Enero 31 de 2026
LA BIBLIA EN UN AÑO CBI | DÍA 10
GÉNESIS 32 al 34
32 Cuando
Jacob emprendió nuevamente su viaje, llegaron ángeles de Dios a encontrarse con
él. 2 Al verlos, Jacob exclamó: «¡Este es el
campamento de Dios!». Por eso llamaron a aquel lugar Mahanaim.
Jacob envía regalos a Esaú
3 Entonces
Jacob envió mensajeros por delante a su hermano Esaú, quien vivía en la región
de Seir, en la tierra de Edom. 4 Y les dijo: «Den
este mensaje a mi señor Esaú: “Humildes saludos de tu siervo Jacob. Hasta el
momento, estuve viviendo con el tío Labán, 5 y
ahora soy dueño de ganado, burros, rebaños de ovejas y de cabras, y muchos
siervos, tanto varones como mujeres. He enviado a estos mensajeros por delante
para informar a mi señor de mi llegada, con la esperanza de que me recibas con
bondad”».
6 Después
de transmitir el mensaje, los mensajeros regresaron y le informaron a Jacob:
«Nos encontramos con su hermano Esaú y ya viene en camino a su encuentro, ¡con
un ejército de cuatrocientos hombres!». 7 Jacob
quedó aterrado con la noticia. Entonces separó a los miembros de su casa en dos
grupos, y también a los rebaños, a las manadas y a los camellos, 8 pues
pensó: «Si Esaú encuentra a uno de los grupos y lo ataca, quizá el otro grupo
pueda escapar».
9 Entonces
Jacob oró: «Oh Dios de mi abuelo Abraham y Dios de mi padre Isaac;
oh Señor, tú me dijiste: “Regresa a tu tierra y a tus parientes”. Y me
prometiste: “Te trataré con bondad”. 10 No soy
digno de todo el amor inagotable y de la fidelidad que has mostrado a mí, tu
siervo. Cuando salí de mi hogar y crucé el río Jordán, no poseía más que mi
bastón, ¡pero ahora todos los de mi casa ocupan dos grandes campamentos! 11 Oh Señor,
te ruego que me rescates de la mano de mi hermano Esaú. Tengo miedo de que
venga para atacarme a mí y también a mis esposas y a mis hijos. 12 Pero
tú me prometiste: “Ciertamente te trataré con bondad y multiplicaré tus
descendientes hasta que lleguen a ser tan numerosos como la arena a la orilla
del mar, imposibles de contar”».
13 Así
que Jacob pasó la noche en aquel lugar. Luego escogió de sus pertenencias los
siguientes regalos para entregar a su hermano Esaú: 14 doscientas
cabras, veinte chivos, doscientas ovejas, veinte carneros, 15 treinta
camellas con sus crías, cuarenta vacas, diez toros, veinte burras y diez
burros. 16 Separó esos animales en manadas y asignó
cada manada a un siervo distinto. Luego dijo a estos siervos: «Vayan delante de
mí con los animales, pero guarden una buena distancia entre las manadas».
17 A
los hombres que dirigían el primer grupo les dio las siguientes instrucciones:
«Cuando mi hermano Esaú se encuentre con ustedes, él les preguntará: “¿De quién
son siervos? ¿Adónde van? ¿Quién es el dueño de estos animales?”. 18 Entonces
deben contestar: “Pertenecen a su servidor Jacob, pero son un regalo para su
señor Esaú. Mire, él viene detrás de nosotros”».
19 Jacob
dio las mismas instrucciones a los siervos a cargo del segundo y tercer grupo,
y a todos los que iban detrás de las manadas: «Cuando se encuentren con Esaú,
deben responder lo mismo, 20 y asegúrense de
decirle: “Mire, su servidor Jacob viene detrás de nosotros”».
Jacob pensó: «Intentaré apaciguarlo enviando
regalos antes de mi llegada, y cuando me encuentre con él en persona, quizá me
reciba con bondad». 21 Así que los regalos fueron
enviados por delante, y Jacob pasó la noche en el campamento.
Jacob lucha con Dios
22 Durante
la noche, Jacob se levantó y tomó a sus dos esposas, a sus dos mujeres esclavas
y a sus once hijos, y cruzó el río Jaboc con ellos. 23 Después
de llevarlos a la otra orilla, hizo pasar todas sus pertenencias.
