Abril 27 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 96
1 REYES 8 - 10
Traslado del arca al templo
8 Entonces
Salomón mandó llamar a los ancianos de Israel y a todos los jefes de las
tribus—los líderes de las familias patriarcales de los israelitas—para que
fueran a Jerusalén. Ellos debían trasladar el arca del pacto del Señor desde
su sitio en la Ciudad de David, también conocida como Sion, hasta el
templo. 2 Así que todos los hombres de Israel se
reunieron ante el rey Salomón durante el Festival de las Enramadas, que se
celebra anualmente a comienzos del otoño, en el mes de etanim.
3 Una
vez que estaban presentes todos los ancianos de Israel, los sacerdotes
levantaron el arca. 4 Los sacerdotes y los levitas
trasladaron el arca del Señor, junto con la carpa especial y todos
los objetos sagrados que había en ella. 5 Delante
del arca, el rey Salomón y toda la comunidad de Israel sacrificaron ovejas,
cabras y ganado, ¡en tal cantidad que fue imposible llevar la cuenta!
6 Luego
los sacerdotes llevaron el arca del pacto del Señor al santuario
interior del templo—el Lugar Santísimo—y la colocaron bajo las alas de los
querubines. 7 Los querubines extendían sus alas por
encima del arca y formaban una especie de cubierta sobre el arca y las varas
para transportarla. 8 Estas varas eran tan largas
que los extremos podían verse desde el Lugar Santo, que está delante del Lugar
Santísimo, pero no desde afuera; y allí permanecen hasta el día de hoy. 9 Lo
único que había dentro del arca eran las dos tablas de piedra que Moisés había
colocado en ella en el monte Sinaí, donde el Señor hizo un pacto
con los israelitas cuando partieron de la tierra de Egipto.
10 Al
salir los sacerdotes del Lugar Santo, una densa nube llenó el templo del Señor. 11 Los
sacerdotes no pudieron seguir con la celebración a causa de la nube, porque la
gloriosa presencia del Señor llenaba el templo del Señor.
Salomón alaba al Señor
12 Entonces
Salomón oró: «Oh Señor, tú dijiste que habitarías en una densa nube de
oscuridad. 13 Ahora te he construido un templo
glorioso, ¡un lugar donde podrás habitar para siempre!».
14 Luego
el rey se dio vuelta hacia toda la comunidad de Israel, que estaba de pie ante
él, y después de bendecir al pueblo, dijo: 15 «Alabado
sea el Señor, Dios de Israel, quien cumplió la promesa que le hizo a mi
padre David; pues le dijo a mi padre: 16 “Desde el
día en que saqué de Egipto a mi pueblo Israel, nunca escogí una ciudad de
ninguna de las tribus de Israel como el sitio donde se construyera un templo
para honrar mi nombre; pero he elegido a David para que sea rey de mi pueblo
Israel”».
17 Después
Salomón dijo: «Mi padre David quería construir este templo para honrar el
nombre del Señor, Dios de Israel; 18 pero
el Señor le dijo: “Tú querías construir el templo para honrar mi
nombre; tu intención es buena, 19 pero no serás tú
quien lo haga. Será uno de tus hijos quien construirá el templo para honrarme”.
20 »Ahora
el Señor ha cumplido la promesa que hizo, porque he llegado a ser rey
en lugar de mi padre y ocupo el trono de Israel, tal como el Señor lo
prometió. He construido este templo para honrar el nombre del Señor, Dios
de Israel. 21 Además he preparado un lugar allí
para el arca, la cual contiene el pacto que el Señor hizo con
nuestros antepasados cuando los sacó de Egipto».
Oración de dedicación de Salomón
22 Luego
Salomón, de pie ante el altar del Señor y frente a toda la comunidad
de Israel, levantó las manos al cielo 23 y oró:
«Oh Señor, Dios de Israel, no hay Dios como
tú arriba en el cielo ni abajo en la tierra. Tú cumples tu pacto y muestras
amor inagotable a quienes andan delante de ti de todo corazón. 24 Has
cumplido tu promesa a tu siervo David, mi padre. Pronunciaste esa promesa con
tu boca y hoy la has cumplido con tus propias manos.
