Enero 30 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 9
GÉNESIS 29 al 31
Jacob llega a Padán-aram
29 Entonces
Jacob se apresuró y por fin llegó a la tierra del oriente. 2 A
la distancia vio un pozo. Junto al pozo, en campo abierto, había tres rebaños
de ovejas y de cabras esperando a que les dieran de beber; pero una pesada
piedra tapaba la boca del pozo.
3 Era
costumbre del lugar esperar a que llegaran todos los rebaños antes de quitar la
piedra y dar de beber a los animales. Después se volvía a tapar la boca del
pozo con la piedra. 4 Jacob se acercó a los
pastores y preguntó:
—¿De dónde son ustedes, amigos?
—Somos de Harán—contestaron ellos.
5 —¿Conocen
allí a un hombre llamado Labán, el nieto de Nacor?—les preguntó.
—Sí, lo conocemos—contestaron.
6 —¿Y
él está bien?—preguntó Jacob.
—Sí, está bien—contestaron—. Mire, ahí viene su
hija Raquel con los rebaños.
7 —Todavía
estamos a plena luz del día—dijo Jacob—, por lo que es demasiado temprano para
reunir a los animales. ¿Por qué no dan ustedes de beber a las ovejas y a las
cabras para que así puedan volver a pastar?
8 —No
podemos dar de beber a los animales hasta que hayan llegado todos los
rebaños—contestaron—. Entonces los pastores quitan la piedra de la boca del
pozo y damos de beber a todas las ovejas y las cabras.
9 Todavía
estaba Jacob hablando con ellos cuando llegó Raquel con los rebaños de su
padre, porque ella era pastora. 10 Ya que Raquel
era su prima—la hija de Labán, el hermano de su madre—, y como las ovejas y las
cabras eran de su tío Labán, Jacob fue al pozo, quitó la piedra que tapaba la
boca y dio de beber al rebaño de su tío. 11 Luego
Jacob besó a Raquel y lloró en voz alta. 12 Le
explicó a Raquel que él era su primo por parte de su padre, el hijo de su tía
Rebeca. Enseguida Raquel salió corriendo y se lo contó a su padre Labán.
13 En
cuanto Labán oyó que su sobrino Jacob había llegado, corrió a encontrarse con
él. Lo abrazó y lo besó, y lo llevó a su casa. Cuando Jacob le contó su
historia, 14 Labán exclamó: «¡Verdaderamente eres
de mi misma sangre!».
Jacob se casa con Lea y con Raquel
Jacob se quedó con Labán alrededor de un mes, y
después 15 Labán le dijo:
—No deberías trabajar para mí sin recibir pago,
solo porque somos parientes. Dime cuánto debería ser tu salario.
16 Labán
tenía dos hijas. La mayor se llamaba Lea, y la menor se llamaba Raquel. 17 No
había brillo en los ojos de Lea, pero Raquel tenía una hermosa figura y
una cara bonita. 18 Ya que Jacob estaba enamorado
de Raquel, le dijo a su padre:
—Trabajaré para ti siete años si me entregas como
esposa a Raquel, tu hija menor.
19 —¡De
acuerdo!—respondió Labán—. Prefiero entregártela a ti que a cualquier otro.
Quédate y trabaja para mí.
20 Así
que Jacob trabajó siete años para obtener a Raquel; pero su amor por ella era
tan fuerte que le parecieron unos pocos días.
21 Finalmente
llegó el momento de casarse con ella. «He cumplido mi parte del acuerdo—le dijo
Jacob a Labán—. Ahora entrégame a mi esposa para acostarme con ella».
22 Entonces
Labán invitó a toda la gente de los alrededores y preparó una fiesta de
bodas; 23 pero aquella noche, cuando estaba oscuro,
Labán tomó a Lea y se la entregó a Jacob, y él durmió con ella. 24 (Labán
le había dado a Lea una sierva, Zilpa, para que la atendiera).
25 A
la mañana siguiente, cuando Jacob se despertó, ¡vio que era Lea!
—¿Qué me has hecho?—le dijo a Labán con furia—.
¡He trabajado siete años por Raquel! ¿Por qué me has engañado?
26 —Aquí
no es nuestra costumbre casar a la hija menor antes que a la mayor—contestó
Labán—, 27 pero espera hasta que termine la semana
nupcial y entonces te daré también a Raquel, siempre y cuando prometas trabajar
para mí otros siete años.
