Abril 20 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 89
2 SAMUEL 9 - 12
Bondad de David hacia Mefiboset
9 Cierto
día, David preguntó: «¿Hay alguien de la familia de Saúl que aún siga con vida,
alguien a quien pueda mostrarle bondad por amor a Jonatán?». 2 Entonces
mandó llamar a Siba, un hombre que había sido uno de los siervos de Saúl.
—¿Eres tú Siba?—le preguntó el rey.
—Sí, señor, lo soy—contestó Siba.
3 Enseguida
el rey le preguntó:
—¿Hay alguien de la familia de Saúl que todavía
viva? De ser así, quisiera mostrarle la bondad de Dios.
Siba le contestó:
—Sí, uno de los hijos de Jonatán sigue con vida.
Está lisiado de ambos pies.
4 —¿Dónde
está?—preguntó el rey.
—En Lo-debar—le contestó Siba—, en la casa de
Maquir, hijo de Amiel.
5 Entonces
David mandó a buscarlo y lo sacó de la casa de Maquir. 6 Su
nombre era Mefiboset; era hijo de Jonatán y nieto de Saúl. Cuando se
presentó ante David, se postró hasta el suelo con profundo respeto.
David dijo:
—¡Saludos, Mefiboset!
Mefiboset respondió:
—Yo soy su siervo.
7 —¡No
tengas miedo!—le dijo David—, mi intención es mostrarte mi bondad por lo que le
prometí a tu padre, Jonatán. Te daré todas las propiedades que pertenecían a tu
abuelo Saúl, y comerás aquí conmigo, a la mesa del rey.
8 Mefiboset
se inclinó respetuosamente y exclamó:
—¿Quién es su siervo para que le muestre tal
bondad a un perro muerto como yo?
9 Entonces
el rey llamó a Siba, el siervo de Saúl, y dijo:
—Le he dado al nieto de tu amo todo lo que
pertenecía a Saúl y a su familia. 10 Tú, tus hijos
y tus siervos cultivarán la tierra para él, para que produzca alimento para la
casa de tu amo. Pero Mefiboset, el nieto de tu amo, comerá aquí, a mi
mesa. (Siba tenía quince hijos y veinte siervos).
11 Siba
respondió:
—Sí, mi señor el rey, yo soy su siervo y haré
todo lo que me ha ordenado.
A partir de ese momento, Mefiboset comió a la
mesa de David, como si fuera uno de los hijos del rey.
12 Mefiboset
tenía un hijo pequeño llamado Mica. A partir de entonces, todos los miembros de
la casa de Siba fueron siervos de Mefiboset. 13 Y
Mefiboset, quien estaba lisiado de ambos pies, vivía en Jerusalén y comía a la
mesa del rey.
David derrota a los amonitas
10 Después
de un tiempo, murió Nahas, rey de los amonitas, y su hijo Hanún subió al
trono. 2 David dijo: «Le mostraré lealtad a Hanún,
así como su padre, Nahas, siempre me fue leal». Entonces David envió
embajadores a Hanún para expresarle sus condolencias por la muerte de su padre.
Pero cuando los embajadores de David llegaron a
la tierra de Amón, 3 los comandantes amonitas le
dijeron a Hanún, su amo: «¿Realmente cree que estos hombres vienen para honrar
a su padre? ¡No, David los ha enviado a espiar la ciudad para luego venir y
conquistarla!». 4 Entonces Hanún tomó presos a los
embajadores de David, les afeitó la mitad de la barba, les cortó los mantos a
la altura de las nalgas y los envió avergonzados de regreso a David.
5 Cuando
llegó a oídos de David lo que había sucedido, envió mensajeros para decirles a
los hombres: «Quédense en Jericó hasta que les crezca la barba y luego
regresen». Pues se sentían muy avergonzados de su aspecto.
