Marzo 31 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 69
JOSUÉ 22 - 24
Las tribus del oriente regresan a su
hogar
22 Entonces
Josué convocó a la tribu de Rubén, a la tribu de Gad y a la media tribu de
Manasés. 2 Les dijo: «Ustedes hicieron lo que
Moisés, siervo del Señor, les mandó, y obedecieron cada orden que yo les
di. 3 Durante todo este tiempo, no abandonaron a
las otras tribus. Se aseguraron de obedecer los mandatos del Señor su
Dios hasta el día de hoy. 4 Y ahora el Señor su
Dios ha dado descanso a las otras tribus, tal como se lo prometió. Así que
vuelvan a su hogar, a la tierra que Moisés, el siervo del Señor, les dio
como posesión al oriente del río Jordán. 5 Pero
asegúrense de obedecer todos los mandatos y las instrucciones que Moisés les
dio. Amen al Señor su Dios, anden en todos sus caminos, obedezcan sus
mandatos, aférrense a él y sírvanlo con todo el corazón y con toda el
alma». 6 Entonces Josué los bendijo y los despidió,
y ellos volvieron a sus hogares.
7 A
la media tribu de Manasés, Moisés le había dado la tierra de Basán, al oriente
del río Jordán. (A la otra mitad de la tribu se le entregó tierra al occidente
del Jordán). Cuando Josué los bendijo y los despidió, 8 les
dijo: «Vuelvan a sus hogares con toda la riqueza que tomaron de sus enemigos:
las numerosas manadas de animales, la plata, el oro, el bronce y el hierro, y
la enorme cantidad de ropa. Compartan el botín con sus parientes».
9 Entonces
los hombres de Rubén, de Gad y de la media tribu de Manasés dejaron al resto
del pueblo de Israel en Silo, en la tierra de Canaán. Emprendieron el viaje de
regreso a su propia tierra de Galaad, el territorio que les pertenecía de
acuerdo con el mandato que el Señor había dado por medio de Moisés.
Las tribus del oriente edifican un
altar
10 Sin
embargo, mientras todavía estaban en Canaán, los hombres de Rubén, de Gad y de
la media tribu de Manasés se detuvieron al llegar a un lugar llamado Gelilot, cerca
del río Jordán, para construir un altar grande e imponente.
11 Entonces
el resto de Israel oyó que los hombres de Rubén, de Gad y de la media tribu de
Manasés habían construido un altar en Gelilot, a orillas de la tierra de
Canaán, en el lado occidental del río Jordán. 12 Entonces
toda la comunidad de Israel se reunió en Silo y se preparó para salir a la
guerra contra ellos. 13 Pero antes enviaron una
delegación a cargo de Finees, hijo del sacerdote Eleazar, para hablar con la
tribu de Rubén, la tribu de Gad y la media tribu de Manasés. 14 La
delegación estaba formada por diez líderes de Israel, cada uno pertenecía a una
de las diez tribus y era cabeza de su familia dentro de los clanes de Israel.
15 Cuando
llegaron a la tierra de Galaad, les dijeron a la tribu de Rubén, a la tribu de
Gad y a la media tribu de Manasés:
16 —Toda
la comunidad del Señor exige saber por qué están traicionando al Dios
de Israel. ¿Cómo pudieron apartarse del Señor y construirse un altar
en rebeldía contra él? 17 ¿Acaso no fue suficiente
el pecado que cometimos en Peor? Hasta el día de hoy, no estamos completamente
limpios de ese pecado, incluso después de la plaga que azotó a toda la
comunidad del Señor. 18 Y ahora ustedes le dan
la espalda al Señor. Si hoy ustedes se rebelan contra el Señor,
mañana él se enojará con todos nosotros.
19 »Si
necesitan el altar porque la tierra de ustedes es impura, entonces únanse a
nosotros en la tierra del Señor, donde se encuentra el tabernáculo
del Señor, y compartan nuestra tierra. Pero no se rebelen contra el Señor ni
contra nosotros al construir un altar diferente del altar único y verdadero
del Señor nuestro Dios. 20 ¿Acaso no cayó
el enojo divino sobre toda la comunidad de Israel cuando Acán, un miembro del
clan de Zera, pecó al robar las cosas que habían sido apartadas para el Señor?
Él no fue el único que murió a causa de su pecado.
