Enero 29 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 8
GÉNESIS 25 al 28
Muerte de Abraham
25 Abraham
volvió a casarse, con una mujer llamada Cetura. 2 Ella
dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. 3 Jocsán
fue el padre de Seba y Dedán. Los descendientes de Dedán fueron los asureos,
los letuseos y los leumeos. 4 Los hijos de Madián
fueron Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda. Todos ellos fueron descendientes de
Abraham por medio de Cetura.
5 Abraham
le dio todo lo que poseía a su hijo Isaac; 6 pero
antes de morir, les dio regalos a los hijos de sus concubinas y los separó de
su hijo Isaac, enviándolos a una tierra en el oriente.
7 Abraham
vivió ciento setenta y cinco años, 8 y murió en
buena vejez, luego de una vida larga y satisfactoria. Dio su último suspiro y
se reunió con sus antepasados al morir. 9 Sus hijos
Isaac e Ismael lo enterraron en la cueva de Macpela, cerca de Mamre, en el
campo de Efrón, hijo de Zohar el hitita. 10 Ese era
el campo que Abraham había comprado a los hititas y donde había enterrado a su
esposa Sara. 11 Después de la muerte de Abraham,
Dios bendijo a su hijo Isaac, quien se estableció cerca de Beer-lajai-roi, en
el Neguev.
Descendientes de Ismael
12 Este
es el relato de la familia de Ismael, el hijo de Abraham por medio de Agar, la
sierva egipcia de Sara. 13 La siguiente lista
corresponde a los descendientes de Ismael por nombres y clanes: el hijo mayor
fue Nebaiot, seguido por Cedar, Adbeel, Mibsam, 14 Misma,
Duma, Massa, 15 Hadad, Tema, Jetur, Nafis y
Cedema. 16 Estos doce hijos de Ismael fueron los
fundadores de doce tribus—cada una llevaba el nombre de su fundador—,
registradas según los lugares donde se establecieron y acamparon. 17 Ismael
vivió ciento treinta y siete años. Después dio su último suspiro y se reunió
con sus antepasados al morir. 18 Los descendientes
de Ismael ocuparon la región que va desde Havila hasta Shur, que está al
oriente de Egipto, en dirección a Asiria. Allí vivieron en franca oposición con
todos sus parientes.
Nacimiento de Esaú y Jacob
19 Este
es el relato de la familia de Isaac, hijo de Abraham. 20 Cuando
Isaac tenía cuarenta años, se casó con Rebeca, hija de Betuel el arameo, de
Padán-aram, y hermana de Labán el arameo.
21 Isaac
rogó al Señor a favor de su esposa, porque ella no podía tener hijos.
El Señor contestó la oración de Isaac, y Rebeca quedó embarazada de
mellizos. 22 Pero los dos niños luchaban entre sí
dentro de su vientre. Así que ella consultó al Señor:
—¿Por qué me pasa esto? —preguntó.
23 Y
el Señor le dijo:
—Los hijos que llevas en tu vientre llegarán a
ser dos naciones, y desde el principio las dos naciones serán rivales. Una
nación será más fuerte que la otra; y tu hijo mayor servirá a tu hijo menor.
24 Cuando
le llegó el momento de dar a luz, ¡Rebeca comprobó que de verdad tenía
mellizos! 25 El primero en nacer era muy rojizo y
estaba cubierto de mucho vello, como con un abrigo de piel; por eso lo llamaron
Esaú. 26 Después nació el otro mellizo, agarrando
con la mano el talón de Esaú; por eso lo llamaron Jacob. Isaac tenía
sesenta años cuando nacieron los mellizos.
Esaú vende sus derechos de hijo mayor
27 Los
muchachos fueron creciendo, y Esaú se convirtió en un hábil cazador. Él era un
hombre de campo, pero Jacob tenía un temperamento tranquilo y prefería quedarse
en casa. 28 Isaac amaba a Esaú porque le gustaba
comer los animales que cazaba, pero Rebeca amaba a Jacob.
