Agosto 19 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 210
DANIEL 1 – 3
Daniel en la corte del rey
Nabucodonosor
1 Durante
el tercer año del reinado de Joacim, rey de Judá, llegó a Jerusalén el rey
Nabucodonosor de Babilonia y la sitió. 2 El Señor
le dio la victoria sobre el rey Joacim de Judá y le permitió llevarse algunos
de los objetos sagrados del templo de Dios. Así que Nabucodonosor se los llevó
a Babilonia y los puso en la casa del tesoro del templo de su dios.
3 Luego
el rey ordenó a Aspenaz, jefe del Estado Mayor, que trajera al palacio a
algunos de los jóvenes de la familia real de Judá y de otras familias nobles,
que habían sido llevados a Babilonia como cautivos. 4 «Selecciona
solo a jóvenes sanos, fuertes y bien parecidos—le dijo—. Asegúrate de que sean
instruidos en todas las ramas del saber, que estén dotados de conocimiento y de
buen juicio y que sean aptos para servir en el palacio real. Enseña a estos
jóvenes el idioma y la literatura de Babilonia». 5 El
rey les asignó una ración diaria de la comida y del vino que provenían de su
propia cocina. Debían recibir entrenamiento por tres años y después entrarían
al servicio real.
6 Daniel,
Ananías, Misael y Azarías fueron cuatro de los jóvenes seleccionados, todos de
la tribu de Judá. 7 El jefe del Estado Mayor les
dio nuevos nombres babilónicos:
A Daniel lo llamó Beltsasar.
A Ananías lo llamó Sadrac.
A Misael lo llamó Mesac.
A Azarías lo llamó Abed-nego.
8 Sin
embargo, Daniel estaba decidido a no contaminarse con la comida y el vino dados
por el rey. Le pidió permiso al jefe del Estado Mayor para no comer esos
alimentos inaceptables. 9 Ahora bien, Dios había
hecho que el jefe del Estado Mayor le tuviera respeto y afecto a Daniel, 10 pero
le respondió: «Tengo miedo de mi señor el rey quien ordenó que ustedes comieran
estos alimentos y bebieran este vino. Si se vuelven pálidos y delgados en
comparación con otros jóvenes de su edad, temo que el rey mandará a
decapitarme».
11 Entonces
Daniel habló con el asistente que había sido designado por el jefe del Estado
Mayor para cuidar a Daniel, Ananías, Misael y Azarías, 12 y
le dijo: «Por favor, pruébanos durante diez días con una dieta de vegetales y
agua. 13 Al cumplirse los diez días, compara
nuestro aspecto con el de los otros jóvenes que comen de la comida del rey.
Luego decide de acuerdo con lo que veas».
14 El
asistente aceptó la sugerencia de Daniel y los puso a prueba por diez días.
15 Al
cumplirse los diez días, Daniel y sus tres amigos se veían más saludables y
mejor nutridos que los jóvenes alimentados con la comida asignada por el
rey. 16 Así que, desde entonces, el asistente les
dio de comer solo vegetales en lugar de los alimentos y el vino que servían a
los demás.
17 A
estos cuatro jóvenes Dios les dio aptitud excepcional para comprender todos los
aspectos de la literatura y la sabiduría; y a Daniel Dios le dio la capacidad
especial de interpretar el significado de visiones y sueños.
18 Cuando
se cumplió el período de instrucción ordenado por el rey, el jefe del Estado
Mayor llevó a todos los jóvenes ante el rey Nabucodonosor. 19 El
rey habló con ellos y ninguno le causó mejor impresión que Daniel, Ananías,
Misael y Azarías. De modo que entraron al servicio real. 20 Cada
vez que el rey los consultaba sobre cualquier asunto que exigiera sabiduría y
juicio equilibrado, los encontraba diez veces más capaces que todos los magos y
brujos de su reino.
21 Daniel
permaneció en el servicio real hasta el primer año del rey Ciro.
Sueño del rey Nabucodonosor
2 Una
noche, durante el segundo año de su reinado, Nabucodonosor tuvo unos
sueños tan desconcertantes que no pudo dormir. 2 Mandó
llamar a sus magos, brujos, hechiceros y astrólogos, y les exigió que le
dijeran lo que había soñado. Cuando se presentaron ante el rey, 3 les
dijo:
—He tenido un sueño que me desconcierta mucho y
necesito saber lo que significa.