21 Entonces
la gente de Rubén, de Gad y de la media tribu de Manasés les respondieron a
esos líderes, cabezas de los clanes de Israel:
22 —¡El Señor,
el Poderoso, es Dios! ¡El Señor, el Poderoso, es Dios! Él conoce la
verdad, ¡y que Israel también la sepa! Nosotros no construimos el altar por
traición o en rebeldía contra el Señor. Si fuera así, no nos perdonen la
vida ni un día más. 23 Si en verdad construimos un
altar para nosotros, para apartarnos del Señor o para presentar
ofrendas quemadas, ofrendas de grano u ofrendas de paz, que el Señor mismo
nos castigue.
24 »La
verdad es que construimos este altar porque tenemos miedo de que, en el futuro,
sus descendientes les digan a los nuestros: “¿Qué derecho tienen ustedes de
adorar al Señor, Dios de Israel? 25 El Señor ha
puesto el río Jordán como una barrera entre nuestra gente y ustedes, gente de
Rubén y de Gad. Ustedes no tienen derecho de afirmar que pertenecen al Señor”.
Así, los descendientes de ustedes podrían impedirles a los nuestros que
adoraran al Señor.
26 »Por
eso decidimos construir el altar, no para presentar ofrendas quemadas o
sacrificios, 27 sino como un monumento
conmemorativo. Les recordará a nuestros descendientes y a los de ustedes que
nosotros también tenemos el derecho de adorar al Señor en su
santuario con nuestros sacrificios, nuestras ofrendas quemadas y ofrendas de
paz. Entonces sus descendientes no podrán decirles a los nuestros: “Ustedes no
tienen derecho de afirmar que pertenecen al Señor”.
28 »Si
ellos dicen eso, nuestros descendientes podrán responder: “Miren esta réplica
del altar del Señor que construyeron nuestros antepasados. No es para
sacrificios ni ofrendas quemadas, es para recordarnos la relación que ambos
tenemos con el Señor”. 29 Lejos esté de
nosotros rebelarnos contra el Señor o apartarnos de él al construir
nuestro propio altar para presentar sacrificios, ofrendas quemadas y ofrendas
de grano. Únicamente el altar del Señor nuestro Dios—que está delante
del tabernáculo—puede usarse para ese propósito.
30 Cuando
el sacerdote Finees y los líderes de la comunidad—cabezas de los clanes de
Israel—oyeron eso de boca de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la
media tribu de Manasés, quedaron conformes. 31 Finees,
hijo del sacerdote Eleazar, les respondió:
—Hoy sabemos que el Señor está entre
nosotros, porque ustedes no han cometido esa traición contra el Señor como
nosotros habíamos pensado. En cambio, han rescatado a Israel de ser destruido
por mano del Señor.
32 Después
Finees, hijo del sacerdote Eleazar, y los otros líderes dejaron a la tribu de
Rubén y a la tribu de Gad en Galaad y regresaron a la tierra de Canaán para
contarles a los israelitas lo que había sucedido. 33 Entonces
todos los israelitas quedaron conformes y alabaron a Dios y no hablaron más de
hacer guerra contra Rubén y Gad.
34 La
gente de Rubén y de Gad le puso al altar el nombre de «Testigo», porque
dijeron: «Es un testigo entre nosotros y ellos de que el Señor es
también nuestro Dios».
Palabras finales de Josué a Israel
23 Pasaron
los años, y el Señor le había dado al pueblo de Israel descanso de
todos sus enemigos. Josué, quien ya era muy viejo, 2 reunió
a todos los ancianos, a los líderes, a los jueces y a los oficiales de Israel.
Les dijo: «Ya estoy muy viejo. 3 Ustedes han visto
todo lo que el Señor su Dios hizo por ustedes a lo largo de mi vida.
El Señor su Dios peleó por ustedes en contra de sus enemigos. 4 Yo
les he repartido, para que sea su hogar, toda la tierra de las naciones que aún
no están conquistadas y también la de aquellas que ya hemos conquistado, desde
el río Jordán hasta el mar Mediterráneo, donde se pone el sol. 5 Esta
tierra será de ustedes, porque el Señor su Dios, él mismo expulsará a
toda la gente que ahora vive allí. Ustedes tomarán posesión de esta tierra, tal
como el Señor su Dios lo prometió.