25 »Ahora,
oh Señor, Dios de Israel, lleva a cabo la otra promesa que le hiciste a tu
siervo David, mi padre, cuando le dijiste: “Si tus descendientes cuidan su
comportamiento y me siguen con fidelidad, así como tú lo has hecho, siempre
habrá uno de ellos sentado en el trono de Israel”. 26 Ahora,
oh Dios de Israel, cumple esta promesa que le hiciste a tu siervo David, mi
padre.
27 »¿Pero
es realmente posible que Dios habite en la tierra? Ni siquiera los cielos más
altos pueden contenerte, ¡mucho menos este templo que he construido! 28 Sin
embargo, escucha mi oración y mi súplica, oh Señor mi Dios. Oye el
clamor y la oración que tu siervo te eleva hoy. 29 Que
noche y día tus ojos estén sobre este templo, este lugar del cual tú has dicho:
“Mi nombre estará allí”. Que siempre oigas las oraciones que elevo hacia este
lugar. 30 Que atiendas las peticiones humildes y
fervientes de mi parte y de tu pueblo Israel cuando oremos hacia este lugar.
Sí, óyenos desde el cielo donde tú vives y, cuando nos escuches, perdona.
31 »Si
alguien agravia a otra persona y se le exige que haga juramento de inocencia
ante tu altar en este templo, 32 oye entonces desde
el cielo y juzga entre tus siervos, entre el acusador y el acusado. Castiga al
culpable según su merecido y absuelve al inocente debido a su inocencia.
33 »Si
tu pueblo Israel cae derrotado ante sus enemigos por haber pecado contra ti,
pero luego vuelve a ti y reconoce tu nombre y eleva oraciones a ti en este
templo, 34 oye entonces desde el cielo y perdona el
pecado de tu pueblo Israel, y hazlo volver a esta tierra que diste a sus
antepasados.
35 »Si
los cielos se cierran y no hay lluvia porque tu pueblo ha pecado contra ti, y
si luego ellos oran hacia este templo y reconocen tu nombre y se apartan de sus
pecados, porque tú los has castigado, 36 oye
entonces desde el cielo y perdona los pecados de tus siervos, tu pueblo Israel.
Enséñales a seguir el camino correcto y envía lluvia sobre tu tierra, la tierra
que diste a tu pueblo como su preciada posesión.
37 »Si
hay hambre en la tierra, o pestes, o plagas en los cultivos, o ataques de
langostas u orugas, o si los enemigos de tu pueblo invaden el territorio y
sitian las ciudades—cualquiera sea el desastre o la enfermedad que
ocurra—; 38 si luego tu pueblo Israel ora por sus
dificultades con las manos levantadas hacia este templo, 39 oye
entonces desde el cielo donde vives y perdona. Haz con tu pueblo según merecen
sus acciones, porque solo tú conoces el corazón de cada ser humano. 40 Entonces
ellos te temerán mientras vivan en la tierra que diste a nuestros antepasados.
41 »En
el futuro, los extranjeros que no pertenezcan a tu pueblo Israel oirán de ti.
Vendrán de tierras lejanas a causa de tu nombre, 42 porque
oirán de tu gran nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo poderoso. Cuando ellos
oren en dirección a este templo, 43 oye entonces
desde el cielo donde vives y concédeles lo que te pidan. De esa forma, todos
los habitantes de la tierra llegarán a conocerte y a temerte, igual que tu
pueblo Israel. También sabrán que este templo que he construido honra tu
nombre.
44 »Si
tu pueblo sale a donde tú lo envías a luchar contra sus enemigos, y si ora
al Señor en dirección a esta ciudad que has escogido y hacia este
templo que yo he construido para honrar tu nombre, 45 oye
entonces desde el cielo sus oraciones y defiende su causa.
