Agosto 13 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 204
NEHEMÍAS 4 – 6
Los enemigos se oponen a la
reconstrucción
4 Cuando
Sanbalat se enteró de que estábamos reconstruyendo la muralla, se enojó
muchísimo. Se puso furioso y se burló de los judíos, 2 diciendo
ante sus amigos y los oficiales del ejército de Samaria: «¿Qué cree que está
haciendo este pobre y debilucho grupo de judíos? ¿Acaso creen que pueden
construir la muralla en un día por tan solo ofrecer unos cuantos sacrificios? ¿Realmente
creen que pueden hacer algo con piedras rescatadas de un montón de escombros, y
para colmo piedras calcinadas?».
3 Tobías,
el amonita, que estaba a su lado, comentó: «¡Esa muralla se vendría abajo si
tan siquiera un zorro caminara sobre ella!».
4 Entonces
oré: «Escúchanos, Dios nuestro, porque se burlan de nosotros. ¡Que sus burlas
recaigan sobre sus propias cabezas, y que ellos mismos sean llevados cautivos a
una tierra extraña! 5 No pases por alto su culpa.
No borres sus pecados, porque han provocado tu enojo delante de los que
construyen la muralla».
6 Por
fin se completó la muralla alrededor de toda la ciudad hasta la mitad de su
altura, porque el pueblo había trabajado con entusiasmo.
7 Sin
embargo, cuando Sanbalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los asdodeos se
enteraron de que la obra progresaba y que se estaban reparando las brechas en
la muralla de Jerusalén, se enfurecieron. 8 Todos
hicieron planes para venir y luchar contra Jerusalén y causar confusión entre
nosotros. 9 Así que oramos a nuestro Dios y pusimos
guardias en la ciudad día y noche para protegernos.
10 Entonces
el pueblo de Judá comenzó a quejarse: «Los trabajadores se están cansando, y
los escombros que quedan por sacar son demasiados. Jamás podremos construir la
muralla por nuestra cuenta».
11 Mientras
tanto, nuestros enemigos decían: «Antes de que se den cuenta de lo que está
pasando, caeremos encima de ellos, los mataremos y detendremos el trabajo».
12 Los
judíos que vivían cerca de los enemigos venían y nos decían una y otra vez:
«¡Llegarán de todos lados y nos atacarán!». 13 De
manera que coloqué guardias armados detrás de las partes más bajas de la
muralla, en los lugares más descubiertos. Puse a la gente por familias para que
hiciera guardia con espadas, lanzas y arcos.
14 Luego,
mientras revisaba la situación, reuní a los nobles y a los demás del pueblo y
les dije: «¡No le tengan miedo al enemigo! ¡Recuerden al Señor, quien es grande
y glorioso, y luchen por sus hermanos, sus hijos, sus hijas, sus esposas y sus
casas!».
15 Cuando
nuestros enemigos se enteraron de que conocíamos sus planes y que Dios mismo
los había frustrado, todos volvimos a nuestro trabajo en la muralla. 16 Sin
embargo, de ahí en adelante, solo la mitad de los hombres trabajaba mientras
que la otra mitad hacía guardia con lanzas, escudos, arcos y cotas de malla.
Los líderes se colocaron detrás del pueblo de Judá 17 que
edificaba la muralla. Los obreros seguían con el trabajo, sosteniendo con una
mano la carga y con la otra un arma. 18 Todos los
que construían tenían una espada asegurada a su costado. El que tocaba la
trompeta quedó conmigo para tocar alarma.
19 Entonces
les expliqué a los nobles, a los oficiales y a todo el pueblo lo siguiente: «La
obra es muy extensa, y nos encontramos muy separados unos de otros a lo largo
de la muralla. 20 Cuando oigan el sonido de la
trompeta, corran hacia el lugar donde esta suene. ¡Entonces nuestro Dios
peleará por nosotros!».
21 Trabajábamos
desde temprano hasta tarde, desde la salida hasta la puesta del sol; y la mitad
de los hombres estaba siempre de guardia. 22 También
les dije a todos los que vivían fuera de las murallas que se quedaran en
Jerusalén. De esa manera ellos y sus sirvientes podían colaborar con los turnos
de guardia de noche y trabajar durante el día. 23 Durante
ese tiempo, ninguno de nosotros—ni yo, ni mis parientes, ni mis sirvientes, ni
los guardias que estaban conmigo—nos quitamos la ropa. En todo momento
portábamos nuestras armas, incluso cuando íbamos por agua.
Nehemías defiende a los oprimidos
5 En
esos días, algunos de los hombres y sus esposas elevaron una protesta contra
sus hermanos judíos. 2 Decían: «Nuestras familias
son tan numerosas que necesitamos más comida para sobrevivir».