6 Cuando
el pueblo de Amón se dio cuenta de qué tan seriamente había provocado el enojo
de David, los amonitas contrataron a veinte mil soldados arameos de infantería
de las tierras de Bet-rehob y Soba, mil del rey de Maaca y doce mil de la
tierra de Tob. 7 Cuando David se enteró, envió a
Joab con todos sus guerreros a pelear contra ellos. 8 Las
tropas amonitas se pusieron en pie de guerra a la entrada de la puerta de la
ciudad, mientras los arameos de Soba y Rehob, junto con los hombres de Tob y
Maaca, tomaron posiciones para pelear a campo abierto.
9 Cuando
Joab vio que tendría que luchar tanto por el frente como por la retaguardia,
eligió a algunas de las tropas selectas israelitas y las puso bajo su propio
mando para luchar contra los arameos a campo abierto. 10 Dejó
al resto del ejército bajo el mando de su hermano Abisai, quien atacaría a los
amonitas. 11 «Si los arameos son demasiado fuertes
para mí, entonces ven en mi ayuda—le dijo Joab a su hermano—. Si los amonitas
son demasiado fuertes para ti, yo iré en tu ayuda. 12 ¡Sé
valiente! Luchemos con valor por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro
Dios, y que se haga la voluntad del Señor».
13 Cuando
Joab y sus tropas atacaron, los arameos comenzaron a huir. 14 Al
ver que los arameos corrían, los amonitas huyeron de Abisai y retrocedieron a
la ciudad. Terminada la batalla, Joab regresó a Jerusalén.
15 Al
darse cuenta los arameos de que no podían contra Israel se reagruparon, 16 y
se les unieron tropas adicionales arameas que Hadad-ezer mandó llamar del otro
lado del río Éufrates. Estas tropas llegaron a Helam bajo el mando de
Sobac, el comandante de las fuerzas de Hadad-ezer.
17 Cuando
David oyó lo que sucedía, movilizó a todo Israel, cruzó el río Jordán y guio al
ejército a Helam. Los arameos se pusieron en formación de batalla y lucharon
contra David; 18 pero nuevamente los arameos
huyeron de los israelitas. Esta vez las fuerzas de David mataron a setecientos
conductores de carros de guerra y a cuarenta mil soldados de infantería, entre
estos a Sobac, el comandante del ejército. 19 Cuando
todos los reyes que estaban aliados con Hadad-ezer vieron que Israel los había
derrotado, se rindieron a Israel y se convirtieron en sus súbditos. Después de
esto, los arameos tuvieron miedo de ayudar a los amonitas.
David y Betsabé
11 En
la primavera, cuando los reyes suelen salir a la guerra, David envió a
Joab y al ejército israelita para pelear contra los amonitas. Destruyeron al
ejército amonita y sitiaron la ciudad de Rabá. Sin embargo, David se quedó en
Jerusalén.
2 Una
tarde, después del descanso de mediodía, David se levantó de la cama y subió a
caminar por la azotea del palacio. Mientras miraba hacia la ciudad, vio a una
mujer de belleza singular que estaba bañándose. 3 Luego
envió a alguien para que averiguara quién era la mujer y le dijeron: «Es
Betsabé, hija de Eliam y esposa de Urías el hitita».
4 Así
que David envió mensajeros para que la trajeran y cuando llegó al palacio, se
acostó con ella. Luego ella regresó a su casa. (Betsabé recién había terminado
los ritos de purificación posteriores a su período menstrual). 5 Tiempo
después, cuando Betsabé descubrió que estaba embarazada, le envió el siguiente
mensaje a David: «Estoy embarazada».
6 Entonces
David envió un mensaje a Joab: «Mándame a Urías el hitita». Así que Joab se lo
envió. 7 Cuando Urías llegó, David le preguntó cómo
estaban Joab y el ejército, y cómo marchaba la guerra. 8 Después
le dijo a Urías: «Ve a tu casa a descansar». David incluso le envió un regalo a
Urías apenas este dejó el palacio. 9 Pero Urías no
fue a su casa, sino que durmió esa noche a la entrada del palacio con la
guardia real.
10 Al
enterarse David de que Urías no había ido a su casa, lo mandó llamar y le
preguntó:
—¿Qué pasa? ¿Por qué no fuiste anoche a tu casa
después de haber estado fuera por tanto tiempo?
