Julio 18 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 178
JEREMÍAS 37 – 39
Sedequías llama a Jeremías
37 Sedequías,
hijo de Josías, subió al trono de Judá después de Joaquín, hijo de Joacim.
Fue nombrado rey por el rey Nabucodonosor de Babilonia. 2 Sin
embargo, ni Sedequías ni sus ayudantes ni la gente que quedó en la tierra de
Judá hicieron caso a lo que el Señor decía a través de Jeremías.
3 No
obstante, el rey Sedequías envió a Jehucal, hijo de Selemías, y al sacerdote
Sofonías, hijo de Maaseías, a pedirle a Jeremías: «Por favor, ora por nosotros
al Señor, nuestro Dios». 4 Todavía no habían
encarcelado a Jeremías, por lo tanto, se movía con total libertad entre la
gente.
5 En
ese tiempo, el ejército del faraón Hofra de Egipto apareció en la frontera
sur de Judá. Cuando el ejército babilónico se enteró de esto, levantó el
sitio de Jerusalén.
6 Entonces
el Señor le dio el siguiente mensaje a Jeremías: 7 «Esto
dice el Señor, Dios de Israel: el rey de Judá te envió a consultarme
acerca de lo que va a suceder. Dile a él: “El ejército del faraón está a punto
de regresar a Egipto aunque vino aquí para ayudarte. 8 Luego
los babilonios regresarán y conquistarán esta ciudad y la quemarán hasta
reducirla a cenizas”.
9 »Esto
dice el Señor: “No se engañen a sí mismos creyendo que los babilonios se
marcharon para siempre. ¡No es así! 10 Y aunque
pudieran destruir a todo el ejército babilónico y dejaran a solo un puñado de
sobrevivientes heridos, ¡aun así estos saldrían tambaleando de sus carpas e
incendiarían esta ciudad hasta reducirla a cenizas!”».
Jeremías encarcelado
11 Cuando
el ejército babilónico se fue de Jerusalén debido a que se acercaba el ejército
del faraón, 12 Jeremías comenzó a salir de la
ciudad camino al territorio de Benjamín para tomar posesión de su terreno allí,
entre sus parientes. 13 Sin embargo, cuando
atravesaba la puerta de Benjamín un guardia lo arrestó y le dijo:
—¡Estás desertando para unirte a los babilonios!
El guardia que lo arrestó era Irías, hijo de
Selemías y nieto de Hananías.
14 —¡Mentira!—protestó
Jeremías—. No tenía la menor intención de hacer tal cosa.
Pero Irías no quiso escucharlo, así que llevó a
Jeremías ante los funcionarios. 15 Ellos estaban
furiosos con Jeremías y mandaron que lo azotaran y lo encarcelaran en la casa
del secretario Jonatán porque la casa de Jonatán había sido convertida en
prisión. 16 Jeremías fue puesto en un calabozo
donde permaneció por muchos días.
17 Más
tarde, a escondidas, el rey Sedequías pidió que Jeremías fuera al palacio y
allí el rey le preguntó:
—¿Tienes algún mensaje de parte del Señor?
—¡Sí, lo tengo!—dijo Jeremías—. Serás derrotado
por el rey de Babilonia.
18 Entonces
Jeremías le preguntó al rey:
—¿Qué crimen he cometido? ¿Qué he hecho yo contra
ti, tus ayudantes o el pueblo para que me hayan encarcelado? 19 ¿Ahora
dónde están tus profetas que te dijeron que el rey de Babilonia no te atacaría
a ti ni a esta tierra? 20 Escucha, mi señor y rey,
te suplico que no me mandes de regreso al calabozo en la casa del secretario
Jonatán, porque allí me moriré.
21 Así
que el rey Sedequías mandó que no regresaran a Jeremías al calabozo. En cambio,
lo encerró en el patio de la guardia del palacio real. El rey también ordenó
que cada día se le diera a Jeremías un pan recién horneado mientras hubiera pan
en la ciudad. Así que Jeremías fue puesto en la prisión del palacio.
Jeremías en una cisterna
38 Entonces
Sefatías, hijo de Matán; Gedalías, hijo de Pasur; Jehucal, hijo de
Selemías; y Pasur, hijo de Malquías, oyeron lo que Jeremías le decía al
pueblo: 2 «Esto dice el Señor: “Todo el que se
quede en Jerusalén morirá por guerra, enfermedad o hambre, pero los que se
rindan a los babilonios vivirán. Su recompensa será su propia vida, ¡ellos
vivirán!”. 3 El Señor también dice: “La
ciudad de Jerusalén ciertamente será entregada al ejército del rey de
Babilonia, quien la conquistará”».