3 Otros
decían: «Hemos hipotecado nuestros campos, viñedos y casas para conseguir
comida durante el hambre».
4 Otros
más decían: «Para poder pagar los impuestos, tuvimos que pedir dinero prestado
dando nuestros campos y viñedos como garantía. 5 Pertenecemos
a la misma familia de los que son ricos, y nuestros hijos son iguales a los de
ellos. Sin embargo, tenemos que vender nuestros hijos como esclavos solo para
conseguir lo necesario para vivir. Ya hemos vendido a algunas de nuestras
hijas, y no hay nada que podamos hacer, porque nuestros campos y viñedos ya
están hipotecados a otros».
6 Cuando
oí sus quejas me enojé muchísimo. 7 Después de
pensarlo bien, denuncié a esos nobles y a los funcionarios y les dije:
«¡Ustedes perjudican a sus propios parientes al cobrar intereses cuando les
piden dinero prestado!». Entonces convoqué a una reunión pública para tratar el
problema.
8 En
la reunión les dije:
—Estamos haciendo todo lo posible para rescatar a
nuestros parientes judíos que han tenido que venderse a extranjeros paganos,
pero ahora son ustedes los que los someten a esclavitud. ¿Cuántas veces
tendremos que redimirlos?
Ellos no tenían nada que argumentar en su
defensa. 9 Entonces insistí:
—¡No está bien lo que ustedes hacen! ¿Acaso no
deberían andar en el temor de nuestro Dios para evitar que nos pongan en
ridículo las naciones enemigas? 10 Yo mismo, al
igual que mis hermanos y mis trabajadores, he estado prestando dinero y grano
al pueblo, pero ahora dejemos de cobrarles intereses. 11 Devuélvanles
hoy mismo sus campos y viñedos, sus olivares y sus casas. Además devuelvan los
intereses que cobraron cuando prestaron dinero, grano, vino nuevo y aceite de
oliva.
12 Entonces
ellos respondieron:
—Devolveremos todo y no le exigiremos nada al
pueblo; haremos como tú dices.
Luego llamé a los sacerdotes e hice que los
nobles y los funcionarios juraran que cumplirían su promesa.
13 Sacudí
los dobleces de mi manto y les dije:
—¡Si no cumplen su promesa, que así los sacuda
Dios de sus casas y de sus propiedades!
Entonces toda la asamblea respondió:
—¡Amén!
Todos alabaron al Señor y cumplieron
con lo prometido.
14 Durante
los doce años en los que fui gobernador de Judá—desde el año veinte hasta el
año treinta y dos del reinado del rey Artajerjes—ni yo ni mis funcionarios
reclamamos la ración de comida que nos correspondía. 15 Los
gobernadores anteriores, por contraste, impusieron pesadas cargas al pueblo, al
exigir una ración diaria de comida y vino, además de cuarenta piezas de
plata. Hasta sus ayudantes se aprovechaban del pueblo. Sin embargo, como yo
temía a Dios, no actué de esa manera.
16 También
me dediqué a trabajar en la muralla y me negué a adquirir tierras. Además,
exigí a todos mis sirvientes que dedicaran tiempo a trabajar en la
muralla. 17 No pedí nada, aunque con frecuencia
daba de comer a ciento cincuenta funcionarios judíos en mi mesa, ¡sin contar a
todos los visitantes de otras tierras! 18 Las
provisiones que yo pagaba todos los días incluían: un buey, seis ovejas o
cabras selectas y una gran cantidad de carne de ave. Además, cada diez días
necesitábamos una abundante provisión de toda clase de vino. Sin embargo,
rehusé exigir la ración que me correspondía como gobernador porque el pueblo ya
tenía una carga pesada.
19 Oh
Dios mío, acuérdate de todo lo que he hecho por este pueblo y bendíceme.
Continúa la oposición a la
reconstrucción
6 Sanbalat,
Tobías, Gesem el árabe y los demás enemigos nuestros descubrieron que yo había
terminado la reconstrucción de la muralla y que no quedaba ninguna brecha; a
pesar de que todavía no habíamos levantado las puertas en sus respectivos
lugares. 2 Así que Sanbalat y Gesem enviaron un
mensaje pidiéndome que me encontrara con ellos en una de las aldeas de la
llanura de Ono.
Pero me di cuenta de que ellos tramaban hacerme
daño, 3 de modo que les respondí con el siguiente
mensaje: «Estoy ocupado en una gran tarea, así que no puedo ir. ¿Por qué habría
de dejar el trabajo para ir a encontrarme con ustedes?».
