Abril 28 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 97
1 REYES 11 - 13
Las esposas de Salomón
11 Ahora
bien, el rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras. Además de la hija del
faraón, se casó con mujeres de Moab, de Amón, de Edom, de Sidón y de los
hititas. 2 El Señor había instruido
claramente a los israelitas cuando les dijo: «No se casen con ellas, porque les
desviarán el corazón hacia sus dioses». Sin embargo, Salomón se empecinó en
amarlas. 3 En total, tuvo setecientas esposas de
cuna real y trescientas concubinas. En efecto, ellas apartaron su corazón
del Señor.
4 Cuando
Salomón ya era anciano, ellas le desviaron el corazón para que rindiera culto a
otros dioses en lugar de ser totalmente fiel al Señor su Dios, como
lo había sido David su padre. 5 Salomón rindió
culto a Astoret, la diosa de los sidonios, y a Moloc, el detestable dios
de los amonitas. 6 De ese modo, Salomón hizo lo
malo a los ojos del Señor; se negó a seguir al Señor en forma
total y absoluta, como lo había hecho David, su padre.
7 Incluso
construyó un santuario pagano para Quemos, el detestable dios de Moab, y otro
para Moloc, el detestable dios de los amonitas, en el monte de los Olivos al
oriente de Jerusalén. 8 Salomón construyó esos
santuarios para que todas sus esposas extranjeras quemaran incienso e hicieran
sacrificios a sus dioses.
9 El Señor estaba
muy enojado con Salomón, porque su corazón se había apartado del Señor,
Dios de Israel, quien se le había aparecido dos veces. 10 Le
había advertido a Salomón específicamente que no rindiera culto a otros dioses,
pero Salomón no hizo caso al mandato del Señor. 11 En
consecuencia, el Señor le dijo: «Ya que no has cumplido mi pacto y
has desobedecido mis decretos, ciertamente te arrancaré el trono y se lo daré a
uno de tus siervos; 12 pero por amor a tu padre
David, no lo haré mientras vivas, sino que le quitaré el trono a tu hijo. 13 Y
aun así, no le quitaré el reino entero; lo dejaré ser rey de una tribu por amor
a mi siervo David y por amor a Jerusalén, mi ciudad escogida».
Adversarios de Salomón
14 Entonces
el Señor levantó a Hadad, el edomita, quien era miembro de la familia
real de Edom, para que fuera adversario de Salomón. 15 Sucedió
que años atrás, David había derrotado a Edom, y Joab, el comandante del
ejército, se había quedado para enterrar a unos soldados de Israel que habían
muerto en batalla. Mientras estaban allí, mataron a todos los varones de
Edom. 16 Joab y el ejército de Israel se quedaron
durante seis meses hasta que acabaron con todos.
17 Sin
embargo, Hadad y unos cuantos funcionarios de la corte de su padre lograron
escapar y se dirigieron a Egipto. (Hadad era apenas un niño en ese
tiempo). 18 Salieron de Madián y se fueron a Parán,
donde otros se les unieron. Luego viajaron a Egipto y se presentaron ante el
faraón, quien les dio casa, comida y tierras. 19 El
faraón se encariñó con Hadad y le dio en matrimonio a su cuñada, la hermana de
la reina Tahpenes. 20 Ella le dio un hijo, a quien
llamaron Genubat. Tahpenes lo crio en el palacio del faraón entre los
propios hijos del faraón.
21 Cuando
le llegó la noticia a Hadad en Egipto de que tanto David como su comandante
Joab habían muerto, le dijo al faraón:
—Permíteme regresar a mi país.
22 —¿Por
qué?—le preguntó el faraón—. ¿Qué te falta aquí que deseas regresar a tu
tierra?
—Nada—contestó él—, pero aun así, te pido que me
dejes regresar.
23 Dios
también levantó a Rezón, hijo de Eliada, como adversario de Salomón. Rezón
había huido de su amo, el rey Hadad-ezer de Soba, 24 y
había llegado a ser el líder de una banda de rebeldes. Después de que David
venció a Hadad-ezer, Rezón y sus hombres huyeron a Damasco, donde él llegó a
ser rey. 25 Rezón fue enemigo a muerte de Israel
por el resto del reinado de Salomón y generó conflictos como lo había hecho
Hadad. Rezón odió a Israel profundamente y siguió reinando en Aram.
