LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 6
Leer
la Biblia con sabiduría requiere que aprendamos los estilos literarios antiguos
utilizados por los autores bíblicos. Estos escritores expusieron sus ideas y
realizaron declaraciones por medio de diferentes tipos de obras literarias.
Leyendo exploraras porque es tan importante distinguirlas para que podamos
escuchar su mensaje en sus propios términos. Mientras sigues este plan bíblico
de un año, descubriras enfoques de lectura esenciales.
GÉNESIS
19 al 21
Destrucción
de Sodoma y Gomorra
19 Al anochecer, los dos ángeles
llegaron a la entrada de la ciudad de Sodoma. Lot estaba allí sentado y, cuando
los vio, se puso de pie para recibirlos. Entonces les dio la bienvenida y se
inclinó rostro en tierra.
2 —Señores míos—dijo él—, vengan
a mi casa para lavarse los pies, y sean mis huéspedes esta noche. Entonces
mañana podrán levantarse temprano y seguir su camino.
—Oh,
no—respondieron ellos—. Pasaremos la noche aquí, en la plaza de la ciudad.
3 Pero Lot insistió, y
finalmente ellos fueron con él a su casa. Lot preparó un banquete para ellos,
con pan sin levadura recién horneado, y ellos comieron; 4 pero
antes de que se fueran a dormir, todos los hombres de Sodoma, tanto jóvenes
como mayores, llegaron de todas partes de la ciudad y rodearon la casa. 5 Y
le gritaron a Lot:
—¿Dónde
están los hombres que llegaron para pasar la noche contigo? ¡Haz que salgan
para que podamos tener sexo con ellos!
6 Entonces Lot salió de la casa
para hablar con ellos y cerró la puerta detrás de sí.
7 —Por favor, hermanos
míos—suplicó—, no hagan una cosa tan perversa. 8 Miren,
tengo dos hijas vírgenes. Déjenme traerlas, y podrán hacer con ellas lo que
quieran. Pero les ruego que dejen en paz a estos hombres, porque son mis
huéspedes y están bajo mi protección.
9 —¡Hazte a un lado!—gritaron
ellos—. Este tipo llegó a la ciudad como forastero, ¡y ahora actúa como si
fuera nuestro juez! ¡Te trataremos mucho peor que a esos hombres!
Y se
lanzaron contra Lot para tirar la puerta abajo.
10 Pero los dos ángeles extendieron
la mano, metieron a Lot dentro de la casa y pusieron el cerrojo a la
puerta. 11 Luego dejaron ciegos a todos los hombres
que estaban en la puerta de la casa, tanto jóvenes como mayores, los cuales
abandonaron su intento de entrar.
12 Mientras tanto, los ángeles le
preguntaron a Lot:
—¿Tienes
otros familiares en esta ciudad? Sácalos de aquí, a tus yernos, hijos, hijas o
cualquier otro, 13 porque estamos a punto de
destruir este lugar por completo. El clamor contra esta ciudad es tan grande
que ha llegado hasta el Señor, y él nos ha enviado para destruirla.
14 Entonces Lot salió con prisa a
contarles a los prometidos de sus hijas: «¡Rápido, salgan de la ciudad!
El Señor está a punto de destruirla»; pero los jóvenes pensaron que
lo decía en broma.
15 Al amanecer de la mañana
siguiente, los ángeles insistieron:
—Apresúrate—le
dijeron a Lot—. Toma a tu esposa y a tus dos hijas que están aquí. ¡Vete ahora
mismo, o serás arrastrado en la destrucción de la ciudad!
16 Como Lot todavía titubeaba,
los ángeles lo agarraron de la mano, y también a su esposa y a sus dos hijas, y
los llevaron enseguida a un lugar seguro fuera de la ciudad, porque
el Señor tuvo misericordia de ellos. 17 Cuando
quedaron a salvo fuera de la ciudad, uno de los ángeles ordenó:
—¡Corran
y salven sus vidas! ¡No miren hacia atrás ni se detengan en ningún lugar del
valle! ¡Escapen a las montañas, o serán destruidos!