28 Así
que Jacob aceptó trabajar siete años más. Una semana después de casarse con
Lea, Labán también le entregó a Raquel. 29 (Labán
le dio a Raquel una sierva, Bilha, para que la atendiera). 30 Entonces
Jacob durmió también con Raquel, y la amó mucho más que a Lea. Y se quedó allí
y trabajó para Labán los siete años adicionales.
Los muchos hijos de Jacob
31 Cuando
el Señor vio que Lea no era amada, le concedió que tuviera hijos,
pero Raquel no podía concebir. 32 Así que Lea quedó
embarazada y dio a luz un hijo, a quien llamó Rubén, porque dijo:
«El Señor se ha dado cuenta de mi sufrimiento, y ahora mi esposo me
amará».
33 Al
poco tiempo, volvió a quedar embarazada y dio a luz otro hijo, a quien llamó
Simeón, porque dijo:
«El Señor oyó que yo no era amada y me ha dado otro hijo».
34 Después
quedó embarazada por tercera vez y dio a luz otro hijo. Lo llamaron Leví, porque
ella dijo: «Ciertamente esta vez mi esposo sentirá cariño por mí, ya que le he
dado tres hijos».
35 Una
vez más Lea quedó embarazada y dio a luz otro hijo, a quien llamó Judá, porque
dijo: «¡Ahora alabaré al Señor!». Y entonces dejó de tener hijos.
30 Cuando
Raquel vio que no podía darle hijos a Jacob, tuvo celos de su hermana. Le
rogaba a Jacob:
—¡Dame hijos o moriré!
2 Entonces
Jacob se puso furioso con Raquel.
—¿Acaso yo soy Dios?—le dijo—. ¡Él es el que no
te ha permitido tener hijos!
3 Entonces
Raquel le dijo:
—Toma a mi sierva, Bilha, y duerme con ella. Ella
dará a luz hijos por mí, y a través de ella yo también podré tener una
familia.
4 Entonces
Raquel entregó a su sierva Bilha como esposa para Jacob, y él durmió con
ella. 5 Bilha quedó embarazada y le dio a Jacob un
hijo. 6 Raquel le puso por nombre Dan, porque
dijo: «¡Dios me ha hecho justicia! Oyó mi petición y me dio un hijo». 7 Luego
Bilha volvió a embarazarse y dio a Jacob un segundo hijo. 8 Raquel
le puso por nombre Neftalí, porque dijo: «He luchado mucho con mi hermana,
¡y estoy ganando!».
9 Mientras
tanto, Lea se dio cuenta de que ya no quedaba embarazada, entonces tomó a su
sierva, Zilpa, y la entregó a Jacob como esposa. 10 Pronto
Zilpa le dio un hijo a Jacob. 11 Lea le puso por
nombre Gad, porque dijo: «¡Qué afortunada soy!». 12 Entonces
Zilpa dio a Jacob un segundo hijo, 13 y Lea le puso
por nombre Aser, porque dijo: «¡Qué alegría que tengo! Ahora las demás
mujeres celebrarán conmigo».
14 Cierto
día, durante la cosecha de trigo, Rubén encontró algunas mandrágoras que
crecían en el campo y se las llevó a su madre, Lea. Raquel le suplicó a Lea:
—Por favor, dame algunas de las mandrágoras que
te trajo tu hijo.
15 —¿No
fue suficiente que me robaras a mi marido? ¿Ahora también te robarás las
mandrágoras de mi hijo?—le respondió Lea con enojo.
Raquel contestó:
—Dejaré que Jacob duerma contigo esta noche si me
das algunas mandrágoras.
16 Así
que, al atardecer, cuando Jacob regresaba de los campos, Lea salió a su
encuentro. «¡Debes venir a dormir conmigo esta noche!—le dijo ella—. Pagué por
ti con algunas mandrágoras que encontró mi hijo». Por lo tanto, esa noche él
durmió con Lea; 17 y Dios contestó las oraciones de
Lea, y ella volvió a quedar embarazada y dio a luz un quinto hijo a
Jacob. 18 Ella le puso por nombre Isacar, porque
dijo: «Dios me ha recompensado por haber dado a mi sierva como esposa a mi
marido». 19 Luego Lea quedó embarazada de nuevo y
dio a luz un sexto hijo a Jacob. 20 Le puso por
nombre Zabulón, porque dijo: «Dios me ha dado una buena recompensa. Ahora
mi marido me tratará con respeto, porque le he dado seis hijos». 21 Más
adelante, ella dio a luz una hija y le puso por nombre Dina.
