Abril 07 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 76
JUECES 19 - 21
El levita y su concubina
19 En
esos días, Israel no tenía rey. Hubo un hombre de la tribu de Leví que vivía en
un lugar remoto de la zona montañosa de Efraín. Cierto día se llevó a su casa a
una mujer de Belén de Judá, para que fuera su concubina. 2 Pero
ella se enojó con él y volvió a la casa de su padre, en Belén.
Unos cuatro meses después, 3 su
marido viajó a Belén para hablar personalmente con ella y convencerla de que
regresara. Llevó consigo a un siervo y a un par de burros. Cuando llegó a la
casa del padre, este lo vio y le dio la bienvenida. 4 Su
suegro, el padre de la joven, insistió en que se quedara por un tiempo, así que
pasó allí tres días, comiendo, bebiendo y durmiendo.
5 Al
cuarto día, el hombre se levantó temprano y estaba listo para partir, pero el
padre de la joven le dijo a su yerno: «Come algo antes de irte». 6 Así
que los dos hombres se sentaron a comer y beber juntos. Luego el padre de la
joven le dijo: «Quédate, por favor, otra noche y diviértete». 7 El
hombre se levantó para irse, pero su suegro siguió insistiendo en que se
quedara, así que al final cedió y pasó allí otra noche.
8 A
la mañana del quinto día, el hombre se levantó temprano nuevamente, listo para
partir, pero una vez más el padre de la joven le dijo: «Come algo; después
podrás irte esta tarde». Así que se pasaron otro día de festejo. 9 Más
tarde, mientras el hombre, su concubina y el siervo se preparaban para
marcharse, el suegro le dijo: «Mira, está atardeciendo. Quédate esta noche y
diviértete. Mañana podrás levantarte temprano y marcharte».
10 Pero
esta vez, el hombre estaba decidido a irse. Así que tomó a sus dos burros
ensillados y a su concubina, y se dirigió a Jebús (es decir, Jerusalén). 11 Ya
era tarde cuando se acercaron a Jebús, y el siervo le dijo:
—Paremos en esta ciudad jebusea y pasemos aquí la
noche.
12 —No—le
dijo su amo—, no podemos quedarnos en esta ciudad extranjera donde no hay
israelitas. Seguiremos, en cambio, hasta Guibeá. 13 Vamos,
tratemos de llegar hasta Guibeá o Ramá, y pasaremos la noche en una de esas
ciudades.
14 Así
que siguieron adelante. El sol se ponía cuando llegaron a Guibeá, una ciudad
situada en Benjamín, 15 y se detuvieron allí para
pasar la noche. Descansaron en la plaza de la ciudad, pero nadie los invitó a
su casa para pasar la noche.
16 Esa
noche un anciano regresaba a su hogar después del trabajo en los campos. Era de
la zona montañosa de Efraín, pero vivía en Guibeá, donde la gente era de la
tribu de Benjamín. 17 Cuando vio a los viajeros
sentados en la plaza de la ciudad, les preguntó de dónde venían y hacia dónde
iban.
18 —Regresamos
de Belén, en Judá—le contestó el hombre—, y vamos hacia una zona remota de la
región montañosa de Efraín, donde yo vivo. Viajé a Belén y ahora voy de regreso
a mi hogar. Pero nadie nos ha invitado a su casa para pasar la
noche, 19 aunque traemos todo lo que necesitamos.
Tenemos paja y forraje para nuestros burros, y bastante pan y vino para
nosotros.
20 —Serán
bienvenidos en mi casa—les dijo el anciano—. Yo les daré todo lo que pudiera
faltarles; pero no se les ocurra pasar la noche en la plaza.
21 Entonces
los llevó a su casa y dio alimento a los burros. Después de lavarse los pies,
comieron y bebieron juntos.
22 Mientras
disfrutaban el momento, un grupo de alborotadores de la ciudad rodeó la casa.
Comenzaron a golpear la puerta y a gritarle al anciano:
—Saca al hombre que se hospeda contigo para que
podamos tener sexo con él.
23 Entonces
el anciano salió para hablar con ellos.
—No, hermanos míos, no hagan algo tan perverso.
Pues este hombre es huésped en mi casa, y semejante acto sería
vergonzoso. 24 Miren, llévense a mi hija virgen y a
la concubina de este hombre. Yo se las sacaré, y ustedes podrán abusar de ellas
y hacerles lo que quieran. Pero no cometan semejante vergüenza contra este
hombre.