18 —¡Oh, no, mi señor!—suplicó
Lot—. 19 Ustedes fueron tan amables conmigo y me
salvaron la vida, y han mostrado una gran bondad; pero no puedo ir a las
montañas. La destrucción me alcanzaría allí también, y pronto moriría. 20 Miren,
hay una pequeña aldea cerca. Por favor, déjenme ir allá; ¿no ven lo pequeña que
es? Así no perderé la vida.
21 —Está bien—dijo el ángel—,
concederé tu petición. No destruiré la pequeña aldea. 22 ¡Pero
apresúrate! Escapa a la aldea, porque no puedo hacer nada hasta que llegues
allí.
(Esto
explica por qué aquella aldea se conocía como Zoar, que significa «lugar
pequeño»).
23 Lot llegó a la aldea justo
cuando el sol salía en el horizonte. 24 Enseguida
el Señor hizo llover de los cielos fuego y azufre ardiente sobre
Sodoma y Gomorra. 25 Las destruyó por completo,
junto con las demás ciudades y aldeas de la llanura. Así arrasó a todas las
personas y a toda la vegetación; 26 pero la esposa
de Lot miró hacia atrás mientras lo seguía y quedó convertida en una estatua de
sal.
27 Abraham se levantó temprano
esa mañana y salió de prisa al lugar donde había estado en la presencia
del Señor. 28 Miró al otro lado de la llanura,
hacia Sodoma y Gomorra, y vio que subían columnas de humo desde las ciudades
como si fuera el humo de un horno.
29 Pero Dios había escuchado la
petición de Abraham y salvó la vida de Lot, a quien sacó del desastre que se
tragó a las ciudades de la llanura.
Lot
y sus hijas
30 Tiempo después, Lot abandonó
Zoar porque tenía miedo de la gente de allí y fue a vivir a una cueva en las
montañas junto con sus dos hijas. 31 Cierto día, la
hija mayor le dijo a su hermana: «No quedan hombres en ningún lugar de esta
región, así que no podemos casarnos como todas las demás; y nuestro padre
pronto será demasiado viejo para tener hijos. 32 Ven,
vamos a emborracharlo con vino, y después tendremos sexo con él. De esa forma
preservaremos nuestra descendencia por medio de nuestro padre».
33 Así que aquella noche lo
emborracharon con vino, y la hija mayor entró y tuvo relaciones sexuales con su
padre. Él no se dio cuenta cuando ella se acostó ni cuando se levantó.
34 A la mañana siguiente, la
hermana mayor le dijo a la menor: «Anoche tuve sexo con nuestro padre. Volvamos
a emborracharlo con vino esta noche, y tú entrarás y tendrás sexo con él. De
esa forma preservaremos nuestra descendencia por medio de nuestro padre». 35 Así
que aquella noche ellas volvieron a emborracharlo con vino, y la hija menor
entró y tuvo relaciones sexuales con él. Igual que antes, él no se dio cuenta
cuando ella se acostó ni cuando se levantó.
36 Como resultado, las dos hijas
de Lot quedaron embarazadas de su propio padre. 37 Cuando
la hija mayor dio a luz un hijo, le puso por nombre Moab. Él llegó a ser
padre de la nación conocida ahora como los moabitas. 38 Cuando
la hija menor dio a luz un hijo, le puso por nombre Ben-ammi. Él llegó a
ser padre de la nación conocida ahora como los amonitas.
Abraham
engaña a Abimelec
20 Abraham se trasladó hacia el
sur, al Neguev, y vivió un tiempo entre Cades y Shur; luego siguió hasta Gerar.
Mientras vivía allí como extranjero, 2 Abraham
presentó a su esposa, Sara, diciendo: «Ella es mi hermana». Entonces el rey
Abimelec de Gerar mandó llamar a Sara e hizo que la trajeran ante él a su
palacio.
3 Esa noche Dios se le apareció
a Abimelec en un sueño y le dijo:
—Eres
hombre muerto, porque esa mujer que has tomado ¡ya está casada!
4 Sin embargo, Abimelec todavía
no había dormido con ella, así que dijo:
—Señor,
¿destruirás a una nación inocente? 5 ¿Acaso no me
dijo Abraham: “Ella es mi hermana”? Y ella misma dijo: “Sí, él es mi hermano”.