22 Después
Dios se acordó de la dificultad de Raquel y contestó sus oraciones
permitiéndole tener hijos. 23 Ella quedó embarazada
y dio a luz un hijo. «Dios ha quitado mi deshonra», dijo ella. 24 Y
le puso por nombre José, porque dijo: «Que el Señor añada aún
otro hijo a mi familia».
Las riquezas de Jacob aumentan
25 Poco
tiempo después de que Raquel dio a luz a José, Jacob le dijo a Labán:
—Por favor, libérame para que regrese a mi hogar
en mi propia tierra. 26 Permíteme llevar a mis
esposas y a mis hijos, porque me los he ganado sirviéndote a ti, y déjame ir.
Tú sabes con cuánto esfuerzo he trabajado para ti.
27 —Por
favor, escúchame—respondió Labán—. Me he enriquecido, porque el Señor me
ha bendecido por causa de ti. 28 Dime cuánto te
debo. Sea lo que fuere, yo te lo pagaré.
29 —Tú
sabes con cuánto esfuerzo he trabajado para ti—respondió Jacob—, y cómo tus
rebaños y tus manadas han aumentado a mi cuidado. 30 En
verdad tenías muy poco antes de que yo llegara, pero tu riqueza aumentó
enormemente. El Señor te ha bendecido mediante todo lo que he hecho.
¿Pero y yo, qué? ¿Cuándo podré comenzar a mantener a mi propia familia?
31 —¿Qué
salario quieres que te pague?—volvió a preguntar Labán.
—No me des nada. Haz una sola cosa, y yo seguiré
ocupándome de tus rebaños y cuidando de ellos. 32 Déjame
inspeccionar hoy tus rebaños y separar todas las ovejas y las cabras que estén
manchadas o moteadas, junto con todas las ovejas negras. Dame esas a modo de
salario. 33 En el futuro, cuando revises los
animales que me hayas dado como salario, verás que he sido honesto contigo: si
encuentras en mi rebaño alguna cabra que no esté manchada o moteada, o alguna
oveja que no sea negra, sabrás que te la he robado.
34 —De
acuerdo—respondió Labán—, será tal como has dicho.
35 Ese
mismo día, Labán salió y sacó los chivos rayados y moteados, todas las cabras
manchadas y moteadas o que tuvieran manchas blancas, y todas las ovejas negras.
Puso los animales al cuidado de sus propios hijos, 36 quienes
se los llevaron a una distancia de tres días de camino del lugar donde estaba
Jacob. Mientras tanto, Jacob se quedó y cuidó del resto del rebaño de Labán.
37 Luego
Jacob tomó algunas ramas verdes de álamo, de almendro y de plátano oriental, y
las peló quitándoles tiras de la corteza, de modo que quedaran con rayas
blancas. 38 Después puso esas ramas peladas en los
bebederos donde los rebaños iban a tomar agua, porque era allí donde se
apareaban; 39 y cuando se apareaban frente a las
ramas peladas con rayas blancas, tenían crías rayadas, manchadas y
moteadas. 40 Jacob separaba esos corderos del
rebaño de Labán. En la época de celo, los ponía frente a los animales de Labán
que fueran rayados o negros. Así es como él aumentaba su propio rebaño en lugar
de incrementar el de Labán.
41 Cada
vez que las hembras más fuertes estaban listas para aparearse, Jacob ponía las
ramas peladas en los bebederos frente a ellas. Entonces se apareaban frente a
las ramas; 42 pero no lo hacía con las hembras más
débiles, de modo que los animales más débiles pertenecían a Labán y los más
fuertes, a Jacob. 43 Como resultado, Jacob se hizo
muy rico, con grandes rebaños de ovejas y cabras, siervas y siervos, y muchos
camellos y burros.
