Abril 15 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 84
1 SAMUEL 21 - 24
David
huye de Saúl
21 David
fue a la ciudad de Nob para ver al sacerdote Ahimelec. Cuando Ahimelec lo vio,
se puso a temblar.
—¿Por qué estás solo?—le preguntó—. ¿Por qué
nadie te acompaña?
2 —El
rey me envió en un asunto privado—dijo David—. Me pidió que no le contara a
nadie por qué estoy aquí. Les dije a mis hombres dónde buscarme después. 3 Ahora
bien, ¿qué hay de comer? Dame cinco panes o cualquier otra cosa que tengas.
4 —No
tenemos nada de pan común—respondió el sacerdote—. Pero aquí está el pan
sagrado, el cual pueden comer si tus jóvenes no se han acostado con alguna
mujer recientemente.
5 —No
te preocupes—le aseguró David—. Nunca permito que mis hombres estén con mujeres
cuando estamos en plena campaña. Y ya que se mantienen limpios, aun durante
misiones normales, ¡cuánto más en esta!
6 Como
no había otro alimento disponible, el sacerdote le dio el pan sagrado: el pan
de la Presencia que se ponía delante del Señor en el tabernáculo.
Justo en ese día había sido reemplazado por pan recién horneado.
7 Aquel
día estaba allí Doeg el edomita, jefe de los pastores de Saúl, que había sido
detenido delante del Señor.
8 David
le preguntó a Ahimelec:
—¿Tienes una lanza o una espada? El asunto del
rey era tan urgente que ¡ni siquiera me dio tiempo de tomar un arma!
9 —Solo
tengo la espada de Goliat el filisteo, a quien tú mataste en el valle de Ela—le
contestó el sacerdote—. Está envuelta en una tela detrás del efod. Tómala si
quieres, porque es la única que tengo.
—¡Esta espada es sin igual—respondió David—,
dámela!
10 Entonces
David escapó de Saúl y fue donde el rey Aquis de Gat. 11 Pero
a los oficiales de Aquis no les agradaba que David estuviera allí. «¿No es este
David, el rey de la tierra?—preguntaron—. ¿No es este a quien el pueblo honra
con danzas, y canta:
“Saúl mató a sus miles,
y David, a sus diez miles”?».
12 David
oyó esos comentarios y tuvo mucho miedo de lo que el rey Aquis de Gat pudiera
hacer con él. 13 Así que se hizo pasar por loco,
arañando las puertas y dejando que la saliva escurriera por su barba.
14 Finalmente,
el rey Aquis le dijo a sus hombres:
—¿Tienen que traerme a un loco? 15 ¡Ya
tenemos suficientes de ellos aquí! ¿Por qué habría de permitir que alguien como
él sea huésped en mi casa?
David en la cueva de Adulam
22 Entonces
David salió de Gat y escapó a la cueva de Adulam. Al poco tiempo sus hermanos y
demás parientes se unieron a él allí. 2 Luego,
comenzaron a llegar otros—hombres que tenían problemas o que estaban endeudados
o que simplemente estaban descontentos—, y David llegó a ser capitán de unos
cuatrocientos hombres.
3 Después
David se dirigió a Mizpa de Moab, donde le pidió al rey: «Por favor, permite
que mi padre y mi madre vivan aquí contigo hasta que sepa lo que Dios tiene
pensado para mí». 4 Así que los padres de David se
quedaron en Moab con el rey durante todo el tiempo que David vivió en la
fortaleza.
5 Un
día el profeta Gad dijo a David: «Deja la fortaleza y vuelve a la tierra de
Judá». Entonces David fue al bosque de Haret.
6 Las
noticias de su llegada a Judá pronto alcanzaron a Saúl. En ese momento, el rey
estaba sentado debajo de un árbol de tamarisco en la colina de Guibeá, con su
lanza en la mano y rodeado de sus oficiales.
7 —¡Escuchen
bien, hombres de Benjamín!—les gritó Saúl a sus oficiales al oír las noticias—.
