Abril 11 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 80
1 SAMUEL 9 - 12
Saúl conoce a Samuel
9 Había
un hombre rico e influyente llamado Cis, de la tribu de Benjamín. Era hijo de
Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía, de la tribu de
Benjamín. 2 Su hijo Saúl era el hombre más apuesto
en Israel; era tan alto que los demás apenas le llegaban a los hombros.
3 Cierto
día, los burros de Cis se extraviaron, y él le dijo a Saúl: «Lleva a un siervo
contigo y ve a buscar los burros». 4 Así que Saúl
tomó a un siervo y anduvo por la zona montañosa de Efraín, por la tierra de
Salisa, por el área de Saalim y por toda la tierra de Benjamín, pero no
pudieron encontrar los burros por ninguna parte.
5 Finalmente,
entraron a la región de Zuf y Saúl le dijo a su siervo:
—Volvamos a casa. ¡Es probable que ahora mi padre
esté más preocupado por nosotros que por los burros!
6 Pero
el siervo dijo:
—¡Se me ocurre algo! En esta ciudad vive un
hombre de Dios. La gente lo tiene en gran estima porque todo lo que dice se
cumple. Vayamos a buscarlo; tal vez pueda decirnos por dónde ir.
7 —Pero
no tenemos nada que ofrecerle—respondió Saúl—. Hasta nuestra comida se acabó y
no tenemos nada para darle.
8 —Bueno—dijo
el siervo—, tengo una pequeña pieza de plata. ¡Al menos, se la podemos
ofrecer al hombre de Dios y ver qué pasa!
9 (En
esos días, si la gente quería recibir un mensaje de Dios, decía: «Vamos a
preguntarle al vidente», porque los profetas solían ser llamados «videntes»).
10 —Está
bien—aceptó Saúl—, ¡hagamos el intento!
Así que se encaminaron hacia la ciudad donde
vivía el hombre de Dios. 11 Al ir subiendo la
colina hacia la ciudad, se encontraron con unas jóvenes que salían a sacar
agua. Entonces Saúl y su siervo les preguntaron:
—¿Se encuentra por aquí el vidente?
12 —Sí—les
contestaron—, sigan por este camino; él está junto a las puertas de la ciudad.
Acaba de llegar para participar de un sacrificio público que se realizará
arriba, en el lugar de adoración. 13 Apúrense para
que lo puedan encontrar antes de que suba a comer. Los invitados no comenzarán
a comer hasta que él llegue para bendecir los alimentos.
14 De
modo que llegaron a la ciudad y, mientras entraban por las puertas, Samuel iba
saliendo hacia ellos para subir al lugar de adoración.
15 Ahora
bien, el Señor le había dicho a Samuel el día anterior: 16 «Mañana
a esta hora te enviaré a un hombre de la tierra de Benjamín. Úngelo para que
sea el líder de mi pueblo, Israel. Él lo librará de los filisteos, porque desde
lo alto he mirado a mi pueblo con misericordia y he oído su clamor».
17 Cuando
Samuel vio a Saúl, el Señor le dijo: «¡Ese es el hombre del que te
hablé! Él gobernará a mi pueblo».
18 Justo
en ese momento, Saúl se acercó a Samuel a las puertas de la ciudad y le
preguntó:
—¿Podría decirme, por favor, dónde está la casa
del vidente?
19 —¡Yo
soy el vidente!—contestó Samuel—. Sube al lugar de adoración delante de mí.
Allí comeremos juntos; en la mañana te diré lo que quieres saber y te enviaré
de regreso. 20 Y no te preocupes por esos burros
que se perdieron hace tres días, porque ya los encontraron. Además, estoy aquí
para decirte que tú y tu familia son el centro de todas las esperanzas de
Israel.
21 Saúl
respondió:
—¡Pero solo soy de la tribu de Benjamín, la más
pequeña de Israel, y mi familia es la menos importante de todas las familias de
la tribu! ¿Por qué me habla usted de esa manera?