Jacob huye de Labán
31 Entonces
Jacob se enteró de que los hijos de Labán se quejaban de él, y decían: «¡Jacob
le robó todo a nuestro padre! Logró toda su riqueza a costa de nuestro
padre». 2 Y Jacob comenzó a notar un cambio en la
actitud de Labán hacia él.
3 Entonces
el Señor le dijo a Jacob: «Regresa a la tierra de tu padre y de tu
abuelo, y a tus parientes de allí y yo estaré contigo».
4 Entonces
Jacob mandó llamar a Raquel y a Lea al campo donde él cuidaba el rebaño 5 y
les dijo:
—Noto un cambio en la actitud de su padre hacia
mí, pero el Dios de mi padre ha estado conmigo. 6 Ustedes
saben con cuánto esfuerzo trabajé para su padre; 7 sin
embargo, me ha estafado, cambiando mi salario diez veces. Pero Dios no le ha
permitido que me haga ningún daño. 8 Pues, si él
decía: “Los animales manchados serán tu salario”, todo el rebaño comenzaba a
dar crías manchadas. Y cuando él cambiaba de opinión y decía: “Los animales
rayados serán tu salario”, entonces todo el rebaño producía crías
rayadas. 9 De esa manera, Dios ha tomado los
animales de su padre y me los ha entregado a mí.
10 »En
una ocasión, durante la época de apareamiento, tuve un sueño y vi que los
chivos que se apareaban con las hembras eran rayados, manchados y
moteados. 11 Y en mi sueño, el ángel de Dios me
dijo: “¡Jacob!”. Y yo respondí: “Sí, aquí estoy”.
12 »El
ángel dijo: “Levanta la vista, y verás que solamente los machos rayados,
manchados y moteados se aparean con las hembras de tu rebaño. Pues he visto el
modo en que Labán te ha tratado. 13 Yo soy el Dios
que se te apareció en Betel, el lugar donde ungiste la columna de piedra y
me hiciste el voto. Ahora prepárate, sal de este país y regresa a la tierra
donde naciste”.
14 Raquel
y Lea respondieron:
—¡Por nuestra parte está bien! De todos modos,
nosotras no heredaremos nada de las riquezas de nuestro padre. 15 Él
ha reducido nuestros derechos a los mismos que tienen las mujeres extranjeras,
y después de habernos vendido, derrochó el dinero que tú le pagaste por
nosotras. 16 Toda la riqueza que Dios le ha quitado
a nuestro padre y te ha dado a ti nos pertenece legalmente a nosotras y a
nuestros hijos. Así que, adelante, haz todo lo que Dios te ha dicho.
17 Entonces
Jacob hizo que sus esposas y sus hijos subieran a los camellos 18 y
puso en marcha a todos sus animales. Reunió todas las pertenencias que había
adquirido en Padán-aram y salió hacia la tierra de Canaán, donde vivía su padre
Isaac. 19 En el momento de partir, Labán estaba
lejos, esquilando sus ovejas. Así que Raquel robó los ídolos de familia de su
padre y los llevó consigo. 20 Jacob fue más listo
que Labán el arameo, porque salieron en secreto y nunca le dijeron que se
iban. 21 De ese modo Jacob se llevó todas sus
pertenencias y cruzó el río Éufrates[p] en dirección a la zona montañosa de
Galaad.
Labán persigue a Jacob
22 Tres
días después, le avisaron a Labán que Jacob había huido. 23 Entonces
él reunió a un grupo de sus parientes y emprendió la búsqueda. Alcanzó a Jacob
siete días después en la zona montañosa de Galaad; 24 pero
la noche anterior, Dios se le había aparecido a Labán el arameo en un sueño y
le había dicho: «Te advierto que dejes en paz a Jacob».
25 Labán
alcanzó a Jacob, quien acampaba en la zona montañosa de Galaad, y armó su
campamento no muy lejos del campamento de Jacob.
26 —¿Qué
pretendes engañándome de esa manera?—preguntó Labán—. ¿Cómo te atreves a
llevarte a mis hijas como si fueran prisioneras de guerra? 27 ¿Por
qué huiste en secreto? ¿Por qué me engañaste? ¿Y por qué no me dijiste que
querías marcharte? Yo te habría hecho una fiesta de despedida con cánticos y
música, al son de panderetas y arpas. 28 ¿Por qué
no me dejaste besar a mis hijas y a mis nietos, y despedirme de ellos? ¡Has
actuado como un necio! 29 Yo podría destruirte,
pero el Dios de tu padre se me apareció anoche y me advirtió: “¡Deja en paz a
Jacob!”. 30 Puedo entender que sientas que debes
irte y anhelas intensamente la casa de tu padre, pero ¿por qué robaste mis
dioses?