29 Cierto
día, mientras Jacob preparaba un guiso, Esaú regresó del desierto, agotado y
hambriento. 30 Esaú le dijo a Jacob:
—¡Me muero de hambre! ¡Dame un poco de ese guiso
rojo!
(Así es como Esaú obtuvo su otro nombre, Edom,
que significa «rojo»).
31 —Muy
bien—respondió Jacob—, pero dame a cambio tus derechos de hijo mayor.
32 —Mira,
¡me estoy muriendo de hambre! —dijo Esaú—. ¿De qué me sirven ahora los derechos
de hijo mayor?
33 Pero
Jacob dijo:
—Primero tienes que jurar que los derechos de
hijo mayor me pertenecen a mí.
Así que Esaú hizo un juramento, mediante el cual
vendía todos sus derechos de hijo mayor a su hermano Jacob.
34 Entonces
Jacob le dio a Esaú guiso de lentejas y algo de pan. Esaú comió, y luego se
levantó y se fue. Así mostró desprecio por sus derechos de hijo mayor.
Isaac engaña a Abimelec
26 Un
hambre terrible azotó la tierra, como había ocurrido antes en tiempos de
Abraham. Así que Isaac se trasladó a Gerar, donde vivía Abimelec, rey de los
filisteos.
2 El Señor se
le apareció a Isaac y le dijo: «No desciendas a Egipto, sino haz lo que yo te
digo. 3 Vive aquí como extranjero en esta tierra, y
yo estaré contigo y te bendeciré. Yo, con estas palabras, confirmo que te daré
todas estas tierras a ti y a tu descendencia, tal como le prometí
solemnemente a Abraham, tu padre. 4 Haré que tus
descendientes sean tan numerosos como las estrellas de los cielos, y les daré
todas estas tierras. Y mediante tu descendencia, todas las naciones de la
tierra serán bendecidas. 5 Yo haré esto porque
Abraham me escuchó y obedeció todos mis requisitos, mandatos, decretos e
instrucciones». 6 Entonces Isaac se quedó en Gerar.
7 Cuando
los hombres que vivían allí le preguntaron a Isaac acerca de Rebeca, su esposa,
él dijo: «Es mi hermana». Tenía temor de decir: «Ella es mi esposa» porque
pensó: «Me matarán para conseguirla, pues es muy hermosa»; 8 pero
tiempo después, Abimelec, rey de los filisteos, miró por la ventana y vio a
Isaac acariciando a Rebeca.
9 Al
instante, Abimelec mandó llamar a Isaac y exclamó:
—¡Es evidente que ella es tu esposa! ¿Por qué
dijiste: “Es mi hermana”?
—Porque tuve temor de que alguien me matara para
quitármela—contestó Isaac.
10 —¿Cómo
pudiste hacernos semejante cosa? —exclamó Abimelec—. Uno de mis hombres bien
podría haber tomado a tu esposa para dormir con ella, y tú nos habrías hecho
culpables de un gran pecado.
11 Entonces
Abimelec dio esta orden a todo el pueblo: «Cualquiera que toque a este hombre o
a su esposa ¡será ejecutado!».
Conflicto por los derechos del agua
12 Cuando
Isaac sembró sus cultivos ese año, cosechó cien veces más grano del que había
plantado, porque el Señor lo bendijo. 13 Se
hizo muy rico, y su riqueza siguió aumentando. 14 Adquirió
tantos rebaños de ovejas y de cabras, manadas de ganado, y siervos, que los
filisteos comenzaron a tenerle envidia. 15 Así que
los filisteos taparon con tierra todos los pozos de Isaac. Eran los pozos que
habían cavado los siervos de su padre Abraham.
16 Por
último, Abimelec ordenó a Isaac que se fuera de la región. «Vete a algún otro
lugar—le dijo—, porque te has hecho demasiado poderoso para nosotros».
17 Así
que Isaac se mudó al valle de Gerar y allí armó sus carpas y se
estableció. 18 También reabrió los pozos que su
padre Abraham había cavado, porque los filisteos los habían tapado después de
su muerte, y les puso nuevamente los nombres que Abraham les había dado.