4 Entonces
los astrólogos respondieron al rey en arameo:
—¡Que viva el rey! Cuéntenos el sueño y nosotros
le diremos lo que significa.
5 Pero
el rey respondió a los astrólogos:
—Les digo esto en serio. Si no me dicen lo que
soñé y lo que significa, ¡los haré despedazar y convertiré sus casas en un
montón de escombros! 6 Pero si me dicen lo que soñé
y lo que significa, les daré muchos honores y regalos maravillosos. ¡Solo
díganme lo que soñé y lo que significa!
7 Ellos
volvieron a decirle:
—Por favor, su majestad, cuéntenos el sueño y
nosotros le diremos lo que significa.
8 El
rey respondió:
—¡Ya sé lo que se proponen! Están tratando de
ganar tiempo porque saben que hablo en serio cuando digo: 9 “¡Si
no me cuentan el sueño, están condenados!”. Así que han conspirado para
mentirme, con la esperanza de que yo cambie de idea, pero cuéntenme el sueño y
entonces sabré que pueden explicarme el significado.
10 Los
astrólogos respondieron al rey:
—¡No hay nadie en la tierra que pueda decirle al
rey lo que soñó! ¡Y ningún rey, por grande y poderoso que sea, jamás pidió tal
cosa a sus magos, brujos o astrólogos! 11 Es
imposible cumplir con lo que el rey exige. Nadie, excepto los dioses, puede
contar al rey su sueño, pero los dioses no habitan entre los hombres.
12 Cuando
el rey oyó esto, se enfureció y mandó a ejecutar a todos los sabios de
Babilonia. 13 Entonces, debido al decreto del rey,
enviaron hombres para que encontraran y mataran a Daniel y a sus amigos.
14 Cuando
Arioc, comandante de la guardia real, llegó con la intención de matarlos,
Daniel manejó la situación con sabiduría y discreción. 15 Le
preguntó a Arioc: «¿Por qué emitió el rey un decreto tan severo?». Entonces
Arioc le contó todo lo que había sucedido. 16 Daniel
fue a ver al rey inmediatamente y le pidió más tiempo para comunicarle el
significado del sueño.
17 Entonces
Daniel regresó a casa y contó a sus amigos Ananías, Misael y Azarías lo que
había ocurrido. 18 Les rogó que pidieran al Dios
del cielo que tuviera misericordia y les revelara el secreto, para que no
fueran ejecutados junto con los demás sabios de Babilonia. 19 Esa
noche el misterio le fue revelado a Daniel en una visión. Entonces alabó al
Dios del cielo 20 y dijo:
«Alabado sea el nombre de Dios por siempre y para
siempre,
porque a él pertenecen toda la sabiduría y todo el
poder.
21 Él controla el curso de los sucesos del mundo;
él quita reyes y pone otros reyes.
Él da sabiduría a los sabios
y conocimiento a los estudiosos.
22 Él revela cosas profundas y misteriosas
y conoce lo que se oculta en la oscuridad,
aunque él está rodeado de luz.
23 Te agradezco y te alabo, Dios de mis antepasados,
porque me has dado sabiduría y fortaleza.
Me revelaste lo que te pedimos
y nos diste a conocer lo que el rey exigía».
Daniel interpreta el sueño
24 Entonces
Daniel fue a ver a Arioc, a quien el rey había ordenado ejecutar a los sabios
de Babilonia. Daniel le dijo: «No mates a los sabios. Llévame ante el rey y le
explicaré el significado de su sueño».
25 Enseguida
Arioc llevó a Daniel ante el rey y anunció: «¡Entre los cautivos de Judá,
encontré a uno que le dirá al rey el significado de su sueño!».
26 Entonces
el rey le preguntó a Daniel (también llamado Beltsasar):
—¿Es cierto? ¿Puedes decirme lo que soñé y lo que
mi sueño significa?