31 —Me
apresuré a irme porque tuve miedo—contestó Jacob—. Pensé que me quitarías a tus
hijas por la fuerza. 32 Ahora, en cuanto a tus
dioses, si puedes encontrarlos, ¡que muera la persona que los haya tomado! Si
encuentras alguna otra cosa que te pertenezca, identifícala delante de estos
parientes nuestros, y yo te la devolveré.
Pero Jacob no sabía que Raquel había robado los
ídolos de familia.
33 Labán
fue a buscar primero en la carpa de Jacob, luego entró en la de Lea y después
buscó en las carpas de las dos esposas esclavas, pero no encontró nada. Por
último fue a la carpa de Raquel, 34 pero Raquel
había tomado los ídolos y los había escondido en la montura de su camello, y
estaba sentada encima de ellos. Cuando Labán terminó de buscar en cada rincón
de la carpa sin encontrarlos, 35 ella le dijo a su
padre: «Por favor, perdone, mi señor, si no me levanto ante usted. Es que estoy
con mi período menstrual». Labán, pues, continuó su búsqueda, pero no pudo
encontrar los ídolos de familia.
36 Entonces
Jacob se enojó mucho y desafió a Labán.
—¿Cuál es mi delito?—preguntó él—. ¿Qué mal he
hecho para que me persigas como si fuera un criminal? 37 Has
registrado todas mis pertenencias. ¡Muéstrame ahora lo que hayas encontrado que
sea tuyo! Ponlo aquí delante de nosotros, a la vista de nuestros parientes,
para que todos lo vean. ¡Que ellos juzguen entre nosotros!
38 »Durante
veinte años he estado contigo, cuidando de tus rebaños. En todo ese tiempo, tus
ovejas y tus cabras nunca abortaron. En todos esos años, nunca tomé ni un solo
carnero tuyo para comérmelo. 39 Si alguno de ellos
era atacado por animales salvajes y moría, yo nunca te mostraba el cadáver ni
te pedía que lo descontaras de tu rebaño. No, ¡yo mismo me hacía cargo de la
pérdida! Tú me hacías pagar por cada animal robado, ya fuera a plena luz del
día o en la oscuridad de la noche.
40 »Trabajé
para ti bajo el sofocante calor del día y en el frío de la noche, sin
dormir. 41 Sí, ¡durante veinte años trabajé como un
esclavo en tu casa! Trabajé catorce años para ganarme a tus dos hijas y,
después, seis años más por tu rebaño. ¡Y cambiaste mi salario diez veces! 42 En
realidad, si el Dios de mi padre no hubiera estado de mi parte—el Dios de
Abraham y el temible Dios de Isaac—, tú me habrías despedido con las manos
vacías. Pero Dios ha visto tu abuso y mi arduo trabajo. ¡Por eso se te apareció
anoche y te reprendió!
Tratado de Jacob con Labán
43 Entonces
Labán respondió a Jacob:
—Esas mujeres son mis hijas, esos niños son mis
nietos, y esos rebaños son mis rebaños; de hecho, todo lo que ves es mío; pero
¿qué puedo hacer ahora respecto a mis hijas y a mis nietos? 44 Así
que hagamos un pacto tú y yo, y ese pacto será un testimonio de nuestro
compromiso.
45 Entonces
Jacob tomó una piedra y la erigió como columna conmemorativa. 46 Y
dijo a los miembros de su familia: «Recojan algunas piedras». Entonces ellos
juntaron piedras y las apilaron. Luego Jacob y Labán se sentaron junto al
montículo de piedras y compartieron una comida para celebrar el pacto. 47 Con
el fin de conmemorar el suceso, Labán llamó a aquel lugar Jegar-sahaduta (que
significa «montículo del testimonio» en arameo), y Jacob lo llamó Galaad (que
significa «montículo del testimonio» en hebreo).