24 Entonces
Jacob se quedó solo en el campamento, y llegó un hombre y luchó con él hasta el
amanecer. 25 Cuando el hombre vio que no ganaría el
combate, tocó la cadera de Jacob y la dislocó. 26 Luego
el hombre le dijo:
—¡Déjame ir, pues ya amanece!
—No te dejaré ir a menos que me bendigas—le dijo
Jacob.
27 —¿Cómo
te llamas?—preguntó el hombre.
—Jacob—contestó él.
28 —Tu
nombre ya no será Jacob—le dijo el hombre—. De ahora en adelante, serás llamado
Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.
29 —Por
favor, dime cuál es tu nombre—le dijo Jacob.
—¿Por qué quieres saber mi nombre? —respondió el
hombre. Entonces bendijo a Jacob allí.
30 Jacob
llamó a aquel lugar Peniel (que significa «rostro de Dios»), porque dijo: «He
visto a Dios cara a cara, y sin embargo, conservo la vida». 31 El
sol salía cuando Jacob dejó Peniel y se fue cojeando debido a su cadera
dislocada. 32 (Hasta el día de hoy, el pueblo de
Israel no come del tendón que está cerca de la articulación de la cadera,
debido a lo que ocurrió aquella noche cuando el hombre torció el tendón de la
cadera de Jacob).
Jacob y Esaú se reconcilian
33 Entonces
Jacob levantó la vista y vio a Esaú, quien se acercaba con sus cuatrocientos
hombres. Por eso, repartió a los niños entre Lea, Raquel y sus dos esposas
esclavas. 2 Colocó en el frente a sus dos esposas
esclavas con sus respectivos hijos, después a Lea con sus hijos, y por último a
Raquel y a José. 3 Entonces Jacob se adelantó a
todos ellos. Cuando se aproximó a su hermano, se inclinó hasta el suelo siete
veces delante de él. 4 Entonces Esaú corrió a su
encuentro y lo abrazó, puso los brazos alrededor de su cuello y lo besó. Y
ambos lloraron.
5 Después
Esaú miró a las mujeres y a los niños, y preguntó:
—¿Quiénes son esas personas que vienen contigo?
—Son los hijos que Dios, en su misericordia, me
ha dado a mí, tu siervo—contestó Jacob.
6 Después
las esposas esclavas se presentaron con sus hijos y se inclinaron ante
él. 7 Luego se presentó Lea con sus hijos, quienes
también se inclinaron ante él. Finalmente se presentaron José y Raquel, y ambos
se inclinaron ante él.
8 —¿Y
qué eran todos esos rebaños y esas manadas que encontré en el camino? —preguntó
Esaú.
—Son un regalo, mi señor, para asegurar tu
amistad—contestó Jacob.
9 —Hermano
mío, yo tengo más que suficiente—dijo Esaú—. Guarda para ti lo que tienes.
10 —No—insistió
Jacob—, si he logrado tu favor, te ruego que aceptes este regalo de mi parte.
¡Y qué alivio es ver tu amigable sonrisa! ¡Es como ver el rostro de Dios! 11 Por
favor, acepta este regalo que te traje, porque Dios ha sido muy generoso
conmigo. Yo tengo más que suficiente.
Debido a la insistencia de Jacob, Esaú finalmente
aceptó el regalo.
12 —Bien—dijo
Esaú—, vamos. Yo iré delante de ti.
13 Pero
Jacob respondió:
—Tú mismo puedes ver, mi señor, que algunos de
los niños son muy pequeños, y los rebaños y las manadas también tienen sus
crías. Si se les hace caminar mucho, aunque fuera un solo día, todos los
animales podrían morir. 14 Por favor, mi señor, ve
tú primero. Nosotros iremos detrás más lento, a un ritmo que sea cómodo para
los animales y para los niños. Nos encontraremos en Seir.
15 —De
acuerdo—dijo Esaú—, pero déjame al menos asignarte a algunos de mis hombres
para que los guíen y los protejan.
—No es necesario—respondió Jacob—. ¡Basta que me
hayas recibido amigablemente, mi señor!
16 Entonces
Esaú se dio la vuelta y emprendió el camino de regreso a Seir ese mismo
día. 17 Jacob, en cambio, viajó hasta Sucot. Allí
se construyó una casa e hizo cobertizos para su ganado. Por eso aquel lugar se
llamó Sucot (que significa «cobertizos»).
