Abril 18 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 87
2 SAMUEL 1 - 3
David se entera de la muerte de Saúl
1 Después
de la muerte de Saúl, David regresó de su victoria sobre los amalecitas y pasó
dos días en Siclag. 2 Al tercer día llegó un hombre
del campamento del ejército de Saúl con sus ropas rasgadas y polvo sobre la
cabeza en señal de duelo. El hombre cayó al suelo y se postró delante de David
con profundo respeto.
3 —¿De
dónde vienes?—le preguntó David.
—Me escapé del campamento israelita—le respondió
el hombre.
4 —¿Qué
sucedió?—preguntó David—. Cuéntame lo que pasó en la batalla.
—Todo nuestro ejército huyó de la batalla—le
contó—. Murieron muchos hombres. Saúl y su hijo Jonatán también están muertos.
5 —¿Cómo
sabes que Saúl y Jonatán están muertos?—le insistió David al joven.
6 El
hombre respondió:
—Sucedió que yo estaba en el monte Gilboa, y allí
estaba Saúl apoyado en su lanza mientras se acercaban los enemigos en sus
carros de guerra. 7 Cuando se dio vuelta y me vio,
me gritó que me acercara a él. “¿Qué quiere que haga?”, le pregunté 8 y
él me contestó: “¿Quién eres?”. Le respondí: “Soy un amalecita”. 9 Entonces
me suplicó: “Ven aquí y sácame de mi sufrimiento, porque el dolor es terrible y
quiero morir”.
10 »De
modo que lo maté—dijo el amalecita a David—, porque me di cuenta de que no iba
a vivir. Luego tomé su corona y su brazalete y se los he traído a usted, mi
señor.
11 Al
escuchar las noticias, David y sus hombres rasgaron sus ropas en señal de
dolor. 12 Hicieron duelo, lloraron y ayunaron todo
el día por Saúl y su hijo Jonatán, también por el ejército del Señor y
por la nación de Israel, porque ese día habían muerto a espada.
13 Luego
David le dijo al joven que trajo la noticia:
—¿De dónde eres?
—Soy un extranjero—contestó—, un amalecita que
vive en su tierra.
14 —¿Y
cómo no tuviste temor de matar al ungido del Señor?—le preguntó David.
15 Entonces
le ordenó a uno de sus hombres:
—¡Mátalo!
Enseguida el hombre le clavó su espada al
amalecita y lo mató, 16 y David dijo:
—Te condenaste a ti mismo al confesar que mataste
al ungido del Señor.
Canto de David por Saúl y Jonatán
17 David
compuso un canto fúnebre por Saúl y Jonatán, 18 y
ordenó que se lo enseñaran al pueblo de Judá. Es conocido como el Cántico
del arco y está registrado en El libro de Jaser:
19 ¡Oh
Israel, tu orgullo y tu alegría yacen muertos en las colinas!
¡Oh, cómo han caído los héroes poderosos!
20 No lo anuncien en Gat,
ni lo proclamen en las calles de Ascalón,
o las hijas de los filisteos se alegrarán
y los paganos se reirán con aires de triunfo.
21 Oh
montes de Gilboa,
que no caiga sobre ustedes lluvia ni rocío,
ni haya campos fructíferos que produzcan ofrendas de
grano.
Pues fue allí donde se contaminó el escudo de los héroes poderosos;
el escudo de Saúl ya no será ungido con aceite.
22 El arco de Jonatán era potente,
y la espada de Saúl realizó su trabajo mortífero.
Derramaron la sangre de sus enemigos
y atravesaron a muchos héroes poderosos.
23 ¡Cuán
amados y agradables fueron Saúl y Jonatán!
Estuvieron juntos en la vida y en la muerte.
Eran más rápidos que águilas,
más fuertes que leones.
24 Oh mujeres de Israel, lloren por Saúl,
porque él las vistió con lujosas ropas escarlatas,
con prendas adornadas de oro.
25 ¡Oh,
cómo han caído los héroes poderosos en batalla!
Jonatán yace muerto en las colinas.
26 ¡Cómo lloro por ti, Jonatán, hermano mío!
¡Oh, cuánto te amaba!
Tu amor por mí fue profundo,
¡más profundo que el amor de las mujeres!
27 ¡Oh,
cómo han caído los héroes poderosos!
Despojados de sus armas, yacen muertos.
David es ungido rey de Judá
2 Después
de esto, David le preguntó al Señor:
—¿Debo regresar a alguna de las ciudades de Judá?
—Sí—respondió el Señor.
—¿A qué ciudad debo ir?—preguntó David.
—A Hebrón—contestó el Señor.
2 Las
dos esposas de David eran Ahinoam de Jezreel y Abigail, la viuda de Nabal de
Carmelo. David, sus esposas 3 y los hombres de
David junto con sus familias se mudaron a Judá, y se establecieron en las
aldeas cercanas a Hebrón. 4 Después llegaron los
hombres de Judá y ungieron a David rey del pueblo de Judá.
Cuando David se enteró de que los hombres de
Jabes de Galaad habían enterrado a Saúl, 5 les
envió el siguiente mensaje: «Que el Señor los bendiga por haber sido
tan leales a su señor Saúl y por haberle dado un entierro digno. 6 ¡Que
el Señor, a cambio, sea leal a ustedes y los recompense con su amor
inagotable! Yo también los recompensaré por lo que han hecho. 7 Ahora
que Saúl ha muerto, les pido que sean mis súbditos valientes y leales, igual
que el pueblo de Judá, que me ha ungido como su nuevo rey».
Is-boset es proclamado rey de Israel
8 Sin
embargo, Abner, hijo de Ner, comandante del ejército de Saúl, ya había ido a
Mahanaim con Is-boset, hijo de Saúl. 9 Allí
proclamó a Is-boset rey de Galaad, de Jezreel, de Efraín, de Benjamín, de la
tierra de los gesuritas y del resto de Israel.
10 Is-boset,
hijo de Saúl, tenía cuarenta años cuando llegó a ser rey, y gobernó desde
Mahanaim dos años. Mientras tanto, el pueblo de Judá permaneció leal a
David. 11 David hizo de Hebrón su ciudad capital y
gobernó como rey de Judá siete años y medio.
Guerra entre Israel y Judá
12 Cierto
día, Abner dirigió a las tropas de Is-boset desde Mahanaim a Gabaón. 13 Por
el mismo tiempo, Joab, hijo de Sarvia, salió al frente de las tropas de David.
Los dos ejércitos se encontraron en el estanque de Gabaón y se sentaron frente
a frente en lados opuestos del estanque.
14 Entonces
Abner le sugirió a Joab:
—Propongo que algunos de nuestros guerreros se
enfrenten aquí cuerpo a cuerpo delante de nosotros.
—Muy bien—asintió Joab.
15 Así
que se eligieron doce hombres de cada grupo para pelear, doce hombres de
Benjamín que representaban a Is-boset, hijo de Saúl, y doce que representaban a
David. 16 Cada uno agarró a su oponente del cabello
y clavó su espada en el costado del otro, de modo que todos murieron. A partir
de entonces, ese lugar en Gabaón se conoce como el Campo de las Espadas.
17 Ese
día se desencadenó una feroz batalla, y las fuerzas de David derrotaron a Abner
y a los hombres de Israel.
Muerte de Asael
18 Joab,
Abisai y Asael—los tres hijos de Sarvia—estaban entre las fuerzas de David ese
día. Asael podía correr como una gacela 19 y
comenzó a correr tras Abner; lo persiguió sin tregua y no se detuvo para
nada. 20 Cuando Abner se dio vuelta y lo vio venir,
le gritó:
—¿Eres tú, Asael?
—Sí, soy yo—le contestó.
21 —¡Ve
a pelear con otro!—le advirtió Abner—. Enfréntate a uno de los jóvenes y
despójalo de sus armas.
Pero Asael siguió persiguiéndolo.
22 Abner
le volvió a gritar:
—¡Vete de aquí! No quiero matarte. ¿Cómo podría
dar la cara a tu hermano Joab?
23 Pero
Asael se negó a regresar, entonces Abner le clavó la parte trasera de su lanza
en el estómago. La lanza le salió por la espalda y Asael cayó muerto al suelo.
Todos los que pasaban por allí se detenían, al ver a Asael tendido muerto.