6 »Por
lo tanto, asegúrense de seguir todo lo que Moisés escribió en el libro de
instrucción. No se desvíen de esas palabras ni a la derecha ni a la
izquierda. 7 Asegúrense de no tener nada que ver
con los otros pueblos que aún quedan en esta tierra. Ni siquiera mencionen los
nombres de sus dioses y mucho menos juren por ellos, ni los sirvan, ni los
adoren. 8 Por el contrario, aférrense bien al Señor su
Dios como lo han hecho hasta ahora.
9 »Pues
el Señor ha expulsado a naciones grandes y poderosas a favor de
ustedes, y hasta ahora nadie ha podido derrotarlos. 10 Cada
uno de ustedes hará huir a mil hombres del enemigo, porque el Señor su
Dios pelea por ustedes tal como lo prometió. 11 Así
que asegúrense de amar al Señor su Dios.
12 »Pero
si se apartan de él y se aferran a las costumbres de los sobrevivientes de esas
naciones que aún quedan entre ustedes y se unen en matrimonio con ellos, 13 entonces
tengan por seguro que el Señor su Dios ya no expulsará a esos pueblos
de su tierra. En cambio, ellos serán como una red y una trampa para ustedes,
como un látigo en la espalda y como zarzas con espinas en los ojos, y ustedes
desaparecerán de la buena tierra que el Señor su Dios les ha dado.
14 »Dentro
de poco moriré, seguiré el camino de todo ser viviente en este mundo. En lo
profundo del corazón, ustedes saben que cada promesa del Señor su
Dios se ha cumplido. ¡Ni una sola ha fallado! 15 Pero
así como el Señor su Dios les ha dado las buenas cosas que prometió,
también traerá calamidad sobre ustedes si lo desobedecen. Los destruirá hasta
eliminarlos por completo de esta buena tierra que les ha dado. 16 Si
rompen el pacto del Señor su Dios al adorar y al servir a otros
dioses, su enojo arderá contra ustedes y pronto desaparecerán de la buena
tierra que él les ha dado».
El pacto del Señor es
renovado
24 Entonces
Josué convocó a todas las tribus de Israel en Siquem, junto con los ancianos,
los líderes, los jueces y los oficiales. Así que todos se reunieron y se
presentaron ante Dios.
2 Josué
le dijo al pueblo:
—Esto dice el Señor, Dios de Israel: Hace
mucho, tus antepasados, entre ellos Taré, el padre de Abraham y Nacor, vivían
del otro lado del río Éufrates y rindieron culto a otros dioses. 3 Pero
yo tomé a tu antepasado Abraham de la tierra que está al otro lado del Éufrates
y lo guie a la tierra de Canaán. Le di muchos descendientes por medio de su
hijo Isaac. 4 A Isaac, le di a Jacob y a Esaú. A
Esaú le di las montañas de Seir, mientras que Jacob y sus hijos descendieron a
Egipto.
5 »Luego
envié a Moisés y a Aarón, y mandé plagas espantosas sobre Egipto; y después te
saqué de allí como un pueblo libre. 6 Pero cuando
tus antepasados llegaron al mar Rojo, los egipcios te persiguieron con sus
carros de guerra y sus jinetes. 7 Cuando tus
antepasados clamaron al Señor, puse oscuridad entre ti y los egipcios.
Hice que el mar cayera sobre los egipcios y los ahogara. Con tus propios ojos
viste lo que hice. Luego viviste muchos años en el desierto.
8 »Finalmente,
te llevé a la tierra de los amorreos, al oriente del Jordán. Ellos pelearon
contra ti, pero yo los destruí delante de tus ojos. Te di la victoria sobre
ellos, y tomaste posesión de su tierra. 9 Después
Balac, hijo de Zipor, rey de Moab, empezó una guerra contra Israel. Llamó a
Balaam, hijo de Beor, para que te maldijera, 10 pero
yo no lo quise escuchar. En cambio, hice que Balaam te bendijera y entonces te
rescaté de Balac.