19 Los
siervos de Isaac también cavaron en el valle de Gerar y descubrieron un pozo de
agua fresca; 20 pero después, los pastores de Gerar
llegaron y reclamaron el manantial. «Esta agua es nuestra», dijeron ellos, y
discutieron sobre el pozo con los pastores de Isaac. Por eso Isaac llamó a
aquel pozo Esek (que significa «disputa»). 21 Luego
los hombres de Isaac cavaron otro pozo, pero de nuevo hubo conflicto. Por eso
Isaac lo llamó Sitna (que significa «hostilidad»). 22 Isaac
abandonó ese pozo, siguió adelante y cavó otro. Esta vez no hubo ningún
conflicto, entonces Isaac llamó a aquel lugar Rehobot (que significa «espacio
abierto»), porque dijo: «Al fin el Señor ha creado espacio suficiente
para que prosperemos en esta tierra».
23 De
allí Isaac se mudó a Beerseba, 24 donde
el Señor se le apareció la noche de su llegada. «Yo soy el Dios de tu
padre Abraham—dijo—. No tengas miedo, porque yo estoy contigo y te bendeciré.
Multiplicaré a tus descendientes, y se convertirán en una gran nación. Lo haré
a causa de la promesa que hice a Abraham, mi siervo». 25 Luego
Isaac construyó allí un altar y adoró al Señor. Estableció su campamento
en ese lugar, y sus siervos cavaron otro pozo.
Pacto de Isaac con Abimelec
26 Cierto
día, el rey Abimelec llegó desde Gerar con su consejero, Ahuzat, y también con
Ficol, el comandante de su ejército.
27 —¿Por
qué han venido aquí? —preguntó Isaac—. Es evidente que ustedes me odian, ya que
me echaron de su tierra.
28 —Podemos
ver claramente que el Señor está contigo—respondieron ellos—. Por eso
queremos hacer un tratado contigo bajo juramento. 29 Jura
que no nos harás daño, ya que nosotros nunca te hemos causado problemas a ti.
Siempre te hemos tratado bien, y te despedimos en paz. ¡Y mira ahora cómo
el Señor te ha bendecido!
30 Entonces
Isaac preparó un banquete para celebrar el tratado, y comieron y bebieron
juntos. 31 Temprano a la mañana siguiente, cada uno
hizo el solemne juramento de no interferir con el otro. Luego Isaac los envió
de regreso a su tierra, y ellos se fueron en paz.
32 Ese
mismo día, los siervos de Isaac llegaron y le contaron acerca de un nuevo pozo
que habían cavado. «¡Hemos encontrado agua!», exclamaron ellos. 33 Por
eso Isaac llamó al pozo Seba (que significa «juramento»). Hasta el día de hoy,
la ciudad que surgió allí se llama Beerseba (que significa «pozo del
juramento»).
34 Cuando
Esaú tenía cuarenta años, se casó con dos mujeres hititas: Judit, hija de
Beeri, y Basemat, hija de Elón; 35 pero las esposas
de Esaú amargaron la vida de Isaac y Rebeca.
Jacob roba la bendición de Esaú
27 Cierto
día, cuando Isaac ya era viejo y se estaba quedando ciego, llamó a Esaú, su
hijo mayor, y le dijo:
—Hijo mío.
—¿Sí, padre?—respondió Esaú.
2 —Yo
ya soy un hombre viejo—dijo Isaac—, y no sé cuándo moriré. 3 Toma
tu arco y una aljaba llena de flechas, y sal a campo abierto a cazar un animal
para mí. 4 Prepara mi comida preferida y tráemela
aquí para que la coma. Entonces pronunciaré la bendición que te pertenece a ti,
mi primer hijo varón, antes de que yo muera.
5 Rebeca
oyó lo que Isaac le había dicho a su hijo Esaú. Entonces, cuando Esaú salió a
cazar un animal, 6 ella le dijo a su hijo Jacob:
—Escucha. Oí a tu padre decirle a Esaú: 7 “Caza
un animal y prepárame una comida deliciosa. Entonces te bendeciré en presencia
del Señor antes de morir”. 8 Ahora, hijo
mío, escúchame. Haz exactamente lo que yo te diga. 9 Vete
a los rebaños y tráeme dos de los mejores cabritos. Con ellos prepararé el
plato favorito de tu padre. 10 Después lleva la
comida a tu padre para que se la coma y te bendiga antes de morir.
