Abril 06 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 75
JUECES 16 - 18
Sansón se lleva las puertas de Gaza
16 Cierto
día Sansón fue a la ciudad filistea de Gaza y pasó la noche con una
prostituta. 2 Pronto corrió la voz de que
Sansón estaba allí, así que los hombres de Gaza se reunieron y esperaron toda
la noche en las puertas de la ciudad. Se mantuvieron en silencio durante la
noche mientras se decían: «Con la luz de la mañana, lo mataremos».
3 Pero
Sansón estuvo acostado solamente hasta la medianoche. Luego se levantó, agarró
las puertas de la ciudad con los dos postes y las levantó con tranca y todo. Se
las puso sobre los hombros y las llevó a cuestas hasta la cima de la colina
situada frente a Hebrón.
Sansón y Dalila
4 Tiempo
después, Sansón se enamoró de una mujer llamada Dalila, que vivía en el valle
de Sorec. 5 Los gobernantes de los filisteos fueron
a verla y le dijeron: «Seduce a Sansón para que te diga qué lo hace tan fuerte,
y cómo es posible dominarlo y atarlo sin que se suelte. Luego, cada uno de
nosotros te dará mil cien piezas de plata».
6 Así
que Dalila le dijo a Sansón:
—Dime, por favor, qué te hace tan fuerte, y con
qué podrían amarrarte sin que te liberes.
7 Sansón
respondió:
—Si me ataran con siete cuerdas de arco que sean
nuevas y que aún no se hayan secado, me volvería tan débil como cualquier otro
hombre.
8 Entonces
los gobernantes filisteos le llevaron a Dalila siete cuerdas nuevas, y con
ellas ató a Sansón. 9 Dalila había escondido a
algunos hombres en una de las habitaciones internas de su casa, y gritó:
«¡Sansón! ¡Los filisteos han venido a capturarte!»; pero Sansón rompió las
cuerdas de arco como se rompe una cuerda cuando la quema el fuego. Así que no
descubrieron el secreto de su fuerza.
10 Después
Dalila le dijo:
—¡Hasta ahora te has burlado de mí y me has dicho
mentiras! Así que, por favor, dime cómo es posible amarrarte sin que te
liberes.
11 Sansón
respondió:
—Si me ataran con sogas totalmente nuevas, que
nunca se hayan usado, me volvería tan débil como cualquier otro hombre.
12 Así
que Dalila tomó sogas nuevas y ató a Sansón con ellas. Los hombres estaban
escondidos en otra habitación como antes, y de nuevo Dalila gritó: «¡Sansón!
¡Los filisteos han venido a capturarte!»; pero otra vez Sansón rompió las sogas
que le ataban los brazos como si fueran hilos.
13 Entonces
Dalila dijo:
—¡Hasta ahora te has burlado de mí y me has dicho
mentiras! Dime ya cómo es posible amarrarte sin que te liberes.
Sansón respondió:
—Si entretejieras las siete trenzas de mi cabello
con la tela del telar y lo aseguraras con la lanzadera del telar, me volvería
tan débil como cualquier otro hombre.
Así que, mientras él dormía, Dalila le entretejió
las siete trenzas del cabello con la tela. 14 Después
lo aseguró con la lanzadera del telar. Una vez más gritó: «¡Sansón! ¡Los
filisteos han venido a capturarte!»; pero Sansón se despertó, arrancó la
lanzadera del telar y sacó de un tirón su cabello del telar y de la tela.
15 Entonces
Dalila, haciendo pucheros, le dijo: «¿Cómo puedes decirme “te amo” si no me
confías tus secretos? ¡Ya te has burlado de mí tres veces y aún no me has dicho
lo que te hace tan fuerte!». 16 Día tras día lo
estuvo fastidiando hasta que Sansón se hartó de tanta insistencia.
17 Entonces
finalmente Sansón le reveló su secreto: «Nunca se me ha cortado el cabello—le
confesó—, porque fui consagrado a Dios como nazareo desde mi nacimiento. Si me
raparan la cabeza, perdería la fuerza, y me volvería tan débil como cualquier
otro hombre».
18 Así
que Dalila se dio cuenta de que por fin Sansón le había dicho la verdad, y
mandó llamar a los gobernantes filisteos. «Vuelvan una vez más—les dijo—,
porque al fin me reveló su secreto». Entonces los gobernantes filisteos
volvieron con el dinero en las manos. 19 Dalila
arrulló a Sansón hasta dormirlo con la cabeza sobre su regazo, y luego hizo
entrar a un hombre para que le afeitara las siete trenzas del cabello. De esa
forma, ella comenzó a debilitarlo, y la fuerza lo abandonó.
20 Entonces
ella gritó: «¡Sansón! ¡Los filisteos han venido a capturarte!».