22 Luego
Samuel llevó a Saúl y a su siervo al comedor y los sentó en la cabecera de la
mesa, y así los honró más que a los treinta invitados especiales. 23 Después
Samuel dio instrucciones al cocinero para que le sirviera a Saúl el mejor corte
de carne, la porción que había sido reservada para el invitado de honor. 24 El
cocinero trajo la carne y la puso frente a Saúl. «Adelante, come—le dijo
Samuel—, ¡lo había apartado para ti aun antes de que invitara a los demás!».
Así que ese día Saúl comió con Samuel.
25 Cuando
bajaron del lugar de adoración y regresaron a la ciudad, Samuel llevó a Saúl a
la azotea de la casa y allí le preparó una cama. 26 Al
amanecer del día siguiente, Samuel llamó a Saúl: «¡Levántate! ¡Es hora de que
sigas tu viaje!». Así que Saúl se preparó y salió de la casa junto a
Samuel. 27 Cuando llegaron a las afueras de la
ciudad, Samuel le dijo a Saúl que mandara a su siervo que se adelantara.
Después de que el siervo se fue, Samuel dijo: «Quédate aquí, porque he recibido
un mensaje especial para ti de parte de Dios».
Samuel unge a Saúl como rey
10 Entonces
Samuel tomó un frasco de aceite de oliva y lo derramó sobre la cabeza de Saúl.
Besó a Saúl y dijo: «Hago esto porque el Señor te ha designado para
que gobiernes a Israel, su posesión más preciada. 2 Cuando
me dejes hoy, verás a dos hombres junto a la tumba de Raquel en Selsa, en los
límites del territorio de Benjamín. Ellos te dirán que los burros fueron
encontrados y que tu padre dejó de preocuparse por ellos, pero que ahora está
preocupado por ti. Está preguntando: “¿Han visto a mi hijo?”.
3 »Cuando
llegues al roble de Tabor, te encontrarás con tres hombres que van camino a
Betel para adorar a Dios. Uno llevará tres cabritos, otro tendrá tres panes y
el tercero un odre lleno de vino. 4 Los tres
hombres te saludarán y te ofrecerán dos panes, los cuales debes aceptar.
5 »Cuando
llegues a Guibeá de Dios, donde está la guarnición de los filisteos,
encontrarás a un grupo de profetas que desciende del lugar de adoración.
Estarán tocando un arpa, una pandereta, una flauta y una lira, y estarán
profetizando. 6 En ese momento el Espíritu
del Señor vendrá poderosamente sobre ti y profetizarás con ellos.
Serás transformado en una persona diferente. 7 Después
de que sucedan estas señales, haz lo que deba hacerse, porque Dios está
contigo. 8 Luego desciende a Gilgal delante de mí.
Allí me encontraré contigo para sacrificar ofrendas quemadas y ofrendas de paz.
Deberás esperar siete días hasta que yo llegue y te dé más instrucciones».
Las señales de Samuel se cumplen
9 Mientras
Saúl se daba vuelta para irse, Dios le dio un nuevo corazón, y todas las
señales de Samuel se cumplieron en ese día. 10 Cuando
Saúl y su siervo llegaron a Guibeá, vieron a un grupo de profetas que se les
acercaba. Entonces el Espíritu de Dios vino poderosamente sobre Saúl, y él
también comenzó a profetizar. 11 Cuando los que
conocían a Saúl se enteraron de lo sucedido, exclamaron: «¿Qué? ¿Hasta Saúl es
profeta? ¿Cómo se convirtió el hijo de Cis en profeta?».
12 Además,
uno de los que estaban allí dijo: «¿Cualquiera puede convertirse en profeta,
sin importar quien sea su padre?». Este es el origen del dicho: «¿Hasta Saúl es
profeta?».
13 Cuando
Saúl terminó de profetizar, subió al lugar de adoración.
14 —¿Dónde
han estado?—les preguntó el tío de Saúl a él y a su siervo.
—Estábamos buscando a los burros—le respondió
Saúl—, pero no pudimos encontrarlos. Así que acudimos a Samuel para preguntarle
dónde estaban.
15 —¡Ah!
¿Y qué dijo?—le preguntó su tío.
16 —Nos
dijo que ya habían encontrado los burros—contestó Saúl.
Pero Saúl no le contó a su tío lo que Samuel
había dicho acerca del reino.
