Abril 30 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 99
1 REYES 17 - 19
Elías es alimentado por cuervos
17 Ahora
bien, Elías, quien era de Tisbé en Galaad, le dijo al rey Acab: «Tan cierto
como que el Señor vive, el Dios de Israel—a quien sirvo—, no habrá
rocío ni lluvia durante los próximos años, ¡hasta que yo dé la orden!».
2 Después
el Señor le dijo a Elías: 3 «Vete al
oriente y escóndete junto al arroyo de Querit, cerca de su desembocadura en el
río Jordán. 4 Bebe del arroyo y come lo que te den
los cuervos, porque yo les he ordenado que te lleven comida».
5 Entonces
Elías hizo lo que el Señor le dijo y acampó junto al arroyo de
Querit, al oriente del Jordán. 6 Los cuervos le
llevaban pan y carne por la mañana y por la noche, y él bebía del arroyo. 7 Sin
embargo, poco después, el arroyo se secó porque no había llovido en ninguna
parte del reino.
La viuda de Sarepta
8 Luego
el Señor dijo a Elías: 9 «Vete a vivir a
la aldea de Sarepta, que está cerca de la ciudad de Sidón. Yo le he ordenado a
una viuda de allí que te alimente».
10 Elías
se dirigió a Sarepta y, cuando llegó a las puertas del pueblo, vio a una viuda
juntando leña y le dijo:
—Por favor, ¿podrías traerme un poco de agua en
una taza?
11 Mientras
ella iba a buscarle el agua, la llamó y dijo:
—También tráeme un bocado de pan.
12 Pero
ella respondió:
—Le juro por el Señor su Dios que no
tengo ni un pedazo de pan en la casa. Solo me queda un puñado de harina en el
frasco y un poquito de aceite en el fondo del jarro. Estaba juntando algo de
leña para preparar una última comida, después mi hijo y yo moriremos.
13 Entonces
Elías le dijo:
—¡No tengas miedo! Sigue adelante y haz
exactamente lo que acabas de decir, pero primero cocina un poco de pan para mí.
Luego, con lo que te sobre, prepara la comida para ti y tu hijo. 14 Pues
el Señor, Dios de Israel dice: “Siempre habrá harina y aceite de oliva en
tus recipientes, ¡hasta que el Señor mande lluvia y vuelvan a crecer
los cultivos!”.
15 Así
que ella hizo lo que Elías le dijo, y ella, su familia y Elías comieron durante
muchos días. 16 Siempre había suficiente harina y
aceite de oliva en los recipientes, tal como el Señor lo había
prometido por medio de Elías.
17 Tiempo
después, el hijo de la mujer se enfermó. Cada día empeoraba y finalmente
murió. 18 Entonces ella le dijo a Elías:
—¡Ay, hombre de Dios! ¿Qué me ha hecho usted? ¿Ha
venido aquí para señalarme mis pecados y matar a mi hijo?
19 Pero
Elías contestó:
—Dame a tu hijo.
Entonces tomó el cuerpo del niño de los brazos de
la madre, lo cargó por las escaleras hasta la habitación donde él estaba
alojado y lo puso sobre la cama. 20 Después Elías
clamó al Señor: «Oh Señor mi Dios, ¿por qué le has traído
desgracia a esta viuda que me abrió su casa, al provocar la muerte de su
hijo?».
21 Entonces
Elías se tendió sobre el niño tres veces y clamó al Señor: «¡Oh Señor mi
Dios, te ruego que le devuelvas la vida a este niño!». 22 El Señor oyó
la oración de Elías, ¡y la vida volvió al niño, y revivió! 23 Entonces
Elías bajó al niño de la habitación en el piso de arriba y se lo entregó a su
madre.
—¡Mira—le dijo—, tu hijo vive!
24 Entonces
la mujer le dijo a Elías:
—Ahora estoy convencida de que usted es un hombre
de Dios y que de verdad el Señor habla por medio de usted.
Enfrentamiento en el monte Carmelo
18 Más
tarde, durante el tercer año de la sequía, el Señor dijo a Elías:
«Preséntate ante el rey Acab y dile que ¡pronto enviaré lluvia!». 2 Entonces
Elías fue a ver al rey Acab.
Mientras tanto, el hambre se hizo muy intensa en
Samaria. 3 Por eso Acab mandó llamar a Abdías,
quien estaba a cargo del palacio. (Abdías era un fiel seguidor del Señor. 4 Cierta
vez, cuando Jezabel intentaba matar a todos los profetas del Señor, Abdías
escondió a cien de ellos en dos cuevas; metió a cincuenta profetas en cada
cueva y les dio comida y agua). 5 Acab le dijo a
Abdías: «Tenemos que revisar todos los manantiales y los valles del reino, y
ver si podemos encontrar pasto suficiente para salvar por lo menos algunos de
mis caballos y de mis mulas». 6 Entonces se
repartieron el territorio; Acab se fue solo por un lado, y Abdías se fue solo
por otro camino.