Cuando se despertó, pensó: «Haré como antes y
enseguida me liberaré»; pero no se daba cuenta de que el Señor lo
había abandonado.
21 Así
que los filisteos lo capturaron y le sacaron los ojos. Se lo llevaron a Gaza,
donde lo ataron con cadenas de bronce y lo obligaron a moler grano en la
prisión.
22 Pero
en poco tiempo, el cabello comenzó a crecerle otra vez.
Victoria final de Sansón
23 Entonces
los gobernantes filisteos se juntaron para celebrar un gran festival, en el que
ofrecían sacrificios y alababan a su dios Dagón diciendo: «¡Nuestro dios nos ha
dado la victoria sobre Sansón, nuestro enemigo!».
24 Cuando
el pueblo vio a Sansón, también alabó a su dios diciendo: «¡Nuestro dios nos ha
entregado a nuestro enemigo! ¡El que mató a tantos de nosotros ahora está en
nuestro poder!».
25 Los
presentes, ya medio borrachos, exigieron: «¡Traigan a Sansón para que nos
divierta!». Así que lo sacaron de la prisión para que los entretuviera, y lo
pusieron de pie entre las columnas que sostenían la azotea.
26 Sansón
le dijo al joven sirviente que lo llevaba de la mano: «Pon mis manos sobre las
columnas que sostienen el templo. Quiero recostarme en ellas». 27 Ahora
bien, el templo estaba totalmente lleno de gente. Todos los gobernantes
filisteos estaban presentes, y en la azotea había cerca de tres mil hombres y
mujeres, mirando el entretenimiento de Sansón.
28 Entonces
Sansón oró al Señor: «Señor Soberano, acuérdate de mí otra vez. Oh
Dios, te ruego que me fortalezcas solo una vez más. Con un solo golpe, déjame
vengarme de los filisteos por la pérdida de mis dos ojos». 29 Entonces
Sansón apoyó las manos sobre las dos columnas centrales que sostenían el
templo; las empujó con ambas manos 30 y pidió en
oración: «Déjame morir con los filisteos». Y el templo se derrumbó sobre los
gobernantes filisteos y todos los demás presentes. De esa manera, Sansón mató
más personas al morir, que las que había matado durante toda su vida.
31 Más
tarde, sus hermanos y otros parientes descendieron a la ciudad para recoger su
cuerpo. Lo llevaron de regreso a su tierra y lo enterraron entre Zora y Estaol,
donde estaba enterrado Manoa, su padre. Sansón fue juez de Israel durante
veinte años.
Los ídolos de Micaía
17 Había
un hombre llamado Micaía que vivía en la zona montañosa de Efraín. 2 Un
día le dijo a su madre:
—Te oí maldecir a la persona que te robó mil cien
piezas de plata. Bueno, yo tengo el dinero; fui yo quien lo tomó.
—El Señor te bendiga por haberlo
admitido—respondió la madre.
3 Entonces
él le devolvió el dinero, y ella dijo:
—Ahora consagro estas monedas de plata al Señor.
En honor a mi hijo, haré tallar una imagen y fundir un ídolo.
4 Así
que, cuando Micaía le devolvió el dinero a su madre, ella tomó doscientas
monedas de plata y se las dio a un platero, quien las convirtió en una imagen y
un ídolo. Y los pusieron en la casa de Micaía. 5 Micaía
construyó un santuario para el ídolo e hizo un efod sagrado y algunos ídolos de
familia y nombró como su sacerdote personal a uno de sus hijos.
6 En
esos días, Israel no tenía rey; cada uno hacía lo que le parecía correcto según
su propio criterio.
7 Cierto
día llegó a la región un joven levita que vivía en Belén de Judá. 8 Había
salido de Belén en busca de otro lugar donde vivir y, viajando, llegó a la zona
montañosa de Efraín. Mientras estaba de paso, se detuvo por casualidad en la
casa de Micaía.
9 —¿De
dónde vienes?—le preguntó Micaía.
Él contestó:
—Soy un levita de Belén de Judá, y busco un lugar
para vivir.
10 —Quédate
aquí, conmigo—le dijo Micaía—, y podrás ser un padre y sacerdote para mí. Te
daré diez piezas de plata al año, además de una muda de ropa y comida.
11 El
joven levita aceptó y pasó a ser como uno de los hijos de Micaía.
12 Luego
Micaía lo nombró su sacerdote personal, y el levita vivió en la casa de
Micaía. 13 «Sé que el Señor ahora me
bendecirá—dijo Micaía—, porque tengo un levita como sacerdote personal».
Idolatría en la tribu de Dan
18 En
esos días, Israel no tenía rey. Y la tribu de Dan buscaba un lugar donde
establecerse, porque aún no había entrado en el territorio que se le había
asignado cuando se hizo la división de la tierra entre las tribus de
Israel. 2 Así que los hombres de Dan escogieron de
entre sus clanes a cinco guerreros competentes de las ciudades de Zora y Estaol
para que exploraran algún territorio donde la tribu pudiera establecerse.