¡Yo he actuado con total inocencia! Mis manos están limpias.
6 En el sueño, Dios respondió:
—Sí,
yo sé que tú eres inocente. Por eso no permití que pecaras contra mí ni dejé
que la tocaras. 7 Ahora devuelve la mujer a su
esposo; y él orará por ti, porque es profeta. Entonces vivirás; pero si no la
devuelves, puedes estar seguro de que tú y todo tu pueblo morirán.
8 A la mañana siguiente,
Abimelec se levantó temprano y enseguida reunió a todos sus siervos. Cuando les
dijo a sus hombres lo que había ocurrido, ellos quedaron aterrados. 9 Entonces
Abimelec mandó llamar a Abraham.
—¿Qué
nos has hecho?—preguntó—. ¿Qué delito he cometido que merezca un trato como
este, que nos haces culpables a mí y a mi reino de este gran pecado? ¡Nadie
debería hacer jamás lo que tú has hecho! 10 ¿Qué te
llevó a cometer semejante acto?
11 Abraham contestó:
—Yo
pensé: “Este es un lugar donde no hay temor de Dios. Ellos querrán tener a mi
esposa y me matarán para conseguirla”. 12 Ella de
verdad es mi hermana, pues ambos tenemos el mismo padre, aunque diferentes
madres; y yo me casé con ella. 13 Cuando Dios me
llamó a abandonar la casa de mi padre y a viajar de lugar en lugar, le dije a
ella: “Hazme un favor, por donde vayamos, dile a la gente que yo soy tu
hermano”.
14 Entonces Abimelec tomó algunas
de sus ovejas y cabras, ganado y también siervos y siervas, y entregó todo a
Abraham. Además le devolvió a su esposa, Sara. 15 Después
Abimelec le dijo:
—Revisa
mis tierras y escoge cualquier lugar donde te gustaría vivir.
16 Y le dijo a Sara:
—Mira,
le entrego a tu “hermano” mil piezas de plata en presencia de todos estos
testigos, para compensarte por cualquier daño que pudiera haberte causado. Esto
resolverá todo reclamo contra mí, y tu reputación quedará limpia.
17 Entonces Abraham oró a Dios, y
Dios sanó a Abimelec, a su esposa y a sus siervas para que pudieran tener
hijos. 18 Pues el Señor había hecho que
todas las mujeres quedaran estériles debido a lo que pasó con Sara, la esposa
de Abraham.
Nacimiento
de Isaac
21 El Señor cumplió su
palabra e hizo con Sara exactamente lo que había prometido. 2 Ella
quedó embarazada y dio a luz un hijo a Abraham en su vejez. Esto ocurrió justo
en el tiempo que Dios dijo que pasaría. 3 Y Abraham
le puso por nombre a su hijo, Isaac. 4 Ocho días
después del nacimiento, Abraham circuncidó a Isaac, tal como Dios había
ordenado. 5 Abraham tenía cien años de edad cuando
nació Isaac.
6 Sara declaró: «Dios me hizo
reír. Todos los que se enteren de lo que sucedió se reirán conmigo. 7 ¿Quién
le hubiera dicho a Abraham que Sara amamantaría a un bebé? Sin embargo, ¡le he
dado a Abraham un hijo en su vejez!».
Abraham
despide a Agar e Ismael
8 Cuando Isaac creció y estaba a
punto de ser destetado, Abraham preparó una gran fiesta para celebrar la
ocasión. 9 Pero Sara vio que Ismael—el hijo de
Abraham y de su sierva egipcia Agar—se burlaba de su hijo Isaac. 10 Entonces
ella se dirigió a Abraham y le exigió: «Echa fuera a esa esclava y a su hijo.
Él no compartirá la herencia con mi hijo Isaac. ¡No lo permitiré!».
11 Esto disgustó mucho a Abraham,
porque Ismael era su hijo; 12 pero Dios le dijo a
Abraham: «No te alteres por el muchacho y tu sierva. Haz todo lo que Sara te
diga, porque Isaac es el hijo mediante el cual procederán tus
descendientes. 13 Yo también haré una nación de los
descendientes del hijo de Agar, porque él también es hijo tuyo».