7 Mientras
Abdías iba caminando, de pronto vio que Elías se le acercaba. Abdías lo
reconoció enseguida y se postró hasta el suelo ante él.
—¿De verdad eres tú, mi señor Elías?—preguntó.
8 —Sí,
soy yo—contestó Elías—. Ahora ve y dile a tu amo: “Elías está aquí”.
9 —¡Ay,
señor!—protestó Abdías—, ¿qué daño te he hecho para que me mandes a morir a
manos de Acab? 10 Te juro por el Señor tu
Dios que el rey te ha buscado en cada nación y reino de la tierra, desde un
extremo hasta el otro ha procurado encontrarte. Cada vez que alguien le
afirmaba: “Elías no está aquí”, el rey Acab obligaba al rey de esa nación a
jurar que había dicho la verdad. 11 Y ahora tú me
dices: “Ve y dile a tu amo: ‘Elías está aquí’”. 12 Apenas
yo te deje, el Espíritu del Señor te llevará a quién sabe dónde y
cuando Acab llegue aquí y no te encuentre, me matará. Te recuerdo que toda mi
vida he sido un fiel siervo del Señor. 13 ¿No
te han contado, señor mío, de cuando Jezabel intentaba matar a los profetas
del Señor? Yo escondí a cien de ellos en dos cuevas y les di comida y
agua. 14 Y ahora tú me dices: “Ve y dile a tu amo:
‘Elías está aquí’”. Si yo hago esto, señor, sin duda Acab me matará.
15 Pero
Elías dijo:
—Te juro por el Señor Todopoderoso, en
cuya presencia estoy, que hoy mismo me presentaré ante Acab.
16 Entonces
Abdías fue a decirle a Acab que había aparecido Elías, así que Acab fue a
encontrarse con él. 17 Cuando Acab vio a Elías,
exclamó:
—¿Así que realmente eres tú, el alborotador de
Israel?
18 —Yo
no le he causado ningún problema a Israel—respondió Elías—. Tú y tu familia son
los alborotadores, porque se negaron a obedecer los mandatos del Señor y,
en cambio, han rendido culto a las imágenes de Baal. 19 Ahora,
convoca a todo Israel para que se reúna conmigo en el monte Carmelo, junto con
los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y los cuatrocientos profetas de
Asera, a quienes Jezabel mantiene.
20 Entonces
Acab convocó a todos los israelitas y a los profetas al monte Carmelo. 21 Elías
se paró frente a ellos y dijo: «¿Hasta cuándo seguirán indecisos, titubeando
entre dos opiniones? Si el Señor es Dios, ¡síganlo! Pero si Baal es
el verdadero Dios, ¡entonces síganlo a él!». Sin embargo, la gente se mantenía
en absoluto silencio.
22 Entonces
Elías les dijo: «Yo soy el único profeta del Señor que queda, pero
Baal tiene cuatrocientos cincuenta profetas. 23 Ahora
traigan dos toros. Los profetas de Baal pueden escoger el toro que quieran; que
luego lo corten en pedazos y lo pongan sobre la leña de su altar, pero sin
prenderle fuego. Yo prepararé el otro toro y lo pondré sobre la leña del altar,
y tampoco le prenderé fuego. 24 Después, invoquen
ustedes el nombre de su dios, y yo invocaré el nombre del Señor. El dios
que responda enviando fuego sobre la madera, ¡ese es el Dios verdadero!»; y
toda la gente estuvo de acuerdo.
25 Así
que Elías dijo a los profetas de Baal: «Empiecen ustedes, porque son muchos.
Escojan uno de los toros, prepárenlo e invoquen el nombre de su dios; pero no
le prendan fuego a la leña».
26 Entonces
ellos prepararon uno de los toros y lo pusieron sobre el altar. Después
invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, gritando: «¡Oh
Baal, respóndenos!»; pero no hubo respuesta alguna. Entonces se pusieron a
bailar, cojeando alrededor del altar que habían hecho.
27 Cerca
del mediodía, Elías comenzó a burlarse de ellos. «Tendrán que gritar más
fuerte—se mofaba—, ¡sin duda que es un dios! ¡Tal vez esté soñando despierto o
quizá esté haciendo sus necesidades! ¡Seguramente salió de viaje o se quedó
dormido y necesita que alguien lo despierte!».