¿Acaso ese hijo de Isaí les ha prometido a cada uno de ustedes campos y
viñedos? ¿Les ha prometido a todos hacerlos generales y capitanes de su
ejército? 8 ¿Es por eso que han conspirado contra
mí? Pues ninguno de ustedes me avisó cuando mi propio hijo hizo un pacto
solemne con ese hijo de Isaí. Ni siquiera sienten lástima por mí. ¡Imagínense!
¡Mi propio hijo incita al hijo de Isaí para que me mate, tal como está tratando
de hacer hoy mismo!
9 Entonces
Doeg el edomita, que se encontraba entre los hombres de Saúl, habló:
—Cuando estaba en Nob, vi al hijo de Isaí
hablando con el sacerdote Ahimelec, hijo de Ahitob. 10 Ahimelec
consultó al Señor por él. Luego le dio alimento y la espada de Goliat
el filisteo.
Masacre de los sacerdotes
11 Entonces
el rey Saúl inmediatamente mandó traer a Ahimelec y a toda su familia, quienes
servían como sacerdotes en Nob. 12 Cuando llegaron,
Saúl le gritó:
—¡Escúchame, hijo de Ahitob!
—¿Qué quiere, mi rey?—le preguntó Ahimelec.
13 —¿Por
qué han conspirado contra mí, tú y ese hijo de Isaí?—le preguntó Saúl—. ¿Por
qué le diste alimento y una espada? ¿Por qué consultaste a Dios por él? ¿Por
qué lo instigaste a matarme, como está tratando de hacer hoy mismo?
14 —Pero
señor—respondió Ahimelec—, ¿hay alguien entre todos sus siervos que sea tan
fiel como su yerno David? ¡Él es el capitán de su escolta y un miembro
altamente honrado de su casa! 15 Por cierto, ¡esta
no fue la primera vez que consulté a Dios por él! Que el rey no me acuse a mí y
a mi familia de este asunto, porque yo no sabía nada de un complot en contra de
usted.
16 —¡Ahimelec,
ten por seguro que morirás junto con toda tu familia!—gritó el rey.
17 Y
le ordenó a su escolta:
—¡Maten a estos sacerdotes del Señor, porque
son aliados de David y conspiradores con él! ¡Ellos sabían que él huía de mí,
pero no me lo dijeron!
Pero los hombres de Saúl se negaron a matar a los
sacerdotes del Señor.
18 Entonces
Saúl le dijo a Doeg:
—Hazlo tú.
Así que ese día Doeg el edomita los atacó y los
mató: ochenta y cinco sacerdotes en total que aún llevaban puestas sus
vestiduras sacerdotales. 19 Después se dirigió a
Nob, la ciudad de los sacerdotes, y mató a las familias de los
sacerdotes—hombres y mujeres, niños y recién nacidos—y a todo el ganado,
burros, ovejas y cabras.
20 Solamente
Abiatar, uno de los hijos de Ahimelec, escapó y huyó a donde estaba
David. 21 Cuando le dijo que Saúl había matado a
los sacerdotes del Señor, 22 David exclamó:
—¡Lo sabía! Cuando vi a Doeg el edomita allí ese
día, estaba seguro de que se lo contaría a Saúl. Ahora soy responsable de la
muerte de toda la familia de tu padre. 23 Quédate
aquí conmigo, no tengas miedo; te protegeré con mi propia vida, porque la misma
persona quiere matarnos a los dos.
David protege la ciudad de Keila
23 Un
día le llegaron noticias a David de que los filisteos estaban en la ciudad de
Keila robando el grano de los campos de trillar. 2 Entonces
David le preguntó al Señor:
—¿Debo ir y atacarlos?
—Sí, ve y salva a Keila—le dijo el Señor.
3 Pero
los hombres de David le dijeron:
—Tenemos miedo incluso aquí en Judá. ¡De ninguna
manera queremos ir a Keila para luchar contra todo el ejército filisteo!
4 Así
que David consultó de nuevo al Señor, y de nuevo el Señor respondió:
«Desciende a Keila, porque yo te ayudaré a conquistar a los filisteos».
5 Entonces
David y sus hombres fueron a Keila. Mataron a los filisteos, tomaron todos sus
animales y rescataron a la gente de la ciudad. 6 Cuando
Abiatar, hijo de Ahimelec, huyó a donde estaba David en Keila, se llevó consigo
el efod.