14 Así que a la mañana siguiente
Abraham se levantó temprano, preparó comida y un recipiente de agua, y amarró
todo a los hombros de Agar. Luego la despidió junto con su hijo, y ella anduvo
errante por el desierto de Beerseba.
15 Cuando se acabó el agua, Agar
puso al muchacho a la sombra de un arbusto. 16 Entonces
se alejó y se sentó sola a unos cien metros de distancia. Se echó a llorar
y dijo: «No quiero ver morir al muchacho».
17 Pero Dios escuchó llorar al
muchacho, y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo: «Agar, ¿qué pasa? ¡No
tengas miedo! Dios ha oído llorar al muchacho, allí tendido en el suelo. 18 Ve
a consolarlo, porque yo haré de su descendencia una gran nación».
19 Entonces Dios abrió los ojos
de Agar, y ella vio un pozo lleno de agua. Enseguida llenó su recipiente con
agua y dio de beber al niño.
20 El muchacho creció en el
desierto, y Dios estaba con él. Llegó a ser un hábil arquero, 21 se
estableció en el desierto de Parán, y su madre arregló que se casara con una
mujer de la tierra de Egipto.
Pacto
de Abraham con Abimelec
22 En esos días, Abimelec fue con
Ficol, el comandante de su ejército, a visitar a Abraham.
—Es
obvio que Dios está contigo, ayudándote en todo lo que haces—dijo
Abimelec—. 23 Júrame en nombre de Dios que nunca me
engañarás ni a mí, ni a mis hijos, ni a ninguno de mis descendientes. Yo te he
sido leal, así que ahora jura que tú me serás leal a mí y a esta nación donde
vives como extranjero.
24 Abraham respondió:
—¡Sí,
lo juro!
25 Entonces Abraham se quejó con
Abimelec por un pozo que los siervos de Abimelec habían quitado por la fuerza a
los siervos de Abraham.
26 —No sabía nada—respondió
Abimelec—. No tengo idea de quién es el responsable. Nunca antes te has quejado
de este asunto.
27 Entonces Abraham le dio a
Abimelec algunas de sus ovejas y cabras, y cabezas de ganado, y los dos
hicieron un tratado. 28 Pero Abraham además tomó
otras siete corderas y las puso aparte. 29 Y
Abimelec preguntó:
—¿Por
qué has puesto estas siete separadas de los demás?
30 Abraham respondió:
—Por
favor, recibe estas siete corderas en señal de que aceptas que yo cavé este
pozo.
31 Luego Abraham puso por nombre
a ese lugar Beerseba (que significa «pozo del juramento»), porque fue allí
donde ambos hicieron el juramento.
32 Después de haber hecho el
pacto en Beerseba, Abimelec partió junto con Ficol, el comandante de su
ejército, y los dos regresaron a su hogar, en tierra de los filisteos. 33 Luego
Abraham plantó un tamarisco en Beerseba, y allí adoró al Señor, Dios
Eterno. 34 Y Abraham vivió como extranjero en la
tierra de los filisteos durante mucho tiempo.
SALMOS
6
Para
el director del coro: salmo de David; acompáñese con instrumento de ocho
cuerdas.
6 Oh Señor, no me reprendas
en tu enojo
ni me disciplines en tu ira.
2 Ten compasión de mí, Señor, porque soy débil;
sáname, Señor, porque mis huesos agonizan.
3 Mi corazón está angustiado;
¿cuánto falta, oh Señor, para que me restaures?
4 Vuelve, oh Señor, y
rescátame;
por tu amor inagotable, sálvame.
5 Pues los muertos no se acuerdan de ti;
¿quién puede alabarte desde la tumba?
6 Estoy agotado de tanto llorar.
Toda la noche inundo mi cama con llanto;
la empapo con mis lágrimas.
7 El dolor me nubla la vista;
tengo los ojos gastados a causa de todos mis enemigos.
8 Váyanse, todos ustedes que
hacen el mal,
porque el Señor ha oído mi llanto.
9 El Señor ha escuchado mi ruego;
el Señor responderá a mi oración.
10 Que todos mis enemigos sean deshonrados y
aterrorizados;
que retrocedan de golpe, avergonzados.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”