11 Urías
le contestó:
—El arca y el ejército de Israel y el de Judá
están viviendo en carpas, y Joab y los hombres de mi señor están acampando
a cielo abierto. ¿Cómo podría yo ir a casa para beber, comer y dormir con mi
esposa? Juro que jamás haría semejante cosa.
12 —Está
bien, quédate hoy aquí—le dijo David—y mañana puedes regresar al ejército.
Así que Urías se quedó en Jerusalén ese día y el
siguiente. 13 David lo invitó a cenar y lo
emborrachó. Pero aun así no logró que Urías se fuera a la casa con su esposa,
sino que nuevamente se quedó a dormir a la entrada del palacio con la guardia
real.
David trama la muerte de Urías
14 Entonces,
a la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la dio a Urías para
que se la entregara. 15 La carta le daba las
siguientes instrucciones a Joab: «Pon a Urías en las líneas del frente, donde
la batalla sea más violenta. Luego retrocedan, para que lo maten». 16 Así
que Joab asignó a Urías a un lugar cerca de la muralla de la ciudad donde sabía
que peleaban los hombres más fuertes del enemigo. 17 Y
cuando los soldados enemigos salieron de la ciudad para pelear, Urías el hitita
murió junto con varios soldados israelitas.
18 Luego
Joab envió a David un informe de la batalla. 19 Le
dijo a su mensajero: «Informa al rey todas las novedades de la batalla. 20 Pero
tal vez se enoje y pregunte: “¿Por qué las tropas se acercaron tanto a la
ciudad? ¿Acaso no sabían que dispararían desde la muralla? 21 ¿No
fue Abimelec, hijo de Gedeón, muerto en Tebes por una mujer que le tiró
una piedra de molino desde la muralla? ¿Por qué se acercaron tanto a la
muralla?”. Entonces dile: “Murió también Urías el hitita”».
22 Por
lo tanto, el mensajero fue a Jerusalén y le dio un informe completo a David.
23 —El
enemigo salió contra nosotros a campo abierto—le dijo—, y cuando los
perseguíamos hasta las puertas de la ciudad, 24 los
arqueros que estaban en la muralla nos dispararon flechas. Mataron a algunos
hombres del rey, entre ellos a Urías el hitita.
25 —Bien,
dile a Joab que no se desanime—dijo David—. ¡La espada devora a este hoy y a
aquel mañana! La próxima vez esfuércense más, ¡y conquistarán la ciudad!
26 Cuando
la esposa de Urías se enteró de que su marido había muerto, hizo duelo por
él. 27 Una vez cumplido el período de luto, David
mandó que la trajeran al palacio, y pasó a ser una de sus esposas. Luego ella
dio a luz un hijo. Pero el Señor estaba disgustado con lo que David
había hecho.
Natán reprende a David
12 Por
lo tanto, el Señor envió al profeta Natán para que le contara a David
la siguiente historia:
—Había dos hombres en cierta ciudad; uno era rico
y el otro, pobre. 2 El hombre rico poseía muchas
ovejas, y ganado en cantidad. 3 El pobre no tenía
nada, solo una pequeña oveja que había comprado. Él crio esa ovejita, la cual
creció junto con sus hijos. La ovejita comía del mismo plato del dueño y bebía
de su vaso, y él la acunaba como a una hija. 4 Cierto
día llegó una visita a la casa del hombre rico. Pero en lugar de matar un
animal de su propio rebaño o de su propia manada, tomó la ovejita del hombre
pobre, la mató y la preparó para su invitado.
5 Entonces
David se puso furioso.
—¡Tan cierto como que el Señor vive—juró—,
cualquier hombre que haga semejante cosa merece la muerte! 6 Debe
reparar el daño dándole al hombre pobre cuatro ovejas por la que le robó y por
no haber tenido compasión.
7 Entonces
Natán le dijo a David:
—¡Tú eres ese hombre! El Señor, Dios de
Israel, dice: “Yo te ungí rey de Israel y te libré del poder de Saúl. 8 Te
di la casa de tu amo, sus esposas y los reinos de Israel y Judá. Y si eso no
hubiera sido suficiente, te habría dado más, mucho más. 9 ¿Por
qué, entonces, despreciaste la palabra del Señor e hiciste este acto
tan horrible? Pues mataste a Urías el hitita con la espada de los amonitas y le
robaste a su esposa. 10 De ahora en adelante, tu
familia vivirá por la espada porque me has despreciado al tomar a la esposa de
Urías para que sea tu mujer”.