4 Cuatro
veces me enviaron el mismo mensaje, y cada vez les respondí lo mismo. 5 La
quinta vez, el sirviente de Sanbalat llegó con una carta abierta en su
mano 6 que decía:
«Circula un rumor entre las naciones vecinas, y
Gesem me asegura que es cierto, que tú y los judíos piensan rebelarse y
que por eso reconstruyen la muralla. Según sus informes, tú te propones ser el
rey. 7 También informa que has nombrado profetas en
Jerusalén para que proclamen acerca de ti: “¡Atención! ¡Hay rey en Judá!”.
»Puedes tener la seguridad de que este informe
llegará a oídos del rey, de modo que sugiero que vengas a hablar conmigo del
asunto».
8 Yo
respondí: «Todo lo que dices es puro cuento. Tú mismo inventaste todo».
9 Solo
trataban de intimidarnos, creían que podrían desalentarnos y detener la obra.
De modo que seguí con el trabajo más decidido que nunca.
10 Más
adelante fui a visitar a Semaías, hijo de Delaía y nieto de Mehetabel, que
estaba recluido en su casa. Me dijo:
—Reunámonos dentro del templo de Dios y cerremos
las puertas con cerrojos. Tus enemigos vienen a matarte esta noche.
11 Pero
yo respondí:
—¿Acaso debería una persona en mi posición huir
del peligro? ¿Acaso debería alguien en mi posición entrar al templo para salvar
su vida? ¡No lo haré!
12 Me
di cuenta de que Dios no le había hablado, sino que decía esa profecía contra
mí porque Tobías y Sanbalat lo habían contratado. 13 Ellos
esperaban intimidarme y hacerme pecar. De esa forma podrían acusarme y
desacreditarme.
14 Oh
Dios mío, acuérdate de todas las cosas malvadas que Tobías y Sanbalat han
hecho; y recuerda a la profetisa Noadías y a todos los profetas como ella que
trataron de intimidarme.
Los trabajadores completan la muralla
15 Así
que el 2 de octubre, a los cincuenta y dos días después de comenzar la
obra, se terminó la muralla. 16 Cuando se enteraron
nuestros enemigos y las naciones vecinas, se sintieron aterrorizados y
humillados. Se dieron cuenta de que esta obra se había realizado con la ayuda
de nuestro Dios.
17 Durante
esos cincuenta y dos días, circularon muchas cartas entre Tobías y los nobles
de Judá. 18 Pues muchos en Judá le habían jurado
lealtad porque su suegro era Secanías, hijo de Ara, y Johanán, su hijo, estaba
casado con la hija de Mesulam, hijo de Berequías. 19 Constantemente
ellos me hablaban de las buenas acciones de Tobías, y luego le contaban todo lo
que yo decía. Por su parte, Tobías no dejaba de enviarme cartas amenazadoras a
fin de intimidarme.
SALMOS 49
Para el director del coro: salmo de
los descendientes de Coré.
49 ¡Escuchen
esto, todos los pueblos!
¡Presten atención, habitantes de todo el mundo!
2 Los de las altas esferas y la gente común,
ricos y pobres: ¡oigan!
3 Pues mis palabras son sabias
y mis pensamientos están llenos de buena percepción.
4 Escucho con atención muchos proverbios
y resuelvo enigmas con la inspiración del sonido de un
arpa.
5 ¿Por
qué tendría que temer cuando vienen dificultades,
cuando los enemigos me rodean?
6 Ellos se fían de sus posesiones
y se jactan de sus grandes riquezas.
7 Sin embargo, no pueden redimirse de la muerte
pagándole un rescate a Dios.
8 La redención no se consigue tan fácilmente,
pues nadie podrá jamás pagar lo suficiente
9 como para vivir para siempre
y nunca ver la tumba.
10 Los
sabios finalmente tendrán que morir,
al igual que los necios y los insensatos,
y dejarán toda su riqueza atrás.
11 La tumba es su hogar eterno,
donde permanecerán para siempre.
Podrán ponerle su propio nombre a sus propiedades,
12 pero su fama no durará.
Morirán, al igual que los animales.
13 Ese es el destino de los necios,
aunque sean recordados como si hubieran sido sabios. Interludio
14 Como
ovejas, son llevados a la tumba,
donde la muerte será su pastor.
Por la mañana, los justos gobernarán sobre ellos.
Sus cuerpos se pudrirán en la tumba,
lejos de sus grandiosas propiedades.
15 Pero en mi caso, Dios redimirá mi vida;
me arrebatará del poder de la tumba. Interludio
16 Así
que no te desanimes cuando los malvados se enriquezcan,
y en sus casas haya cada vez más esplendor.
17 Pues al morir, no se llevan nada consigo;
sus riquezas no los seguirán a la tumba.
18 En esta vida se consideran dichosos
y los aplauden por su éxito.
19 Pero morirán como todos sus antepasados,
y nunca más volverán a ver la luz del día.
20 La gente que se jacta de su riqueza no comprende;
morirán, al igual que los animales.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”