25 Sin
embargo, ellos no le hicieron caso. Entonces el levita tomó a su concubina y la
empujó por la puerta. Los hombres de la ciudad abusaron de ella toda la noche,
violándola uno por uno hasta la mañana. Finalmente, al amanecer, la
soltaron. 26 Cuando ya amanecía, la mujer regresó a
la casa donde estaba hospedado su esposo y se desplomó en la puerta de la casa,
y permaneció allí hasta que hubo luz.
27 Cuando
su esposo abrió la puerta para salir, allí encontró a su concubina, tirada, con
las manos en el umbral. 28 «¡Levántate, vamos!», le
dijo. Pero no hubo respuesta. Entonces subió el cuerpo de la mujer a su
burro y se la llevó a su casa.
29 Cuando
llegó a su casa, tomó un cuchillo y cortó el cuerpo de su concubina en doce
pedazos. Después envió un pedazo a cada tribu por todo el territorio de Israel.
30 Todos
los que lo veían exclamaban: «En todo este tiempo, desde que Israel salió de
Egipto, nunca se había cometido un crimen tan horrible. ¡Pensémoslo bien! ¿Qué
vamos a hacer? ¿Quién lo denunciará?».
Guerra de Israel contra Benjamín
20 Entonces
todos los israelitas se unieron como un solo hombre, desde Dan en el norte
hasta Beerseba en el sur, incluidos los del otro lado del Jordán, en la tierra
de Galaad. Toda la comunidad se reunió en asamblea ante la presencia del Señor en
Mizpa. 2 Los líderes de todo el pueblo, de todas
las tribus de Israel—cuatrocientos mil guerreros armados con espadas—, ocuparon
sus puestos en la asamblea del pueblo de Dios. 3 (Pronto
llegó la noticia a la tierra de Benjamín de que las otras tribus habían subido
a Mizpa). Entonces los israelitas preguntaron cómo había sucedido ese crimen
tan terrible.
4 El
levita, el esposo de la mujer asesinada, explicó:
—Mi concubina y yo nos detuvimos para pasar la
noche en Guibeá, una ciudad que pertenece a la tribu de Benjamín. 5 Esa
noche, algunos de los ciudadanos prominentes de Guibeá rodearon la casa con la
intención de matarme, y violaron a mi concubina hasta que quedó muerta. 6 Entonces
corté su cuerpo en doce pedazos y envié los pedazos por todo el territorio
asignado a Israel, porque esos hombres han cometido un crimen terrible y
vergonzoso. 7 Ahora bien, todos ustedes—la
comunidad entera de Israel—tienen que decidir aquí y ahora qué debe hacerse al
respecto.
8 Y
todo el pueblo se puso de pie al mismo tiempo y proclamó a una voz:
—¡Ninguno de nosotros volverá a su hogar! ¡No, ni
una sola persona! 9 En cambio, haremos lo siguiente
con Guibeá: echaremos suertes para decidir quién la atacará. 10 Una
décima parte de los hombres de cada tribu se encargará de abastecer a los
guerreros con provisiones; los demás nos vengaremos de Guibeá, en
Benjamín, por la infamia que sus hombres han cometido en Israel.
11 Así
que los israelitas estaban en total unanimidad, y se juntaron para atacar la
ciudad.
12 Los
israelitas enviaron mensajeros a la tribu de Benjamín, diciendo: «¡Qué acto tan
terrible se ha cometido en medio de ustedes! 13 Entréguennos
a esos hombres malvados, a esos perturbadores de Guibeá, para que los
ejecutemos y así purifiquemos a Israel de semejante maldad».
Pero los de Benjamín no quisieron escuchar. 14 En
cambio, salieron de sus ciudades y se juntaron en Guibeá para pelear contra los
israelitas. 15 En total, de toda la tribu de
Benjamín, llegaron a Guibeá veintiséis mil guerreros armados con espadas, los
cuales se sumaron a los setecientos guerreros selectos que vivían allí. 16 Entre
las tropas selectas de Benjamín había setecientos hombres zurdos, capaces de
tirar una piedra con la honda y acertar en un cabello sin errar el
blanco. 17 Israel, a su vez, tenía cuatrocientos
mil soldados con experiencia en la guerra, armados con espadas, sin contar a
los guerreros de Benjamín.
18 Antes
de la batalla, los israelitas fueron a Betel y le preguntaron a Dios:
—¿Cuál de las tribus debe ser la primera en
atacar a la gente de Benjamín?
El Señor contestó:
—Judá debe ir primero.
19 Entonces
los israelitas salieron temprano a la mañana siguiente y acamparon cerca de
Guibeá. 20 Después avanzaron hacia Guibeá para
atacar a los hombres de Benjamín. 21 Pero los
guerreros de Benjamín, que estaban defendiendo la ciudad, salieron y mataron
ese día a veintidós mil israelitas en el campo de batalla.