11 »Esto
dice el Señor: “Por lo que has hecho, haré que tu propia familia se rebele
en tu contra. Ante tus propios ojos, daré tus mujeres a otro hombre, y él se
acostará con ellas a la vista de todos. 12 Tú lo
hiciste en secreto, pero yo haré que esto suceda abiertamente a la vista de
todo Israel”.
David confiesa su culpa
13 Entonces
David confesó a Natán:
—He pecado contra el Señor.
Natán respondió:
—Sí, pero el Señor te ha perdonado, y
no morirás por este pecado. 14 Sin embargo, como
has mostrado un total desprecio por la palabra del Señor con lo
que hiciste, tu hijo morirá.
15 Después
que Natán regresó a su casa, el Señor le envió una enfermedad mortal
al hijo que David tuvo con la esposa de Urías. 16 Así
que David le suplicó a Dios que perdonara la vida de su hijo, y no comió, y
estuvo toda la noche tirado en el suelo. 17 Entonces
los ancianos de su casa le rogaban que se levantara y comiera con ellos, pero
él se negó.
18 Finalmente,
al séptimo día, el niño murió. Los consejeros de David tenían temor de
decírselo. «No escuchaba razones cuando el niño estaba enfermo—se decían—, ¿qué
locura hará cuando le digamos que el niño murió?».
19 Cuando
David vio que susurraban entre sí, se dio cuenta de lo que había pasado.
—¿Murió el niño?—preguntó.
—Sí—le contestaron—, ya murió.
20 De
inmediato David se levantó del suelo, se lavó, se puso lociones y se
cambió de ropa. Luego fue al tabernáculo a adorar al Señor y después
volvió al palacio donde le sirvieron comida y comió.
21 Sus
consejeros estaban asombrados.
—No lo entendemos—le dijeron—. Mientras el niño
aún vivía, lloraba y rehusaba comer. Pero ahora que el niño ha muerto, usted
terminó el duelo y de nuevo está comiendo.
22 —Ayuné
y lloré—respondió David—mientras el niño vivía porque me dije: “Tal vez
el Señor sea compasivo conmigo y permita que el niño viva”. 23 Pero
¿qué motivo tengo para ayunar ahora que ha muerto? ¿Puedo traerlo de nuevo a la
vida? Un día yo iré a él, pero él no puede regresar a mí.
24 Luego
David consoló a Betsabé, su esposa, y se acostó con ella. Entonces ella quedó
embarazada y dio a luz un hijo, y David lo llamó Salomón. El Señor amó
al niño 25 y mandó decir por medio del profeta
Natán que deberían llamarlo Jedidías (que significa «amado del Señor»)
como el Señor había ordenado.
David conquista Rabá
26 Mientras
tanto, Joab luchaba contra la ciudad de Rabá, la capital de Amón, y tomó las
fortificaciones reales. 27 Entonces Joab envió
mensajeros a David para decirle: «He peleado contra Rabá y he capturado el
suministro de agua. 28 Ahora traiga al resto del
ejército y tome la ciudad; de lo contrario, yo seré quien la conquiste y reciba
el reconocimiento por la victoria».
29 Entonces
David reunió al resto del ejército y fue a Rabá, peleó contra la ciudad y la
tomó. 30 David quitó la corona de la cabeza del rey y
la colocaron sobre la de él. La corona estaba hecha de oro con gemas
incrustadas y pesaba treinta y cuatro kilos. Además, David se llevó un
enorme botín de la ciudad. 31 También hizo esclavos
a los habitantes de Rabá y los forzó a trabajar con sierras, picos y
hachas de hierro, y a trabajar en los hornos de ladrillos. Así trató a la
gente de todas las ciudades amonitas. Luego David regresó a Jerusalén con todo
el ejército.