4 Entonces
los funcionarios fueron a ver al rey y le dijeron:
—Señor, ¡este hombre debe morir! Esta forma de
hablar desmoralizará a los pocos hombres de guerra que nos quedan, al igual que
a todo el pueblo. ¡Este hombre es un traidor!
5 El
rey Sedequías estuvo de acuerdo.
—Está bien—dijo—, hagan lo que quieran. No los
puedo detener.
6 Así
que los funcionarios sacaron a Jeremías de la celda y lo bajaron con sogas a
una cisterna vacía en el patio de la cárcel que pertenecía a Malquías, miembro
de la familia real. La cisterna no tenía agua pero Jeremías se hundió en una
espesa capa de barro que había en el fondo.
7 Pero
el etíope Ebed-melec, un importante funcionario de la corte, se enteró de
que Jeremías estaba en la cisterna. En ese momento el rey estaba en sesión
junto a la puerta de Benjamín, 8 entonces
Ebed-melec salió del palacio a toda prisa para hablar con él.
9 —Mi
señor y rey—dijo—, estos hombres hicieron un gran mal al poner al profeta
Jeremías dentro de la cisterna. Pronto morirá de hambre porque casi no hay pan
en la ciudad.
10 Entonces
el rey le dijo a Ebed-melec:
—Toma contigo a unos treinta de mis hombres y
saca a Jeremías de la cisterna antes de que muera.
11 Así
que Ebed-melec se llevó a los hombres y fue a la habitación del palacio que
estaba debajo de la tesorería. Allí encontró trapos viejos y ropa desechada que
llevó a la cisterna y se los bajó con sogas a Jeremías. 12 Ebed-melec
le gritó a Jeremías: «Ponte estos trapos debajo de tus axilas para protegerte
de las sogas». Cuando Jeremías estuvo listo, 13 lo
sacaron. Entonces regresaron a Jeremías al patio de la guardia—la prisión del
palacio—y allí permaneció.
Sedequías interroga a Jeremías
14 Cierto
día, el rey Sedequías mandó llamar a Jeremías e hizo que lo llevaran a la
tercera entrada del templo del Señor.
—Quiero preguntarte algo—le dijo el rey—. Y no
intentes ocultar la verdad.
15 —Si
te dijera la verdad, me matarías—contestó Jeremías—. Y si te diera un consejo,
igual no me escucharías.
16 Entonces
el rey Sedequías le prometió en secreto:
—Tan cierto como que el Señor nuestro
Creador vive, no te mataré ni te entregaré en manos de los hombres que desean
verte muerto.
17 Entonces
Jeremías le dijo a Sedequías:
—Esto dice el Señor Dios de los
Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Si te rindes a los oficiales
babilónicos, tú y toda tu familia vivirán, y la ciudad no será
incendiada; 18 pero si rehúsas rendirte, ¡no
escaparás! La ciudad será entregada en manos de los babilonios y la incendiarán
hasta reducirla a cenizas”.
19 —Pero
tengo miedo de rendirme—dijo el rey—, porque los babilonios me pueden entregar
a los judíos que desertaron para unirse a ellos. ¡Y quién sabe qué me harán!
20 —Si
eliges obedecer al Señor, no serás entregado a ellos—contestó Jeremías—,
sino que salvarás tu vida y todo te irá bien; 21 pero
si te niegas a rendirte, el Señor me ha revelado lo siguiente: 22 todas
las mujeres que queden en el palacio serán sacadas y entregadas a los oficiales
del ejército babilónico. Entonces las mujeres se mofarán de ti diciendo:
“¡Qué buenos amigos tienes!
Te han traicionado y engañado.
¡Cuando tus pies se hundieron en el barro,
te abandonaron a tu suerte!”.
23 Todas
tus esposas e hijos serán entregados a los babilonios y tú no escaparás. El rey
de Babilonia te apresará, y esta ciudad será incendiada.
24 Entonces
Sedequías le dijo a Jeremías:
—No le comentes a nadie que me dijiste esto ¡o
morirás! 25 Mis funcionarios quizá se enteren de
que hablé contigo y te digan: “Cuéntanos de lo que hablaban tú y el rey. De lo
contrario, te mataremos”. 26 Si tal cosa sucediera,
solo diles que me suplicaste que no te enviara de nuevo al calabozo de Jonatán
por temor a morir allí.