24 Cuando
Joab y Abisai se enteraron de lo sucedido, salieron a perseguir a Abner. El sol
ya se ponía cuando llegaron a la colina de Amma, cerca de Gía en el camino que
lleva al desierto de Gabaón. 25 Las tropas de
Abner, de la tribu de Benjamín, se reagruparon allí en la cima de la colina
para tomar posiciones.
26 Abner
le gritó a Joab:
—¿Es inevitable que nos matemos unos a otros? ¿No
te das cuenta de que lo único que produce es amargura? ¿Cuándo vas a ordenar
que tus hombres dejen de perseguir a sus hermanos israelitas?
27 Entonces
dijo Joab:
—Si no hubieras hablado, solo Dios sabe lo que
habría pasado, porque los habríamos perseguido toda la noche de ser necesario.
28 De
manera que Joab tocó el cuerno de carnero, y sus hombres dejaron de perseguir a
las tropas de Israel.
29 Durante
toda esa noche Abner y sus hombres retrocedieron por el valle del Jordán. Cruzaron
el río Jordán y viajaron toda la mañana sin detenerse hasta llegar a
Mahanaim.
30 Mientras
tanto, Joab y sus hombres también regresaron a casa. Cuando Joab contó sus
bajas, descubrió que solo faltaban diecinueve hombres, además de Asael. 31 Pero
murieron trescientos sesenta hombres de Abner, todos de la tribu de
Benjamín. 32 Joab y sus hombres llevaron el cuerpo
de Asael a Belén y lo enterraron en la tumba de su padre. Luego viajaron toda
la noche y llegaron a Hebrón al amanecer.
3 Este
fue el comienzo de una larga guerra entre los que eran leales a Saúl y los que
eran leales a David. Con el paso del tiempo, David se volvió cada vez más
fuerte, mientras que la dinastía de Saúl se iba debilitando.
Los hijos de David nacidos en Hebrón
2 Estos
son los hijos que le nacieron a David en Hebrón:
El mayor fue Amnón, y su madre fue Ahinoam de
Jezreel.
3 El
segundo fue Daniel, y su madre fue Abigail, la viuda de Nabal de Carmelo.
El tercero fue Absalón, y su madre fue Maaca,
hija de Talmai, rey de Gesur.
4 El
cuarto fue Adonías, y su madre fue Haguit.
El quinto fue Sefatías, y su madre fue Abital.
5 El
sexto fue Itream, y su madre fue Egla, esposa de David.
Todos estos hijos le nacieron a David en Hebrón.
Abner une fuerzas con David
6 Como
la guerra entre la casa de Saúl y la casa de David continuaba, Abner llegó a
ser un poderoso líder entre los que eran leales a Saúl. 7 Cierto
día Is-boset, hijo de Saúl, acusó a Abner de haberse acostado con una de
las concubinas de su padre, una mujer llamada Rizpa, hija de Aja.
8 Abner
se puso furioso. «¿Soy acaso un perro de Judá para que me trates a patadas?—le
gritó—. Después de todo lo que hice por tu padre Saúl, por su familia y por sus
amigos al no entregarlos a David, ¿es mi recompensa que me culpes por lo de
esta mujer? 9 ¡Que Dios me castigue y aun me mate
si no hago todo lo posible para ayudar a David a que consiga lo que el Señor le
prometió! 10 Voy a tomar el reino de Saúl y
entregárselo a David. Voy a establecer el reino de David sobre Israel al igual
que sobre Judá, todo el territorio desde Dan en el norte hasta Beerseba en el
sur». 11 Is-boset no se atrevió a decir ni una sola
palabra más, porque tenía miedo de lo que Abner pudiera hacer.
12 Entonces
Abner envió mensajeros a decirle a David: «¿Acaso no le pertenece a usted toda
la tierra? Haga un pacto solemne conmigo y le ayudaré a que todo Israel se
ponga de su parte».
13 «Muy
bien—respondió David—, pero no negociaré contigo a menos que cuando vengas me
traigas a mi esposa Mical, hija de Saúl».
14 Además
David envió este mensaje a Is-boset, hijo de Saúl: «Devuélveme a mi esposa
Mical, pues la compré con la vida de cien filisteos».