SALMOS 89
Salmo de Etán el ezraíta.
89 ¡Siempre
cantaré acerca del amor inagotable del Señor!
Jóvenes y ancianos oirán de tu fidelidad.
2 Tu amor inagotable durará para siempre;
tu fidelidad es tan perdurable como los cielos.
3 Dijo
el Señor: «Hice un pacto con David, mi siervo escogido.
Le hice este juramento:
4 “Estableceré a tus descendientes como reyes para
siempre;
se sentarán en tu trono desde ahora y hasta la
eternidad”». Interludio
5 Todo el cielo alabará tus grandes maravillas, Señor;
multitudes de ángeles te alabarán por tu fidelidad.
6 Pues, ¿quién se compara con el Señor en todo
el cielo?
¿Qué ángel poderosísimo se asemeja en algo al Señor?
7 Los poderes angélicos más altos quedan en reverencia
ante Dios con temor;
él es mucho más imponente que todos los que rodean su
trono.
8 ¡Oh Señor Dios de los Ejércitos Celestiales!
¿Dónde hay alguien tan poderoso como tú, oh Señor?
Eres completamente fiel.
9 Gobiernas
los océanos;
dominas las olas embravecidas por la tormenta.
10 Aplastas al gran monstruo marino;
dispersas a tus enemigos con tu brazo poderoso.
11 Los cielos te pertenecen y la tierra también;
todo lo que hay en el mundo es tuyo; tú lo creaste
todo.
12 Creaste el norte y el sur;
el monte Tabor y el monte Hermón alaban tu nombre.
13 ¡Poderoso es tu brazo!
¡Fuerte es tu mano!
Tu mano derecha se levanta en alto con gloriosa fuerza.
14 La rectitud y la justicia son el cimiento de tu
trono;
el amor inagotable y la verdad van como séquito delante
de ti.
15 Felices son los que oyen el alegre llamado a la
adoración,
porque caminarán a la luz de tu presencia, Señor.
16 Todo el día se alegran de tu maravillosa fama;
se regocijan por tu justicia.
17 Tú eres la fuerza gloriosa de ellos.
A ti te agrada hacernos fuertes.
18 Así es, nuestra protección viene del Señor,
y él, el Santo de Israel, nos ha dado nuestro rey.
19 Hace
mucho tiempo hablaste a tu pueblo fiel en una visión.
Dijiste: «He levantado a un guerrero;
lo seleccioné de la gente común para que fuera rey.
20 Encontré a mi siervo David;
lo ungí con mi aceite santo.
21 Con mi mano lo mantendré firme;
con mi brazo poderoso, lo haré fuerte.
22 Sus enemigos no lo vencerán
ni lo dominarán los malvados.
23 Aplastaré a sus adversarios frente a él
y destruiré a los que lo odian.
24 Mi fidelidad y mi amor inagotable lo acompañarán,
y con mi autoridad crecerá en poder.
25 Extenderé su gobierno sobre el mar,
su dominio sobre los ríos.
26 Y él clamará a mí: “Tú eres mi Padre,
mi Dios y la Roca de mi salvación”.
27 Lo convertiré en mi primer hijo varón,
el rey más poderoso de la tierra.
28 Lo amaré y le daré mi bondad para siempre;
mi pacto con él nunca tendrá fin.
29 Me aseguraré de que tenga heredero;
su trono será interminable, como los días del cielo.
30 Pero, si sus descendientes abandonan mis enseñanzas
y dejan de obedecer mis ordenanzas,
31 si desobedecen mis decretos
y dejan de cumplir mis mandatos,
32 entonces castigaré su pecado con vara
y su desobediencia con azotes.
33 Pero jamás dejaré de amarlo
ni de cumplir la promesa que le hice.
34 Por nada romperé mi pacto;
no retiraré ni una sola palabra que he dicho.
35 Le hice un juramento a David
y por mi santidad no puedo mentir:
36 su dinastía seguirá por siempre;
su reino perdurará como el sol.
37 Será tan eterno como la luna,
¡la cual es mi fiel testigo en el cielo!» Interludio
38 Pero
ahora lo has rechazado y desechado
y estás enojado con tu rey ungido.
