Mayo 02 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 101
2 REYES 1 - 3
Elías enfrenta al rey Ocozías
1 Después
de la muerte del rey Acab, la nación de Moab se rebeló contra Israel.
2 Cierto
día Ocozías, el nuevo rey de Israel, se cayó por la reja de la ventana de una
habitación en el piso superior de su palacio en Samaria y quedó gravemente
herido. Entonces envió mensajeros al templo de Baal-zebub, dios de Ecrón, para
que consultaran si iba a recuperarse.
3 Entonces
el ángel del Señor le dijo a Elías, quien era de Tisbé: «Ve y
enfrenta a los mensajeros del rey de Samaria, y pregúntales: “¿Acaso no hay
Dios en Israel? ¿Por qué recurren a Baal-zebub, dios de Ecrón, a consultarle si
el rey va a recuperarse? 4 Por lo tanto, esto dice
el Señor: nunca te levantarás de la cama donde estás; ten por seguro que
morirás”». Entonces Elías fue a transmitirles el mensaje.
5 Cuando
los mensajeros regresaron, el rey les preguntó:
—¿Por qué volvieron tan pronto?
6 Ellos
contestaron:
—Se nos cruzó un hombre y nos dijo que
regresáramos y le diéramos este mensaje al rey: “Esto dice el Señor:
‘¿Acaso no hay Dios en Israel? ¿Por qué mandas hombres a preguntarle a
Baal-zebub, dios de Ecrón, si vas a recuperarte? Por eso que hiciste, nunca te
levantarás de la cama donde estás; ten por seguro que morirás’”.
7 —¿Qué
hombre les dijo eso?—preguntó el rey—. ¿Cómo era?
8 Y
ellos contestaron:
—Era un hombre velludo y tenía un cinto de
cuero en la cintura.
—¡Elías de Tisbé!—exclamó el rey.
9 Entonces
envió a un capitán del ejército con cincuenta soldados para que lo arrestaran.
Lo encontraron sentado en la cima de una colina, y el capitán le dijo:
—Hombre de Dios, el rey te ordena que vengas con
nosotros.
10 Elías
respondió al capitán:
—Si yo soy un hombre de Dios, ¡que caiga fuego
del cielo y te destruya a ti y a tus cincuenta hombres!
Enseguida cayó fuego del cielo y los mató a
todos.
11 Entonces
el rey envió a otro capitán con otros cincuenta hombres, y el capitán dijo a
Elías:
—Hombre de Dios, el rey te exige que bajes de
inmediato.
12 Elías
respondió:
—Si yo soy un hombre de Dios, ¡que caiga fuego
del cielo y te destruya a ti y a tus cincuenta hombres!
Y de nuevo el fuego de Dios cayó del cielo y los
mató a todos.
13 Por
tercera vez, el rey envió a un capitán con cincuenta hombres; pero esta vez el
capitán subió a la colina, se arrodilló ante Elías y le suplicó:
—Hombre de Dios, por favor, perdone mi vida y
también la vida de estos cincuenta siervos suyos. 14 Sabemos
que cayó fuego del cielo y destruyó a los primeros dos grupos; pero ahora, ¡le
ruego que me perdone la vida!
15 Entonces
el ángel del Señor dijo a Elías: «Desciende con él y no le tengas
miedo». Así que Elías se levantó y fue con el capitán a ver al rey.
16 Así
que Elías dijo al rey: «Esto dice el Señor: “¿Por qué enviaste mensajeros
a Baal-zebub, dios de Ecrón, a preguntarle si te recuperarías? ¿Acaso no hay
Dios en Israel para contestar tu pregunta? Ahora, porque hiciste esto, nunca te
levantarás de la cama donde estás; ten por seguro que morirás”».
17 Así
que Ocozías murió como el Señor lo había anunciado por medio de
Elías. Dado que Ocozías no tenía ningún hijo que reinara en su lugar, su
hermano Joram lo sucedió en el trono. Esto ocurrió en el segundo año del
reinado de Yoram, hijo de Josafat, rey de Judá.