Jeroboam se rebela contra Salomón
26 Otro
líder rebelde fue Jeroboam, hijo de Nabat, uno de los propios funcionarios de
Salomón. Provenía de la ciudad de Sereda, en Efraín, y su madre era una viuda
llamada Zerúa.
27 Esta
es la historia que explica su rebelión: Salomón estaba reconstruyendo los
terraplenes y reparando las murallas de la ciudad de su padre David. 28 Jeroboam
era un joven muy capaz. Cuando Salomón vio lo diligente que era, lo puso a
cargo de los trabajadores de las tribus de Efraín y Manasés, los descendientes
de José.
29 Cierto
día, mientras Jeroboam salía de Jerusalén, el profeta Ahías de Silo se encontró
con él en el camino. Ahías tenía puesto un manto nuevo. Los dos estaban solos
en un campo 30 cuando Ahías tomó el manto nuevo que
llevaba puesto y lo rompió en doce pedazos. 31 Luego
le dijo a Jeroboam: «Toma diez de estos pedazos, porque el Señor, Dios de
Israel, dice: “¡Estoy a punto de arrancar el reino de manos de Salomón y te
daré a ti diez de las tribus! 32 Pero le dejaré una
tribu a Salomón por amor a mi siervo David y por amor a Jerusalén, la ciudad
que he escogido entre todas las tribus de Israel. 33 Pues
Salomón se ha apartado de mí y rindió culto a Astoret, diosa de los
sidonios; a Quemos, dios de Moab; y a Moloc, dios de los amonitas. Salomón no
ha seguido mis caminos ni ha hecho lo que me agrada. Tampoco ha obedecido mis
decretos y ordenanzas como lo hizo su padre David.
34 »”Sin
embargo, no le quitaré todo el reino a Salomón por ahora. Por amor a mi siervo
David, a quien yo escogí y quien obedeció mis mandatos y decretos, mantendré a
Salomón como líder el resto de sus días, 35 pero le
quitaré el reino a su hijo y te daré a ti diez de las tribus. 36 Su
hijo tendrá una tribu para que los descendientes de David, mi siervo, sigan
reinando y, como una lámpara, brillen en Jerusalén, la ciudad que he escogido
para que sea el lugar para mi nombre. 37 Te pondré
a ti en el trono de Israel, y gobernarás todo lo que tu corazón desee. 38 Si
prestas atención a lo que te digo y sigues mis caminos y haces todo lo que yo
considero correcto, y si obedeces mis decretos y mandatos, como lo hizo mi
siervo David, entonces siempre estaré contigo. Estableceré una dinastía
duradera para ti, como lo hice con David, y te entregaré Israel. 39 Por
causa del pecado de Salomón, castigaré a los descendientes de David, aunque no
para siempre”».
40 Salomón
intentó matar a Jeroboam, pero él huyó a Egipto, donde reinaba Sisac, y se
quedó allí hasta la muerte de Salomón.
Resumen del reinado de Salomón
41 Los
demás acontecimientos del reinado de Salomón, con todos sus logros y su
sabiduría, están registrados en El libro de los hechos de Salomón. 42 Salomón
gobernó en Jerusalén a todo Israel durante cuarenta años. 43 Cuando
murió, lo enterraron en la Ciudad de David, la cual llevaba ese nombre por su
padre. Luego su hijo Roboam lo sucedió en el trono.
Las tribus del norte se rebelan
12 Roboam
fue a Siquem, donde todo Israel se había reunido para proclamarlo rey. 2 Cuando
Jeroboam, hijo de Nabat, se enteró de esto, regresó de Egipto, donde había
huido para escapar del rey Salomón. 3 Entonces los
líderes de Israel mandaron a llamar a Jeroboam, y él junto con toda la asamblea
de Israel fueron a hablar con Roboam.
4 —Su
padre fue un amo muy duro—le dijeron—. Alivie los trabajos tan pesados y los
impuestos tan altos que su padre impuso sobre nosotros. Entonces seremos sus
leales súbditos.
5 Roboam
les respondió:
—Denme tres días para pensarlo; luego regresen y
les daré una respuesta.
Entonces el pueblo se retiró.
6 Después
el rey Roboam consultó el asunto con los ancianos que habían sido consejeros de
su padre Salomón.