27 Efectivamente,
poco tiempo después los funcionarios del rey vinieron a Jeremías a preguntarle
por qué el rey lo había llamado; pero Jeremías siguió las instrucciones del rey
y ellos se fueron sin enterarse de la verdad ya que nadie había escuchado la
conversación entre Jeremías y el rey. 28 Así que
Jeremías permaneció encarcelado en el patio de la guardia hasta el día en que
Jerusalén fue conquistada.
Caída de Jerusalén
39 En
enero[j] del noveno año del reinado de
Sedequías, el rey Nabucodonosor de Babilonia llegó con todo su ejército
para sitiar Jerusalén. 2 Dos años y medio más
tarde, el 18 de julio del año once del reinado de Sedequías, abrieron una
brecha en la muralla de la ciudad. 3 Todos los
oficiales del ejército babilónico entraron y, en señal de su triunfo, se
sentaron en la puerta Central: Nergal-sarezer de Samgar y Nebo-sarsequim, un
oficial principal, Nergal-sarezer, consejero del rey, y todos los demás
oficiales del rey de Babilonia.
4 Cuando
el rey Sedequías de Judá y todos los soldados vieron que los babilonios habían
invadido la ciudad, huyeron. Esperaron hasta la caída del sol y entonces se
deslizaron por la puerta que está entre las dos murallas detrás del jardín real
y se dirigieron al valle del Jordán.
5 Sin
embargo, las tropas babilónicas los persiguieron y alcanzaron a Sedequías
en las llanuras de Jericó. Lo capturaron y lo llevaron ante el rey
Nabucodonosor de Babilonia, que se encontraba en Ribla, en la tierra de Hamat.
Allí el rey de Babilonia dictó sentencia contra Sedequías. 6 El
rey de Babilonia hizo que Sedequías observara mientras masacraba a sus hijos en
Ribla. El rey de Babilonia también masacró a todos los nobles de Judá. 7 Luego
le sacó los ojos y lo ató con cadenas de bronce para llevarlo a Babilonia.
8 Mientras
tanto, los babilonios quemaron Jerusalén, incluidos el palacio real y las casas
del pueblo, y derribaron las murallas de la ciudad. 9 Entonces
Nabuzaradán, capitán de la guardia, se llevó cautivas a Babilonia a las
personas que quedaban en la ciudad, a las que habían desertado para unirse a
sus filas y a todas las que quedaban. 10 Pero
Nabuzaradán permitió que algunos de los más pobres se quedaran en la tierra de
Judá, y los hizo responsables de cuidar los viñedos y los campos.
Jeremías permanece en Judá
11 El
rey Nabucodonosor había ordenado a Nabuzaradán, capitán de la guardia, que
encontrara a Jeremías. 12 «Asegúrate de que no esté
herido—le dijo—, trátalo bien y dale todo lo que quiera». 13 Así
que Nabuzaradán, capitán de la guardia; Nabusazbán, un oficial principal;
Nergal-sarezer, consejero del rey; y los demás oficiales del rey de
Babilonia 14 enviaron mensajeros para que sacaran a
Jeremías de la prisión. Lo pusieron al cuidado de Gedalías, hijo de Ahicam y
nieto de Safán, quien lo llevó de regreso a su casa. Entonces Jeremías
permaneció en Judá, entre su propio pueblo.
15 El Señor le
dio a Jeremías el siguiente mensaje cuando todavía estaba en prisión: 16 «Dile
a Ebed-melec el etíope: “Esto dice el Señor de los Ejércitos
Celestiales, Dios de Israel: ‘Cumpliré en esta ciudad todas mis amenazas;
enviaré desastre y no prosperidad. Tú mismo verás su destrucción, 17 pero
te libraré de aquellos a quienes tanto temes. 18 Como
has confiado en mí, te daré tu vida como recompensa; te rescataré y te
mantendré seguro. ¡Yo, el Señor, he hablado!’”».
SALMOS 23
Salmo de David.
23 El Señor es
mi pastor;
tengo todo lo que necesito.
2 En verdes prados me deja descansar;
me conduce junto a arroyos tranquilos.
3 Él renueva mis fuerzas.
Me guía por sendas correctas,
y así da honra a su nombre.
4 Aun cuando yo pase
por el valle más oscuro,
no temeré,
porque tú estás a mi lado.
Tu vara y tu cayado
me protegen y me confortan.
5 Me preparas un banquete
en presencia de mis enemigos.
Me honras ungiendo mi cabeza con aceite.
Mi copa se desborda de bendiciones.
6 Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán
todos los días de mi vida,
y en la casa del Señor viviré
por siempre.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”