18 Los
demás acontecimientos del reinado de Ocozías y todo lo que él hizo están
registrados en El libro de la historia de los reyes de Israel.
Elías es llevado al cielo
2 Cuando
el Señor estaba por llevarse a Elías al cielo en un torbellino, Elías
y Eliseo estaban en camino desde Gilgal. 2 Y Elías
le dijo a Eliseo:
—Quédate aquí, porque el Señor me dijo
que fuera a Betel.
Eliseo respondió:
—Tan cierto como que el Señor vive y
que tú vives, ¡nunca te dejaré!
Así que descendieron juntos a Betel.
3 El
grupo de profetas de Betel se acercó a Eliseo para preguntarle:
—¿Sabías que hoy el Señor se llevará a
tu amo?
—Claro que lo sé—contestó Eliseo—, ¡pero no digan
nada!
4 Entonces
Elías le dijo a Eliseo:
—Quédate aquí, porque el Señor me dijo
que fuera a Jericó.
Pero Eliseo le respondió de nuevo:
—Tan cierto como que el Señor vive y
que tú vives, ¡nunca te dejaré!
Así que continuaron juntos a Jericó.
5 Después
el grupo de profetas de Jericó se acercó a Eliseo para preguntarle:
—¿Sabías que hoy el Señor se llevará a
tu amo?
—Claro que lo sé—contestó Eliseo—, ¡pero no digan
nada!
6 Entonces
Elías le dijo a Eliseo:
—Quédate aquí, porque el Señor me dijo
que fuera al río Jordán.
Pero una vez más, Eliseo respondió:
—Tan cierto como que el Señor vive y
que tú vives, ¡nunca te dejaré!
Así que siguieron juntos.
7 Cincuenta
hombres del grupo de profetas también fueron y observaron de lejos cuando Elías
y Eliseo se detuvieron junto al río Jordán. 8 Luego
Elías dobló su manto y con él golpeó el agua. ¡El río se dividió en dos y ambos
cruzaron sobre tierra seca!
9 Cuando
llegaron al otro lado, Elías le dijo a Eliseo:
—Dime qué puedo hacer por ti antes de ser
llevado.
Y Eliseo respondió:
—Te pido que me permitas heredar una doble
porción de tu espíritu y que llegue a ser tu sucesor.
10 —Has
pedido algo difícil—respondió Elías—. Si me ves en el momento en que sea
llevado de tu lado, recibirás lo que pediste; pero si no me ves, no lo
recibirás.
11 Mientras
iban caminando y conversando, de pronto apareció un carro de fuego, tirado por
caballos de fuego. Pasó entre los dos hombres y los separó, y Elías fue llevado
al cielo por un torbellino. 12 Eliseo lo vio y
exclamó: «¡Padre mío! ¡Padre mío! ¡Veo los carros de Israel con sus
conductores!». Mientras desaparecían de su vista, rasgó su ropa en señal de
angustia.
13 Entonces
Eliseo tomó el manto de Elías, el cual se había caído cuando fue llevado, y
regresó a la orilla del río Jordán. 14 Golpeó el
agua con el manto de Elías y exclamó: «¿Dónde está el Señor, Dios de
Elías?». Entonces el río se dividió en dos y Eliseo lo cruzó.
15 Cuando
el grupo de profetas de Jericó vio desde lejos lo que había sucedido,
exclamaron: «¡El espíritu de Elías reposa sobre Eliseo!». Enseguida salieron a
su encuentro y se inclinaron hasta el suelo delante de él.
16 —Señor—le
dijeron—, usted tan solo dé la orden y cincuenta de nuestros hombres más
fuertes buscarán a su amo por todo el desierto. Tal vez el Espíritu del Señor lo
haya dejado en alguna montaña o en algún valle.
—No—respondió Eliseo—, no los manden.
17 Pero
ellos insistieron tanto que él, avergonzado, finalmente aceptó:
—Está bien—les dijo—, mándenlos.
Así que cincuenta hombres buscaron a Elías
durante tres días, pero no lo encontraron. 18 Eliseo
aún estaba en Jericó cuando los hombres regresaron. «¿Acaso no les dije que no
fueran?», preguntó.
Primeros milagros de Eliseo
19 Cierto
día, los líderes de la ciudad de Jericó fueron a visitar a Eliseo.
—Tenemos un problema, señor—le dijeron—. Como
puedes ver, esta ciudad está situada en un entorno agradable, pero el agua es
mala y la tierra no produce.
20 Eliseo
dijo:
—Tráiganme un recipiente nuevo y pónganle sal.
Así que se lo llevaron 21 y
Eliseo fue hasta el manantial que suministraba el agua a la ciudad, le echó la
sal y dijo: «Esto dice el Señor: “Yo he purificado el agua, ya no causará
muerte ni esterilidad”». 22 Desde
entonces el agua quedó pura, tal como dijo Eliseo.
23 Después
Eliseo salió de Jericó y subió a Betel. Mientras iba por el camino, unos
muchachos de la ciudad comenzaron a burlarse y a reírse de él. «¡Vete de aquí,
viejo calvo!—gritaban—. ¡Vete de aquí, viejo calvo!». 24 Eliseo
se dio la vuelta, los miró y los maldijo en el nombre del Señor. Entonces
dos osos salieron del bosque y atacaron a cuarenta y dos de ellos. 25 De
allí, Eliseo fue al monte Carmelo y finalmente regresó a Samaria.
Guerra entre Israel y Moab
3 Joram, hijo
de Acab, comenzó a gobernar Israel durante el año dieciocho del reinado de
Josafat en Judá y reinó en Samaria doce años. 2 Joram
hizo lo malo a los ojos del Señor, aunque no tanto como su padre y su
madre. Por lo menos derribó la columna sagrada de Baal que su padre había
levantado. 3 Sin embargo, continuó con los pecados
que Jeroboam, hijo de Nabat, había cometido e hizo cometer al pueblo de Israel.
4 Mesa,
rey de Moab, se dedicaba a la cría de ovejas. Acostumbraba pagar al rey de
Israel un tributo anual de cien mil corderos y la lana de cien mil
carneros; 5 pero después de la muerte de Acab, el
rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel. 6 Entonces
el rey Joram sin demora reunió al ejército de Israel y marchó desde
Samaria. 7 Ya en camino, envió este mensaje a
Josafat, rey de Judá: «El rey de Moab se ha rebelado contra mí. ¿Saldrás
conmigo a la batalla contra él?».
Josafat le respondió: «¡Por supuesto! Tú y yo
somos como uno; mis tropas son tus tropas y mis caballos son tus
caballos». 8 Entonces preguntó: «¿Qué camino
tomaremos?».
Joram contestó: «Atacaremos desde el desierto de
Edom».
9 El
rey de Edom y sus tropas también se unieron a ellos, y los tres ejércitos
dieron un rodeo a través del desierto durante siete días; pero no había agua
para los hombres ni para los animales.
10 —¿Qué
haremos ahora?—clamó el rey de Israel—. El Señor nos ha traído a los
tres aquí para que el rey de Moab nos derrote.
11 Pero
el rey Josafat de Judá preguntó:
—¿Acaso no hay ningún profeta del Señor con
nosotros? Si es así, podemos preguntarle al Señor por medio de él qué
debemos hacer.
Uno de los oficiales del rey Joram respondió:
—Eliseo, hijo de Safat, está entre nosotros. Él
era el ayudante personal de Elías.
12 —Sí,
el Señor habla por medio de él—dijo Josafat.
Así que el rey de Israel, el rey Josafat de Judá
y el rey de Edom fueron a consultar a Eliseo.
13 —¿Por
qué has venido a verme a mí?—preguntó Eliseo al rey de Israel—. ¡Busca a los
profetas paganos de tu padre y de tu madre!
Pero Joram, rey de Israel, dijo:
—¡No! ¿Acaso no ha sido el Señor quien
nos trajo a los tres reyes aquí para que el rey de Moab nos derrote?