46 »Si
ellos pecan contra ti (¿y quién nunca ha pecado?), tal vez te enojes con ellos
y permitas que sus enemigos los conquisten y los lleven cautivos a su tierra,
ya sea cerca o lejos. 47 Sin embargo, tal vez en
esa tierra, donde estén desterrados, se vuelvan a ti arrepentidos y oren así:
“Hemos pecado, hemos hecho lo malo y hemos actuado de manera perversa”. 48 Si
ellos se vuelven a ti con todo el corazón y con toda el alma en tierra de sus
enemigos, y oran en dirección a la tierra que diste a sus antepasados—hacia
esta ciudad que escogiste y hacia este templo que he construido para honrar tu
nombre—, 49 oye entonces sus oraciones y su
petición desde el cielo donde vives, y defiende su causa. 50 Perdona
a tu pueblo que ha pecado contra ti. Perdona todas las ofensas que haya
cometido en tu contra. Haz que sus captores le tengan compasión, 51 porque
es tu pueblo—tu posesión más preciada—que sacaste de Egipto, ese horno para
fundir hierro.
52 »Que
tus ojos estén abiertos a mis peticiones y a las peticiones de tu pueblo
Israel. Que los oigas y les respondas cada vez que clamen a ti.
53 Pues
cuando sacaste a nuestros antepasados de Egipto, oh Señor Soberano,
le dijiste a tu siervo Moisés que habías apartado a Israel de todas las demás
naciones de la tierra, para que fuera tu posesión más preciada».
Dedicación del templo
54 Cuando
Salomón terminó de elevar estas oraciones y peticiones al Señor, se puso
de pie frente al altar del Señor, donde estaba arrodillado con las manos
levantadas al cielo. 55 De pie bendijo en voz alta
a toda la congregación de Israel diciendo:
56 «Alabado
sea el Señor, quien ha dado descanso a su pueblo Israel, tal como lo
prometió. No ha faltado ni una sola palabra de todas las promesas maravillosas
que hizo mediante su siervo Moisés. 57 Que el Señor nuestro
Dios esté con nosotros como estuvo con nuestros antepasados; que nunca nos deje
ni nos abandone. 58 Que ponga en nosotros el deseo
de hacer su voluntad en todo y de obedecer todos los mandatos, los decretos y
las ordenanzas que dio a nuestros antepasados. 59 Y
que esta oración que hice en la presencia del Señor esté delante de
él continuamente, de día y de noche, para que el Señor nuestro Dios
haga justicia conmigo y con su pueblo Israel, según las necesidades de cada
día. 60 Entonces gente de todo el mundo sabrá que
el Señor es el único Dios y que no hay otro. 61 Que
ustedes sean totalmente fieles al Señor nuestro Dios; que siempre
obedezcan sus decretos y mandatos, tal como lo están haciendo hoy».
62 Luego
el rey y todo Israel junto con él ofrecieron sacrificios al Señor. 63 Salomón
presentó al Señor una ofrenda de paz de veintidós mil cabezas de
ganado y ciento veinte mil ovejas y cabras. Así el rey y todo el pueblo de
Israel dedicaron el templo del Señor.
64 Ese
mismo día, el rey consagró la parte central del atrio que está delante del
templo del Señor. Allí presentó las ofrendas quemadas, las ofrendas de
grano y la grasa de las ofrendas de paz, porque el altar de bronce que está en
la presencia del Señor era demasiado pequeño para tantas ofrendas
quemadas, ofrendas de grano y la grasa de las ofrendas de paz.
65 Entonces
Salomón y todo Israel celebraron el Festival de las Enramadas en presencia
del Señor nuestro Dios. Se había reunido una gran multitud desde
lugares tan lejanos como Lebo-hamat, en el norte, y el arroyo de Egipto, en el
sur. La celebración continuó catorce días en total: siete días para la
dedicación del altar y siete días para el Festival de las Enramadas. 66 Una
vez terminado el festival, Salomón despidió al pueblo. Ellos bendijeron al
rey y regresaron a sus casas llenos de alegría y muy contentos, porque el Señor había
sido bueno con su siervo David y con su pueblo Israel.
