LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 86

Abril 17 de 2026

La iglesia no cierra. Ahora más unidos, más cerca.

LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 86

 

1 SAMUEL 28 - 31

Saúl consulta a una médium

28 Por ese tiempo, los filisteos reunieron sus ejércitos para ir a la guerra contra Israel. El rey Aquis le dijo a David:

—Se espera que tú y tus hombres salgan conmigo a la batalla.

—¡Muy bien!—acordó David—. Ahora comprobarás tú mismo lo que podemos hacer.

Después Aquis le dijo a David:

—Te haré mi guardaespaldas personal de por vida.

Durante ese tiempo, Samuel había muerto y todo Israel había hecho duelo por él. Fue enterrado en Ramá, su ciudad natal. Saúl había expulsado del territorio de Israel a todos los médiums y a todos los que consultaban los espíritus de los muertos.

Los filisteos montaron su campamento en Sunem, y Saúl reunió a todo el ejército de Israel y acampó en Gilboa. Cuando Saúl vio al inmenso ejército filisteo, tuvo miedo y se aterrorizó. Entonces le preguntó al Señor qué debía hacer, pero el Señor rehusó contestarle ya fuera por sueños o por sorteo sagrado o por medio de los profetas. Así que Saúl les dijo a sus consejeros:

—Busquen a una mujer que sea médium, para ir y preguntarle qué hacer.

Sus consejeros le respondieron:

—Hay una médium en Endor.

Entonces Saúl se disfrazó con ropa común en lugar de ponerse las vestiduras reales y fue a la casa de la mujer por la noche, acompañado de dos de sus hombres.

—Tengo que hablar con un hombre que ha muerto—le dijo—. ¿Puedes invocar a su espíritu para mí?

—¿Está tratando de que me maten?—preguntó la mujer—. Usted sabe que Saúl ha expulsado a todos los médiums y a todos los que consultan los espíritus de los muertos. ¿Por qué me tiende una trampa?

10 Pero Saúl le hizo un juramento en el nombre del Señor y le prometió:

—Tan cierto como que el Señor vive, nada malo te pasará por hacerlo.

11 Finalmente, la mujer dijo:

—Bien, ¿el espíritu de quién quiere que invoque?

—Llama a Samuel—respondió Saúl.

12 Cuando la mujer vio a Samuel, gritó:

—¡Me engañó! ¡Usted es Saúl!

13 —No tengas miedo—le dijo el rey—. ¿Qué es lo que ves?

—Veo a un dios subiendo de la tierra—dijo ella.

14 —¿Qué aspecto tiene?—preguntó Saúl.

—Es un hombre anciano envuelto en un manto—le contestó ella.

Saúl se dio cuenta de que era Samuel, y se postró en el suelo delante de él.

15 —¿Por qué me molestas, llamándome a regresar?—le preguntó Samuel a Saúl.

—Porque estoy en graves dificultades—contestó Saúl—. Los filisteos están en guerra conmigo y Dios me ha dejado y no me responde ni por medio de profetas ni por sueños, entonces te llamé para que me digas qué hacer.

16 Pero Samuel respondió:

—¿Por qué me preguntas a mí, si el Señor te abandonó y se ha vuelto tu enemigo? 17 El Señor ha hecho exactamente lo que dijo que haría. Te ha arrancado el reino y se lo dio a tu rival, David. 18 Hoy el Señor te ha hecho esto porque rehusaste llevar a cabo su ira feroz contra los amalecitas. 19 Además, el Señor te entregará a ti y al ejército de Israel en manos de los filisteos, y mañana tú y tus hijos estarán aquí conmigo. El Señor derribará al ejército de Israel y caerá derrotado.

20 Entonces Saúl cayó al suelo cuan largo era, paralizado por el miedo a causa de las palabras de Samuel. También estaba desfallecido de hambre, porque no había comido nada en todo el día ni en toda la noche.