Cuando los guerreros llegaron a la zona montañosa
de Efraín, entraron en la casa de Micaía y allí pasaron la noche. 3 Estando
en la casa de Micaía, reconocieron el acento del joven levita, así que se le
acercaron y le preguntaron:
—¿Quién te trajo aquí? ¿Qué haces en este lugar?
¿Por qué estás aquí?
4 Él
les contó de su acuerdo con Micaía, quien lo había contratado como su sacerdote
personal.
5 Entonces
ellos dijeron:
—Pregúntale a Dios si nuestro viaje tendrá éxito.
6 —Vayan
en paz—respondió el sacerdote—porque el Señor estará vigilando el
camino por donde van.
7 Así
que los cinco hombres siguieron hasta la ciudad de Lais, donde vieron que los
habitantes llevaban una vida despreocupada, igual que los sidonios; eran
pacíficos y vivían seguros. También eran ricos, porque su tierra era muy
fértil. Además vivían a gran distancia de Sidón y no tenían ningún aliado
cerca.
8 Cuando
los hombres regresaron a Zora y a Estaol, sus parientes les preguntaron:
—¿Qué encontraron?
9 Los
hombres les contestaron:
—¡Vamos, ataquémoslos! Hemos visto la tierra, y
es muy buena. ¿Qué esperan? No duden en ir y tomar posesión de ella. 10 Cuando
lleguen, verán que los habitantes llevan una vida despreocupada. Dios nos ha
dado un territorio espacioso y fértil, ¡que no carece de nada!
11 Entonces
seiscientos hombres de la tribu de Dan salieron de Zora y de Estaol armados
para la guerra. 12 Acamparon en un lugar situado al
occidente de Quiriat-jearim, en Judá, por eso hasta el día de hoy se llama
Mahne-dan. 13 Desde allí siguieron hasta la zona
montañosa de Efraín y llegaron a la casa de Micaía.
14 Los
cinco hombres que habían explorado la tierra alrededor de Lais les explicaron a
los demás: «En una de estas casas hay un efod sagrado, algunos ídolos de
familia, una imagen tallada y un ídolo fundido. ¿Qué les parece que deberían
hacer?». 15 Entonces los cinco hombres se desviaron
del camino y fueron hasta la casa de Micaía, donde vivía el joven levita, y lo
saludaron amablemente. 16 Mientras los seiscientos
guerreros armados de la tribu de Dan vigilaban la entrada de la puerta, 17 los
cinco espías entraron al santuario y tomaron la imagen tallada, el efod
sagrado, los ídolos de familia y el ídolo fundido. Ahora bien, el sacerdote
también estaba en la puerta con los seiscientos guerreros armados.
18 Cuando
el sacerdote vio que los hombres se llevaban todos los objetos sagrados del
santuario de Micaía, les dijo:
—¿Qué hacen?
19 —Cállate
y ven con nosotros—le dijeron—. Sé un padre y sacerdote para todos nosotros.
¿Acaso no es mejor ser el sacerdote de toda una tribu y un clan de Israel, que
de la casa de un solo hombre?
20 Entonces
el joven sacerdote estuvo más que dispuesto a ir con ellos, y se llevó consigo
el efod sagrado, los ídolos de familia y la imagen tallada. 21 El
grupo dio la vuelta y siguió su viaje con sus hijos, el ganado y las posesiones
al frente.
22 Cuando
los de la tribu de Dan estaban ya bastante lejos de la casa de Micaía, los
vecinos de Micaía salieron a perseguirlos. 23 Estaban
gritando cuando los alcanzaron. Entonces los hombres de Dan se dieron vuelta y
le dijeron a Micaía:
—¿Qué te pasa? ¿Por qué has reunido a estos
hombres y nos persiguen de esta forma?
24 —¿Cómo
me preguntan: “¿Qué te pasa?”? —contestó Micaía—. ¡Ustedes se han llevado todos
los dioses que yo hice y a mi sacerdote, y no me queda nada!
25 Los
hombres de Dan le dijeron:
—¡Ten cuidado con lo que dices! Por aquí hay unos
hombres de mal genio que podrían enojarse y matarte a ti y a tu familia.
26 Así
que los hombres de Dan siguieron su camino. Cuando Micaía vio que eran
demasiados para atacarlos, dio la vuelta y regresó a su casa.
27 Luego
los hombres de Dan, con los ídolos de Micaía y su sacerdote, llegaron a la
ciudad de Lais, donde los habitantes eran pacíficos y vivían seguros. Entonces
los atacaron con espadas y quemaron la ciudad hasta reducirla a cenizas. 28 No
hubo quien rescatara a los habitantes porque vivían a gran distancia de Sidón y
no tenían aliados cerca. Esto sucedió en el valle cerca de Bet-rehob.