27 Daniel
contestó:
—No hay sabios, brujos, magos ni adivinos que
puedan dar a conocer el secreto del rey; 28 pero
hay un Dios en el cielo, quien revela secretos y le ha dado a conocer al rey
Nabucodonosor lo que ocurrirá en el futuro. Ahora le diré lo que soñó y las
visiones que vio mientras estaba acostado en su cama.
29 »Mientras
su majestad dormía, soñó sobre sucesos futuros. Aquel que da a conocer los
secretos le ha mostrado a usted lo que ocurrirá. 30 Y
no es porque yo sea más sabio que los demás que conozco el secreto de su sueño,
sino porque Dios quiere que su majestad entienda lo que estaba en su corazón
cuando soñó.
31 »En
su visión, su majestad vio frente a sí una enorme estatua resplandeciente de un
hombre; daba terror verla. 32 La cabeza de la
estatua era de oro fino. El pecho y los brazos eran de plata, el vientre y los
muslos de bronce, 33 las piernas eran de hierro y
los pies eran una mezcla de hierro y barro cocido. 34 Mientras
usted observaba, una roca de una montaña fue cortada, pero no por manos
humanas. La roca golpeó los pies de hierro y barro, y los hizo pedazos. 35 La
estatua quedó reducida a pequeños trozos de hierro, barro, bronce, plata y oro.
Luego el viento se los llevó sin dejar rastro alguno, como la paja cuando se
trilla el grano. Sin embargo, la roca que derrumbó la estatua se convirtió en
una gran montaña que cubrió toda la tierra.
36 »Ese
fue el sueño. Ahora explicaremos al rey el significado. 37 Su
majestad, usted es supremo entre los reyes. El Dios del cielo le ha dado
soberanía, poder, fuerza y honra. 38 Dios lo ha
puesto como gobernante sobre todo el mundo habitado y le ha dado dominio aun
sobre las aves y los animales salvajes. Usted es la cabeza de oro.
39 »Ahora
bien, después de que termine su reino, surgirá otro reino, inferior al suyo, y
ocupará su lugar. Cuando este caiga, un tercer reino, representado por el
bronce, surgirá para gobernar el mundo. 40 Después
vendrá un cuarto reino, tan fuerte como el hierro. Ese reino destrozará y
aplastará a todos los imperios anteriores, así como el hierro destroza y
aplasta todo lo que golpea. 41 Los pies y los dedos
que usted vio eran una combinación de hierro y barro cocido, lo cual demuestra
que ese reino se dividirá. Por ser barro mezclado con hierro, tendrá algo de la
fuerza del hierro. 42 No obstante, si bien algunas
de sus partes serán tan fuertes como el hierro, otras serán tan débiles como el
barro. 43 Esta mezcla de hierro con barro también
demuestra que esos reinos procurarán fortalecerse al hacer alianzas
matrimoniales; pero no se mantendrán unidos, así como el hierro y el barro no
se mezclan.
44 »Durante
los gobiernos de esos reyes, el Dios del cielo establecerá un reino que jamás
será destruido o conquistado. Aplastará por completo a esos reinos y
permanecerá para siempre. 45 Ese es el significado
de la roca cortada de la montaña, aunque no por manos humanas, que hizo pedazos
la estatua de hierro, bronce, barro, plata y oro. El gran Dios estaba mostrando
al rey lo que ocurrirá en el futuro. El sueño es verdadero y el significado,
seguro.
Nabucodonosor recompensa a Daniel
46 Entonces
el rey Nabucodonosor se postró ante Daniel y le rindió culto, y mandó al pueblo
que ofreciera sacrificios y quemara incienso dulce frente a Daniel. 47 El
rey le dijo: «En verdad tu Dios es el más grande de todos los dioses, es el
Señor de los reyes, y es quien revela los misterios, porque tú pudiste revelar
este secreto».
48 Entonces
el rey puso a Daniel en un puesto importante y le dio muchos regalos valiosos.
Nombró a Daniel gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe de todos
los sabios del rey. 49 A petición de Daniel, el rey
puso a Sadrac, Mesac y Abed-nego a cargo de todos los asuntos de la provincia
de Babilonia, mientras Daniel permaneció en la corte del rey.