Respuesta del Señor a
Salomón
9 Así
que Salomón terminó de construir el templo del Señor y también el
palacio real. Llevó a cabo todo lo que había pensado hacer. 2 Entonces
el Señor se le apareció a Salomón por segunda vez, como lo había
hecho en Gabaón. 3 El Señor le dijo:
«He oído tu oración y lo que me pediste. He
apartado este templo para que sea santo, este lugar que has construido, donde
mi nombre será honrado para siempre. Lo vigilaré sin cesar, porque es muy
preciado a mi corazón.
4 »En
cuanto a ti, si me sigues con integridad y rectitud como lo hizo tu padre David
y obedeces todos mis mandatos, decretos y ordenanzas, 5 entonces
estableceré tu dinastía en el trono de Israel para siempre. Pues a tu padre
David le prometí: “Siempre habrá uno de tus descendientes en el trono de
Israel”.
6 »Sin
embargo, si tú o tus descendientes me abandonan y desobedecen los mandatos y
los decretos que les he dado, y sirven y rinden culto a otros dioses, 7 entonces
desarraigaré a Israel de la tierra que le he dado. Rechazaré este templo que
hice santo para honrar mi nombre. Haré que Israel sea objeto de burla y de
ridículo entre las naciones; 8 y aunque ahora este
templo sea imponente, todos los que pasen por allí quedarán horrorizados y
darán un grito ahogado a causa del horror. Preguntarán: “¿Por qué habrá hecho
el Señor cosas tan terribles a esta tierra y a este templo?”.
9 »Y
la respuesta será: “Porque los israelitas abandonaron al Señor su
Dios, quien sacó a sus antepasados de Egipto, y rindieron culto a otros dioses
y se inclinaron ante ellos. Por esa razón el Señor les envió tantas
calamidades”».
Salomón hace un acuerdo con Hiram
10 Salomón
tardó veinte años en construir el templo del Señor y su propio
palacio real. Al cabo de ese tiempo, 11 Salomón le
dio a Hiram, rey de Tiro, veinte ciudades en la tierra de Galilea. (Hiram había
provisto toda la madera de cedro y de ciprés y todo el oro que Salomón había
pedido). 12 Sin embargo, cuando Hiram llegó desde
Tiro para ver las ciudades que Salomón le había dado, no le gustaron
nada. 13 «¿Qué clase de ciudades son estas,
hermano?», le preguntó. Por eso Hiram llamó a esa región Cabul (que significa
«sin ningún valor»), y así se conoce hasta el día de hoy. 14 Sin
embargo, Hiram le pagó a Salomón cuatro mil kilos de oro.
Numerosos logros de Salomón
15 Este
es el relato del trabajo forzado que el rey Salomón impuso para la construcción
del templo del Señor, el palacio real, los terraplenes, la muralla de
Jerusalén y las ciudades de Hazor, Meguido y Gezer. 16 (El
faraón, rey de Egipto, había atacado y conquistado Gezer, mató a la población
cananea e incendió la ciudad. Luego se la dio a su hija como regalo de bodas
cuando ella se casó con Salomón. 17 Así que Salomón
reconstruyó la ciudad de Gezer). También fortificó las ciudades de Bet-horón de
abajo, 18 Baalat y Tamar, en el desierto que
está dentro de su tierra. 19 Construyó ciudades
como centros de almacenamiento, así como ciudades para sus carros de guerra y
sus caballos. Construyó todo lo que quiso en Jerusalén, en el Líbano y por
todo su reino.
