, 8 a
Porata, a Adalía, a Aridata, 9 a Parmasta, a
Arisai, a Aridai y a Vaizata: 10 los diez hijos de
Amán, hijo de Hamedata, el enemigo de los judíos; pero no se quedaron con
ninguna de sus pertenencias.
11 Ese
mismo día, cuando se le informó al rey el número de muertos en la fortaleza de
Susa, 12 hizo llamar a la reina Ester y le dijo:
—Los judíos mataron a quinientos hombres solo en
la fortaleza de Susa, además de los diez hijos de Amán. Si aquí hicieron eso,
¿qué habrá pasado en el resto de las provincias? Ahora bien, ¿qué más quieres?
Te será concedido; dímelo y lo haré.
13 Ester
contestó:
—Si al rey le agrada, que a los judíos de Susa se
les dé permiso para hacer mañana lo que hicieron hoy, y que los cuerpos de los
diez hijos de Amán sean atravesados en un poste.
14 El
rey estuvo de acuerdo, y el decreto se hizo público en Susa. Atravesaron los
cuerpos de los diez hijos de Amán. 15 Luego, el 8
de marzo, los judíos de Susa se reunieron y mataron a trescientos hombres
más, y otra vez tampoco se quedaron con ninguna de sus pertenencias.
16 Mientras
tanto, los demás judíos en todas las provincias del rey se reunieron para
defender su vida. Quedaron aliviados de todos sus enemigos, al matar a setenta
y cinco mil de los que los odiaban; pero no se quedaron con ninguna de sus
pertenencias. 17 Eso ocurrió en todas las
provincias el 7 de marzo, y el día 8 descansaron para celebrar su victoria
con un día de fiesta y alegría. 18 (Los judíos de
Susa mataron a sus enemigos el día 7 de marzo, continuaron el 8, y luego el día
9 descansaron y lo designaron su día de fiesta y alegría). 19 De
manera que, hasta el día de hoy, los judíos del campo que viven en aldeas
remotas celebran un día feriado anualmente en el día señalado a fines del
invierno, en el cual se alegran y se mandan regalos de comida unos a
otros.
El Festival de Purim
20 Mardoqueo
registró esos acontecimientos y envió cartas a los judíos que vivían cerca y
lejos, en todas las provincias del rey Jerjes, 21 para
motivarlos a celebrar cada año un festival durante esos dos días. 22 Les
dijo que debían celebrar esos días con alegría y festejos, obsequiándose
porciones de comida unos a otros y haciendo regalos a los pobres. Ese festival
conmemoraría el tiempo en que los judíos quedaron aliviados de sus enemigos,
cuando su dolor se convirtió en alegría y su duelo en gozo.
23 Así
que los judíos aceptaron la propuesta de Mardoqueo y adoptaron esa costumbre
anual. 24 Amán, hijo de Hamedata el agagueo, el
enemigo de los judíos, había conspirado para aplastarlos y destruirlos en la
fecha escogida al echar suertes (a las suertes se les llamaba purim); 25 pero
cuando Ester se presentó ante el rey, él emitió un decreto que causó que el
plan siniestro de Amán se volviera en su contra, y tanto Amán como sus hijos
fueron atravesados en un poste afilado. 26 Por eso
la celebración se llama Purim, porque es la palabra que se empleaba
antiguamente para la frase «echar suertes».
Por lo tanto, debido a la carta de Mardoqueo y a
la experiencia que vivieron, 27 los judíos de todo
el reino se pusieron de acuerdo para iniciar esa tradición y pasarla a sus
descendientes y a todos los que se hacían judíos. Declararon que jamás dejarían
de celebrar cada año esos dos días prescritos en la fecha señalada. 28 Esos
días se recordarían y se mantendrían de generación en generación y serían
celebrados por cada familia en todas las provincias y ciudades del imperio. El
Festival de Purim nunca dejaría de celebrarse entre los judíos, ni se
extinguiría de entre sus descendientes el recuerdo de lo ocurrido.
29 Luego,
la reina Ester, hija de Abihail, junto con Mardoqueo, el judío, escribieron
otra carta en la cual la plena autoridad de la reina respaldaba la carta de
Mardoqueo para establecer el Festival de Purim. 30 Se
enviaron cartas con deseos de paz y seguridad a los judíos de las ciento
veintisiete provincias del imperio de Jerjes. 31 Esas
cartas establecían la celebración anual del Festival de Purim en las fechas
señaladas, como lo habían decretado el judío Mardoqueo y la reina Ester. (El
pueblo decidió celebrar el festival, de la misma manera que había decidido
establecer el tiempo de ayuno y luto para sí y sus descendientes). 32 Así
que el mandato de Ester confirmó la costumbre del Purim, y todo quedó escrito
en los registros.
La grandeza de Jerjes y de Mardoqueo
10 El
rey Jerjes impuso un tributo en todo su imperio, incluso hasta las costas
lejanas. 2 Sus grandes logros y el relato completo
de la grandeza de Mardoqueo, a quien el rey había ascendido, están registrados
en El libro de la historia de los reyes de Media y Persia. 3 Mardoqueo,
el judío, llegó a ser primer ministro, segundo en mando después del propio rey
Jerjes. Fue un hombre muy importante entre los judíos, de gran estima ante
ellos, porque siguió actuando a favor de su pueblo y defendiendo el bienestar
de todos sus descendientes.
SALMOS 54
Para el director del coro: salmo de
David, acerca de cuando los zifeos fueron a decirle a Saúl: «Sabemos dónde se
esconde David». Acompáñese con instrumentos de cuerda.
54 ¡Ven
con tu gran poder, oh Dios, y rescátame!
Defiéndeme con tu poder.
2 Escucha mi oración, oh Dios;
presta atención a mi ruego.
3 Pues me atacan desconocidos;
gente violenta trata de matarme.
No les importa Dios en lo más mínimo. Interludio
4 Pero
Dios es mi ayudador;
¡el Señor me mantiene con vida!
5 Que los planes malvados de mis enemigos se tornen en
su contra;
haz lo que prometiste y acaba con ellos.
6 Sacrificaré
una ofrenda voluntaria a ti;
alabaré tu nombre,
porque es bueno, oh Señor.
7 Pues me libraste de mis dificultades
y me ayudaste a triunfar sobre mis enemigos.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”