15 Entonces
Is-boset quitó a Mical de su marido Palti, hijo de Lais. 16 Palti
la siguió hasta Bahurim, llorando todo el camino, por eso Abner le dijo:
«¡Regresa a tu casa!». Así que Palti volvió a casa.
17 Mientras
tanto, Abner había consultado con los ancianos de Israel y les dijo: «Desde
hace tiempo ustedes han querido hacer a David su rey. 18 ¡Ahora
es el momento! Pues el Señor ha dicho: “Yo he elegido a David para
que salve a mi pueblo Israel de manos de los filisteos y de sus demás
enemigos”». 19 Abner también habló con los hombres
de Benjamín. Después se fue a Hebrón para decirle a David que todo el pueblo de
Israel y de Benjamín aceptaban apoyarlo.
20 Cuando
Abner y veinte de sus hombres llegaron a Hebrón, David los recibió con un gran
banquete. 21 Luego Abner propuso a David: «Déjeme
que vaya y convoque a todo Israel a una asamblea para que apoye a mi señor, el
rey. Los israelitas harán un pacto con usted para hacerlo su rey, y usted
gobernará todo lo que desea su corazón». Así que David despidió a Abner en paz.
Joab asesina a Abner
22 Pero
justo después que David despidió a Abner en paz, Joab y algunas de las tropas
de David regresaron de una incursión y traían un gran botín. 23 Cuando
Joab llegó, le dijeron que Abner acababa de visitar al rey y que David lo había
enviado en paz.
24 Entonces
Joab fue de prisa a ver al rey y le preguntó: «¿Qué ha hecho usted? ¿Qué
pretende al dejar ir a Abner? 25 ¡Sabe
perfectamente bien que vino para espiarlo y averiguar todo lo que está
haciendo!».
26 Con
eso Joab dejó a David y envió mensajeros para que alcanzaran a Abner y le
pidieran que regresara. Ellos lo encontraron junto al pozo de Sira y lo
trajeron de regreso, sin que David supiera nada. 27 Cuando
Abner llegó de nuevo a Hebrón, Joab lo llevó aparte, a las puertas de la
ciudad, como si fuera a hablar en privado con él. Pero lo apuñaló en el
estómago y lo mató en venganza por la muerte de su hermano Asael.
28 Cuando
David se enteró, declaró: «Juro por el Señor que yo y mi reino somos
inocentes para siempre de este crimen cometido contra Abner, hijo de Ner. 29 Joab
y su familia son los culpables. ¡Que la familia de Joab sea maldita! Que nunca
falte un hombre de cada generación que padezca de llagas o de lepra, o que camine con muletas, o que
muera a espada o que mendigue comida».
30 Joab
y su hermano Abisai mataron a Abner, porque este había matado a su hermano
Asael en la batalla de Gabaón.
David lamenta la muerte de Abner
31 Entonces
David les dijo a Joab y a todos los que estaban con él: «Rásguense la ropa,
pónganse tela áspera y hagan duelo por Abner». El rey David en persona caminó
detrás del cortejo fúnebre hasta la tumba. 32 Así
que enterraron a Abner en Hebrón, y el rey y todo el pueblo lloraron junto a la
tumba. 33 Luego el rey cantó este canto fúnebre por
Abner:
«¿Acaso tenía que morir Abner como mueren los
necios?
34 Tus manos no estaban atadas;
tus pies no estaban encadenados.
No, fuiste asesinado,
víctima de un complot perverso».
Entonces todo el pueblo lloró nuevamente por
Abner. 35 David rehusó comer el día del funeral y
todos le suplicaban que comiera. Pero David había hecho el siguiente juramento:
«Que Dios me castigue y aun me mate si como algo antes de que se ponga el sol».
36 Esto
agradó mucho a los israelitas. De hecho, todo lo que el rey hacía les
agradaba. 37 Así que todos en Judá y en Israel
comprendieron que David no era responsable de la muerte de Abner.
38 Después,
el rey David les dijo a sus oficiales: «¿No se dan cuenta de que hoy un gran
comandante ha caído en Israel? 39 Y aunque soy el
rey ungido, estos dos hijos de Sarvia, Joab y Abisai, son demasiado fuertes
para que yo los controle. Por eso, que el Señor les dé a estos
hombres malignos su paga por sus malas acciones».