Estatua de oro del rey Nabucodonosor
3 El
rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro que medía veintisiete metros de
altura y dos metros y medio de ancho y la levantó sobre la llanura de
Dura, en la provincia de Babilonia. 2 Luego envió
mensajes a los altos funcionarios, autoridades, gobernadores, asesores,
tesoreros, jueces y magistrados y a todos los funcionarios provinciales para
que asistieran a la dedicación de la estatua que había levantado. 3 De
modo que todas estas autoridades vinieron y se pusieron de pie ante la
estatua que el rey Nabucodonosor había levantado.
4 Entonces
un vocero proclamó: «¡Gente de todas las razas, naciones y lenguas escuchen el
mandato del rey! 5 Cuando oigan tocar la trompeta,
la flauta, la cítara, la lira, el arpa, la zampoña y otros instrumentos
musicales, inclínense rostro en tierra y rindan culto a la estatua de oro
del rey Nabucodonosor. 6 ¡Cualquiera que se rehúse
a obedecer será arrojado inmediatamente a un horno ardiente!».
7 Así
que al sonido de los instrumentos musicales, toda la gente, de cualquier
raza, nación o lengua, se inclinó rostro en tierra y rindió culto a la estatua
de oro que había levantado el rey Nabucodonosor.
8 Sin
embargo, algunos de los astrólogos se presentaron ante el rey y
denunciaron a los judíos. 9 Dijeron al rey
Nabucodonosor: «¡Que viva el rey! 10 Usted emitió
un decreto que exige a todo el pueblo inclinarse y rendir culto a la estatua de
oro al oír tocar la trompeta, la flauta, la cítara, la lira, el arpa, la
zampoña y otros instrumentos musicales. 11 Ese
decreto también establece que quienes se rehúsen a obedecer serán arrojados
dentro de un horno ardiente. 12 Pues hay algunos
judíos—Sadrac, Mesac y Abed-nego—a los que usted puso a cargo de la provincia
de Babilonia que no le prestan atención, su majestad. Se niegan a servir a los
dioses de su majestad y no rinden culto a la estatua de oro que usted ha
levantado».
13 Entonces
Nabucodonosor se enfureció y ordenó que trajeran ante él a Sadrac, Mesac y
Abed-nego. Cuando los trajeron, 14 Nabucodonosor
les preguntó:
—¿Es cierto, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que
ustedes se rehúsan a servir a mis dioses y a rendir culto a la estatua de oro
que he levantado? 15 Les daré una oportunidad más
para inclinarse y rendir culto a la estatua que he hecho cuando oigan el sonido
de los instrumentos musicales. Sin embargo, si se niegan, serán
inmediatamente arrojados al horno ardiente y entonces, ¿qué dios podrá
rescatarlos de mi poder?
16 Sadrac,
Mesac y Abed-nego contestaron:
—Oh Nabucodonosor, no necesitamos defendernos
delante de usted. 17 Si nos arrojan al horno
ardiente, el Dios a quien servimos es capaz de salvarnos. Él nos rescatará de
su poder, su majestad; 18 pero aunque no lo
hiciera, deseamos dejar en claro ante usted que jamás serviremos a sus dioses
ni rendiremos culto a la estatua de oro que usted ha levantado.
El horno ardiente
19 Entonces
Nabucodonosor se enfureció tanto con Sadrac, Mesac y Abed-nego que el rostro se
le desfiguró a causa de la ira. Mandó calentar el horno siete veces más de lo
habitual. 20 Entonces ordenó que algunos de los
hombres más fuertes de su ejército ataran a Sadrac, Mesac y Abed-nego y los
arrojaran al horno ardiente. 21 Así que los ataron
y los arrojaron al horno, totalmente vestidos con sus pantalones, turbantes,
túnicas y demás ropas. 22 Ya que el rey, en su
enojo, había exigido que el horno estuviera bien caliente, las llamas mataron a
los soldados mientras arrojaban dentro a los tres hombres. 23 De
esa forma Sadrac, Mesac y Abed-nego, firmemente atados, cayeron a las rugientes
llamas.
24 De
pronto, Nabucodonosor, lleno de asombro, se puso de pie de un salto y exclamó a
sus asesores:
—¿No eran tres los hombres que atamos y arrojamos
dentro del horno?
—Sí, su majestad, así es—le contestaron.