20 En
esa tierra todavía había habitantes que no eran israelitas, entre los cuales se
encontraban amorreos, hititas, ferezeos, heveos y jebuseos. 21 Todos
ellos eran descendientes de las naciones que el pueblo de Israel no había
destruido por completo. Entonces Salomón los obligó a servir como
esclavos, y hasta el día de hoy son trabajadores forzados; 22 pero
Salomón no obligó a ningún israelita para el trabajo forzado, sino que los puso
a su servicio como soldados, funcionarios de gobierno, oficiales y capitanes en
su ejército, y comandantes y conductores de sus carros de guerra. 23 Salomón
designó a quinientos cincuenta de ellos para que supervisaran a los
trabajadores de sus diversos proyectos.
24 Salomón
trasladó a su esposa, la hija del faraón, de la Ciudad de David al palacio
nuevo que le había edificado; luego construyó los terraplenes.
25 Tres
veces al año Salomón presentaba ofrendas quemadas y ofrendas de paz sobre el
altar que había construido para el Señor. También quemaba incienso
al Señor. Finalmente terminó el trabajo de construir el templo.
26 El
rey Salomón también construyó una flota de barcos en Ezión-geber, un puerto
cerca de Elat en la tierra de Edom, a la orilla del mar Rojo. 27 Hiram
envió tripulaciones de marineros expertos para navegar los barcos junto con los
hombres de Salomón. 28 Navegaron hasta Ofir y
regresaron con unas catorce toneladas de oro, que entregaron a Salomón.
Visita de la reina de Saba
10 Cuando
la reina de Saba se enteró de la fama de Salomón, fama que honraba el nombre
del Señor, fue a visitarlo para ponerlo a prueba con preguntas
difíciles. 2 Llegó a Jerusalén con un gran séquito
de asistentes y una enorme caravana de camellos cargados con especias, grandes
cantidades de oro y piedras preciosas. Cuando se presentó ante Salomón, habló
con él acerca de todo lo que ella tenía en mente. 3 Salomón
tenía respuestas para todas sus preguntas; nada le resultaba demasiado difícil
de explicar. 4 Cuando la reina de Saba se dio
cuenta de lo sabio que era Salomón y vio el palacio que él había
construido, 5 quedó atónita. También estaba
asombrada por la comida que se servía en las mesas del rey, por la forma en que
estaban organizados sus funcionarios y la ropa espléndida que usaban, por los
coperos y por las ofrendas quemadas que ofrecía Salomón en el templo del Señor.
6 Entonces
la reina exclamó: «¡Todo lo que oí en mi país acerca de tus logros y de tu sabiduría es cierto! 7 Yo
no creía lo que se dijo hasta que llegué aquí y lo vi con mis propios ojos. De
hecho, ¡lo que había oído no refleja ni la mitad! Tu sabiduría y prosperidad
superan ampliamente lo que me habían dicho. 8 ¡Qué
feliz debe estar tu pueblo! ¡Qué privilegio para tus funcionarios estar
aquí en tu presencia día tras día, escuchando tu sabiduría! 9 Alabado
sea el Señor tu Dios, quien se deleita en ti y te ha puesto en el
trono de Israel. Debido al amor eterno del Señor por Israel, él te ha
hecho rey para que puedas gobernar con justicia y rectitud».
10 Luego
le regaló al rey cuatro mil kilos de oro, grandes cantidades de especias y
de piedras preciosas. Nunca más entraron en el reino tantas especias como las
que la reina de Saba le regaló al rey Salomón.
11 (Además,
los barcos de Hiram trajeron oro desde Ofir, y también abundantes cargamentos
de madera de sándalo rojo y piedras preciosas. 12 Con
el sándalo, el rey construyó barandas para el templo del Señor y para
el palacio real, e hizo liras y arpas para los músicos. Nunca antes ni después
hubo tanta cantidad de madera de sándalo).
13 El
rey Salomón le dio a la reina de Saba todo lo que ella pidió, además de todos
los regalos de costumbre que ya le había entregado con tanta generosidad. Luego
ella y todos sus acompañantes regresaron a su tierra.
Riqueza y esplendor de Salomón
14 Cada
año Salomón recibía unas veintitrés toneladas de oro, 15 sin
contar los ingresos adicionales que recibía de mercaderes y comerciantes, de
todos los reyes de Arabia y de los gobernadores de la tierra.