22 Sin
embargo, los israelitas se animaron unos a otros y otra vez tomaron sus
posiciones en el mismo lugar donde habían luchado el día anterior. 23 Pues
habían subido a Betel y habían llorado en presencia del Señor hasta
la noche. Le habían preguntado al Señor:
—¿Debemos salir nuevamente a pelear contra
nuestros parientes de Benjamín?
Y el Señor había dicho: —Salgan a
pelear contra ellos.
24 Así
que, al día siguiente, volvieron a pelear contra los hombres de Benjamín, 25 pero
los hombres de Benjamín mataron a otros dieciocho mil israelitas, todos ellos
expertos en el uso de la espada.
26 Entonces
todos los israelitas subieron a Betel y lloraron en presencia del Señor, y
ayunaron hasta la noche. También le llevaron al Señor ofrendas
quemadas y ofrendas de paz. 27 Los israelitas
fueron a buscar dirección del Señor. (En esos días el arca del pacto de
Dios estaba en Betel, 28 y el sacerdote era Finees,
hijo de Eleazar y nieto de Aarón). Los israelitas le preguntaron al Señor:
—¿Debemos volver a pelear contra nuestros
parientes de Benjamín o debemos detenernos?
El Señor dijo: —¡Vayan! Mañana se los
entregaré.
29 Entonces
los israelitas armaron una emboscada alrededor de Guibeá. 30 Salieron
al tercer día, y tomaron sus posiciones en los mismos lugares que antes. 31 Cuando
los hombres de Benjamín salieron a atacar, fueron alejados de la ciudad. Y tal
como habían hecho antes, comenzaron a matar a los israelitas. Unos treinta
israelitas murieron en campo abierto y por los dos caminos, uno que lleva a
Betel, y el otro que lleva de vuelta a Guibeá.
32 Entonces
los guerreros de Benjamín gritaron: «¡Los estamos derrotando igual que antes!»;
pero los israelitas habían planeado huir de antemano, para que los hombres de
Benjamín salieran a perseguirlos por los caminos y quedaran alejados de la
ciudad.
33 Cuando
los guerreros israelitas llegaron a Baal-tamar, se dieron vuelta y tomaron sus
posiciones de batalla. Mientras tanto, los israelitas que estaban escondidos en
emboscada al occidente de Guibeá salieron de repente a pelear. 34 Sumaban
diez mil los guerreros israelitas selectos que avanzaron contra Guibeá. El
enfrentamiento fue tan intenso que Benjamín no se dio cuenta del desastre que
se avecinaba. 35 Y el Señor ayudó a
Israel a derrotar a Benjamín, y ese día los israelitas mataron a veinticinco
mil cien guerreros de Benjamín, todos expertos en el manejo de la espada. 36 Entonces
los hombres de Benjamín se dieron cuenta de que estaban vencidos.
Los israelitas habían retrocedido frente a los
guerreros de Benjamín para que los que estaban escondidos en emboscada tuvieran
más terreno para maniobrar contra Guibeá. 37 Entonces
los que estaban escondidos en los alrededores se lanzaron contra la ciudad y
mataron a todos los habitantes. 38 Habían acordado
hacer una gran columna de humo desde la ciudad como señal. 39 Cuando
los israelitas vieron el humo, se dieron vuelta y atacaron a los guerreros de
Benjamín.
Para entonces, los guerreros de Benjamín habían
matado a unos treinta israelitas y gritaban: «¡Los estamos derrotando como en
la primera batalla!». 40 Pero cuando los guerreros
de Benjamín miraron hacia atrás y vieron el humo que se elevaba al cielo desde
todos los rincones de la ciudad, 41 los hombres de
Israel giraron y los atacaron. En ese instante, los hombres de Benjamín se
aterrorizaron, porque se dieron cuenta de que se les venía el desastre
encima. 42 Así que dieron media vuelta y huyeron
frente a los israelitas hacia el desierto. Pero no pudieron escapar de la
batalla, y la gente que salió de las ciudades cercanas también pereció. 43 Los
israelitas cercaron a los hombres de Benjamín y los persiguieron sin tregua,
hasta que por fin los alcanzaron al oriente de Guibeá. 44 Ese
día murieron en batalla dieciocho mil de los guerreros más fuertes de
Benjamín. 45 Los sobrevivientes huyeron al
desierto, hacia la roca de Rimón, pero Israel mató a cinco mil de ellos a lo
largo del camino. Los israelitas continuaron persiguiéndolos hasta que mataron
a otros dos mil cerca de Gidom.