14 Eliseo
respondió:
—Tan cierto como que el Señor Todopoderoso
vive, a quien sirvo, si no fuera por el respeto que le tengo al rey Josafat de
Judá, no perdería el tiempo hablando contigo. 15 Ahora,
tráiganme a alguien que sepa tocar el arpa.
Mientras tocaban el arpa, el poder del Señor vino
sobre Eliseo, 16 quien dijo:
—Esto dice el Señor: “¡Este valle seco se
llenará de lagunas! 17 Ustedes no verán viento ni
lluvia, dice el Señor, pero este valle se llenará de agua. Habrá
suficiente para ustedes, para su ganado y para los demás animales; 18 pero
eso es algo muy sencillo para el Señor, ¡porque él les dará la victoria
sobre el ejército de Moab! 19 Ustedes conquistarán
las mejores ciudades de Moab, incluso las que están fortificadas. Cortarán
todos los árboles buenos, taparán todos los manantiales y con piedras
arruinarán toda la tierra productiva”.
20 Al
día siguiente, como a la hora que se ofrecía el sacrificio matutino, ¡de
repente apareció agua! Fluía desde Edom, y pronto hubo agua por todos lados.
21 Mientras
tanto, cuando los moabitas se enteraron de que los tres ejércitos marchaban
contra ellos, movilizaron a todos los hombres que tenían edad suficiente para
ceñirse una espada, y tomaron posiciones a lo largo de la frontera. 22 Ahora
bien, cuando se levantaron a la mañana siguiente, el sol se reflejaba en el
agua de tal forma que a los moabitas les pareció ver rojo, como si fuera
sangre. 23 «¡Es sangre!—exclamaban—. ¡Seguro los
tres ejércitos se atacaron mutuamente y se mataron unos a otros! ¡Hombres de
Moab, vamos a recoger el botín!».
24 Sin
embargo, cuando los moabitas llegaron al campamento de los israelitas, el
ejército de Israel se levantó y los atacó hasta que se dieron la vuelta y
huyeron. Las tropas de Israel los persiguieron hasta dentro de la tierra de
Moab, destruyendo todo lo que encontraban a su paso. 25 Destruyeron
las ciudades, cubrieron con piedras toda la tierra productiva, taparon todos
los manantiales y cortaron todos los árboles buenos. Lo último que quedaba en
pie era Kir-hareset con sus murallas de piedra, pero algunos hombres con hondas
la rodearon y la atacaron.
26 Cuando
el rey de Moab vio que estaba perdiendo la batalla, salió con setecientos de
sus espadachines en un intento desesperado por penetrar en las filas enemigas
que estaban cerca del rey de Edom, pero fracasaron. 27 Después
el rey de Moab tomó a su hijo mayor, el heredero al trono, y lo sacrificó como
una ofrenda quemada sobre la muralla. En consecuencia, hubo un gran enojo
contra Israel y los israelitas se retiraron y
regresaron a su tierra.
SALMOS 101
Salmo de David.
101 Cantaré de tu amor y de tu justicia, oh Señor;
te alabaré con canciones.
2 Tendré cuidado de llevar una vida intachable;
¿cuándo vendrás a ayudarme?
Viviré con integridad
en mi propio hogar.
3 Me negaré a mirar
cualquier cosa vil o vulgar.
Detesto a los que actúan de manera deshonesta;
no tendré nada que ver con ellos.
4 Rechazaré las ideas perversas
y me mantendré alejado de toda clase de mal.
5 No toleraré a los que calumnian a sus vecinos;
no soportaré la presunción ni el orgullo.
6 Buscaré a personas fieles
para que sean mis compañeros;
solo a los que sean irreprochables
se les permitirá servirme.
7 No permitiré que los engañadores sirvan en mi casa,
y los mentirosos no permanecerán en mi presencia.
8 Mi tarea diaria será descubrir a los perversos
y liberar de sus garras a la ciudad del Señor.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”