Después la gente de la tribu de Dan reconstruyó
la ciudad para vivir allí 29 y le cambiaron el
nombre. La llamaron Dan en honor a su antepasado, el hijo de Israel, aunque
originalmente la ciudad se llamaba Lais.
30 Luego
colocaron la imagen tallada y nombraron como sacerdote a Jonatán, hijo de
Gersón, hijo de Moisés. Los miembros de esta familia continuaron siendo
sacerdotes para la tribu de Dan hasta el tiempo del destierro. 31 Así
que la tribu de Dan rindió culto a la imagen tallada de Micaía todo el tiempo
que el tabernáculo de Dios permaneció en Silo.
SALMOS 75
Para el director del coro: salmo de
Asaf; cántese con la melodía de «¡No destruyas!».
75 ¡Te
damos gracias, oh Dios!
Te damos gracias porque estás cerca;
por todas partes, la gente habla de tus hechos
maravillosos.
2 Dios
dice: «En el momento que tengo pensado,
haré justicia contra los perversos.
3 Cuando la tierra tiembla y sus habitantes viven en
caos,
yo soy quien mantiene firme sus cimientos. Interludio
4 »Al
orgulloso le advertí: “¡Deja de jactarte!”.
Al perverso le dije: “¡No levantes tus puños!
5 No levantes tus puños desafiantes contra los cielos
ni hables con semejante arrogancia”».
6 Pues nadie en la tierra—del oriente ni del occidente,
ni siquiera del desierto—
debería alzar un puño desafiante.
7 Dios es el único que juzga;
él decide quién se levantará y quién caerá.
8 Pues el Señor sostiene una copa en la mano,
llena de vino espumoso mezclado con especias.
Él derrama el vino en señal de juicio,
y todos los malvados lo beberán
hasta la última gota.
9 En
cuanto a mí, siempre proclamaré lo que Dios ha hecho;
cantaré alabanzas al Dios de Jacob.
10 Pues Dios dice: «Quebraré la fuerza de los malvados,
pero aumentaré el poder de los justos».
DIOS NO QUIERE PARCIALIDAD SINO
TOTALIDAD
Estimado lector:
Los capítulos 16, 17 y 18 del libro de Jueces,
junto con el Salmo 75, reflejan las consecuencias de una vida espiritual
desordenada, caracterizada por la falta de compromiso total con Dios. Se
evidencia que, cuando el ser humano vive en pecado de manera constante,
desarrolla una percepción distorsionada de sí mismo, creyéndose autosuficiente,
invencible e independiente. Esta actitud lo expone a la influencia del enemigo,
quien lo conduce progresivamente a la pérdida de dirección, afectando su
discernimiento y alejándolo de la visión divina.
En este contexto, se observa cómo algunos
individuos, aun habiendo recibido provisión y respaldo de Dios, deciden actuar
al margen de sus mandamientos, estatutos y decretos. Esta conducta no solo
afecta su vida personal, sino que también influye negativamente en otros,
generando desorden espiritual colectivo. La independencia mal gestionada
conduce a decisiones equivocadas que terminan debilitando la relación con Dios.
Asimismo, se destaca que el poder en sí mismo no
es negativo; sin embargo, su incorrecta administración puede convertirse en un
factor de caída. La falta de dominio propio y de disposición para someterse a
la voluntad de Dios lleva a actuar con orgullo y autosuficiencia. Esta realidad
no se limita a un contexto histórico, sino que se mantiene vigente, ya que el
ser humano tiende a sobreestimar su capacidad y a apartarse del propósito
divino, incluso cuando ha sido llamado para servir.
Por otra parte, el clamor del pueblo a Dios
representa un reconocimiento de su soberanía y una búsqueda de restauración. No
obstante, también se advierte que este acercamiento no debe estar motivado
únicamente por la necesidad momentánea, sino por un arrepentimiento genuino. El
Salmo 75 resalta la justicia de Dios y su autoridad sobre todas las cosas,
recordando que Él juzga con rectitud y que el orgullo conduce a la caída.
Aplicación:
Este mensaje resalta la importancia de mantener
una relación íntegra y constante con Dios, evitando una vida espiritual parcial
o inestable. Se evidencia la necesidad de actuar con humildad, reconociendo la
dependencia de Dios en todo momento y evitando decisiones guiadas por la
autosuficiencia o las emociones pasajeras. Asimismo, se enfatiza la
responsabilidad de administrar correctamente las capacidades y recursos
recibidos, manteniendo una actitud de obediencia. Finalmente, se destaca que
una fe firme requiere constancia y compromiso, evitando la idolatría y las
prácticas que debilitan la relación con Dios, para así permanecer en una vida
alineada con su voluntad.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”