Abril 22 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 91
2 SAMUEL 16 - 18
David y Siba
16 Cuando
David pasó un poco más allá de la cima del monte de los Olivos, Siba, el siervo
de Mefiboset, lo estaba esperando. Tenía dos burros cargados con
doscientos panes, cien racimos de pasas, cien ramas con frutas de verano y un
cuero lleno de vino.
2 —¿Para
qué es todo esto?—le preguntó el rey a Siba.
—Los burros son para que monten los que acompañen
al rey—contestó Siba—, y el pan y la fruta son para que coman los jóvenes. El
vino es para los que se agoten en el desierto.
3 —¿Y
dónde está Mefiboset, el nieto de Saúl?—le preguntó el rey.
—Se quedó en Jerusalén—contestó Siba—. Dijo: “Hoy
recobraré el reino de mi abuelo Saúl”.
4 —En
ese caso—le dijo el rey a Siba—, te doy todo lo que le pertenece a Mefiboset.
—Me inclino ante usted—respondió Siba—, que yo
siempre pueda complacerlo, mi señor el rey.
Simei maldice a David
5 Mientras
el rey David llegaba a Bahurim, salió un hombre de la aldea maldiciéndolos. Era
Simei, hijo de Gera, del mismo clan de la familia de Saúl. 6 Les
arrojó piedras al rey, a los oficiales del rey y a los guerreros valientes que
lo rodeaban.
7 —¡Vete
de aquí, asesino y sinvergüenza!—le gritó a David—. 8 El Señor te
está pagando por todo el derramamiento de sangre en el clan de Saúl. Le robaste
el trono, y ahora el Señor se lo ha dado a tu hijo Absalón. Al fin te
van a pagar con la misma moneda, ¡porque eres un asesino!
9 —¿Cómo
es posible que este perro muerto maldiga a mi señor el rey?—exclamó Abisai, el
hijo de Sarvia—. ¡Déjeme ir y cortarle la cabeza!
10 —¡No!—dijo
el rey—. ¿Quién les pidió su opinión a ustedes, los hijos de Sarvia? Si
el Señor le dijo que me maldijera, ¿quiénes son ustedes para
detenerlo?
11 Entonces
David les dijo a Abisai y a sus sirvientes:
—Mi propio hijo quiere matarme, ¿acaso no tiene
este pariente de Saúl todavía más motivos para hacerlo? Déjenlo en paz y
permítanle que maldiga, porque el Señor le dijo que lo hiciera. 12 Y
tal vez el Señor vea con cuánta injusticia me han tratado y me
bendiga a causa de estas maldiciones que sufrí hoy.
13 Así
que David y sus hombres continuaron por el camino, y Simei les seguía el paso
desde un cerro cercano, maldiciendo y tirándole piedras y tierra a David.
14 El
rey y todos los que estaban con él se fatigaron en el camino, así que
descansaron cuando llegaron al río Jordán.
Ahitofel aconseja a Absalón
15 Mientras
tanto, Absalón y todo el ejército de Israel llegaron a Jerusalén acompañados
por Ahitofel. 16 Cuando llegó Husai el arquita, el
amigo de David, enseguida fue a ver a Absalón.
—¡Viva el rey!—exclamó—. ¡Viva el rey!
17 —¿Es
esta la forma en que tratas a tu amigo David?—le preguntó Absalón—. ¿Por qué no
estás con él?
18 —Estoy
aquí porque le pertenezco al hombre que fue escogido por el Señor y
por todos los hombres de Israel—le respondió Husai—. 19 De
todos modos, ¿por qué no te serviré? Así como fui el consejero de tu padre,
¡ahora seré tu consejero!
20 Después
Absalón se volvió a Ahitofel y le preguntó:
—¿Qué debo hacer ahora?
21 —Ve
y acuéstate con las concubinas de tu padre—contestó Ahitofel—, porque él las
dejó aquí para que cuidaran el palacio. Entonces todo Israel sabrá que has
insultado a tu padre más allá de toda esperanza de reconciliación, y el pueblo
te dará su apoyo.
22 Entonces
levantaron una carpa en la azotea del palacio para que todos pudieran verla, y
Absalón entró y tuvo sexo con las concubinas de su padre.
23 Absalón
siguió el consejo de Ahitofel, tal como lo había hecho David, porque cada
palabra que decía Ahitofel parecía tan sabia como si hubiera salido
directamente de la boca de Dios.
17 Entonces
Ahitofel dijo a Absalón: «Déjame escoger a doce mil hombres que salgan en busca
de David esta noche. 2 Lo alcanzaré cuando esté
agotado y desanimado. Él y sus tropas se dejarán llevar por el pánico y todos
huirán. Luego mataré solamente al rey 3 y te traeré
de regreso a toda la gente, así como una recién casada vuelve a su marido.