SALMOS 87
Cántico. Salmo de los descendientes
de Coré.
87 En
el monte santo
está la ciudad fundada por el Señor.
2 Él ama a la ciudad de Jerusalén
más que a cualquier otra de Israel.
3 Oh ciudad de Dios,
¡qué cosas gloriosas se dicen de ti! Interludio
4 Incluiré
a Egipto y a Babilonia entre los que me conocen,
también a Filistea y a Tiro, e incluso a la distante
Etiopía.
¡Ahora todas son ciudadanas de Jerusalén!
5 Con respecto a Jerusalén se dirá:
«Allí todos disfrutan de los derechos de ciudadanía».
Y el Altísimo en persona bendecirá a esa ciudad.
6 Cuando el Señor escriba en el registro a las
naciones, dirá:
«Ahora todas son ciudadanas de Jerusalén». Interludio
7 La
gente tocará flautas y cantará:
«¡La fuente de mi vida brota de Jerusalén!».
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
En 2 Samuel, David se convierte en el rey más
fiel a Dios, pero luego se rebela, lo cual resulta en la lenta destrucción de
su familia y de su reino.
EL PROPÓSITO DE DIOS EN MEDIO DE LOS CONFLICTOS
Estimado lector:
Los capítulos 1, 2 y 3 de 2 Samuel, junto con el
Salmo 87, narran la transición del reino de Saúl al de David, destacando la
integridad de David, los conflictos humanos y la soberanía de Dios en el
establecimiento de su propósito.
David recibe la noticia de la muerte de Saúl y
Jonatán y, en lugar de alegrarse por la caída de su perseguidor, expresa
profundo dolor, rasga sus vestiduras y guarda luto por Israel. Además, ordena
ejecutar al amalecita que afirma haber dado muerte a Saúl, demostrando respeto
por el ungido de Dios. Compone también el “canto del arco”, donde exalta la
valentía de Saúl y Jonatán, reflejando nobleza y capacidad de honrar incluso a
quien lo persiguió, marcando así el inicio de su proceso como rey con un carácter
piadoso y justo.
Posteriormente, David consulta a Dios antes de
actuar y es ungido rey de Judá en Hebrón. Sin embargo, el reino no se unifica
de inmediato, ya que Abner establece a Is-boset, hijo de Saúl, como rey sobre
Israel, generando una guerra civil. Durante este conflicto ocurre una batalla
en Gabaón que escala violentamente, donde los hombres de David prevalecen. En
este contexto, Asael, hermano de Joab, persigue imprudentemente a Abner y muere
a manos de este, lo que da inicio a un ciclo de venganza.
A lo largo de este proceso, David demuestra
paciencia al no forzar su ascenso, esperando el tiempo de Dios mientras
gobierna solo sobre Judá durante varios años. En el capítulo 3, el conflicto
continúa: la casa de Saúl se debilita mientras que la de David se fortalece.
Tras un desacuerdo con Is-boset, Abner decide apoyar a David y reconocer su
derecho divino al trono. Sin embargo, Joab asesina a Abner en venganza por la
muerte de su hermano, cometiendo un acto injusto que amenaza la estabilidad del
reino.
David condena públicamente este asesinato, se
distancia de la violencia y lamenta la muerte de Abner, demostrando que no
busca el poder mediante la injusticia. Su actitud gana el favor del pueblo y
contribuye a eliminar obstáculos para la unificación del reino. En conjunto,
estos pasajes resaltan el contraste entre la violencia humana y la integridad
de David, mostrando que el verdadero liderazgo se basa en la obediencia, la
paciencia y la confianza en Dios, quien dirige la historia hacia el cumplimiento
de su voluntad.
Aplicación:
El proceso descrito, donde David pasa del luto a la
consolidación de su reino en medio de conflictos, refleja la visión del Salmo
87 sobre la unidad bajo el gobierno de Dios. A pesar de divisiones, violencia y
tensiones humanas, el propósito de Dios avanza hacia la unidad. Se resalta la
importancia de actuar con integridad, evitar caminos de violencia y confiar en
los procesos, entendiendo que es Dios quien establece, integra y da identidad a
su pueblo.
en los procesos, entendiendo que es Dios quien
establece, integra y da identidad, llevando de la fragmentación a la comunión.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”