11 —Pero
mira—respondió Jacob a Rebeca—, mi hermano Esaú es muy velludo; en cambio, mi
piel es suave. 12 ¿Y si mi padre me toca? Entonces
se dará cuenta de que intento engañarlo, y en lugar de bendecirme, me
maldecirá.
13 Pero
su madre respondió:
—¡Entonces que la maldición caiga sobre mí, hijo
mío! Tú simplemente haz lo que te digo. ¡Sal y tráeme los cabritos!
14 Así
que Jacob salió y consiguió los cabritos para su madre. Rebeca preparó con
ellos un plato delicioso, tal como le gustaba a Isaac. 15 Después
tomó las ropas favoritas de Esaú, que estaban allí en casa, y se las dio a su
hijo menor, Jacob. 16 Con la piel de los cabritos,
ella le cubrió los brazos y la parte del cuello donde él no tenía vello. 17 Luego
le entregó a Jacob el plato delicioso y el pan recién horneado.
18 Entonces
Jacob llevó la comida a su padre.
—¿Padre?—dijo.
—Sí, hijo mío—respondió Isaac—. ¿Quién eres, Esaú
o Jacob?
19 —Soy
Esaú, tu hijo mayor—contestó Jacob—. Hice tal como me pediste; aquí está lo que
cacé. Ahora levántate y come, para que puedas darme tu bendición.
20 —¿Cómo
es que encontraste la presa tan pronto, hijo mío?
—¡El Señor tu Dios la puso en mi
camino! —contestó Jacob.
21 Entonces
Isaac le dijo a Jacob:
—Acércate para que pueda tocarte y asegurarme de
que de verdad eres Esaú.
22 Entonces
Jacob se acercó a su padre, e Isaac lo tocó.
—La voz es la de Jacob, pero las manos son las de
Esaú—dijo Isaac.
23 Sin
embargo, no reconoció a Jacob porque, cuando tocó las manos de Jacob, estaban
velludas como las de Esaú. Así que Isaac se preparó para bendecir a Jacob.
24 —¿De
verdad eres mi hijo Esaú? —preguntó.
—Sí, lo soy—contestó Jacob.
25 Entonces
Isaac dijo:
—Ahora, hijo mío, tráeme lo que cazaste. Primero
comeré y después te daré mi bendición.
Entonces Jacob llevó la comida a su padre, e
Isaac la comió. También bebió el vino que Jacob le sirvió. 26 Luego
Isaac le dijo a Jacob:
—Acércate un poco más y dame un beso, hijo mío.
27 Así
que Jacob se le acercó y le dio un beso. Entonces Isaac, al sentir el olor de
la ropa, finalmente se convenció y bendijo a su hijo diciendo: «¡Ah! ¡El olor
de mi hijo es como el olor del campo, que el Señor ha bendecido!
28 »Del
rocío de los cielos
y la riqueza de la tierra,
que Dios te conceda siempre abundantes cosechas de grano
y vino nuevo en cantidad.
29 Que muchas naciones sean tus servidoras
y se inclinen ante ti.
Que seas el amo de tus hermanos,
y que los hijos de tu madre se inclinen ante ti.
Todos los que te maldigan serán malditos,
y todos los que te bendigan serán bendecidos».
30 En
cuanto Isaac terminó de bendecir a Jacob y casi antes de que Jacob saliera de
la presencia de su padre, Esaú regresó de cazar. 31 Preparó
una comida deliciosa y se la llevó a su padre. Entonces dijo:
—Levántate, padre mío, y come de lo que he
cazado, para que puedas darme tu bendición.
32 Pero
Isaac le preguntó:
—¿Quién eres tú?
—Soy tu hijo, tu hijo mayor, Esaú—contestó.