7 Pronto
Saúl se enteró de que David estaba en Keila. «¡Excelente!—exclamó—. ¡Ya lo
tenemos! Dios me lo entregó en mis manos, porque se ha quedado atrapado en una
ciudad amurallada». 8 Entonces Saúl movilizó a todo
su ejército para marchar hacia Keila y sitiar a David y a sus hombres.
9 Pero
David se enteró de los planes de Saúl y le dijo a Abiatar el sacerdote que
trajera el efod para consultar con el Señor. 10 Entonces
David oró:
—Oh Señor, Dios de Israel, he oído que Saúl
piensa venir a Keila y destruirla porque yo estoy aquí. 11 ¿Me
traicionarán los líderes de Keila y me entregarán a él? ¿Y de verdad
vendrá Saúl, como me han informado? Oh Señor, Dios de Israel, te ruego que
me digas.
Y el Señor le dijo:
—Él vendrá.
12 De
nuevo David preguntó:
—¿Me traicionarán los líderes de Keila a mí y a
mis hombres para entregarnos a Saúl?
Y el Señor le contestó:
—Sí, ellos los traicionarán.
David se esconde en el desierto
13 Entonces
David y sus hombres—ahora cerca de seiscientos—salieron de Keila y comenzaron a
deambular por toda la región. Pronto llegó la noticia a Saúl de que David había
escapado, por lo que decidió no ir a Keila. 14 David
se refugió en unas fortalezas que había en el desierto y en la zona montañosa
de Zif. Saúl lo perseguía día tras día, pero Dios no permitió que Saúl lo
encontrara.
15 Un
día, cerca de Hores, David recibió la noticia de que Saúl estaba camino a Zif
para buscarlo y matarlo. 16 Jonatán fue a buscar a
David y lo animó a que permaneciera firme en su fe en Dios. 17 «No
tengas miedo—le aseguró Jonatán—, ¡mi padre nunca te encontrará! Tú vas a ser
el rey de Israel, y yo voy a estar a tu lado, como mi padre bien lo
sabe». 18 Luego los dos renovaron su pacto solemne
delante del Señor. Después Jonatán regresó a su casa, mientras que David
se quedó en Hores.
19 Pero
los hombres de Zif fueron a Saúl en Guibeá y traicionaron a David.
—Sabemos dónde se esconde David—le dijeron—. Está
en las fortalezas de Hores en la colina de Haquila, que está en la parte sur de
Jesimón. 20 Descienda cuando esté listo, oh rey, ¡y
lo atraparemos y se lo entregaremos!
21 —¡Que
el Señor los bendiga!—les dijo Saúl—. ¡Por fin alguien se preocupa
por mí! 22 Vayan y verifiquen dónde se está
quedando y quién lo ha visto allí, porque sé que es muy astuto. 23 Descubran
sus escondites y vuelvan cuando estén seguros. Después yo iré con ustedes. Y si
está en la región, lo rastrearé, ¡aunque tenga que buscar en cada escondite de
Judá!
24 Entonces
los hombres de Zif regresaron a su casa antes de que se fuera Saúl.
Mientras tanto, David y sus hombres se
trasladaron al desierto de Maón, en el valle de Arabá, al sur de Jesimón. 25 Cuando
David se enteró de que Saúl y sus hombres lo estaban buscando, se internó aún
más en el desierto hasta llegar a la roca grande, y permaneció allí en el
desierto de Maón. Pero Saúl andaba tras él en el desierto.
26 Saúl
y David se encontraban en lados opuestos de una montaña. Justo cuando Saúl y
sus hombres comenzaban a cercar a David y a sus hombres, 27 le
llegó un mensaje urgente al rey que le informaba que los filisteos nuevamente
asaltaban a Israel. 28 Entonces Saúl dejó de
perseguir a David y regresó para luchar contra los filisteos. Desde entonces,
el lugar donde David acampó se llama Roca de Escape. 29 Después
David fue a vivir a las fortalezas de En-gadi.