48 Entonces
Labán declaró: «Este montículo de piedras quedará como testimonio para
recordarnos el pacto que hemos hecho hoy». Esto explica por qué ese lugar fue
llamado Galaad: «montículo del testimonio», 49 pero
también se le llamó Mizpa (que significa «torre de vigilancia»), pues Labán
dijo: «Que el Señor nos vigile a los dos para cerciorarse de que
guardemos este pacto cuando estemos lejos el uno del otro. 50 Si
tú maltratas a mis hijas o te casas con otras mujeres, Dios lo verá aunque
nadie más lo vea. Él es testigo de este pacto entre nosotros.
51 »Mira
este montículo de piedras—continuó Labán—y mira esta columna conmemorativa que
he levantado entre nosotros. 52 Están entre tú y yo
como testigos de nuestros votos. Yo nunca cruzaré este montículo de piedras
para hacerte daño, y tú nunca debes cruzar estas piedras o esta columna
conmemorativa para hacerme daño. 53 Invoco al Dios
de nuestros antepasados—el Dios de tu abuelo Abraham y el Dios de mi abuelo
Nacor—para que sea juez entre nosotros».
Entonces Jacob juró, delante del temible Dios de
su padre Isaac, respetar la línea fronteriza. 54 Luego
Jacob ofreció un sacrificio a Dios allí en el monte e invitó a todos a un
banquete para celebrar el pacto. Después de comer, pasaron la noche en el
monte.
55 Labán
se levantó temprano a la mañana siguiente, besó a sus nietos y a sus hijas, y
los bendijo. Después se marchó y regresó a su casa.
SALMOS 9
Para el director del coro: salmo de
David; cántese con la melodía de «Muerte del hijo».
9 Te
alabaré, Señor, con todo mi corazón;
contaré de las cosas maravillosas que has hecho.
2 Gracias a ti, estaré lleno de alegría;
cantaré alabanzas a tu nombre, oh Altísimo.
3 Mis
enemigos retrocedieron,
tambalearon y murieron cuando apareciste.
4 Pues has juzgado a mi favor;
desde tu trono juzgaste con imparcialidad.
5 Reprendiste a las naciones y destruiste a los
malvados;
borraste sus nombres para siempre.
6 El enemigo está acabado; quedó en ruinas eternas.
Las ciudades que arrancaste de raíz ya pasaron al
olvido.
7 Pero
el Señor reina para siempre;
desde su trono lleva a cabo el juicio.
8 Juzgará al mundo con justicia
y gobernará a las naciones con imparcialidad.
9 El Señor es un refugio para los oprimidos,
un lugar seguro en tiempos difíciles.
10 Los que conocen tu nombre confían en ti,
porque tú, oh Señor, no abandonas a los que te
buscan.
11 Canten
alabanzas al Señor, que reina en Jerusalén.
Cuéntenle al mundo acerca de sus inolvidables hechos.
12 Pues el vengador de los que son asesinados cuida de
los indefensos;
no pasa por alto el clamor de los que sufren.
13 Señor,
ten misericordia de mí.
Mira cómo me atormentan mis enemigos;
arrebátame de las garras de la muerte.
14 Sálvame, para que te alabe públicamente en las
puertas de Jerusalén,
para que me alegre porque me has rescatado.
15 Las
naciones han caído en el hoyo que cavaron para otros;
sus propios pies quedaron atrapados en la trampa que
tendieron.
16 Al Señor lo conocen por su justicia;
los malvados son presos de sus propias acciones. Interludio
de silencio
17 Los
malvados descenderán a la tumba;
este es el destino de las naciones que se olvidan de
Dios.
18 Pero aquellos que pasen necesidad no quedarán
olvidados para siempre;
las esperanzas del pobre no siempre serán aplastadas.
19 ¡Levántate,
oh Señor!
¡No permitas que simples mortales te desafíen!
¡Juzga a las naciones!
20 Haz que tiemblen de miedo, oh Señor;
que las naciones sepan que no son más que seres
humanos. Interludio
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
Ahora que estás a mitad de camino de Génesis,
repasa y echa un vistazo hacia adelante con la ayuda de este video. Dios
promete bendecir a todas las naciones a través de la familia de Abraham. Pero
con esposos mayores, matriarcas impacientes, hijos que se roban las bendiciones
y hermanos celosos que no dejan de estropearlo todo, ¿cómo prevalecerá la
promesa de Dios?
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”