21 Cuando la mujer lo vio tan deshecho, le dijo:

—Señor, obedecí sus órdenes a riesgo de mi vida. 22 Ahora haga lo que digo, y déjeme que le dé algo de comer para que pueda recuperar sus fuerzas para el viaje de regreso.

23 Pero Saúl se negó a comer. Entonces sus consejeros también le insistieron que comiera. Así que finalmente cedió, se levantó del suelo y tomó asiento.

24 La mujer había estado engordando un becerro, así que fue con rapidez y lo mató. Tomó un poco de harina, la amasó y horneó pan sin levadura. 25 Entonces les llevó la comida a Saúl y a sus consejeros, y comieron. Después salieron en la oscuridad de la noche.

Los filisteos rechazan a David

29 Todo el ejército filisteo se movilizó en Afec, y los israelitas acamparon junto al manantial de Jezreel. Mientras los gobernantes filisteos dirigían a sus tropas en grupos de cien y de mil, David y sus hombres marcharon por la retaguardia con el rey Aquis. Pero los comandantes filisteos reclamaron:

—¿Qué hacen aquí estos hebreos?

Y Aquis les dijo:

—Este es David, el siervo de Saúl, rey de Israel. Él ha estado conmigo por años, y no he encontrado en él ninguna falta, desde que llegó hasta el día de hoy.

Pero los comandantes filisteos se enojaron.

—¡Envíalo de vuelta a la ciudad que le diste!—le exigieron—. No puede ir con nosotros a la batalla. ¿Y si se vuelve contra nosotros durante la batalla y se convierte en nuestro adversario? ¿Qué mejor manera de reconciliarse con su amo que entregándole nuestras cabezas? ¿No es este el mismo David por quien las mujeres de Israel cantan en sus danzas:

“Saúl mató a sus miles,
    y David, a sus diez miles”?

Así que Aquis finalmente mandó traer a David y le dijo:

—Juro por el Señor que has sido un aliado confiable. Pienso que debes ir conmigo a la batalla, porque no he encontrado una sola falla en ti desde que llegaste hasta el día de hoy. Pero los demás gobernantes filisteos no quieren ni oír hablar del tema. Por favor, no los inquietes y regresa sin llamar la atención.

—¿Qué he hecho para merecer esto?—preguntó David—. ¿Qué ha encontrado en su siervo para que no pueda ir y pelear contra los enemigos de mi señor el rey?

Pero Aquis insistió:

—En lo que a mí respecta, eres tan perfecto como un ángel de Dios. Pero los comandantes filisteos tienen miedo e insisten en que no los acompañen en la batalla. 10 Ahora, levántate temprano en la mañana y vete con tus hombres en cuanto amanezca.

11 Entonces David y sus hombres regresaron a la tierra de los filisteos, mientras que el ejército filisteo avanzó hasta Jezreel.

David destruye a los amalecitas

30 Tres días después, cuando David y sus hombres llegaron a su casa en la ciudad de Siclag, encontraron que los amalecitas habían asaltado el Neguev y Siclag; habían destruido Siclag y la habían quemado hasta reducirla a cenizas. Se habían llevado a las mujeres y a los niños y a todos los demás, pero sin matar a nadie.

Cuando David y sus hombres vieron las ruinas y se dieron cuenta de lo que les había sucedido a sus familias, lloraron a más no poder. Las dos esposas de David, Ahinoam de Jezreel y Abigail, la viuda de Nabal de Carmelo, estaban entre los que fueron capturados. David ahora se encontraba en gran peligro, porque todos sus hombres estaban muy resentidos por haber perdido a sus hijos e hijas, y comenzaron a hablar acerca de apedrearlo. Pero David encontró fuerzas en el Señor su Dios.

Entonces le dijo a Abiatar, el sacerdote:

—¡Tráeme el efod!

Así que Abiatar lo trajo y David le preguntó al Señor:

—¿Debo perseguir a esta banda de saqueadores? ¿Los atraparé?

Y el Señor le dijo:

—Sí, persíguelos. Recuperarás todo lo que te han quitado.