39 Has renunciado al pacto que hiciste con él;
arrojaste su corona al polvo.
40 Derribaste las murallas que lo protegían
y destruiste cada fuerte que lo defendía.
41 Todos los que pasan por allí le han robado,
y se ha convertido en la burla de sus vecinos.
42 Has fortalecido a sus enemigos
e hiciste que se alegraran.
43 Has hecho inservible su espada
y te negaste a ayudarlo en la batalla.
44 Pusiste fin a su esplendor
y derrocaste su trono.
45 Lo has hecho envejecer antes de tiempo
y lo deshonraste en público. Interludio
46 Oh Señor,
¿hasta cuándo seguirá esto?
¿Te esconderás para siempre?
¿Hasta cuándo arderá tu ira como el fuego?
47 Recuerda lo breve que es mi vida,
¡qué vacía e inútil es la existencia humana!
48 Nadie puede vivir para siempre; todos morirán.
Nadie puede escapar del poder de la tumba. Interludio
49 Señor,
¿dónde está tu amor inagotable?
Le diste tu palabra a David mediante una promesa fiel.
50 ¡Considera, Señor, cómo pasan vergüenza tus siervos!
Llevo en mi corazón los insultos de mucha gente.
51 Tus enemigos se han burlado de mí, oh Señor;
se mofan de tu rey ungido por dondequiera que va.
52 ¡Alaben
al Señor para siempre!
¡Amén y amén!
LA FIDELIDAD DE DIOS Y LA FRAGILIDAD HUMANA
Estimado lector:
Los capítulos 9, 10, 11 y 12 de 2 Samuel, junto con
el Salmo 89, presentan un contraste entre la gracia, la justicia, el pecado y
la restauración en la vida de David, evidenciando tanto su carácter piadoso
como su fragilidad humana bajo la soberanía de Dios.
En el capítulo 9, David extiende bondad a
Mefiboset, hijo de Jonatán y descendiente de Saúl, en cumplimiento de su pacto.
A pesar de su condición de lisiado y marginado, es restaurado, recibe las
tierras de su familia y es recibido en la mesa del rey como un hijo. Este acto
refleja una gracia inmerecida que dignifica y restaura, evidenciando fidelidad
a las promesas.
Posteriormente, la bondad de David hacia Hanún, rey
de los amonitas, es malinterpretada, lo que provoca un conflicto. Sus emisarios
son humillados, desencadenando una guerra con los amonitas y sus aliados. A
pesar de ello, Dios concede la victoria a Israel mediante la intervención de
Joab y del mismo David, mostrando que, aun en medio de conflictos generados por
la necedad humana, Dios protege y respalda a su pueblo.
El capítulo 11 marca un punto crítico. David,
permaneciendo en Jerusalén en lugar de ir a la batalla, cae en ociosidad, lo
que lo conduce al adulterio con Betsabé y al asesinato indirecto de Urías. Este
hecho evidencia el peligro del abuso de poder y la debilidad humana. Aunque
intenta encubrir su pecado, Dios lo ve y lo desaprueba.
En el capítulo 12, el profeta Natán confronta a
David mediante una parábola. Ante esto, David responde con arrepentimiento
genuino, reconociendo su culpa. Dios le concede perdón, pero también permite
consecuencias, como la muerte de su hijo y conflictos futuros. Aun así, la
gracia se manifiesta con el nacimiento de Salomón. En conjunto, estos pasajes
muestran que la gracia restaura, el pecado trae consecuencias reales y el
arrepentimiento sincero abre camino al perdón.
Aplicación:
Estos acontecimientos reflejan la tensión expuesta
en el Salmo 89 entre la fidelidad de Dios y la fragilidad humana. Se evidencia
que el cumplimiento del propósito divino no depende de la perfección del ser
humano, sino de la fidelidad de Dios. Aun en medio del pecado, el
arrepentimiento permite restauración. Se resalta la importancia de reconocer
las faltas, evitar encubrir el error y depender de la gracia divina,
entendiendo que Dios permanece fiel incluso cuando el ser humano falla.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”