11 »Cuando
cruzaste el río Jordán y llegaste a Jericó, los hombres de Jericó pelearon
contra ti, como lo hicieron los amorreos, los ferezeos, los cananeos, los
hititas, los gergeseos, los heveos y los jebuseos. Pero yo te di la victoria
sobre ellos. 12 Y envié terror antes de que
llegaras, para expulsar a los dos reyes amorreos. No fueron tus espadas ni tus
arcos los que te dieron la victoria. 13 Yo te di
tierra que no habías trabajado y ciudades que no construiste, en las cuales
vives ahora. Te di viñedos y huertos de olivos como alimento, aunque tú no los
plantaste.
14 »Por
lo tanto, teme al Señor y sírvelo con todo el corazón. Echa fuera
para siempre los ídolos que tus antepasados adoraron cuando vivían del otro
lado del río Éufrates y en Egipto. Sirve únicamente al Señor. 15 Pero
si te niegas a servir al Señor, elige hoy mismo a quién servirás. ¿Acaso
optarás por los dioses que tus antepasados sirvieron del otro lado del
Éufrates? ¿O preferirás a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ahora
vives? Pero en cuanto a mí y a mi familia, nosotros serviremos al Señor.
16 El
pueblo respondió:
—Nosotros jamás abandonaríamos al Señor ni
serviríamos a otros dioses. 17 Pues el Señor nuestro
Dios es el que nos rescató a nosotros y a nuestros antepasados de la esclavitud
en la tierra de Egipto. Él hizo milagros poderosos ante nuestros propios ojos.
Cuando andábamos por el desierto, rodeados de enemigos, él nos protegió. 18 Fue
el Señor quien expulsó a los amorreos y a las otras naciones que
vivían aquí, en esta tierra. Por lo tanto, nosotros también serviremos al Señor,
porque solo él es nuestro Dios.
19 Entonces
Josué advirtió a los israelitas:
—Ustedes no son capaces de servir al Señor,
porque él es Dios santo y celoso. No les perdonará su rebelión ni sus
pecados. 20 Si abandonan al Señor y
sirven a otros dioses, él se pondrá en contra de ustedes y los destruirá,
aunque les haya hecho tanto bien en el pasado.
21 Pero
los israelitas respondieron a Josué:
—¡Eso no! Nosotros serviremos al Señor.
22 —Ustedes
son testigos de su propia decisión—les dijo Josué—. Hoy han elegido servir
al Señor.
—Claro que sí—respondieron—, somos testigos de lo
que dijimos.
23 —Muy
bien—dijo Josué—, entonces destruyan los ídolos que tienen entre ustedes y
entréguenle el corazón al Señor, Dios de Israel.
24 Entonces
los israelitas le dijeron a Josué:
—Serviremos al Señor nuestro Dios. Lo
obedeceremos solo a él.
25 Entonces,
ese día en Siquem, Josué hizo un pacto con ellos, el cual los comprometía a
seguir los decretos y las ordenanzas del Señor. 26 Josué
escribió todas esas cosas en el libro de instrucción de Dios. Como recordatorio
del acuerdo, tomó una piedra enorme y la llevó rodando hasta debajo del árbol
de terebinto que estaba junto al tabernáculo del Señor.
27 Josué
le dijo a todo el pueblo:
—Esta piedra escuchó todo lo que el Señor nos
dijo. Será un testigo en contra de ustedes si no cumplen lo que le prometieron
a Dios.
28 Después
Josué mandó que todo israelita regresara a su tierra, cada uno a su hogar.
Líderes enterrados en la Tierra
Prometida
29 Después
de eso, Josué, hijo de Nun y siervo del Señor, murió a los ciento diez
años de edad. 30 Lo enterraron en Timnat-sera,
tierra que se le había asignado en la zona montañosa de Efraín, al norte del
monte Gaas.
31 El
pueblo de Israel sirvió al Señor durante toda la vida de Josué y de
los ancianos que murieron después de él, los cuales habían vivido en persona
todo lo que el Señor había hecho por Israel.
32 Los
huesos de José—los cuales los israelitas llevaron consigo cuando salieron de
Egipto—fueron enterrados en Siquem, en la parcela que Jacob le había comprado a
los hijos de Hamor por cien piezas de plata. Esa tierra estaba situada en
el territorio asignado a los descendientes de José.
33 Murió
también Eleazar, hijo de Aarón. Fue enterrado en la zona montañosa de Efraín,
en la ciudad de Guibeá, la cual se le había entregado a su hijo Finees.
SALMOS 69
Para el director del coro: salmo de
David; cántese con la melodía de «Los lirios».