De modo que David y sus seiscientos hombres salieron y llegaron al arroyo de Besor. 10 Pero doscientos de ellos estaban demasiado cansados para cruzar el arroyo, por lo que David continuó la persecución con cuatrocientos hombres.

11 En el camino encontraron a un egipcio en un campo y lo llevaron a David. Le dieron pan para comer y agua para beber. 12 También le dieron parte de un pastel de higos y dos racimos de pasas, porque no había comido ni bebido nada durante tres días y tres noches. Al poco tiempo recobró sus fuerzas.

13 —¿A quién le perteneces y de dónde vienes?—le preguntó David.

—Soy egipcio, esclavo de un amalecita—respondió—. Mi amo me abandonó hace tres días porque yo estaba enfermo. 14 Regresábamos de asaltar a los cereteos en el Neguev, el territorio de Judá y la tierra de Caleb, y acabábamos de incendiar Siclag.

15 —¿Me guiarás a esa banda de saqueadores?—preguntó David.

El joven contestó:

—Si haces un juramento en el nombre de Dios que no me matarás ni me devolverás a mi amo, entonces te guiaré a ellos.

16 Así que guio a David hasta los amalecitas, y los encontraron dispersos por los campos comiendo, bebiendo y bailando con alegría por el enorme botín que habían tomado de los filisteos y de la tierra de Judá. 17 Entonces David y sus hombres se lanzaron contra ellos y los mataron durante toda la noche y durante todo el día siguiente hasta la tarde. Ninguno de los amalecitas escapó, excepto cuatrocientos jóvenes que huyeron en camellos. 18 Así que David recuperó todo lo que los amalecitas habían tomado y rescató a sus dos esposas. 19 No faltaba nada: fuera grande o pequeño, hijo o hija, ni ninguna otra cosa que se habían llevado. David regresó con todo. 20 También recuperó los rebaños y las manadas, y sus hombres los arrearon delante de los demás animales. «¡Este botín le pertenece a David!», dijeron.

21 Luego David regresó al arroyo de Besor y se encontró con los doscientos hombres que se habían quedado rezagados porque estaban demasiado cansados para seguir con él. Entonces salieron para encontrarse con David y con sus hombres, y David los saludó con alegría. 22 Pero unos alborotadores entre los hombres de David dijeron:

—Ellos no fueron con nosotros, así que no pueden tener nada del botín que recuperamos. Denles sus esposas e hijos y díganles que se vayan.

23 Pero David dijo:

—¡No, mis hermanos! No sean egoístas con lo que el Señor nos dio. Él nos protegió y nos ayudó a derrotar a la banda de saqueadores que nos atacó. 24 ¿Quién les hará caso cuando hablan así? Compartiremos por partes iguales tanto con los que vayan a la batalla como con los que cuiden las pertenencias.

25 A partir de entonces, David estableció este dicho como decreto y ordenanza en Israel y hasta el día de hoy todavía se cumple.

26 Cuando llegó a Siclag, David envió parte del botín a los ancianos de Judá, quienes eran sus amigos. «Esto es un regalo para ustedes—les dijo David—, tomado de los enemigos del Señor».

27 Los regalos fueron enviados a la gente de las siguientes ciudades que David había visitado: Betel, Ramot-neguev, Jatir, 28 Aroer, Sifmot, Estemoa, 29 Racal, las ciudades de Jerameel, las ciudades de los ceneos, 30 Horma, Corasán, Atac, 31 Hebrón, y a todos los demás lugares que David había visitado con sus hombres.

Muerte de Saúl

31 Ahora bien, los filisteos atacaron a Israel, y los hombres de Israel huyeron ante ellos. Mataron a muchos en las laderas del monte Gilboa. Los filisteos cercaron a Saúl y a sus hijos, y mataron a tres de ellos: Jonatán, Abinadab y Malquisúa. La batalla se intensificó cerca de Saúl, y los arqueros filisteos lo alcanzaron y lo hirieron gravemente.