Saúl es proclamado rey
17 Después
Samuel convocó a todo el pueblo de Israel para que se reuniera delante
del Señor en Mizpa, 18 y dijo: «Esto es
lo que el Señor, Dios de Israel, ha declarado: “Los saqué de Egipto; los
rescaté de los egipcios y de todas las naciones que los oprimían. 19 Pero
aunque los rescaté de su miseria y aflicción, hoy han rechazado a su Dios y han
dicho: ‘¡No, en lugar de Dios queremos un rey!’. Por lo tanto, preséntense
ahora delante del Señor por tribus y clanes”».
20 Entonces
Samuel reunió a todas las tribus de Israel delante del Señor, y por sorteo
se eligió a la tribu de Benjamín. 21 Después llevó
a cada familia de la tribu de Benjamín delante del Señor, y se eligió a la
familia de los Matri. Finalmente de entre ellos fue escogido Saúl, hijo de Cis.
Pero cuando lo buscaron, ¡había desaparecido! 22 Entonces
le preguntaron al Señor:
—¿Dónde está?
Y el Señor contestó:
—Está escondido entre el equipaje.
23 Así
que lo encontraron y lo sacaron. Era tan alto que los demás apenas le llegaban
al hombro.
24 Luego
Samuel dijo a todo el pueblo: «Este es el hombre que el Señor ha
escogido como su rey. ¡No hay nadie como él en todo Israel!».
Y todo el pueblo gritó: «¡Viva el rey!».
25 Después,
Samuel le explicó al pueblo cuales eran los derechos y las obligaciones de un
rey. Los escribió en un rollo y lo puso delante del Señor. Luego Samuel
envió al pueblo a sus casas.
26 Cuando
Saúl regresó a su casa en Guibeá lo acompañó un grupo de hombres a quienes Dios
les había tocado el corazón. 27 Sin embargo, había
unos sinvergüenzas que se quejaban: «¿Cómo puede este hombre salvarnos?». Y lo
despreciaban y se negaban a llevarle regalos; pero Saúl no les hizo caso.
[Nahas, rey de los amonitas, había estado
oprimiendo gravemente a los habitantes de Gad y de Rubén que vivían al oriente
del río Jordán. Les sacó el ojo derecho a todos los israelitas que vivían allí,
y no permitía que nadie viniera a rescatarlos. De hecho, de todos los
israelitas que vivían al oriente del río Jordán, no había uno solo a quien
Nahas no le hubiera sacado el ojo derecho. Pero había siete mil hombres que
habían escapado de los amonitas y se habían establecido en Jabes de Galaad].
Saúl derrota a los amonitas
11 Como
un mes después, el rey Nahas de Amón dirigió a su ejército contra la
ciudad israelita llamada Jabes de Galaad. Pero los habitantes de Jabes pidieron
paz.
—Haz un tratado con nosotros y seremos tus
siervos—rogaron.
2 —Está
bien—dijo Nahas—, pero con una sola condición. ¡Le sacaré el ojo derecho a cada
uno de ustedes para deshonrar a todo Israel!
3 —¡Danos
siete días para enviar mensajeros por todo Israel! —respondieron los ancianos
de Jabes—. Si nadie viene a salvarnos, aceptaremos tus condiciones.
4 Cuando
los mensajeros llegaron a Guibeá de Saúl y le contaron al pueblo acerca de su
aprieto, todos se echaron a llorar. 5 Saúl había
estado arando un campo con sus bueyes y, cuando regresó a la ciudad, preguntó:
«¿Qué les pasa? ¿Por qué están llorando?». Así que le contaron del mensaje de
Jabes.
6 Entonces
el Espíritu de Dios vino con poder sobre Saúl y se enojó mucho. 7 Así
que, tomó dos bueyes, los cortó en pedazos y envió mensajeros para que los
llevaran por todo Israel con el siguiente mensaje: «¡Esto es lo que le pasará a
los bueyes del que se niegue a seguir a Saúl y a Samuel a la batalla!».
Entonces el Señor hizo que la gente tuviera miedo del enojo de Saúl,
por lo tanto, todos salieron a la guerra como un solo hombre. 8 Cuando
Saúl los movilizó en Bezec, se dio cuenta de que había trescientos mil hombres
de Israel y treinta mil de Judá.