33 Isaac
comenzó a temblar de manera incontrolable y dijo:
—¿Entonces quién me acaba de servir lo que cazó?
Ya he comido, y lo bendije a él poco antes de que llegaras, ¡y esa bendición
quedará en pie!
34 Cuando
Esaú oyó las palabras de su padre, lanzó un grito fuerte y lleno de amargura.
—Oh padre mío, ¿y yo? ¡Bendíceme también a mí!—le
suplicó.
35 Pero
Isaac le dijo:
—Tu hermano estuvo aquí y me engañó. Él se ha
llevado tu bendición.
36 —Con
razón su nombre es Jacob—exclamó Esaú—, porque ahora ya me ha engañado dos
veces. Primero tomó mis derechos de hijo mayor, y ahora me robó la
bendición. ¿No has guardado ni una bendición para mí?
37 —He
puesto a Jacob como tu amo—dijo Isaac a Esaú—, y he declarado que todos sus
hermanos serán sus siervos. Le he garantizado abundancia de grano y de vino;
¿qué me queda para darte a ti, hijo mío?
38 —¿Pero
acaso tienes una sola bendición? Oh padre mío, ¡bendíceme también a mí! —le
rogó Esaú.
Entonces Esaú perdió el control y se echó a
llorar.
39 Finalmente
su padre Isaac le dijo:
«Tú vivirás lejos de las riquezas de la tierra
y lejos del rocío que desciende de los cielos.
40 Vivirás de la espada
y servirás a tu hermano.
Sin embargo, cuando decidas liberarte,
te sacudirás su yugo del cuello».
Jacob huye a Padán-aram
41 Desde
ese momento, Esaú odió a Jacob, porque su padre le había dado la bendición a
él. Entonces Esaú comenzó a tramar: «Pronto haré duelo por la muerte de mi
padre y después mataré a mi hermano Jacob».
42 Entonces
Rebeca se enteró de los planes de Esaú y llamó a Jacob y le dijo:
—Escucha, Esaú se consuela haciendo planes para
matarte. 43 Así que, hijo mío, presta mucha
atención. Prepárate y huye a casa de mi hermano Labán, en Harán. 44 Quédate
allí con él hasta que tu hermano se calme. 45 Cuando
él se haya calmado y olvide lo que le hiciste, mandaré a buscarte para que
regreses. ¿Por qué tendría que perder a los dos hijos en un solo día?
46 Luego
Rebeca le dijo a Isaac:
—¡Estoy harta de estas mujeres hititas de aquí!
Preferiría morir antes que ver a Jacob casado con una de ellas.
28 Entonces
Isaac llamó a Jacob, lo bendijo y le ordenó:
—No te cases con ninguna de estas mujeres
cananeas. 2 En cambio, vete de inmediato a
Padán-aram, a la casa de tu abuelo Betuel, y cásate con una de las hijas de tu
tío Labán. 3 Que el Dios Todopoderoso te
bendiga y te conceda muchos hijos. ¡Y que tus descendientes se multipliquen y
formen numerosas naciones! 4 Que Dios te dé a ti y
a tu descendencia las bendiciones que prometió a Abraham. Que llegues a
ser dueño de esta tierra donde ahora vives como extranjero, porque Dios le
entregó esta tierra a Abraham.
5 Así
que Isaac despidió a Jacob, y él se fue a Padán-aram a quedarse con su tío
Labán, hermano de su madre, hijo de Betuel el arameo.
6 Esaú
se enteró de que su padre Isaac había bendecido a Jacob y lo había enviado a
Padán-aram para que encontrara una esposa, y que le había advertido a Jacob:
«No te cases con una mujer cananea». 7 También supo
que Jacob había obedecido a sus padres y se había ido a Padán-aram. 8 A
Esaú ya no le quedaban dudas de que a su padre no le agradaban las mujeres
cananeas del lugar. 9 Por lo tanto, fue a visitar a
la familia de su tío Ismael y se casó con una de las hijas de Ismael, además de
las esposas que ya tenía. Su nueva esposa se llamaba Mahalat. Era hermana de
Nebaiot e hija de Ismael, el hijo de Abraham.