Después de todo, es la vida de un solo hombre la que buscas. Entonces
estarás en paz con todo el pueblo». 4 Este plan les
pareció bien a Absalón y a todos los ancianos de Israel.
Husai contrarresta el consejo de
Ahitofel
5 Pero
después Absalón dijo:
—Traigan a Husai el arquita. Veamos lo que él
piensa acerca de este plan.
6 Cuando
Husai llegó, Absalón le contó lo que Ahitofel había dicho y le preguntó:
—¿Qué opinas? ¿Debemos seguir el consejo de
Ahitofel? Si no, ¿qué sugieres?
7 —Bueno—le
contestó Husai—, esta vez Ahitofel se equivocó. 8 Tú
conoces a tu padre y a sus hombres; son guerreros poderosos. En este momento
están tan enfurecidos como una osa a la que le han robado sus cachorros. Y
recuerda que tu padre es un hombre de guerra con experiencia. Él no pasará la
noche con las tropas. 9 Seguramente ya está
escondido en algún pozo o en alguna cueva. Y cuando salga y ataque, y mueran
unos cuantos de tus hombres, entonces habrá pánico entre tus tropas, y se
correrá la voz de que están masacrando a los hombres de Absalón. 10 Así
pues hasta los soldados más valientes, aunque tengan el corazón de un león,
quedarán paralizados de miedo, porque todo Israel sabe qué poderoso guerrero es
tu padre y qué valientes son sus hombres.
11 »Recomiendo
que movilices a todo el ejército de Israel y que llames a los soldados desde
tan lejos como Dan al norte y Beerseba al sur. De esa manera tendrás un
ejército tan numeroso como la arena a la orilla del mar. Y te aconsejo que tú
personalmente dirijas las tropas. 12 Cuando
encontremos a David, caeremos sobre él como el rocío que cae sobre la tierra.
De este modo ni él ni ninguno de sus hombres quedarán con vida. 13 Y
si David llegara a escapar a una ciudad, tú tendrás a todo Israel allí a tu
mando. Luego podremos tomar sogas y arrastrar las murallas de la ciudad al
valle más cercano, hasta que cada piedra haya sido derribada.
14 Absalón
y todos los hombres de Israel dijeron: «El consejo de Husai es mejor que el de
Ahitofel». Pues el Señor había decidido frustrar el consejo de
Ahitofel, que en realidad era un plan mejor, ¡para poder traer la calamidad
sobre Absalón!
Husai advierte a David
15 Husai
les contó a Sadoc y a Abiatar, los sacerdotes, lo que Ahitofel les había dicho
a Absalón y a los ancianos de Israel, así como lo que él mismo había
aconsejado. 16 «¡Rápido!—les dijo—. Encuentren a
David e insístanle que no se quede en los vados del río Jordán esta noche.
De inmediato debe cruzar e internarse en el desierto. De lo contrario, morirán,
él y todo su ejército».
17 Jonatán
y Ahimaas se habían quedado en En-rogel para no ser vistos al entrar ni al
salir de la ciudad. Habían acordado que una sirvienta les llevaría el mensaje
que ellos debían darle al rey David. 18 Sin
embargo, un muchacho los vio en En-rogel, y se lo contó a Absalón, así que
escaparon a toda prisa a Bahurim donde un hombre los escondió dentro de un pozo
en su patio. 19 La esposa del hombre puso una tela
sobre la boca del pozo y esparció grano encima para que se secara al sol; por
eso nadie sospechó que estaban allí.
20 Cuando
llegaron los hombres de Absalón, le preguntaron a la mujer:
—¿Has visto a Ahimaas y a Jonatán?
La mujer contestó:
—Estuvieron aquí, pero cruzaron el arroyo.
Entonces los hombres de Absalón los buscaron sin
éxito y regresaron a Jerusalén.
21 Luego
los dos hombres salieron del pozo y se apresuraron a ir donde estaba el rey
David. «¡Rápido—le dijeron—, cruce el Jordán esta misma noche!». Y le contaron
cómo Ahitofel había aconsejado que lo capturaran y lo mataran. 22 Entonces
David y los que estaban con él cruzaron el río Jordán durante la noche, y todos
llegaron a la otra orilla antes del amanecer.
23 Cuando
Ahitofel se dio cuenta de que no se había seguido su consejo, ensilló su burro
y se fue a su pueblo natal, donde puso sus asuntos en orden y se ahorcó. Murió
allí y lo enterraron en la tumba de la familia.