David perdona la vida de Saúl
24 Después
de que Saúl regresó de pelear contra los filisteos, se le informó que David se
había ido al desierto de En-gadi. 2 Entonces Saúl
escogió a tres mil soldados selectos de todo Israel y fue en busca de David y
de sus hombres cerca de los peñascos de las cabras salvajes.
3 En
el lugar donde el camino pasaba por algunos rediles, Saúl entró en una cueva
para hacer sus necesidades. ¡Pero resultó que David y sus hombres estaban
escondidos más adentro de esa misma cueva!
4 «¡Ahora
es tu oportunidad!—los hombres le susurraron a David—. Hoy el Señor te
dice: “Te aseguro que pondré a tu enemigo en tu poder, para que hagas con él lo
que desees”». Entonces David se le acercó sigilosamente y cortó un pedazo del
borde del manto de Saúl.
5 Pero
comenzó a remorderle la conciencia por haber cortado el manto de Saúl, 6 y
les dijo a sus hombres: «Que el Señor me libre de hacerle tal cosa a
mi señor el rey. No debo atacar al ungido del Señor, porque el Señor mismo
lo ha elegido». 7 Entonces David contuvo a sus
hombres y no les permitió que mataran a Saúl.
Después de que Saúl saliera de la cueva para
seguir su camino, 8 David salió y le gritó:
—¡Mi señor el rey!
Cuando Saúl miró hacia atrás, David se inclinó
hasta el suelo delante de él. 9 Entonces le gritó a
Saúl:
—¿Por qué le hace caso a la gente que dice que
quiero hacerle daño? 10 Este mismo día puede ver
con sus propios ojos que no es verdad. Pues el Señor lo puso a mi
merced allí en la cueva, y algunos de mis hombres me dijeron que lo matara,
pero yo le perdoné la vida. Pues dije: “Nunca le haré daño al rey; él es el
ungido del Señor”. 11 Mire, padre mío, lo que
tengo en mi mano. ¡Es un pedazo del borde de su manto! Yo lo corté, pero no lo
maté. Esto prueba que no intento hacerle daño y que no he pecado contra usted,
aun cuando usted me ha estado persiguiendo para matarme.
12 »Que
el Señor juzgue entre nosotros. Tal vez el Señor lo
castigue por lo que intenta hacer, pero yo nunca le haré daño. 13 Como
dice el antiguo proverbio: “De la gente malvada, provienen las malas acciones”.
Así que puede estar seguro de que nunca le haré daño. 14 De
todas formas, ¿a quién trata de atrapar el rey de Israel? ¿Debería pasar tiempo
persiguiendo a alguien que no vale más que un perro muerto o una sola
pulga? 15 Por lo tanto, que el Señor juzgue
quién de nosotros tiene la razón y que castigue al culpable. ¡Él es mi defensor
y me rescatará de su poder!
16 Cuando
David terminó de hablar, Saúl le respondió:
—¿Realmente eres tú, David, hijo mío?
Enseguida comenzó a llorar 17 y
le dijo a David:
—Eres mejor persona que yo, porque has devuelto
bien por mal. 18 Es cierto, has sido increíblemente
bondadoso conmigo hoy, porque cuando el Señor me puso en un lugar
donde pudiste haberme matado, no lo hiciste. 19 ¿Quién
otro dejaría ir a su enemigo cuando lo tiene en su poder? Que el Señor te
recompense bien por la bondad que hoy me has demostrado. 20 Ahora
me doy cuenta de que ciertamente tú serás el rey, y de que el reino de Israel
prosperará bajo tu gobierno. 21 Júrame, entonces,
por el Señor, que cuando esto suceda, ¡no matarás a mi familia ni
destruirás a mis descendientes!
22 Entonces
David le prometió esto a Saúl con un juramento. Después Saúl volvió a su casa,
pero David y sus hombres regresaron a su fortaleza.
SALMOS 84
Para el director del coro: salmo de
los descendientes de Coré; acompáñese con instrumento de cuerda.
84 ¡Qué
bella es tu morada,
oh Señor de los Ejércitos Celestiales!
2 Anhelo y hasta desfallezco de deseo
por entrar en los atrios del Señor.
Con todo mi ser, mi cuerpo y mi alma,
gritaré con alegría al Dios viviente.