46 Ese
día la tribu de Benjamín perdió veinticinco mil guerreros fuertes armados con
espada, 47 y quedaron solo seiscientos hombres,
quienes escaparon a la roca de Rimón, donde vivieron durante cuatro
meses. 48 Entonces los israelitas regresaron al
territorio de Benjamín y en todas las ciudades masacraron a todo ser viviente:
a la gente, a los animales y a todo lo que encontraron. También quemaron por
completo todas las ciudades por las que pasaron.
Esposas para Benjamín
21 Los
israelitas habían jurado en Mizpa: «Nunca daremos nuestras hijas en matrimonio
a ningún hombre de la tribu de Benjamín». 2 Entonces
el pueblo de Israel fue a Betel y permaneció en presencia de Dios hasta la
noche, llorando amargamente en voz alta. 3 «Oh Señor,
Dios de Israel—clamaban—, ¿por qué ha sucedido esto en Israel? ¡Ahora Israel ha
perdido una de sus tribus!».
4 Temprano
a la mañana siguiente, el pueblo construyó un altar y allí presentó sus
ofrendas quemadas y ofrendas de paz. 5 Entonces se
preguntaron: «¿Quién de entre las tribus de Israel no estuvo con nosotros en
Mizpa cuando nos reunimos en asamblea en presencia del Señor?». En esa
ocasión, habían hecho un juramento solemne ante el Señor de que
matarían a todo el que se negara a presentarse.
6 Los
israelitas sintieron lástima por su hermano Benjamín y dijeron: «Hoy ha sido
cortada una de las tribus de Israel. 7 ¿Cómo
podemos encontrar esposas para los pocos hombres que quedan, ya que hemos
jurado por el Señor que no les daríamos nuestras hijas en
matrimonio?».
8 Así
que preguntaron: «¿Quién de entre las tribus de Israel no estuvo con nosotros
en Mizpa cuando nos reunimos en asamblea en presencia del Señor?». Y
descubrieron que ninguno de Jabes de Galaad había asistido a la asamblea. 9 Pues
luego de contar a todos los presentes, no había nadie de Jabes de Galaad.
10 Entonces
la asamblea envió a doce mil de sus mejores guerreros a Jabes de Galaad con
órdenes de matar a todos los habitantes, entre ellos mujeres y niños. 11 «Lo
que harán—les dijeron—es destruir por completo a todos los varones y a las
mujeres que no sean vírgenes». 12 Entre los
habitantes de Jabes de Galaad, encontraron a cuatrocientas muchachas vírgenes,
que nunca se habían acostado con un hombre, y las llevaron al campamento en
Silo, que está en la tierra de Canaán.
13 Así
que la asamblea de Israel envió una delegación de paz a los hombres que habían
quedado de Benjamín, y que estaban viviendo en la roca de Rimón. 14 Entonces
los hombres de Benjamín volvieron a sus hogares y recibieron como esposas a las
cuatrocientas mujeres de Jabes de Galaad, a quienes se les había perdonado la
vida. Pero no hubo suficientes mujeres para todos los hombres.
15 El
pueblo sintió lástima por Benjamín, porque el Señor había dejado un
vacío en las tribus de Israel. 16 A raíz de eso,
los ancianos de la asamblea preguntaron: «¿Cómo podemos conseguir esposas para
los pocos que quedan, ya que las mujeres de la tribu de Benjamín están
muertas? 17 Los sobrevivientes deben tener
herederos, para que no quede exterminada toda una tribu de Israel. 18 Pero
no podemos darles a nuestras hijas en matrimonio porque hemos jurado
solemnemente que quien lo haga caerá bajo la maldición de Dios».
19 Entonces
se acordaron del festival anual del Señor que se celebra en Silo, al
sur de Lebona y al norte de Betel, por el lado oriente del camino que va de
Betel a Siquem. 20 Así que les dijeron a los
hombres de Benjamín que aún necesitaban esposa: «Vayan y escóndanse en los
viñedos. 21 Cuando vean que las jóvenes de Silo
salen a danzar, salgan corriendo de los viñedos, y entonces cada uno de ustedes
llévese a una de ellas a la tierra de Benjamín, para que sea su esposa. 22 Cuando
los padres y los hermanos de las muchachas vengan a reclamarnos, nosotros les
diremos: “Sean comprensivos, por favor. Dejen que se queden con sus hijas,
porque no encontramos esposas para todos ellos cuando destruimos Jabes de
Galaad. Y ustedes no son culpables de romper el voto, ya que, en realidad, no
les entregaron a sus hijas en matrimonio”».