Con gemidos, Saúl le dijo a su escudero: «Toma tu espada y mátame antes de que estos filisteos paganos lleguen para atravesarme, burlarse de mí y torturarme».

Pero su escudero tenía miedo y no quiso hacerlo. Entonces Saúl tomó su propia espada y se echó sobre ella. Cuando su escudero vio que Saúl estaba muerto, se echó sobre su propia espada y murió junto al rey. Así que Saúl, sus tres hijos, su escudero y sus tropas murieron juntos en ese mismo día.

Cuando los israelitas que se encontraban al otro lado del valle de Jezreel y más allá del Jordán vieron que el ejército israelita había huido y que Saúl y sus hijos estaban muertos, abandonaron sus ciudades y huyeron. Entonces los filisteos entraron y ocuparon sus ciudades.

Al día siguiente, cuando los filisteos salieron a despojar a los muertos, encontraron los cuerpos de Saúl y de sus tres hijos en el monte Gilboa. Entonces le cortaron la cabeza a Saúl y le quitaron su armadura. Luego proclamaron las buenas noticias de la muerte de Saúl en su templo pagano y a la gente en toda la tierra de Filistea. 10 Pusieron su armadura en el templo de Astoret, y colgaron su cuerpo en la muralla de la ciudad de Bet-sán.

11 Pero cuando el pueblo de Jabes de Galaad se enteró de lo que los filisteos le habían hecho a Saúl, 12 todos los valientes guerreros viajaron toda la noche hasta Bet-sán y bajaron los cuerpos de Saúl y de sus hijos de la muralla. Llevaron los cuerpos a Jabes, donde los incineraron. 13 Luego tomaron los huesos y los enterraron debajo del árbol de tamarisco en Jabes y ayunaron por siete días.

 

SALMOS 86

Oración de David.

86 Inclínate, oh Señor, y escucha mi oración;
    contéstame, porque necesito tu ayuda.
Protégeme, pues estoy dedicado a ti.
    Sálvame, porque te sirvo y confío en ti;
    tú eres mi Dios.
Ten misericordia de mí, oh Señor,
    porque a ti clamo constantemente.
Dame felicidad, oh Señor,
    pues a ti me entrego.
¡Oh Señor, eres tan bueno; estás tan dispuesto a perdonar,
    tan lleno de amor inagotable para los que piden tu ayuda!
Escucha atentamente mi oración, oh Señor;
    oye mi urgente clamor.
A ti clamaré cada vez que esté en apuros,
    y tú me responderás.

Ningún dios pagano es como tú, oh Señor;
    ¡nadie puede hacer lo que tú haces!
Todas las naciones que hiciste
    vendrán y se inclinarán ante ti, Señor;
    alabarán tu santo nombre.
10 Pues tú eres grande y haces obras maravillosas;
    solo tú eres Dios.

11 Enséñame tus caminos, oh Señor,
    para que viva de acuerdo con tu verdad.
Concédeme pureza de corazón,
    para que te honre.
12 Con todo el corazón te alabaré, oh Señor mi Dios.
    Daré gloria a tu nombre para siempre,
13 porque muy grande es tu amor por mí.
    Me has rescatado de las profundidades de la muerte.

14 Oh Dios, gente insolente se levanta en mi contra;
    una pandilla violenta trata de matarme.
    No significas nada para ellos.
15 Pero tú, oh Señor,
    eres Dios de compasión y misericordia,
lento para enojarte
    y lleno de amor inagotable y fidelidad.
16 Mírame y ten misericordia de mí.
    Dale tu fuerza a tu siervo;
    salva a este hijo de tu sierva.
17 Envíame una señal de tu favor.
    Entonces, los que me odian pasarán vergüenza,
    porque tú, oh Señor, me ayudas y me consuelas.