28 Así
que ellos gritaron más fuerte y, como acostumbraban hacer, se cortaron con
cuchillos y espadas hasta quedar bañados en sangre. 29 Gritaron
disparates toda la tarde hasta la hora del sacrificio vespertino, pero aún no
había respuesta, ni siquiera se oía un solo sonido.
30 Entonces
Elías llamó a la gente: «¡Vengan acá!». Así que todos se juntaron a su
alrededor, mientras él reparaba el altar del Señor que estaba
derrumbado. 31 Tomó doce piedras, una para
representar a cada tribu de Israel 32 y usó las
piedras para reconstruir el altar en el nombre del Señor. Luego cavó una
zanja alrededor del altar con capacidad suficiente para quince litros de agua. 33 Apiló
la leña sobre el altar, cortó el toro en pedazos y puso los pedazos sobre la
madera.
Luego dijo: «Llenen cuatro jarras grandes con
agua y echen el agua sobre la ofrenda y la leña».
34 Una
vez que lo hicieron, les dijo: «¡Háganlo de nuevo!». Cuando terminaron, les
dijo: «¡Háganlo por tercera vez!». Así que hicieron lo que les dijo, 35 y
el agua corría alrededor del altar, tanto que hasta colmó la zanja.
36 A
la hora que solía hacerse el sacrificio vespertino, el profeta Elías caminó
hacia el altar y oró: «Oh Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, demuestra
hoy que tú eres Dios en Israel y que yo soy tu siervo; demuestra que yo he
hecho todo esto por orden tuya. 37 ¡Oh Señor,
respóndeme! Respóndeme para que este pueblo sepa que tú, oh Señor, eres
Dios y que tú los has hecho volver a ti».
38 Al
instante, el fuego del Señor cayó desde el cielo y consumió el toro,
la leña, las piedras y el polvo. ¡Hasta lamió toda el agua de la zanja! 39 Cuando
la gente vio esto, todos cayeron rostro en tierra y exclamaron: «¡El Señor,
él es Dios! ¡Sí, el Señor es Dios!».
40 Entonces
Elías ordenó: «Atrapen a todos los profetas de Baal. ¡No dejen que escape
ninguno!». Entonces los agarraron a todos, y Elías los llevó al valle de Cisón
y allí los mató.
Elías ora por lluvia
41 Luego
Elías dijo a Acab: «Vete a comer y a beber algo, porque oigo el rugido de una
tormenta de lluvia que se acerca».
42 Entonces
Acab fue a comer y a beber. Elías, en cambio, subió a la cumbre del monte
Carmelo, se inclinó hasta el suelo y oró con la cara entre las rodillas.
43 Luego
le dijo a su sirviente:
—Ve y mira hacia el mar.
Su sirviente fue a mirar, y regresó donde estaba
Elías y le dijo:
—No vi nada.
Siete veces le dijo Elías que fuera a ver. 44 Finalmente,
la séptima vez, su sirviente le dijo:
—Vi una pequeña nube, como del tamaño de la mano
de un hombre, que sale del mar.
Entonces Elías le gritó:
—Corre y dile a Acab: “Sube a tu carro y regresa
a tu casa. ¡Si no te apuras, la lluvia te detendrá!”.
45 Poco
después el cielo se oscureció de nubes. Se levantó un fuerte viento que desató
un gran aguacero, y Acab partió enseguida hacia Jezreel. 46 Entonces
el Señor le dio una fuerza extraordinaria a Elías, quien se sujetó el
manto con el cinturón y corrió delante del carro de Acab todo el camino,
hasta la entrada de Jezreel.
Elías huye a Sinaí
19 Cuando
Acab llegó a su casa, le contó a Jezabel todo lo que Elías había hecho, incluso
la manera en que había matado a todos los profetas de Baal. 2 Entonces
Jezabel le mandó este mensaje a Elías: «Que los dioses me hieran e incluso me
maten si mañana a esta hora yo no te he matado, así como tú los mataste a
ellos».
3 Elías
tuvo miedo y huyó para salvar su vida. Se fue a Beerseba, una ciudad de Judá, y
dejó allí a su sirviente. 4 Luego siguió solo todo
el día hasta llegar al desierto. Se sentó bajo un solitario árbol de retama y
pidió morirse: «Basta ya, Señor; quítame la vida, porque no soy mejor que
mis antepasados que ya murieron».
5 Entonces
se acostó y durmió debajo del árbol. Mientras dormía, un ángel lo tocó y le
dijo: «¡Levántate y come!». 6 Elías miró a su
alrededor, y cerca de su cabeza había un poco de pan horneado sobre piedras
calientes y un jarro de agua. Así que comió y bebió, y volvió a acostarse.