—¿Qué me aconsejan ustedes?—les preguntó—. ¿Cómo
debo responder a este pueblo?
7 Los
consejeros ancianos contestaron:
—Si hoy se pone al servicio de este pueblo y les
da una respuesta favorable, ellos siempre serán sus leales súbditos.
8 Sin
embargo, Roboam rechazó el consejo de los ancianos y pidió, en cambio, la
opinión de los jóvenes que se habían criado con él y que ahora eran sus
consejeros.
9 —¿Qué
me aconsejan ustedes?—les preguntó—. ¿Cómo debo responder a esta gente que me
pide que alivie las cargas que impuso mi padre?
10 Los
jóvenes contestaron:
—Así debería responder a esos que se quejan de
todo y que quieren una carga más liviana: “¡Mi dedo meñique es más grueso que
la cintura de mi padre! 11 Es cierto que mi padre
les impuso cargas pesadas, ¡pero yo las haré aún más pesadas! ¡Mi padre los
golpeaba con látigos, pero yo los azotaré con escorpiones!”.
12 Tres
días después, Jeroboam y toda la gente regresaron para conocer la decisión de
Roboam, tal como el rey había ordenado. 13 Entonces
Roboam habló con dureza al pueblo porque rechazó el consejo de los
ancianos 14 y siguió el consejo de los más jóvenes.
Así que le dijo al pueblo: «Mi padre les impuso cargas pesadas, ¡pero yo las
haré aún más pesadas! Mi padre los golpeaba con látigos, ¡pero yo los azotaré
con escorpiones!».
15 Por
lo tanto, el rey no prestó atención al pueblo. Este giro en la historia ocurrió
por voluntad del Señor, porque cumplía el mensaje que el Señor le
había dado a Jeroboam, hijo de Nabat, por medio del profeta Ahías de Silo.
16 Cuando
todos los israelitas se dieron cuenta de que el rey no iba a hacerles caso,
respondieron:
«¡Abajo la dinastía de David!
No nos interesa para nada el hijo de Isaí.
¡Regresa a tu casa, Israel!
Y tú, David, ¡cuida de tu propia casa!».
Entonces el pueblo de Israel regresó a
casa; 17 pero Roboam siguió gobernando a los
israelitas que vivían en las ciudades de Judá.
18 Luego
el rey Roboam envió a Adoniram, quien estaba a cargo del trabajo forzado,
a restaurar el orden, pero el pueblo de Israel lo apedreó a muerte. Cuando el
rey Roboam se enteró, enseguida subió a su carro de guerra y huyó a
Jerusalén. 19 Hasta el día de hoy, las tribus del
norte de Israel se han negado a ser gobernadas por un descendiente de David.
20 Cuando
los israelitas supieron que Jeroboam había regresado de Egipto, convocaron una
asamblea y lo nombraron rey de todo Israel. Así que solo la tribu de Judá
permaneció fiel a la familia de David.
Profecía de Semaías
21 Cuando
Roboam llegó a Jerusalén, movilizó a los hombres de Judá y a la tribu de
Benjamín—ciento ochenta mil guerreros selectos—para pelear contra los hombres
de Israel y recuperar el reino.
22 Ahora
bien, Dios le dijo a Semaías, hombre de Dios: 23 «Diles
a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y también a toda la gente de Judá y de
Benjamín y a todo el resto del pueblo: 24 “Esto
dice el Señor: ‘No peleen contra sus parientes, los israelitas. ¡Regrese
cada uno a su casa, porque lo que ha sucedido es obra mía!’”». Entonces ellos
obedecieron el mensaje del Señor y cada uno volvió a su casa, tal
como el Señor había ordenado.
Jeroboam hace becerros de oro
25 Jeroboam
fortificó la ciudad de Siquem, en la región montañosa de Efraín, la que llegó a
ser su capital. Tiempo después, también fortificó la ciudad de Peniel.
26 Jeroboam
pensó: «Si no tengo cuidado, el reino volverá a la dinastía de David. 27 Cuando
este pueblo vaya a Jerusalén para ofrecer sacrificios en el templo del Señor,
ellos volverán a ser leales al rey Roboam de Judá; a mí me matarán y a él lo
nombrarán rey en mi lugar».
28 Entonces,
siguiendo la recomendación de sus consejeros, el rey hizo dos becerros de oro.
Después dijo a la gente: «Para ustedes es muy complicado ir hasta
Jerusalén a adorar. Miren, israelitas, ¡estos son los dioses que los sacaron de
Egipto!».
29 Jeroboam
colocó uno de los ídolos con forma de becerro en Betel y al otro lo puso en
Dan, es decir, en ambos extremos de su reino. 30 Esto
llegó a ser un gran pecado, porque la gente rendía culto a ídolos y viajaba
hasta Dan, al norte, para rendir culto al becerro que estaba allí.
31 Además,
Jeroboam construyó edificios en el mismo sitio de los santuarios paganos y
consagró sacerdotes de entre la gente común, es decir, personas que no
pertenecían a la tribu sacerdotal de Leví. 32 También
instituyó un festival religioso en Betel, que se celebraba el día quince del
octavo mes,[j] y que era una imitación del Festival
de las Enramadas en Judá. Allí, en Betel, Jeroboam ofrecía sacrificios a los
becerros que había hecho, y nombró sacerdotes para los santuarios paganos que
había construido. 33 Así que el día quince del
octavo mes, una fecha que él mismo había designado, Jeroboam ofreció
sacrificios sobre el altar de Betel. Él instituyó un festival religioso para
Israel y subió al altar a quemar incienso.
Un profeta denuncia a Jeroboam
13 Por
mandato del Señor, un hombre de Dios de la región de Judá fue a Betel y
llegó en el momento que Jeroboam se acercaba al altar para quemar
incienso. 2 Luego, por mandato del Señor, el
hombre de Dios gritó: «¡Oh altar, altar! Esto dice el Señor: “En la
dinastía de David nacerá un niño llamado Josías, quien sacrificará sobre ti a
los sacerdotes de los santuarios paganos que vienen aquí a quemar incienso, y
sobre ti se quemarán huesos humanos”». 3 Ese mismo
día, el hombre de Dios dio una señal para demostrar que su mensaje era
verdadero y dijo: «El Señor ha prometido dar una señal: este altar se
partirá en dos, y sus cenizas se derramarán en el suelo».
4 Cuando
Jeroboam oyó al hombre de Dios hablar contra el altar de Betel, el rey lo
señaló con el dedo y gritó: «¡Detengan a ese hombre!»; pero al instante, la
mano del rey se paralizó en esa posición, y no podía moverla. 5 En
ese mismo momento, se produjo una enorme grieta en el altar y las cenizas se
desparramaron, tal como el hombre de Dios había predicho en el mensaje que
recibió del Señor.
6 Entonces
el rey clamó al hombre de Dios: «¡Te ruego que le pidas al Señor tu
Dios que me restaure la mano!». Así que el hombre de Dios oró al Señor, y
la mano quedó restaurada y el rey pudo moverla otra vez.
7 Después
el rey dijo al hombre de Dios:
—Ven al palacio conmigo, come algo y te daré un
regalo.
8 Pero
el hombre de Dios le dijo al rey:
—Aunque me dieras la mitad de todo lo que posees,
no iría contigo. No comería ni bebería nada en este lugar, 9 porque
el Señor me ordenó: “No comas ni bebas nada mientras estés allí y no
regreses a Judá por el mismo camino”.
10 Así
que salió de Betel y volvió a su casa por otro camino.
11 Sucedió
que había un profeta anciano que vivía en Betel y sus hijos fueron a contarle lo que el hombre de Dios
había hecho en Betel ese día. También le contaron a su padre lo que el hombre
le había dicho al rey. 12 El profeta anciano les
preguntó: «¿Por dónde se fue?». Así que ellos le mostraron a su padre el camino que el hombre de Dios había
tomado. 13 «¡Rápido, ensillen el burro!», les dijo
el anciano. Enseguida le ensillaron el burro y se montó.
14 Entonces
salió cabalgando en busca del hombre de Dios y lo encontró sentado debajo de un
árbol grande. El profeta anciano le preguntó:
—¿Eres tú el hombre de Dios que vino de Judá?
—Sí, soy yo—le contestó.
15 Entonces
le dijo al hombre de Dios:
—Acompáñame a mi casa y come algo.
16 —No,
no puedo—respondió—. No se me permite comer ni beber nada en este lugar, 17 porque
el Señor me dio este mandato: “No comas ni bebas nada mientras estés
allí y no regreses a Judá por el mismo camino”.
18 Sin
embargo, el profeta anciano le dijo:
—Yo también soy profeta, como tú. Y un ángel me
dio este mandato de parte del Señor: “Llévalo a tu casa para que coma y
beba algo”.
Pero el anciano le estaba mintiendo. 19 Así
que regresaron juntos, y el hombre de Dios comió y bebió en la casa del
profeta.
20 Mientras
estaban sentados a la mesa, vino un mandato del Señor al profeta
anciano, 21 quien le gritó al hombre de Dios de
Judá: «Esto dice el Señor: “Has desafiado la palabra del Señor y
desobedecido el mandato que el Señor tu Dios te dio. 22 Regresaste
a este lugar para comer y beber donde él te dijo que no comieras ni bebieras.
Por eso, tu cuerpo no será enterrado en la tumba de tus antepasados”».
23 Cuando
el hombre de Dios terminó de comer y beber, el profeta anciano ensilló su
propio burro y se lo dio, 24 y el hombre de Dios
siguió su camino. Mientras viajaba, le salió al paso un león y lo mató. Su
cuerpo quedó tirado en el camino, y tanto el burro como el león estaban junto
al cadáver. 25 Unas personas que pasaban por allí,
al ver el cuerpo tirado en el camino y al león parado junto a él, fueron a dar
la noticia a Betel, donde vivía el profeta anciano.
26 Cuando
el profeta oyó la noticia, dijo: «Es el hombre de Dios que desobedeció el
mandato del Señor. El Señor cumplió su palabra al hacer que el
león lo atacara y lo matara».
27 Luego
el profeta dijo a sus hijos: «Ensíllenme un burro». Así que ellos ensillaron un
burro 28 y él salió y encontró el cuerpo tirado en
el camino. El burro y el león todavía estaban parados junto al cadáver, pues el
león no se había comido el cuerpo ni había atacado al burro. 29 Entonces
el profeta cargó el cuerpo del hombre de Dios sobre el burro y lo llevó de
regreso a la ciudad para hacer duelo por su muerte y enterrarlo. 30 Puso
el cuerpo en su propia tumba y clamó con profundo dolor: «¡Ay, hermano mío!».
31 Después
el profeta dijo a sus hijos: «Cuando yo muera, entiérrenme en la tumba donde
está enterrado el hombre de Dios. Pongan mis huesos al lado de los suyos. 32 Pues
el mensaje que el Señor le dijo que proclamara contra el altar de
Betel y contra los santuarios paganos en las ciudades de Samaria, ciertamente
se cumplirá».
33 A
pesar de esto, Jeroboam no abandonó sus caminos perversos. Continuó
seleccionando sacerdotes de entre la gente común y nombraba a cualquiera que
quisiera ser sacerdote de los santuarios paganos. 34 Esto
fue un gran pecado y, como consecuencia, la dinastía de Jeroboam fue totalmente
eliminada de la faz de la tierra.
SALMOS 97
97 ¡El Señor es rey!
¡Que se goce la tierra!
¡Que se alegren las costas más lejanas!
2 Nubes oscuras lo rodean.
La rectitud y la justicia son el cimiento de su trono.
3 Fuego se extiende delante de él
y calcina a todos sus enemigos.
4 Sus relámpagos destellan por el mundo;
la tierra lo ve y tiembla.
5 Las montañas se derriten como cera delante del Señor,
delante del Señor de toda la tierra.
6 Los cielos proclaman su justicia;
toda nación ve su gloria.
7 Los que rinden culto a ídolos quedan deshonrados
—todos los que se jactan de sus inútiles dioses—,
pues todos los dioses tienen que inclinarse ante él.
8 ¡Jerusalén oyó y se alegró,
y todas las ciudades de Judá están felices
a causa de tu justicia, oh Señor!
9 Pues tú, oh Señor, eres supremo en toda la
tierra,
exaltado muy por encima de todos los dioses.
10 ¡Ustedes, los que aman al Señor, odien el mal!
Él protege la vida de sus justos
y los rescata del poder de los perversos.
11 La luz brilla sobre los justos,
y la alegría sobre los de corazón recto.
12 ¡Que todos los justos se alegren en el Señor
y alaben su santo nombre!
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”