24 Pronto
David llegó a Mahanaim. A estas alturas, Absalón había movilizado a todo el
ejército de Israel y estaba guiando a sus tropas a través del río Jordán. 25 Absalón
había nombrado a Amasa comandante de su ejército para reemplazar a Joab, quien
había sido el comandante bajo David. (Amasa era primo de Joab. Su padre era
Jeter, un ismaelita. Su madre, Abigail, hija de Nahas, era hermana de
Sarvia, la madre de Joab). 26 Absalón y el ejército
israelita armaron el campamento en la tierra de Galaad.
27 Cuando
David llegó a Mahanaim, fue recibido calurosamente por Sobi, hijo de Nahas, que
venía de Rabá de los amonitas; por Maquir, hijo de Amiel, de Lo-debar; y por
Barzilai de Galaad, que era de Rogelim. 28 Ellos
trajeron camillas, ollas de cocina, recipientes para servir, trigo y cebada,
harina y grano tostado, frijoles, lentejas, 29 miel,
mantequilla, ovejas, cabras y queso para David y los que estaban con él porque
dijeron: «Todos ustedes deben estar muy hambrientos, cansados y con sed después
de su largo caminar por el desierto».
Derrota y muerte de Absalón
18 David
entonces reunió a los hombres que estaban con él y nombró generales y capitanes para
que los dirigieran. 2 Envió las tropas en tres
grupos: un grupo bajo el mando de Joab; otro bajo el mando del hermano de Joab,
Abisai hijo de Sarvia; y el tercero bajo Itai de Gat. Entonces el rey les dijo
a sus tropas:
—Yo iré con ustedes.
3 Pero
sus hombres se opusieron terminantemente e insistieron:
—No debe ir. Si tenemos que salir en retirada y
huir, aunque maten a la mitad de nosotros no cambiaría nada para las tropas de
Absalón; es a usted al que buscan. Usted vale por diez mil de nosotros. Es
mejor que se quede aquí en la ciudad y nos envíe ayuda si la necesitamos.
4 —Si
ustedes piensan que ese es el mejor plan, lo seguiré—respondió el rey.
De modo que se quedó al lado de la puerta de la
ciudad mientras las tropas marchaban en grupos de cientos y de miles.
5 Entonces
el rey les dio esta orden a Joab, a Abisai y a Itai:
—Por consideración a mí, traten con bondad al
joven Absalón.
Y todas las tropas escucharon que el rey daba
esta orden a sus comandantes.
6 Así
que comenzó la batalla en el bosque de Efraín, 7 y
los hombres de David rechazaron los ataques de las tropas israelitas. Aquel día
hubo una gran matanza, y veinte mil hombres perdieron la vida. 8 La
batalla se extendió con furor por todo el campo, y perecieron en el bosque más
hombres que los que murieron a espada.
9 Durante
la batalla, Absalón se cruzó con algunos hombres de David. Trató de escapar en
su mula, pero al pasar cabalgando debajo de un gran árbol, su cabello se
enredó en las gruesas ramas. La mula siguió y dejó a Absalón suspendido en el
aire. 10 Entonces uno de los hombres de David vio
lo que había pasado y le dijo a Joab:
—Vi a Absalón colgando de un gran árbol.
11 —¿Qué?—preguntó
Joab—. ¿Lo viste ahí y no lo mataste? ¡Te hubiera recompensado con diez piezas
de plata y un cinturón de héroe!
12 —No
mataría al hijo del rey ni por mil piezas de plata—le respondió el hombre a
Joab—. Todos escuchamos lo que el rey les dijo a usted, a Abisai y a Itai: “Por
consideración a mí, por favor, perdonen la vida del joven Absalón”. 13 Si
yo hubiera traicionado al rey y matado a su hijo—y de seguro el rey descubriría
quién lo hizo—, usted sería el primero en abandonarme a mi suerte.
14 —Basta
ya de esta tontería—dijo Joab.
Enseguida Joab tomó tres dagas y las clavó en el
corazón de Absalón mientras estaba colgado, todavía vivo, del gran árbol. 15 Luego
diez jóvenes escuderos de Joab rodearon a Absalón y lo remataron.
16 Entonces
Joab hizo sonar el cuerno de carnero, y sus hombres regresaron de perseguir al
ejército de Israel. 17 Arrojaron el cuerpo de
Absalón dentro de un hoyo grande en el bosque y encima apilaron un montón de
piedras. Y todo Israel huyó a sus hogares.
18 Mientras
aún vivía, Absalón se había erigido a sí mismo un monumento en el valle del
Rey, porque dijo: «No tengo hijo que perpetúe mi nombre». Le puso al monumento
su propio nombre, y es conocido como el monumento de Absalón hasta el día de
hoy.
David hace duelo por la muerte de
Absalón
19 Después
Ahimaas, hijo de Sadoc, dijo:
—Déjeme ir corriendo para darle al rey las buenas
noticias: que el Señor lo ha librado de sus enemigos.
20 —No—le
dijo Joab—, no serían buenas noticias para el rey saber que su hijo está
muerto. Puedes ser mi mensajero otro día, pero hoy no.
21 Entonces
Joab le dijo a un etíope:
—Ve a decirle al rey lo que has visto.
El hombre se inclinó y se fue corriendo.
22 Pero
Ahimaas continuó rogándole a Joab:
—Pase lo que pase, por favor, deje también que yo
vaya.
—¿Para qué quieres ir, hijo mío?—le respondió
Joab—. No habrá recompensa por las noticias.
23 —Estoy
de acuerdo, pero igual permítame ir—le suplicó.
Joab finalmente le dijo:
—Está bien, puedes ir.
Entonces Ahimaas tomó el camino más fácil por la
llanura y corrió a Mahanaim y llegó antes que el etíope.
24 Mientras
David estaba sentado entre las puertas internas y externas de la ciudad, el
centinela subió al techo de la entrada de la muralla. Cuando se asomó, vio a un
solo hombre que corría hacia ellos. 25 Desde arriba
le gritó la novedad a David, y el rey respondió:
—Si está solo, trae noticias.
Al acercarse el mensajero, 26 el
centinela vio que otro hombre corría hacia ellos. Gritó hacia abajo:
—¡Allí viene otro!
El rey respondió:
—También trae noticias.
27 —El
primer hombre corre como Ahimaas, hijo de Sadoc—dijo el centinela.
—Él es un buen hombre y trae buenas
noticias—respondió el rey.
28 Ahimaas
le gritó al rey:
—¡Todo está bien!
Se inclinó delante del rey rostro en tierra y
dijo:
—Alabado sea el Señor su Dios, quien ha
entregado a los rebeldes que se atrevieron a hacerle frente a mi señor el rey.
29 —¿Qué
me dices del joven Absalón?—preguntó el rey—. ¿Está bien?
—Cuando Joab me dijo que viniera, había una gran
conmoción—contestó Ahimaas—, pero no supe lo que pasaba.
30 —Espera
aquí—le dijo el rey.
Y Ahimaas se hizo a un lado.
31 Enseguida
el etíope llegó y le dijo:
—Tengo buenas noticias para mi señor el rey. Hoy
el Señor lo ha librado de todos los que se rebelaron en su contra.
32 —¿Qué
me dices del joven Absalón?—preguntó el rey—. ¿Se encuentra bien?
Y el etíope contestó:
—¡Que todos sus enemigos, mi señor el rey, ahora
y en el futuro, corran con la misma suerte de ese joven!
33 Entonces
el rey se sintió abrumado por la emoción. Subió a la habitación que estaba
sobre la entrada y se echó a llorar. Y mientras subía, clamaba: «¡Oh, mi hijo
Absalón! ¡Hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Si tan solo yo hubiera muerto en tu
lugar! ¡Oh Absalón, mi hijo, mi hijo!».
SALMOS 91
Los que viven al amparo del Altísimo
encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso.
2 Declaro lo siguiente acerca del Señor:
Solo él es mi refugio, mi lugar seguro;
él es mi Dios y en él confío.
3 Te rescatará de toda trampa
y te protegerá de enfermedades mortales.
4 Con sus plumas te cubrirá
y con sus alas te dará refugio.
Sus fieles promesas son tu armadura y tu protección.
5 No tengas miedo de los terrores de la noche
ni de la flecha que se lanza en el día.
6 No temas a la enfermedad que acecha en la oscuridad,
ni a la catástrofe que estalla al mediodía.
7 Aunque caigan mil a tu lado,
aunque mueran diez mil a tu alrededor,
esos males no te tocarán.
8 Simplemente abre tus ojos
y mira cómo los perversos reciben su merecido.
9 Si
haces al Señor tu refugio
y al Altísimo tu resguardo,
10 ningún mal te conquistará;
ninguna plaga se acercará a tu hogar.
11 Pues él ordenará a sus ángeles
que te protejan por donde vayas.
12 Te sostendrán con sus manos
para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra.
13 Pisotearás leones y cobras;
¡aplastarás feroces leones y serpientes bajo tus pies!
14 El Señor dice:
«Rescataré a los que me aman;
protegeré a los que confían en mi nombre.
15 Cuando me llamen, yo les responderé;
estaré con ellos en medio de las dificultades.
Los rescataré y los honraré.
16 Los recompensaré con una larga vida
y les daré mi salvación».
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”