7 Entonces
el ángel del Señor regresó, lo tocó y le dijo: «Levántate y come un
poco más, de lo contrario, el viaje que tienes por delante será demasiado para
ti».
8 Entonces
se levantó, comió y bebió, y la comida le dio fuerza suficiente para viajar
durante cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al monte Sinaí, la
montaña de Dios. 9 Allí llegó a una cueva, donde
pasó la noche.
El Señor le habla a Elías
Entonces el Señor le dijo a Elías:
—¿Qué haces aquí, Elías?
10 —He
servido con gran celo al Señor Dios Todopoderoso—respondió Elías—;
pero el pueblo de Israel ha roto su pacto contigo, derribó tus altares y mató a
cada uno de tus profetas. Yo soy el único que queda con vida, y ahora me buscan
para matarme a mí también.
11 El Señor le
dijo:
—Sal y ponte de pie delante de mí, en la montaña.
Mientras Elías estaba de pie allí, el Señor pasó,
y un viento fuerte e impetuoso azotó la montaña. La ráfaga fue tan tremenda que
las rocas se aflojaron, pero el Señor no estaba en el viento. Después
del viento hubo un terremoto, pero el Señor no estaba en el
terremoto. 12 Pasado el terremoto hubo un incendio,
pero el Señor no estaba en el incendio. Y después del incendio hubo
un suave susurro. 13 Cuando Elías lo oyó, se cubrió
la cara con su manto, salió y se paró a la entrada de la cueva.
Entonces una voz le dijo:
—¿Qué haces aquí, Elías?
14 Él
volvió a responder:
—He servido con gran celo al Señor Dios
Todopoderoso; pero el pueblo de Israel ha roto su pacto contigo, derribó tus
altares y mató a cada uno de tus profetas. Yo soy el único que queda con vida,
y ahora me buscan para matarme a mí también.
15 Entonces
el Señor le dijo:
—Regresa por el mismo camino que viniste y sigue
hasta el desierto de Damasco. Cuando llegues allí, unge a Hazael para que sea
rey de Aram. 16 Después unge a Jehú, nieto de
Nimsi, para que sea rey de Israel; y unge a Eliseo, hijo de Safat, de la
tierra de Abel-mehola, para que tome tu lugar como mi profeta. 17 ¡A
cualquiera que escape de Hazael, Jehú lo matará; y a los que escapen de Jehú,
Eliseo los matará! 18 Sin embargo, preservaré a
otros siete mil en Israel, ¡quienes nunca se han inclinado ante Baal ni lo han
besado!
Llamado de Eliseo
19 Entonces
Elías fue y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando un campo. Había doce pares
de bueyes en el campo, y Eliseo araba con el último par. Elías se acercó a él,
le echó su manto sobre los hombros y siguió caminando. 20 Eliseo
dejó los bueyes donde estaban, salió corriendo detrás de Elías y le dijo:
—Deje que primero me despida de mis padres con un
beso y luego iré con usted.
Elías respondió:
—Regresa, pero piensa en lo que te hice.
21 Entonces
Eliseo regresó a donde estaban sus bueyes y los mató. Con la madera del arado
hizo una fogata para asar la carne. Repartió la carne asada entre la gente del
pueblo, y todos comieron. Después se fue con Elías como su ayudante.
SALMOS 99
99 ¡El Señor es rey!
¡Que tiemblen las naciones!
Está sentado en su trono, entre los querubines.
¡Que se estremezca toda la tierra!
2 El Señor se sienta con majestad en
Jerusalén,
exaltado sobre todas las naciones.
3 Que ellas alaben tu nombre grande y temible.
¡Tu nombre es santo!
4 Rey poderoso, amante de la justicia,
tú has establecido la imparcialidad.
Has actuado con justicia
y con rectitud en todo Israel.
5 ¡Exalten al Señor nuestro Dios!
¡Póstrense ante sus pies porque él es santo!
6 Moisés y Aarón estaban entre sus sacerdotes;
Samuel también invocó su nombre.
Clamaron al Señor por ayuda,
y él les respondió.
7 Habló a Israel desde la columna de nube,
y los israelitas siguieron las leyes y los decretos que
les dio.
8 Oh Señor nuestro Dios, tú les respondiste;
para ellos fuiste Dios perdonador,
pero los castigaste cuando se desviaron.
9 Exalten al Señor nuestro Dios
y adoren en su monte santo, en Jerusalén,
¡porque el Señor nuestro Dios es santo!
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”