25 —¡Miren!—gritó
Nabucodonosor—. ¡Yo veo a cuatro hombres desatados que caminan en medio del
fuego sin sufrir daño! ¡Y el cuarto hombre se parece a un dios!
26 Entonces
Nabucodonosor se acercó tanto como pudo a la puerta del horno en llamas y
gritó: «¡Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salgan y vengan
aquí!».
Así que Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron del
fuego. 27 Entonces los altos funcionarios,
autoridades, gobernadores y asesores los rodearon y vieron que el fuego no los
había tocado. No se les había chamuscado ni un cabello, ni se les había
estropeado la ropa. ¡Ni siquiera olían a humo!
28 Entonces
Nabucodonosor dijo: «¡Alabado sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego! Envió a
su ángel para rescatar a sus siervos que confiaron en él. Desafiaron el mandato
del rey y estuvieron dispuestos a morir en lugar de servir o rendir culto a
otro dios que no fuera su propio Dios. 29 Por lo
tanto, yo decreto: si alguien, cualquiera sea su raza, nación o lengua, habla
en contra del Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, será despedazado y su casa
será reducida a un montón de escombros. ¡No hay otro dios que pueda rescatar de
esta manera!».
30 Luego
el rey ascendió a Sadrac, Mesac y Abed-nego a puestos aún más altos en la
provincia de Babilonia.
SALMOS 55
Para el director del coro: salmo de
David; acompáñese con instrumentos de cuerda.
55 Escucha
mi oración, oh Dios;
¡no pases por alto mi grito de auxilio!
2 Por favor, escúchame y respóndeme,
porque las dificultades me abruman.
3 Mis enemigos me gritan;
me lanzan perversas amenazas a viva voz.
Me cargan de problemas
y con rabia me persiguen.
4 Mi
corazón late en el pecho con fuerza;
me asalta el terror de la muerte.
5 El miedo y el temblor me abruman,
y no puedo dejar de temblar.
6 Si tan solo tuviera alas como una paloma,
¡me iría volando y descansaría!
7 Volaría muy lejos,
a la tranquilidad del desierto. Interludio
8 Qué rápido me escaparía,
lejos de esta furiosa tormenta de odio.
9 Confúndelos,
Señor, y frustra sus planes,
porque veo violencia y conflicto en la ciudad.
10 Día y noche patrullan sus murallas para cuidarla de
invasores,
pero el verdadero peligro es la maldad que hay dentro
de la ciudad.
11 Todo se viene abajo;
las amenazas y el engaño abundan por las calles.
12 No
es un enemigo el que me hostiga;
eso podría soportarlo.
No son mis adversarios los que me insultan con tanta arrogancia;
de ellos habría podido esconderme.
13 En cambio, eres tú, mi par,
mi compañero y amigo íntimo.
14 ¡Cuánto compañerismo disfrutábamos
cuando caminábamos juntos hacia la casa de Dios!
15 Que
la muerte aceche a mis enemigos;
que la tumba se los trague vivos,
porque la maldad habita en ellos.
16 Pero
clamaré a Dios,
y el Señor me rescatará.
17 Mañana, tarde y noche
clamo en medio de mi angustia,
y el Señor oye mi voz.
18 Él me rescata y me mantiene a salvo
de la batalla que se libra en mi contra,
aunque muchos todavía se me oponen.
19 Dios, quien siempre ha gobernado,
me oirá y los humillará. Interludio
Pues mis enemigos se niegan a cambiar de rumbo;
no tienen temor de Dios.
20 En
cuanto a mi compañero, él traicionó a sus amigos;
no cumplió sus promesas.
21 Sus palabras son tan suaves como la mantequilla,
pero en su corazón hay guerra.
Sus palabras son tan relajantes como una loción,
¡pero por debajo son dagas!
22 Entrégale
tus cargas al Señor,
y él cuidará de ti;
no permitirá que los justos tropiecen y caigan.
23 Pero
tú, oh Dios, mandarás a los perversos
a la fosa de destrucción;
los asesinos y los mentirosos morirán jóvenes,
pero yo confío en que tú me salves.
La historia de Daniel motiva fidelidad a pesar
del exilio en Babilonia. Sus visiones ofrecen la esperanza de que Dios pondrá a
todas las naciones bajo Su dominio.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”