El sueño de Jacob en Betel
10 Mientras
tanto, Jacob salió de Beerseba y viajó hacia Harán. 11 A
la caída del sol, llegó a un buen lugar para acampar, y se quedó allí a pasar
la noche. Jacob encontró una piedra donde reposar su cabeza y se acostó a
dormir. 12 Mientras dormía, soñó con una escalera
que se extendía desde la tierra hasta el cielo, y vio a los ángeles de Dios que
subían y bajaban por ella.
13 En
la parte superior de la escalera estaba el Señor, quien le dijo: «Yo soy
el Señor, Dios de tu abuelo Abraham, y Dios de tu padre Isaac. La tierra
en la que estás acostado te pertenece. Te la entrego a ti y a tu
descendencia. 14 ¡Tus descendientes serán tan
numerosos como el polvo de la tierra! Se esparcirán en todas las direcciones:
hacia el oriente y el occidente, hacia el norte y el sur; y todas las familias
de la tierra serán bendecidas por medio de ti y de tu descendencia. 15 Además,
yo estoy contigo y te protegeré dondequiera que vayas. Llegará el día en que te
traeré de regreso a esta tierra. No te dejaré hasta que haya terminado de darte
todo lo que te he prometido».
16 Entonces
Jacob se despertó del sueño y dijo: «¡Ciertamente el Señor está en
este lugar, y yo ni me di cuenta!»; 17 pero también
tuvo temor y dijo: «¡Qué temible es este lugar! No es ni más ni menos que la
casa de Dios, ¡la puerta misma del cielo!».
18 A
la mañana siguiente, Jacob despertó muy temprano y erigió como columna
conmemorativa la piedra en la que había reposado la cabeza y después derramó
aceite de oliva sobre ella. 19 Llamó a aquel lugar
Betel (que significa «casa de Dios»), aunque antes se llamaba Luz.
20 Luego
Jacob hizo el siguiente voto: «Si Dios en verdad está conmigo y me protege en
este viaje, y si él me provee de comida y de ropa, 21 y
si yo regreso sano y salvo a la casa de mi padre, entonces
el Señor ciertamente será mi Dios. 22 Y
esta piedra que levanté como columna conmemorativa será un lugar de adoración a
Dios, y yo le daré a Dios una décima parte de todo lo que él me dé».
SALMOS 8
Para el director del coro: salmo de
David; acompáñese con instrumento de cuerda.
8 Oh Señor,
Señor nuestro, ¡tu majestuoso nombre llena la tierra!
Tu gloria es más alta que los cielos.
2 A los niños y a los bebés les has enseñado
a hablar de tu fuerza;
así silencias a tus enemigos
y a todos los que se te oponen.
3 Cuando
miro el cielo de noche y veo la obra de tus dedos
—la luna y las estrellas que pusiste en su lugar—, me
pregunto:
4 ¿qué son los simples mortales para que pienses en
ellos,
los seres humanos para que de ellos te ocupes?
5 Sin embargo, los hiciste un poco menor que Dios
y los coronaste de gloria y honor.
6 Los pusiste a cargo de todo lo que creaste,
y sometiste todas las cosas bajo su autoridad:
7 los rebaños y las manadas
y todos los animales salvajes,
8 las aves del cielo, los peces del mar,
y todo lo que nada por las corrientes oceánicas.
9 Oh Señor,
Señor nuestro, ¡tu majestuoso nombre llena la tierra!
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
Mientras sigues leyendo Génesis y reflexionas
sobre el Salmo 8, hoy te invitamos a que mantengas en mente el comienzo de
Génesis y consideres el video del día de hoy. Este video busca rastros del
origen de la concepción del ser humano como cogobernante junto a Dios,
encargado de desarrollar el mundo y sus recursos. Este video te ayudará a
explorar preguntas como, por ejemplo: ¿cómo se ha corrompido el propósito de la
humanidad a causa del egoísmo y el mal, y de qué manera Jesús hizo posible una
nueva manera de ser humano a través de su vida, muerte y resurrección?
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”