16 El
rey Salomón fabricó doscientos escudos grandes de oro labrado a martillo; cada
uno pesaba casi siete kilos. 17 También hizo
trescientos escudos más pequeños de oro labrado a martillo; cada uno pesaba
casi dos kilos. El rey colocó los escudos en el Palacio del Bosque del
Líbano.
18 Luego
el rey hizo un gran trono, decorado con marfil y revestido de oro fino. 19 El
trono tenía seis escalones y un respaldo redondeado. A cada lado del asiento
había apoyabrazos, y a cada lado del trono había una figura de león de
pie. 20 Había también otros doce leones, uno en
cada extremo de los seis escalones. ¡No había trono en todo el mundo que
pudiera compararse con el de Salomón!
21 Todas
las copas del rey Salomón eran de oro macizo, igual que todos los utensilios en
el Palacio del Bosque del Líbano. No estaban hechos de plata porque en los
tiempos de Salomón la plata no se consideraba de valor.
22 El
rey tenía una flota de barcos mercantes de Tarsis que navegaba con la flota de
Hiram. Una vez cada tres años, los barcos regresaban cargados de oro, plata,
marfil, simios y pavos reales.
23 De
modo que Salomón llegó a ser más rico y más sabio que cualquier otro rey de la
tierra. 24 Gente de todas las naciones lo visitaba
para consultarlo y escuchar la sabiduría que Dios le había dado. 25 Año
tras año, cada visitante le llevaba regalos de plata y oro, ropa, armas,
especias, caballos y mulas.
26 Salomón
acumuló gran cantidad de carros de guerra y caballos; tenía mil
cuatrocientos carros y doce mil caballos. Los colocó en las ciudades designadas
para guardar los carros y también cerca de él en Jerusalén. 27 El
rey hizo que en Jerusalén la plata fuera tan abundante como las piedras.
Además, la valiosa madera de cedro era tan común como la higuera sicómoro que
crece en las colinas de Judá. 28 Los caballos de
Salomón se importaban de Egipto y de Cilicia; los mercaderes del rey
los adquirían en Cilicia a precio de mercado. 29 En
ese tiempo, un carro egipcio costaba seiscientas piezas de plata, y los
caballos se vendían a ciento cincuenta piezas de plata. Después los
exportaban a los reyes de los hititas y a los reyes de Aram.
SALMOS 96
96 ¡Canten al Señor una nueva canción!
¡Que toda la tierra cante al Señor!
2 Canten al Señor, alaben su nombre;
cada día anuncien las buenas noticias de que él salva.
3 Anuncien sus gloriosas obras entre las naciones;
cuéntenles a todos las cosas asombrosas que él hace.
4 ¡Grande es el Señor! ¡Es el más digno de
alabanza!
A él hay que temer por sobre todos los dioses.
5 Los dioses de las otras naciones no son más que
ídolos,
¡pero el Señor hizo los cielos!
6 Honor y majestad lo rodean;
fuerza y belleza llenan su santuario.
7 Oh naciones del mundo, reconozcan al Señor;
reconozcan que el Señor es fuerte y glorioso.
8 ¡Denle al Señor la gloria que merece!
Lleven ofrendas y entren en sus atrios.
9 Adoren al Señor en todo su santo esplendor;
que toda la tierra tiemble delante de él.
10 Digan a todas las naciones: «¡El Señor reina!».
El mundo permanece firme y no puede ser sacudido.
Él juzgará a todos los pueblos con imparcialidad.
11 ¡Que los cielos se alegren, y la tierra se goce!
¡Que el mar y todo lo que contiene exclamen sus
alabanzas!
12 ¡Que los campos y sus cultivos estallen de alegría!
Que los árboles del bosque canten de alegría
13 delante del Señor, ¡porque él viene!
Viene a juzgar la tierra.
Juzgará al mundo con justicia
y a las naciones con su verdad.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”