9 Entonces
Saúl envió a los mensajeros de regreso a Jabes de Galaad para decir: «¡Los
rescataremos mañana antes del mediodía!». Cuando llegó el mensaje, ¡hubo gran
alegría en toda la ciudad!
10 Así
que los hombres de Jabes dijeron a sus enemigos: «Mañana iremos a ustedes y
podrán hacer con nosotros lo que quieran». 11 Pero
a la mañana siguiente, antes del amanecer, Saúl llegó con su ejército dividido
en tres destacamentos. Entonces atacó por sorpresa a los amonitas y los masacró
durante toda la mañana. El resto del ejército amonita quedó tan disperso que no
había dos de ellos juntos.
12 Entonces
la gente clamó a Samuel:
—¿Ahora, dónde están esos hombres que decían:
“¿Por qué debe Saúl gobernarnos?”? ¡Tráiganlos aquí y los mataremos!
13 Pero
Saúl respondió:
—Nadie será ejecutado hoy, ¡porque este día
el Señor rescató a Israel!
14 Luego
Samuel dijo a la gente:
—¡Vengan, vamos todos a Gilgal para renovar el
reino!
15 Así
que todos fueron a Gilgal y en una ceremonia solemne delante del Señor proclamaron
rey a Saúl. Después ofrecieron ofrendas de paz al Señor, y Saúl y todos
los israelitas se llenaron de alegría.
Discurso de despedida de Samuel
12 Entonces
Samuel se dirigió a todo Israel:
—He hecho lo que me han pedido y les he dado un
rey. 2 Ahora el rey es su líder. Estoy aquí delante
de ustedes—un hombre ya viejo y canoso—y mis hijos les sirven. He sido su líder
desde mi niñez hasta el día de hoy. 3 Ahora
testifiquen contra mí en presencia del Señor y ante su ungido. ¿A
quién le he robado un buey o un burro? ¿Alguna vez he estafado a alguno de
ustedes? ¿Alguna vez los he oprimido? ¿Alguna vez he aceptado soborno o he
pervertido la justicia? Díganmelo y corregiré cualquier cosa incorrecta que haya
hecho.
4 —No—le
contestaron ellos—, nunca nos has engañado ni oprimido y nunca has aceptado
soborno alguno.
5 —El Señor y
su ungido son mis testigos hoy—declaró Samuel—de que mis manos están limpias.
—Sí, él es nuestro testigo—respondieron.
6 —Fue
el Señor quien designó a Moisés y a Aarón—continuó Samuel—. Él sacó a
sus antepasados de la tierra de Egipto. 7 Ahora,
permanezcan aquí en silencio delante del Señor mientras les recuerdo
todas las grandes cosas que el Señor ha hecho por ustedes y por sus
antepasados.
8 »Cuando
los israelitas estaban en Egipto y clamaron al Señor, él envió a
Moisés y a Aarón para rescatarlos de Egipto y traerlos a esta tierra. 9 Sin
embargo, los israelitas pronto se olvidaron del Señor su Dios,
entonces él los entregó a Sísara, el comandante del ejército de Hazor, y
también a los filisteos y al rey de Moab, quienes lucharon contra ellos.
10 »Entonces
clamaron al Señor nuevamente y confesaron: “Hemos pecado al
apartarnos del Señor y al rendir culto a las imágenes de Baal y
Astoret. Pero te adoraremos a ti y solo a ti si nos rescatas de nuestros
enemigos”. 11 Luego el Señor envió a
Gedeón, a Bedán, a Jefté y a Samuel para salvarlos, y ustedes
vivieron a salvo.
12 »Pero
cuando tuvieron miedo de Nahas, rey de Amón, vinieron a mí y dijeron que
querían un rey para que gobernara sobre ustedes, aun cuando el Señor su
Dios ya era su rey. 13 Está bien, aquí está el rey
que han escogido. Ustedes lo pidieron y el Señor se lo concedió.
14 »Ahora,
si ustedes temen al Señor y lo adoran, si escuchan su voz y no se
rebelan contra sus mandatos, entonces tanto ustedes como su rey demostrarán que
reconocen al Señor como su Dios. 15 Pero
si se rebelan contra los mandatos del Señor y rehúsan escucharlo,
entonces su mano será tan dura con ustedes como ha sido con sus antepasados.