3 Hasta el gorrión encuentra un hogar
y la golondrina construye su nido y cría a sus
polluelos
cerca de tu altar,
¡oh Señor de los Ejércitos Celestiales, mi
Rey y mi Dios!
4 ¡Qué alegría para los que pueden vivir en tu casa
cantando siempre tus alabanzas! Interludio
5 ¡Qué
alegría para los que reciben su fuerza del Señor,
los que se proponen caminar hasta Jerusalén!
6 Cuando anden por el Valle del Llanto,
se convertirá en un lugar de manantiales refrescantes;
las lluvias de otoño lo cubrirán de bendiciones.
7 Ellos se harán cada vez más fuertes,
y cada uno se presentará delante de Dios en Jerusalén.
8 Oh Señor Dios
de los Ejércitos Celestiales, oye mi oración;
escucha, oh Dios de Jacob. Interludio
9 ¡Oh
Dios, mira con favor al rey, nuestro escudo!
Muestra bondad a quien has ungido.
10 Un
solo día en tus atrios
¡es mejor que mil en cualquier otro lugar!
Prefiero ser un portero en la casa de mi Dios
que vivir la buena vida en la casa de los perversos.
11 Pues el Señor Dios es nuestro sol y nuestro
escudo;
él nos da gracia y gloria.
El Señor no negará ningún bien
a quienes hacen lo que es correcto.
12 Oh Señor de los Ejércitos Celestiales,
¡qué alegría tienen los que confían en ti!
EL REFUGIO EQUIVOCADO
Estimado lector:
Los capítulos 21, 22, 23 y 24 de 1 Samuel, junto
con el Salmo 84, presentan un periodo de huida en la vida de David,
evidenciando la fragilidad humana frente al temor y, a la vez, la fidelidad de
Dios al sostener y guiar en medio de la incertidumbre.
En 1 Samuel 21 se describe la huida de David ante
la persecución de Saúl. En Nob, obtiene alimento y armas mediante engaño, y
posteriormente se refugia en Gat, ciudad filistea donde era reconocido. Ante el
peligro, recurre nuevamente a la mentira y finge estar loco para preservar su
vida. Este episodio evidencia decisiones impulsadas por el temor y la búsqueda
de protección en medios inadecuados.
En 1 Samuel 22, David se refugia en la cueva de
Adulam, donde se le unen hombres afligidos y endeudados. Asimismo, pone a salvo
a su familia en Moab. Sin embargo, los sacerdotes de Nob son asesinados por
orden de Saúl debido a la ayuda brindada a David, lo que refleja las
consecuencias de un contexto marcado por la violencia y la persecución.
En 1 Samuel 23, David actúa en favor de la ciudad
de Keila, librándola del ataque filisteo. No obstante, al conocer la intención
de Saúl de perseguirlo, consulta a Dios y decide huir. En este proceso, recibe
el apoyo de Jonatán, quien fortalece su ánimo, destacando la importancia del
acompañamiento en tiempos de crisis.
En 1 Samuel 24, David tiene la oportunidad de
acabar con Saúl, pero decide perdonarle la vida, limitándose a cortar el borde
de su manto. Posteriormente, confronta a Saúl, demostrando que no busca
dañarlo. Este acto refleja un cambio hacia una conducta guiada por principios y
respeto por la autoridad.
El Salmo 84 complementa estos eventos al expresar
el anhelo por la presencia de Dios como verdadero refugio, resaltando que la
seguridad no se encuentra en lugares o estrategias humanas, sino en la comunión
con Dios.
Aplicación:
Estos pasajes evidencian que el temor puede
conducir a decisiones equivocadas, como confiar en recursos humanos o recurrir
al engaño. Sin embargo, también muestran que, al consultar y obedecer a Dios,
se experimenta dirección, protección y respaldo.
Se resalta la importancia de reconocer dónde se
está buscando refugio. La dependencia de Dios permite enfrentar la
incertidumbre con confianza, mientras que la autosuficiencia conduce a la
inestabilidad. Así, se enfatiza que la verdadera seguridad se encuentra en la
presencia de Dios, quien sostiene y guía incluso en medio de la debilidad
humana.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”