69 Sálvame
oh Dios,
porque las aguas de la inundación me llegan al cuello.
2 Me hundo cada vez más en el fango;
no encuentro dónde apoyar mis pies.
Estoy en aguas profundas,
y el torrente me cubre.
3 Estoy agotado de tanto gritar por ayuda;
tengo la garganta reseca.
Mis ojos están hinchados de tanto llorar,
a la espera de la ayuda de mi Dios.
4 Los que me odian sin motivo
suman más que los cabellos de mi cabeza.
Muchos enemigos tratan de destruirme con mentiras;
me exigen que devuelva lo que no robé.
5 Oh
Dios, tú sabes lo necio que soy;
de ti no puedo ocultar mis pecados.
6 No dejes que los que confían en ti sean avergonzados
por mi culpa,
oh Señor Soberano de los Ejércitos
Celestiales.
No permitas que sean humillados por mi causa,
oh Dios de Israel.
7 Pues yo soporto insultos por amor a ti;
tengo la humillación dibujada en todo mi rostro.
8 Hasta mis propios hermanos fingen no conocerme;
me tratan como a un extraño.
9 El
celo por tu casa me ha consumido,
y los insultos de aquellos que te insultan han caído
sobre mí.
10 Cuando lloro y ayuno,
se burlan de mí.
11 Cuando me visto de tela áspera en señal de dolor,
se ríen de mí.
12 Soy el blanco de los chismes de la ciudad,
y todos los borrachos cantan de mí.
13 Pero
sigo orando a ti, Señor,
con la esperanza de que esta vez me muestres tu favor.
En tu amor inagotable, oh Dios,
responde a mi oración con tu salvación segura.
14 Rescátame del lodo;
¡no dejes que me hunda aún más!
Sálvame de aquellos que me odian
y sácame de estas aguas profundas.
15 No permitas que el torrente me cubra,
ni que las aguas profundas me traguen,
ni que el foso de la muerte me devore.
16 Contesta
a mis oraciones, oh Señor,
pues tu amor inagotable es maravilloso;
cuida de mí,
pues tu misericordia es muy abundante.
17 No te escondas de tu siervo;
contéstame rápido, ¡porque estoy en graves
dificultades!
18 Ven y rescátame;
líbrame de mis enemigos.
19 Tú
conoces mi vergüenza, mi desprecio y mi deshonra;
ves todo lo que hacen mis enemigos.
20 Sus insultos me han destrozado el corazón,
y estoy desesperado.
Si al menos una persona me tuviera compasión;
si tan solo alguien volviera y me consolara.
21 En cambio, de comida, me dan veneno
y me ofrecen vino agrio para la sed.
22 Que
la abundante mesa servida ante ellos se convierta en una trampa,
y que su prosperidad se vuelva un engaño.
23 Que sus ojos queden ciegos para que no puedan ver,
y haz que sus cuerpos tiemblen continuamente.
24 Derrama tu furia sobre ellos;
consúmelos en el ardor de tu enojo.
25 Que sus casas queden desoladas
y sus carpas, desiertas.
26 A quien tú has castigado, agregan insultos;
añaden dolor a quienes tú has herido.
27 Amontona sus pecados en una enorme pila,
y no los dejes en libertad.
28 Borra sus nombres del libro de la vida;
no dejes que sean incluidos entre los justos.
29 Estoy
afligido y dolorido;
rescátame, oh Dios, con tu poder salvador.
30 Entonces
alabaré el nombre de Dios con cánticos,
y lo honraré con acción de gracias.
31 Pues al Señor esto le agradará más que el
sacrificio de ganado
o que presentar un toro con cuernos y pezuñas.
32 Los humildes verán a su Dios en acción y se pondrán
contentos;
que todos los que buscan la ayuda de Dios reciban
ánimo.
33 Pues el Señor oye el clamor de los
necesitados;
no desprecia a su pueblo encarcelado.
34 Alábenlo
el cielo y la tierra,
los mares y todo lo que en ellos se mueve.
35 Pues Dios salvará a Jerusalén
y reconstruirá las ciudades de Judá.
Su pueblo vivirá allí
y se establecerá en su propia tierra.
36 Los descendientes de quienes lo obedecen heredarán la
tierra,
y los que lo aman vivirán allí seguros.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”