16 »Ahora
quédense aquí y vean la maravilla que el Señor está a punto de
hacer. 17 Ustedes saben que nunca llueve en esta
época del año durante la cosecha de trigo. Le pediré al Señor que hoy
envíe truenos y lluvia. ¡Entonces se darán cuenta de qué tan perversos han sido
al pedirle al Señor un rey!
18 Entonces
Samuel clamó al Señor, y ese mismo día envió truenos y lluvia. Y todo el
pueblo quedó aterrado del Señor y de Samuel.
19 —¡Ora
al Señor tu Dios por nosotros o moriremos! —le dijeron a Samuel—. A
nuestras faltas hemos agregado el pecado de pedir un rey.
20 —No
teman—los tranquilizó Samuel—, de verdad han hecho mal, pero ahora asegúrense
de adorar al Señor con todo el corazón y no le den la espalda. 21 No
vuelvan a rendir culto a ídolos despreciables que no pueden ayudarlos o
rescatarlos, ¡son completamente inútiles! 22 El Señor no
abandonará a su pueblo, porque eso traería deshonra a su gran nombre. Pues le
agradó al Señor hacerlos su pueblo.
23 »En
cuanto a mí, ciertamente no pecaré contra el Señor al dejar de orar
por ustedes. Y seguiré enseñándoles lo que es bueno y correcto. 24 Por
su parte, asegúrense de temer al Señor y de servirlo fielmente.
Piensen en todas las cosas maravillosas que él ha hecho por ustedes. 25 Pero
si siguen pecando, ustedes y su rey serán destruidos.
SALMOS 80
Para el director del coro: salmo de
Asaf; cántese con la melodía de «Lirios del pacto».
80 Te
pido que escuches, oh Pastor de Israel,
tú, que guías como a un rebaño a los descendientes de
José.
Oh Dios, entronizado por encima de los querubines,
despliega tu radiante gloria
2 ante Efraín, Benjamín y
Manasés.
Muéstranos tu gran poder.
¡Ven a rescatarnos!
3 Oh
Dios, haznos volver a ti;
haz que tu rostro brille sobre nosotros.
Solo entonces seremos salvos.
4 Oh Señor, Dios de los Ejércitos Celestiales,
¿hasta cuándo seguirás enojado con nuestras oraciones?
5 Nos diste tristeza por comida,
y nos hiciste beber lágrimas en abundancia.
6 Nos convertiste en el desprecio de las naciones
vecinas.
Nuestros enemigos nos tratan como si fuéramos una
broma.
7 Haznos
volver a ti, oh Dios de los Ejércitos Celestiales;
haz que tu rostro brille sobre nosotros.
Solo entonces seremos salvos.
8 Nos sacaste de Egipto como a una vid;
expulsaste a las naciones paganas y nos trasplantaste a
tu tierra.
9 Limpiaste el terreno para nosotros,
y echamos raíces y llenamos la tierra.
10 Nuestra sombra cubrió las montañas;
nuestras ramas cubrieron los poderosos cedros.
11 Extendimos las ramas al occidente, hacia el mar
Mediterráneo;
nuestros retoños se extendieron al oriente, hacia el
río Éufrates.
12 Pero ahora, ¿por qué has derribado nuestras murallas
de modo que todos los que pasan pueden robarse nuestros
frutos?
13 Los jabalíes del bosque los devoran,
y los animales salvajes se alimentan de ellos.
14 Te
suplicamos que regreses, oh Dios de los Ejércitos Celestiales.
Observa desde los cielos y mira nuestro aprieto.
Cuida de esta vid
15 que tú mismo plantaste,
este hijo que criaste para ti.
16 Somos cortados y quemados por nuestros enemigos;
que perezcan al ver tu ceño fruncido.
17 Fortalece al hombre que amas,
al hijo que elegiste.
18 Entonces jamás volveremos a abandonarte.
Revívenos para que podamos invocar tu nombre una vez
más.
19 Haznos
volver a ti, oh Señor Dios de los Ejércitos Celestiales;
haz que tu rostro brille sobre nosotros.
Solo entonces seremos salvos.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”