 

 

 

CONSECUENCIAS DE LA DESOBEDIENCIA Y BENDICIONES POR LA OBEDIENCIA

Estimado lector:

Los capítulos 28, 29, 30 y 31 de 1 Samuel, junto con el Salmo 86, presentan el cierre del reinado de Saúl y el proceso de transición hacia el liderazgo de David. En estos pasajes se contraponen dos realidades: las consecuencias de una vida marcada por la desobediencia y los resultados de una dependencia genuina de Dios.

En 1 Samuel 28, Saúl, enfrentando la amenaza filistea y sin recibir respuesta divina, recurre a una médium en Endor para invocar al profeta Samuel. Este acto evidencia su persistente rebeldía y desconexión espiritual. La profecía recibida confirma su juicio inminente: su muerte y la de sus hijos, así como la transferencia del reino a David. Este episodio refleja el deterioro espiritual de Saúl y pone de manifiesto que la desobediencia continua conduce inevitablemente al juicio.

 

En contraste, 1 Samuel 29 muestra la intervención providencial de Dios en la vida de David. A pesar de encontrarse en territorio filisteo, los líderes desconfían de él y lo envían de regreso, evitando así que participe en la batalla contra Israel. Este hecho evidencia cómo Dios actúa para redirigir decisiones tomadas en momentos de temor, preservando su propósito y la integridad de su siervo.

 

Posteriormente, en 1 Samuel 30, se describe una crisis significativa en Siclag, donde David encuentra la ciudad destruida y a su familia cautiva. Frente a esta situación, en lugar de ceder al desánimo, decide fortalecerse en Dios, consultar su dirección y actuar conforme a ella. Como resultado, logra recuperar todo lo perdido y establece un principio de equidad al compartir el botín, reconociendo el valor de cada miembro del grupo. Este episodio resalta que la confianza en Dios conduce a restauración y orden.

 

Finalmente, en 1 Samuel 31, se relata la derrota de Israel y la muerte de Saúl y sus hijos en el monte Gilboa. Herido y sin salida, Saúl pone fin a su vida, cumpliéndose así la palabra profética. Este desenlace subraya que la desobediencia persistente trae consecuencias definitivas, mientras que Dios continúa cumpliendo su propósito en medio de la historia.

 

Aplicación:

Estos pasajes evidencian que la dirección espiritual del ser humano determina el curso de sus decisiones y sus consecuencias. La desobediencia progresiva puede llevar a la confusión, al desorden y a la pérdida, mientras que la dependencia de Dios fortalece, guía y restaura en medio de las crisis. El Salmo 86 complementa esta enseñanza al presentar una actitud de humildad, súplica y confianza en la misericordia divina. Se resalta la importancia de buscar a Dios en todo momento, especialmente en la adversidad, reconociendo que su dirección es esencial para enfrentar los desafíos y alcanzar estabilidad, restauración y cumplimiento de propósito.

 

4 pasos que te ayudarán a tener un tiempo con Dios.


Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.

  1. Lea despacio
  2. Lea en voz alta
  3. Mientras esté leyendo pregúntele a Dios:

¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele


Dios podría estar hablándole de Él

  1. ¿Quién es Él?
  2. ¿Cuáles son sus características?
  3. ¿Qué hará?

Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:

  • P ¿Será un PECADO que debo confesar?
  • A ¿Será una ACTITUD que debo adoptar?
  • M ¿Será un MANDAMIENTO que debo obedecer?
  • P ¿Será una PROMESA que debo reclamar?
  • E ¿Será un EJEMPLO que debo seguir o evitar?

Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.

  1. Pida PERDÓN: Confiese su pecado, arrepiéntase y reciba el perdón de Dios
  2. De GRACIAS: Agradezca a Dios por sus muchas bendiciones y promesas
  3. Por FAVOR: Ore por sus necesidades y las de otros; salvación, sanidad, protección
  4. Finalice diciendo TE AMO. Termine este tiempo en adoración y alabanza

Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.

  1. ¿Qué le habló Dios?
  2. ¿Cómo esto cambiará sus perspectivas?
  3. ¿Cómo aplicará esto en su vida diaria?

Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”

Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”

DEVOCIONALES