23 Así
que los hombres de Benjamín hicieron lo que se les dijo. Cada hombre tomó a una
de las mujeres mientras danzaban en la celebración, y se la llevó para que
fuera su esposa. Regresaron a su propia tierra, reedificaron sus ciudades y
vivieron en ellas.
24 Luego
el pueblo de Israel se retiró por tribus y familias, y cada uno volvió a su
propia casa.
25 En
esos días, Israel no tenía rey; cada uno hacía lo que le parecía correcto según
su propio criterio.
SALMOS 76
Para el director del coro: salmo de
Asaf. Cántico; acompáñese con instrumentos de cuerda.
76 Dios
recibe honra en Judá;
su nombre es grande en Israel.
2 Jerusalén es el lugar donde habita;
el monte Sion es su hogar.
3 Allí quebró las flechas encendidas del enemigo,
los escudos, las espadas y las armas de guerra. Interludio
4 Tú
eres glorioso y superas en majestad
a las montañas eternas.
5 Nuestros enemigos más audaces fueron saqueados
y yacen ante nosotros en el sueño de la muerte.
No hay guerrero que pueda levantarse contra nosotros.
6 A la ráfaga de tu aliento, oh Dios de Jacob,
sus caballos y carros de guerra quedan inmóviles.
7 ¡Con
razón eres tan temido!
¿Quién puede quedar en pie ante ti cuando estalla tu
ira?
8 Desde el cielo sentenciaste a tus enemigos;
la tierra tembló y permaneció en silencio delante de
ti.
9 Te levantas para juzgar a los que hacen lo malo, oh
Dios,
y para rescatar a los oprimidos de la tierra. Interludio
10 La rebeldía del ser humano solo resalta tu gloria,
porque tú la usas como un arma.
11 Haz
votos al Señor tu Dios y cúmplelos;
que todos le lleven tributo al Temible.
12 Él quiebra el orgullo de los príncipes,
y los reyes de la tierra le temen.
PERVERSIÓN, UNA VIDA SIN DIOS
Estimado lector:
Los capítulos 19, 20 y 21 del libro de Jueces
presentan uno de los momentos más críticos en la historia de Israel,
caracterizado por una profunda decadencia moral y social. Este periodo refleja
las consecuencias de una vida apartada de Dios y de la ausencia de un liderazgo
espiritual firme, resumida en la afirmación recurrente de que cada individuo
actuaba conforme a su propio criterio. Esta autonomía desordenada condujo a
actos de extrema perversión, violencia y desintegración comunitaria.
El capítulo 19 expone un hecho particularmente
grave: la atrocidad cometida en Gabaa. En este relato, un levita y su concubina
llegan a la ciudad, donde la falta de hospitalidad evidencia una ruptura de los
valores fundamentales establecidos para el pueblo. Hombres perversos rodean la
casa donde se hospedan, exigiendo abusar del levita. En un acto de cobardía, el
levita entrega a su concubina, quien es violentada durante toda la noche hasta
morir.
Posteriormente, el levita descuartiza el cuerpo y
lo envía a las tribus de Israel como señal de indignación y llamado a la
justicia. Este episodio no solo revela la corrupción moral, sino también la
pérdida de sensibilidad y responsabilidad dentro del pueblo.
En el capítulo 20, la respuesta de Israel se
manifiesta en una guerra civil contra la tribu de Benjamín. Aunque inicialmente
enfrentan derrotas, finalmente logran imponerse, llevando a la casi total
destrucción de dicha tribu, de la cual solo sobreviven seiscientos hombres.
Este conflicto interno pone en evidencia cómo el pecado genera división y
conduce a consecuencias devastadoras incluso dentro del propio pueblo.
El capítulo 21 describe las medidas desesperadas
adoptadas para evitar la extinción de la tribu de Benjamín. En lugar de un
arrepentimiento genuino, se toman decisiones igualmente erradas, como la
destrucción de la ciudad de Jabes-galaad y el secuestro de mujeres para proveer
esposas a los sobrevivientes. Estas acciones reflejan intentos humanos de
corregir errores mediante métodos desordenados y contrarios a los principios
divinos.
Por contraste, el Salmo 76 exalta la soberanía de
Dios como defensor de su pueblo frente a enemigos poderosos. Este himno de
gratitud y victoria resalta que, aun en medio del caos humano, Dios mantiene el
control absoluto. En conjunto, estos pasajes subrayan la importancia del temor
de Dios, evidencian que el pecado conduce a juicio y desorden, y enfatizan la
necesidad de confiar plenamente en la intervención divina en tiempos de crisis.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”