18 Después
de viajar todo el trayecto desde Padán-aram, Jacob llegó sano y salvo a la
ciudad de Siquem, en la tierra de Canaán. Una vez allí, estableció su
campamento fuera de la ciudad. 19 La parcela donde
acampó la compró a la familia de Hamor, el padre de Siquem, por cien monedas de
plata. 20 Y allí
edificó un altar y le puso por nombre El-Elohe-Israel.
Venganza contra Siquem
34 Cierto
día, Dina, la hija de Jacob y Lea, fue a visitar a unas jóvenes que vivían en
la región. 2 Cuando el príncipe del lugar, Siquem,
hijo de Hamor el heveo, vio a Dina, la tomó a la fuerza y la violó. 3 Sin
embargo, luego se enamoró de ella e intentó ganarse su cariño con palabras
tiernas. 4 Le dijo a su padre Hamor: «Consígueme a
esta joven pues quiero casarme con ella».
5 Entonces
Jacob se enteró de que Siquem había deshonrado a su hija Dina, pero como sus
hijos estaban en el campo cuidando sus animales, él no dijo nada hasta que
regresaron. 6 Hamor, el padre de Siquem, fue a
hablar del asunto con Jacob. 7 Mientras tanto, los
hijos de Jacob, al enterarse de lo ocurrido, regresaron del campo de inmediato.
Quedaron horrorizados y llenos de furia cuando supieron que su hermana había
sido violada. Siquem había cometido un acto vergonzoso contra la familia de Jacob, algo
que nunca debió haber hecho.
8 Hamor
habló con Jacob y con sus hijos:
—Mi hijo Siquem está verdaderamente enamorado de
su hija—dijo—. Por favor, permítanle casarse con ella. 9 De
hecho, formemos también otros matrimonios: ustedes nos entregan a sus hijas
para nuestros hijos, y nosotros les entregaremos a nuestras hijas para los
hijos de ustedes. 10 Todos ustedes pueden vivir
entre nosotros; ¡la tierra está a su disposición! Establézcanse aquí y
comercien con nosotros, y siéntanse en libertad de comprar propiedades en la
región.
11 El
propio Siquem también habló con el padre de Dina y con sus hermanos:
—Por favor, sean bondadosos conmigo y permitan
que me case con ella—les suplicó—. Yo les daré cualquier cosa que me
pidan. 12 Sea cual fuere la dote o el regalo que
exijan, lo pagaré de buena gana; solo les pido que me entreguen a la muchacha
como esposa.
13 Pero
como Siquem había deshonrado a la hermana de ellos, Dina, los hijos de Jacob
respondieron con engaño a Siquem y a Hamor, su padre. 14 Les
dijeron:
—De ninguna manera podemos permitirlo, porque tú
no has sido circuncidado. ¡Sería una vergüenza para nuestra hermana casarse con
un hombre como tú! 15 Pero hay una solución. Si
todos los varones entre ustedes se circuncidan, como lo hicimos nosotros, 16 entonces
les entregaremos a nuestras hijas y tomaremos a las hijas de ustedes para
nosotros. Viviremos entre ustedes y seremos un solo pueblo; 17 pero
si no aceptan circuncidarse, tomaremos a nuestra hermana y nos marcharemos.
18 Hamor
y su hijo Siquem aceptaron la propuesta. 19 Siquem
no demoró en cumplir con el requisito, porque deseaba con desesperación a la
hija de Jacob. Siquem era un miembro muy respetado de su familia, 20 y
acompañó a su padre, Hamor, a presentar la propuesta a los líderes que estaban
a las puertas de la ciudad.
21 Les
dijeron: «Esos hombres son nuestros amigos. Invitémoslos a vivir entre nosotros
y comerciemos libremente. Miren, hay suficiente tierra para mantenerlos.
Podemos tomar a sus hijas como esposas y permitir que ellos se casen con las
nuestras. 22 Pero ellos aceptarán quedarse aquí y
formar un solo pueblo con nosotros únicamente si nuestros hombres se
circuncidan, como lo hicieron ellos. 23 Además, si
nosotros lo hacemos, todos sus animales y sus posesiones con el tiempo serán
nuestros. Vamos, aceptemos sus condiciones y dejemos que se establezcan entre
nosotros».
24 Todos
los hombres del consejo estuvieron de acuerdo con Hamor y Siquem, y todos los
varones de la ciudad fueron circuncidados. 25 Sin
embargo, tres días después, cuando aún estaban adoloridos, dos de los hijos de
Jacob—Simeón y Leví—, que eran hermanos de Dina por parte de padre y de madre,
tomaron sus espadas y entraron en la ciudad sin encontrar resistencia. Entonces
masacraron a todos los varones, 26 entre ellos
Hamor y su hijo Siquem. Los mataron a espada, y después sacaron a Dina de la
casa de Siquem y regresaron a su campamento.
27 Mientras
tanto, los demás hijos de Jacob llegaron a la ciudad. Al encontrar masacrados a
los hombres, saquearon la ciudad, porque allí habían deshonrado a su
hermana. 28 Se apoderaron de todos los rebaños, las
manadas y los burros; se llevaron todo lo que pudieron, tanto de adentro de la
ciudad como de los campos. 29 Robaron todas las
riquezas y saquearon las casas. También tomaron a todos los niños y a las
mujeres, y se los llevaron cautivos.
30 Después,
Jacob les dijo a Simeón y a Leví:
—¡Ustedes me han arruinado! Me han hecho
despreciable ante todos los pueblos de esta tierra: los cananeos y los
ferezeos. Nosotros somos tan pocos que ellos se unirán y nos aplastarán. ¡Me
destruirán, y toda mi familia será aniquilada!
31 —¿Pero
cómo íbamos a permitir que él tratara a nuestra hermana como a una prostituta? —replicaron
ellos, enojados.
SALMOS 10
10 Oh Señor,
¿por qué permaneces tan distante?
¿Por qué te escondes cuando estoy en apuros?
2 Con arrogancia los malvados persiguen a los pobres;
¡que sean atrapados en el mal que traman para otros!
3 Pues hacen alarde de sus malos deseos;
elogian al codicioso y maldicen al Señor.
4 Los
malvados son demasiado orgullosos para buscar a Dios;
parece que piensan que Dios está muerto.
5 Sin embargo, prosperan en todo lo que hacen.
No ven que les espera tu castigo;
miran con desdén a todos sus enemigos.
6 Piensan: «¡Jamás nos sucederá algo malo!
¡Estaremos para siempre sin problemas!».
7 Su
boca está llena de maldiciones, mentiras y amenazas;
tienen maldad y violencia en la punta de la lengua.
8 Se esconden en emboscada en las aldeas,
a la espera para matar a gente inocente;
siempre buscan víctimas indefensas.
9 Como leones agazapados en sus escondites,
esperan para lanzarse sobre los débiles.
Como cazadores capturan a los indefensos
y los arrastran envueltos en redes.
10 Sus pobres víctimas quedan aplastadas;
caen bajo la fuerza de los malvados.
11 Los malvados piensan: «¡Dios no nos mira!
¡Ha cerrado los ojos y ni siquiera ve lo que hacemos!».
12 ¡Levántate,
oh Señor!
¡Castiga a los malvados, oh Dios!
¡No te olvides de los indefensos!
13 ¿Por qué los malvados desprecian a Dios y quedan
impunes?
Piensan: «Dios nunca nos pedirá cuentas».
14 Pero tú ves los problemas y el dolor que causan;
lo tomas en cuenta y los castigas.
Los indefensos depositan su confianza en ti;
tú defiendes a los huérfanos.
15 ¡Quiébrale
los brazos a esta gente malvada y perversa!
Persíguelos hasta destruir al último de ellos.
16 ¡El Señor es rey por siempre y para
siempre!
Las naciones paganas desaparecerán de la tierra.
17 Señor, tú conoces las esperanzas de los indefensos;
ciertamente escucharás sus clamores y los consolarás.
18 Harás justicia a los huérfanos y a los oprimidos,
para que ya no los aterre un simple mortal.
Te invitamos a complementar esta
lectura con el siguiente video.
¿Qué es la Biblia? Este breve video es el primer
episodio de una serie en curso que explora los orígenes, el contenido y la
finalidad de la Biblia. Aquí te presentamos una historia resumida de cómo
surgió la Biblia y de las diferentes formas de la Biblia en las tradiciones
cristianas católica, ortodoxa y protestante.
Invite en oración a la presencia de Dios y pídale que su verdad le sean reveladas.
¿Señor qué me quieres decir hoy?
Permita que el Espíritu Santo le revele
Dios podría estar hablándole de Él
Dios podrá estar hablándole a usted. Reflexione en lo siguiente:
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Ahora que ha permitido que Dios le hablara, hable con Él en oración.
Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Santiago 1:22 “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos”